LATINOAMÉRICA EN RIESGO

“La democracia de calidad requiere un verdadero Estado de Derecho”

“Repensar la crisis de los partidos -y representación- en América Latina, es pensar el rol que juegan y la responsabilidad que tienen en el funcionamiento democrático, con sus ventajas y sus desventajas. Los electores latinoamericanos parecen haber constatado que los partidos pueden actuar contra los intereses de la comunidad en su conjunto y defender y proteger sus propios intereses”, afirma la autora.

“La democracia es una respuesta a la pregunta de quién gobierna”.

Un informe del año 2005, realizado como parte del capítulo latinoamericano de Global Trends 2020, un proyecto desarrollado por el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, indicaba que para los próximos 15 años se proyecta que las democracias latinoamericanas padecerán nuevas formas de crisis política favorecidas, en gran medida, por el debilitamiento de los partidos políticos. El informe explicaba que esta debilidad no inducirá al surgimiento de nuevas agrupaciones, sino que favorecerá la ocurrencia de fenómenos como el movilizacionismo, la videopolítica y los liderazgos carismáticos.

Hoy podemos afirmar que uno de los mayores desafíos que enfrenta la región es el cambio en los partidos políticos. En los últimos procesos electorales ocurridos en América Latina, nuestr a atención se ha centrado en el aumento de una variedad de candidatos y movimientos populistas de izquierda o derecha, pero lo que ha permitido su ascenso es la drástica disminución del apoyo a los partidos que durante mucho tiempo han dominado la escena política regional.

Es interesante observar un párrafo del último informe de Latinobarómetro: “de manera similar se comporta en la región la confianza en los partidos políticos que alcanza un promedio regional de 13% en 2018, perdiendo desde 2013 cuando alcanzó 24%, once puntos porcentuales” La confianza en los partidos políticos se mostraba casi inexistente en El Salvador con 5%, Brasil con 6% y México con un 11%.”

Si prestamos atención a estos números, los resultados de las elecciones en Brasil, con el triunfo de Jair Messias Bolsonaro, en México con Andrés Manual López Obrador y en El Salvador, con Bukele, se explican perfectamente. A esta lectura debemos agregarle otros componentes propios de cada país, pero el relato que tienen en común es la crisis de los partidos tradicionales: el PT, el PRI, Arena y FMLN por citar los casos mas emblemáticos.

Repensar la crisis de los partidos -y representación- en América Latina, es pensar el rol que juegan y la responsabilidad que tienen en el funcionamiento democrático, con sus ventajas y sus desventajas. Los electores latinoamericanos parecen haber constatado que los partidos pueden actuar contra los intereses de la comunidad en su conjunto y defender y proteger sus propios intereses.

El ascenso de estos fenómenos nos interpela sobre la propia calidad democrática. La literatura describe estas “nuevas realidades” como recesión democrática y hace hincapié en lo que se denominan “democracias iliberales”. Lo cierto es que democracia y liberalismo abordan dos cuestiones diferentes: la democracia es una respuesta a la pregunta de quién gobierna. Requiere que el pueblo sea soberano. Si no gobiernan directamente, al menos deben poder elegir a sus representantes en elecciones libres y justas.

Por el contrario, el liberalismo no prescribe cómo se eligen los gobernantes, sino cuáles son los límites de su poder una vez que están en el poder. Estos límites, que en última instancia están diseñados para proteger los derechos del individuo, exigen el estado de derecho y generalmente se establecen en una constitución escrita e implica que a ella se atienen gobernantes y gobernados.

Los sucesivos cambios en la letra constitucional (las reglas de juego) de varios gobernantes latinoamericanos en estos años es muestra de la vulnerabilidad del Estado de Derecho. La democracia de calidad requiere un verdadero Estado de Derecho democrático: que garantice los derechos políticos, las libertades civiles y los mecanismos de rendición de cuentas y limite los posibles abusos de poder.

Así llegamos a un 2019 más incierto que aquellas predicciones. Más insegura y más violenta, América Latina vuelve a confiar en líderes carismáticos que, como en tantos momentos de nuestra historia, abandonan paulatinamente el camino democrático.

 

Por CONSTANZA MAZZINA

 

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