LUIS VERNET

Luis Elie Vernet (1791-1871)

Louis Elie Vernet nació en Hamburgo, el 6 de marzo de 1791, siendo hijo de Jacques Vernet, dueño de una fábrica de tabacos y comercio de té. A los 14 años, fue enviado a Filadelfia donde trabajó durante largo tiempo en la casa Buck & Krumbhaar, firma comercial dedicada a la industria química.

Después de realizar varios viajes como sobrecargo al Brasil, Portugal y Hamburgo, Vernet se radicó en Buenos Aires, en 1817. Como socio de su compatriota Conrad Rücker, representante de la casa M A. Rücker Sohn, de su ciudad natal, condujo varios buques de cabotaje al Brasil despachando de allí los cargamentos a la casa comercial de su hermano mayor Peter Alexander establecido en Hamburgo.

De regreso a esta capital, continuó con su comercio. En 1819, contrajo enlace con María Sáez. En ese mismo año trabó amistad con Jorge Pacheco, con quien el 5 de agosto celebró un contrato por el cual aquel solicitaría una concesión para explotar la isla Oriental (Soledad) de Malvinas. Para ello, el 23 de agosto, Pacheco solicitó al gobernador Martín Rodríguez le autorizase a cazar lobos marinos para beneficiar pieles y aceite, así como los cueros y carne de ganado vacuno que se había reproducido en la isla. Por su parte se comprometía a reparar los edificios del Puerto de la Soledad y a ponerlos a disposición de la provincia, lo que fue aprobado. Pero el gobierno aclaraba en el decreto del 28 de agosto que semejante concesión jamás podía privar al Estado del derecho que tiene a disponer de aquel territorio.

Al día siguiente, ambos socios entregaron el usufructo de la concesión al comerciante inglés Roberto Schofield, mediante un convenio que se firmó provisionalmente. Pacheco solicitó también se nombrase comandante de la isla al capitán de milicias retirado Pablo Areguatí, quien iba a atender los negocios de la sociedad. Informó también que se domesticaría el ganado alzado y salvaje.

A fines de 1824, fracasaba la tentativa colonizadora por el descuido con que Schofield había manejado el cumplimiento de sus obligaciones.

Mientras tanto Vernet no se ocupó de la colonización de las Malvinas, pues estaba ocupado en la obtención de ganado en la península San José, y sólo regresó hacia 1825, asumiendo el negocio de nuevo con su habitual energía. Comenzó por formar una nueva compañía asignándole totalmente los derechos de la sociedad de Pacheco, es decir, que ella se encargase de matar todo el ganado mayor, y luego de realizado, continuar él poblando estancias con ganado menor.

En 1826, la nave que lo transportaba debió burlar el bloqueo brasileño a raíz de la guerra, y provisto de caballos con peones y gauchos, llegó a la isla Soledad. En un intento de llegar a San José, la nave fue sorprendida por un temporal, por lo que arribó en malas condiciones a Montevideo donde debió venderla.

Vernet no se desanimó y realizó otra expedición con el bergantín “Iris” mientras la colonia de Puerto Soledad comenzaba a progresar. A tal fin, presentó al ejecutivo una nota, especificando que para el fomento del país y su engrandecimiento procuraba formar una colonia estable en la isla Soledad en un plazo de tres años, que quedaría bajo la autoridad del gobierno de Buenos Aires. Pedía que durante los primeros treinta años, los colonos deberían estar exentos de impuestos y gozarían del derecho exclusivo de pesca en las costas de Tierra del Fuego, Islas Malvinas y además costas e islas de la República. El 5 de enero de 1828, el gobernador Dorrego accedió a lo solicitado, con modificaciones que limitaban algunos pedidos. Le concedió a Vernet los terrenos baldíos de la isla Soledad deducidos los entregados a Pacheco, en 1823. Las concesiones eran amplias y Vernet las aprovechó. Para robustecer su posición, el gobernador delegado, general Rodríguez, dictó el decreto del 10 de junio de 1829, designándolo comandante político y militar, equivalente a gobernador de las Islas Malvinas.

Fue auxiliado Vernet por el gobierno con algunos cañones y fusiles, municiones y demás implementos para construir un fuerte destinado a la seguridad y protección del propio establecimiento. Poco después partió con su familia y una veintena de colonos ingleses y franceses, acompañados algunos de ellos, con sus esposas e hijos.

