CARTA DEL DR. EDUARDO MENEM SENADOR PJ (MC)

La Asamblea Legislativa del 1° de marzo para escuchar el discurso de apertura del periodo de sesiones ordinarias por parte del Presidente de la Nación, en uso de sus atribuciones constitucionales, se constituyó en un verdadero y bochornoso escándalo promovido por algunos integrantes de la oposición que se dedicaron a gritar y a insultar al primer mandatario.

Por más críticas que pueda haber merecido el discurso del Presidente, que en verdad tuvo algunas partes no muy felices, no justificaba de ningún modo que tuviera que ser recibido de una forma realmente grosera y demostrativa de una falta de cultura cívica alarmante, por parte de representantes del pueblo de la Nación y de las  Provincias.

La Asamblea Legislativa, constituida por senadores y diputados, es la máxima representación del mas importante Poder del Estado. Por eso la apertura de las sesiones por parte del Presidente, es una ceremonia formal, en la cual debe dar cuenta del estado de la Nación y someter a consideración de los legisladores las medidas que juzgue necesarias y convenientes, según lo establece expresamente la Constitución Nacional (artículo  99, inciso 8).

Más grave aún resultó el escándalo porque dió toda la impresión de no haber sido una reacción espontánea sino una maniobra orquestada de antemano, como quedó demostrado además por los carteles impresos que muchos legisladores exhibieron desde sus bancas, revelando de ese modo que más que a escuchar al Presidente, como era su deber, fueron decididos a convertir la magna asamblea en un reñidero más propio de un circo que de un ambiente parlamentario.

Lamentablemente ese vergonzoso comportamiento de algunos representantes del pueblo, tiene antecedentes recientes ocurridos en la Cámara de Diputados el año pasado, cuando un grupo de legisladores avanzaron a grito pelado sobre el estrado del Presidente de la Cámara, tratando de arrebatarle el micrófono y provocando la interrupción momentánea de la sesión. Fue una suerte de “piquete” legislativo contra quien presidía la sesión con la finalidad de interrumpirla definitivamente.

También en esa oportunidad ingresaron con carteles y hasta la figura de una persona, fabricada con cartón u otro material rígido, demostrando que esos diputados fueron preparados para cometer disturbios.

Los reglamentos de ambas Cámaras del Congreso que establecen sanciones disciplinarias contra los legisladores que  provocan desórdenes durante las sesiones, parecen haber quedado en el olvido, porque no trascendió que se haya sancionado a los perturbadores.

Por supuesto que tampoco puede admitirse que los legisladores sean provocados o insultados por el público asistente en las galerías superiores. En ese caso lo que corresponde es ordenar, por parte de la presidencia de la Cámara, que se proceda al retiro de los revoltosos. Las sesiones parlamentarias no tienen la solemnidad de un acto religioso, pero tampoco pueden convertirse en un torneo donde compiten para ver quien grita o   insulta más fuerte.

En fin, si en el  acto de inauguración de las sesiones, se produjeron estos lamentables y patéticos sucesos, que desmerecen a la más importante institución de la República, no pueden esperarse buenos resultados de las futuras actividades del Parlamento, que es el lugar propicio para los consensos y disensos que forman parte de la democracia, sin olvidar la pobre actividad y calidad legislativa de los  últimos tiempos.

 

Dr. Eduardo Menem

Senador Nacional PJ (MC)

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