COMBATE DE CONCEPCIÓN DEL URUGUAY

Concepción del Uruguay, Pcia. de Entre Ríos, Argentina

Mientras que en Buenos Aires la Soberana Asamblea General Constituyente desarrollaba su labor, Entre Ríos seguía siendo teatro de operaciones militares entre las fuerzas españolas de Montevideo y los patriotas rioplatenses. Las riberas del Paraná sufrieron las depredaciones de una flotilla española. Desde Buenos Aires se ordenó levantar dos baterías en Punta Gorda. Pero el creciente ascendiente de Artigas fue enfervorizando cada vez más a los entrerrianos en torno a la defensa de su suelo.

Así, en enero de 1813, José Santos Lima y Gregorio Samaniego enfrentaron intrépidamente a corsarios españoles en el Arroyo del Bellaco, en las cercanías de Gualeguaychú. Un mes más tarde, el mismo Samaniego detuvo otro asalto en Paranacito. Y, poco después, el puerto de Concepción del Uruguay fue escenario de un singular hecho de armas.

En efecto, el 23 de febrero de 1813, los vecinos de la villa fueron sorprendidos por la noticia de que dos buques españoles, de regular tamaño, merodeaban la costa del río a la altura del Arroyo de la China. El entonces comandante de Entre Ríos, Elías Galván, tomó inmediatamente ciertos recaudos: averiguar la exacta situación del enemigo, la clase de barcos, el número de hombres y el armamento de que disponían.

Ya en posesión de estos datos, Galván ordenó a un hombre de su confianza, el teniente de granaderos Miguel Escobar, que tomara las providencias necesarias para evitar cualquier ataque y si fuese posible, apoderarse de los buques.

El teniente Escobar se colocó al frente de dieciséis de sus hombres, auxiliado en la oportunidad por el capitán de milicias Ricardo López Jordán, hijo de Concepción del Uruguay, y nueve milicianos. Durante la noche, la pequeña fuerza patriota se ubicó en el punto en que se preveía podría producirse el desembarco de los realistas.

Las horas transcurrieron con desesperante lentitud. La Luna se había ocultado tras densos nubarrones. El silencio parecía surgir de las aguas quietas y adentrarse en los montes de las islas. El nerviosismo se fue haciendo más intenso. Para colmo, el frío de un otoño ya próximo, estremecía a los hombres. Y les estaba prohibido moverse. ¡Lo que no hubieran dado por liar un poco de tabaco y aspirar el humo reconfortante! Pero un leve ruido o una pequeña luz los hubiera delatado. Y aquí, el factor sorpresa era decisivo.

Poco tiempo más y sería de madrugada. De pronto clavaron sus ojos en la oscuridad. Algo parecía moverse entre las sombras. Escucharon con atención. Ya no había dudas. El rumor apagado de remos que se hundían en el agua llegó hasta ellos. Los españoles se acercaban…

Se venían calladamente en un bote con un pedrero. Eran catorce hombres bien armados. Cuando quisieron acordar fueron atacados por ambos costados. Sin tiempo para nada, no tuvieron otra alternativa que, rendirse, “sin que nuestros valientes soldados recibiesen una mera contusión”.

Las amenazas surtieron efecto. Uno de los prisioneros informó con precisión sobre la fuerza que guardaba los buques y el lugar de la isla –frente a Concepción del Uruguay- donde habían atracado. Escobar y López Jordán cambiaron ideas rápidamente. El plan de ataque quedó decidido. Ambos jefes y algunos de sus hombres subieron a la embarcación capturada y navegaron alrededor de una legua. Comprendieron entonces que el abordamiento debía hacerse desde tierra. Para llegar al sitio elegido les fue preciso desembarcar y caminar un trecho por la isla, abriendo una picada en el monte espeso. Sobrevino una corta lucha, hasta que cesó toda resistencia. Los hombres de Concepción del Uruguay habían escrito otra página de la historia lugareña, pequeña, tal vez, pero en la que hicieron derroche de coraje y patriotismo.

De resultas de esa acción fueron apresados dos buques: “Victoria”, de 82,5 toneladas y el “Carumbé”, de 24,5, junto con 25 hombres, que integraban sus correspondientes tripulaciones. Además se tomaron un cañón de a 4, 30 tiros de pólvora, 18 sacos de metralla, 15 armas largas, 2 pistolas, 6 machetes, 3 bayonetas. Esto sin tener en cuenta las armas que se habían tomado anteriormente a los 14 hombres capturados inicialmente.

Con razón, el comandante Elías Galván pudo decir con orgullo en el parte elevado al Segundo Triunvirato: “El 24 del próximo anterior amaneció la Patria con un nuevo triunfo; dos buques enemigos osaron pisar nuestras costas, pero muy poco tiempo tardaron en ser víctima de su insolencia”.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

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