Vernet regresó a Malvinas, el 15 de julio de 1829, y el día de Santa Rosa fondeaba en Puerto Soledad, enarbolando el pabellón nacional, e instando a los pobladores el acatamiento a su autoridad mediante una proclama. Su casa construida de piedra fue la más importante, donde su esposa llevó el piano que tocaba con frecuencia y hacía oír también su voz como cantante.

Hombre culto y de buenas costumbres, tenía gustos refinados; era un gran lector en varios idiomas, amaba la música y las flores. Organizó su colonia con cuidado prestando personal atención a los más mínimos detalles tanto en lo que hace a la edificación como a la faena de lobos, pesca y extracción de maderas de la Isla de los Estados.

El 23 de marzo de 1831, Vernet preparó su plan colonizador esbozando una interesante memoria sobre las islas. Las fechas patrias fueron celebradas, y los esposos redactaron sus Diarios donde dejaron consignadas todas las tareas que se realizaban en la colonia a más de las variaciones del clima.

Así las cosas hasta que el 31 de agosto de 1831, llegó a Puerto Soledad la goleta “Harriet”, al mando del capitán Gilberto Davidson, de Stonigton (EE.UU.), a quien Vernet desde hacía dos años le había hecho conocer las reglamentaciones vigentes en materia de caza de lobos, que aquél infligía reiteradamente. Sin importarle nada Davidson prosiguió con sus cacerías, y cansado de esta situación, dispuso su apresamiento en aquella fecha. Días más tarde, procedió Vernet de la misma manera con la goleta “Breakwater”, comandada por Daniel Carew, a la que se detuvo con una guardia de seguridad de cinco hombres. Esta consiguió zafarse y puso proa a los Estados Unidos, donde su capitán informó del hecho a sus superiores.

La tercera nave apresada fue la goleta “Superior”, de Nueva York, cuyo capitán era Esteban Congar, que también había sido anoticiado de la prohibición con la debida antelación. A pesar del apresamiento –comenta Segreti-, las relaciones de Vernet con los respectivos capitanes no dejaron de ser cordiales. Por el contrario, convinieron que sólo una nave sería enviada a Buenos Aires, con la documentación de ambas para la pertinente instauración del juicio. La última, es decir, “La Superior”, con el personal de las dos, se iba a dedicar mientras tanto, a cazar lobos por las islas del Pacífico Sur. Si el resultado del juicio condenase a los buques, lo producido por “La Superior” iba a ser para Vernet: de lo contrario, para los dueños en los EE.UU.

La “Harriet” luego de dirigirse a la Isla de los Estados a buscar varios tripulantes que había dejado Davidson, zarpó desde Puerto Soledad rumbo a Buenos Aires transportando a Vernet y a su familia, adonde llegó el 20 de noviembre de 1831. Nunca pensó que no volvería jamás a esas inhóspitas regiones. De inmediato Davidson se quejó al Encargado de Negocios, doctor Tomás Manuel de Anchorena, quien contestó que el asunto era de competencia del Ministro de Guerra y Marina, y que sobre su dictamen, el gobierno iba a resolver lo que estimase más conveniente. En nota posterior, negó a Vernet el derecho a apresar a los loberos y pescadores de su país en aguas e islas adyacentes al Cabo de Hornos.

Para agravar la situación –comenta Destéfani-, el capitán de fragata Silas Duncan, comandante de la corbeta de guerra “Lexington”, se puso en comunicación con William A. Slacum y resolvió proteger los intereses de los súbditos norteamericanos en estos negocios. Anchorena contestó las reclamaciones y le negó su calidad de cónsul para derimir esta cuestión sujeta a la decisión de ambos gobiernos. Slacum, de acuerdo con el comandante de la “Lexington” informó que la nave no saldría hacia Malvinas hasta el 9 de diciembre en espera de que el gobierno renunciara al derecho de apresar a las naves de su país que cazaban en la jurisdicción sujeta a Vernet. Por último exigía la devolución de la goleta “Harriet”. Vernet se dirigió a Silas Duncan, pero éste contestó a Anchorena pretendiendo se castigara a Vernet al que acusaba de piratería y robo.

