LA PREGUNTA QUE FALTA PARA BAJAR LA INFLACIÓN

Comúnmente decimos que la inflación es un fenómeno monetario. Pero tranquilos en esa definición olvidamos la pregunta más importante: ¿por qué tenemos los problemas monetarios y fiscales que tenemos? La inflación argentina es mucho más compleja que la simpleza de esas teorías.
Hace 75 años que vivimos en inflación. Y aunque el gobierno de Mauricio Macri la puso como prioridad en su agenda, su gobierno terminará con las tasas más altas desde 1991. Este año los precios difícilmente suban menos del 40% y Cambiemos finalizará habiendo tenido una inflación promedio de 38,2% anual, por encima del segundo mandato del kirchnerismo (30,5% anual).
La inflación parece un problema sin solución. Pero como dijo alguna vez José Ingenieros, uno de los ensayistas más visionarios que tuvo el país, “si un problema no tiene solución es porque está mal planteado”.
Hay sobrada evidencia que ni las recetas de este gobierno ni del anterior, ni de todos los que gobernaron desde 1945, funcionaron. ¿Por qué? Porque los planteos que fundamentan las medidas que se fueron tomando, son incompletos.
Cierto a medias
Entre los economistas predomina la idea de que la inflación es un problema monetario. Y cierto. Para que suban los precios se necesita más dinero en la calle. Milton Friedman, premio Nobel en Economía y uno de los grandes académicos que tuvo la disciplina, decía: “La inflación es siempre un fenómeno monetario”. Y yendo más atrás, en esos problemas monetarios generalmente hay un problema fiscal: se emite para financiar al gobierno cuyos ingresos son insuficientes.
Pero la pregunta es: ¿por qué tenemos los problemas monetarios y fiscales que tenemos? Y ahí nos encontramos con una cadena de dificultades subestimadas en las políticas. Una de ellas es que Argentina hace 8 años que no crece. En su segundo gobierno, Cristina Kirchner dejó el país con un nivel de producción por habitante 2,7% menor al que había cuando terminó su primer mandato. Y Mauricio Macri lo dejará con una riqueza por habitante7,8% inferior a cuando asumió. Si el país produce poco, hay más dificultades para crear empleo, más pobreza y el sector público debe aumentar su asistencialismo. O sea: mayor deterioro fiscal. Y eso se agrava porque también el Estado recauda menos y recurre a subas de impuestos que presionan sobre los precios, y minan la competitividad del país.
No es así
A la inflación no la vamos a combatir ajustando el gasto público con recesión, subiendo las tasas de interés con especulación, ni obteniendo dólares con endeudamiento, como se está haciendo. Sino con una economía competitiva, con maquinaria moderna, y mayor capacidad exportadora. O aumentando el componente nacional de los productos que se fabrican localmente para reducir el impacto del dólar sobre los precios.
Argentina necesita dólares para terminar con los golpes cambiarios y financieros. Necesita regular los grupos concentrados y concientizarlos sobre las consecuencias sociales que generan las políticas de precios egoístas. Necesita un Estado que descomprima la carga impositiva y aumente su recaudación con crecimiento y menor evasión. Empresas que inviertan y creen trabajo para bajar la carga de empleo público. Y cooperación de los grandes grupos financieros que retacean el crédito a la producción y abusan con los costos en los créditos al consumo.
En su cruzada por la estabilidad, se probaron casi todas las recetas. Faltó la más difícil, que es la lucha productiva. Una lucha que nunca se afrontó porque es larga, lenta y solo se logra trascendiendo a los gobiernos. Porque requiere un Estado eficiente, funcionarios honestos, un sistema financiero responsable y empresas comprometidas.
La tarea por delante es agrandar la riqueza nacional para que la población obtenga el bienestar que merece. Pero solo se puede lograr con la cooperación de todos. Y es el gobierno quien debe iniciar el cambio.

VICTORIA GIARRIZO

* Autora de Atrápame si puedes. El secreto de la inflación argentina

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