NUESTRO DESAFÍO ES SUPERAR EL RETROCESO

Estamos muy atrás cuando nos comparamos con el resto de los países latinoamericanos.
Estamos viviendo un proceso de aguda recesión, alta inflación, aumento del desempleo y la pobreza. Estas penurias han sido frecuentes en las últimas decadas. Recordemos que Paul Samuelson sostenía a fines del siglo pasado que había cuatro clases de países: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón que no tenía recursos naturales y era difícil explicar como pudo crecer tanto en tan poco tiempo, y finalmente la Argentina, que tenía recursos naturales pero no pudo sostener su expansión económica y mejorar así el nivel de vida de la poblacion.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la economía argentina era la mayor de America Latina, luego Brasil pasa al primer lugar, posteriormente México también nos supera. Además, nuestro retroceso se manifiesta en la evolución del PBI por habitante. Hace décadas el liderazgo argentino era indiscutible en America Latina, con el nivel de vida más alto, superado únicamente por Venezuela. La situación es hoy distinta. En 1980 nuestro PBI por habitante era casi el doble que el de Chile, el año pasado el chileno era 26 por ciento mayor. En 1980 nuestro PBI por habitante era el doble que el de Uruguay, ahora el de este país es 13 por ciento mayor. En 1980 el PBI por habitante argentino era 9 por ciento mayor al de México, ahora el mexicano es 1 por ciento mayor. En 1980 nuestro PBI por habitante era nada menos que 132 por ciento mayor al de Colombia, ahora esta diferencia se ha reducido a 33 por ciento. En 1980 el PBI por habitante argentino era el doble que el de Perú, ahora esta ventaja se ha reducido al 45 por ciento. Algo similar ocurre cuando la comparación se hace con otros países, por ejemplo, Brasil, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Paraguay.
Los países que en America Latina aumentan de una manera sostenida su producción y su empleo, lo hacen por el esfuerzo de su propio ahorro, orientado a financiar las inversiones destinadas a aumentar la oferta de bienes y servicios. Esto no significa que la inversión extranjera no sea importante, aunque en menor medida que la inversión nacional financiada por los recursos aportados por el ahorro interno. El papel de la inversión extranjera es complementario, pero nunca sustituto de la inversión financiada por el propio ahorro. Pensar en “lluvia de inversiones externas” es una gran ingenuidad. No hay crecimiento sin inversión, y no hay inversión sin ahorro pero atención, aquí entra a jugar muy negativamente nuestro déficit fiscal, ya que el déficit fiscal es ahorro negativo, es decir mientras mayor sea el déficit fiscal, menos será el ahorro y por ende menos serán las inversiones.
Hace años que Argentina dejó de avanzar por el sendero del crecimiento económico basamento esencial, aunque no suficiente, de la integración social de toda la población. Los períodos de nuestro crecimiento han sido muy cortos, como el último registrado entre el 2003 y el 2008; ya hace una década que abruman en Argentina hechos negativos, entre los cuales destacamos un gran déficit fiscal, el estancamiento de las exportaciones, la ausencia de inversiones productivas, la prevalencia de empleos de baja calidad con pobre remuneración, el retroceso educativo, el aumento de la exclusión social y una de las mayores inflaciones del mundo moderno.
No es hora de discutir repartiendo las culpas del pasado, sino de enfrentar entre todos la realidad, Hemos retrocedido mucho cuando comparamos con el resto de las naciones latinoamericanas, fueron muchos los países latinoamericanos que incrementaron su PBI más que nosotros. Nuestro rezago impidió la elevación del nivel de vida de la población.
Al mismo tiempo que nuestro PBI no crecía nosotros consolidábamos nuestro liderazgo inflacionario, disputado en los últimos años únicamente por Venezuela. Nuestro escaso crecimiento era la consecuencia de nuestra pobre acumulación de capital productivo con escasas inversiones, asi debilitamos la creación de nuevos empleos. Incidió negativamente la magnitud de nuestro déficit fiscal (nacional y provincial) que pulverizó nuestro ahorro nacional.
No hay muchas alternativas, ya que si queremos abatir la pobreza, tenemos que expandir aceleradamente el PBI. Para ello necesitamos mas inversiones productivas, no aquellas propias de los posicionamientos financieros, expansión de las exportaciones y tambien mejor educación con igualdad de oportunidades para todos.Pero si no reducimos el déficit fiscal, y así aumentamos el ahorro nacional, nada de esto podrá ocurrir.
La tarea que enfrentamos es grande, es hora de comenzar a dejar atrás las estériles rencillas sobre el pasado y ponernos de acuerdo sobre el porvenir. Sin grandeza política, tanto por parte del oficialismo como de las fuerzas opositoras, que permita prestar atención al futuro será difícil retomar el perdido sendero del crecimiento económico y social. La tarea no es fácil, pero no tenemos otra alternativa.
En los próximos meses habrá elecciones. Sserá importante dejar atras los discursos superficiales y esperemos propuestas consistentes y bien fundamentadas que nos expliquen que debemos hacer para superar este retroceso y volver a crecer con mas producción y mejores empleos. Esperemos propuestas, pero realistas, dejando atrás las proclamas sin fundamentos tan comunes en las elecciones.

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