El 9 de diciembre de ese año, la “Lexington” zarpaba para su misión a las Malvinas. El 31 se encontraba frente a Puerto Soledad enarbolando el pabellón francés, el que fue saludado incautamente desde tierra según era costumbre. Sirviéndose de otra estratagema, Duncan tomó presos a los representantes de Vernet en la isla y los maltrató de hecho y de palabra. En su arbitrario atropello desembarcó tropas con las que apresó a los 25 pobladores, y arrasó con todo lo plantado. No contento con los desmanes cometidos, se dedicó a desalentarlos, ofreciéndoles después de saquear sus casas, pasajes gratuitos en la corbeta.

El 2 de febrero de 1832 Duncan estaba de regreso en Montevideo, y cinco días después, se conocía en Buenos Aires el atropello cometido por los Estados Unidos. La indignación fue unánime, y la “Gaceta Mercantil” calificó el atentado como una “infracción al Derecho de gentes” y de ultraje al pabellón argentino. Nuestro país suspendió toda relación con el cónsul Slacum, por considerarlo el principal causante del atropello.

A raíz de que el “Breakwater” había regresado a EE.UU., intervino el presidente Andrew Jackson, quien decidió proceder sobre la base de los informes presentados por los tripulantes de la nave. Envió entonces al comisionado Francis Baylies a Buenos Aires para obtener satisfacciones, pero puso en duda los títulos de Vernet, considerándolo un pirata. El 13 de junio de 1832, Bayles se reunió con el ministro Manuel V. Maza. El enviado presentó un extenso informe en que negaba los títulos de Vernet en la Argentina para prohibir pescar a los loberos en aquellas regiones.

Maza contestó enérgicamente informando que solicitaría las explicaciones de Vernet y que haría respetar los derechos que le asistían como comandante político, y los de la República Argentina en su condición de estado soberano e independiente. El enviado diplomático informó que el derecho de prohibir la pesca y la caza no sólo se lo negaba a Vernet sino también al gobierno de Buenos Aires.

De todas estas actuaciones se destaca el magnífico alegato presentado por Vernet con el título de “Informe del Comandante Político y Militar de Malvinas”, fechado en Buenos Aires, el 1º de agosto de 1832, e inserto en el Diario de Sesiones de la Honorable Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires. En ese informe realiza un exhaustivo análisis histórico, político y legal de las Islas Malvinas, que es un compendio de todos los datos que se conocían por entonces sobre su descubrimiento, colonización francesa, inglesa y española, y sobre todo, los diversos actos de soberanía del gobierno argentino. Se trata de un verdadero alegato de los legítimos derechos que lo asistían. Las discusiones con el enviado norteamericano siguieron, y finalmente el 3 de setiembre de 1832, éste recibió los pasaportes quedando de tal modo cerrada la cuestión. La actitud norteamericana era intempestiva y fuera del derecho de gentes.

La segunda escena del drama argentino en Malvinas sería el zarpazo inglés del trágico año 1833, y el comienzo ininterrumpido de la reclamación argentina.

Mientras tanto Vernet siguió viviendo en Buenos Aires ocupado en sus negocios. Se lo considera “fundador” de la colectividad alemana por haber contribuido a la compra del cementerio alemán (1833) y a la contratación de un pastor.

En 1841, patentó un producto específico destinado a la conservación de cueros, pieles y madera. Este producto al ponerse en venta fue de gran utilidad para nuestro comercio de exportación. En 1850 patentó otro invento consistente en un forro especial para toneles que evitaba las pérdidas de líquidos durante el transporte, especialmente de ácidos y aceites.

Retirado con su familia en San Isidro, de donde fue el primer intendente, no obstante sus largos y agitados años de vida, no dejó jamás de trabajar en bien del progreso y de la sociedad argentina.

Poco antes de morir escribió memoriales y presentó solicitudes al gobierno sobre colonización en tierras del interior del país. Falleció en San Isidro (Prov. de Buenos Aires), el 17 de enero de 1871, a los 80 años de edad, habiendo dejado siete hijos de su matrimonio. Al mes siguiente, el diario “La Nación” le dedicó una extensa nota sobre su desaparición, puntualizando los rasgos principales de su actuación en las Malvinas.

Fuente
Caillet Bois, Teodoro – Una tierra argentina: Las Islas Malvinas, Buenos Aires (1952).
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1985).
Destefani, Laurio H. – Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, ante el conflicto de Gran Bretaña, Buenos Aires (1982).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Muñoz Azpiri, José Luis – Historia Completa de las Malvinas, Buenos Aires (1966).
Portal www.revisionistas.com.ar

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