EL SUEÑO

¿Se imagina que nos encaminamos a un proceso electoral pleno de debates profundos y respetuosos acerca del futuro? ¿No lo supone, no lo espera? Pero seguramente lo desea, porque sabe que “la previa” es necesaria antes de la decisión 2019.

Un debate profundo implica superar la costra superficial de los “comunicadores” que abarcan un océano de 1 milímetro de profundidad. Océano en el que, noche a noche, chapotean los “panelistas” y mucho de los que concurren, en nombre de la política, a esas tenidas más parecidas a un entretenimiento ocasional que a una discusión profesional de cada tema.

Es que, en la radio y la TV, en definitiva, se trata de entretener, de hacer pasar el tiempo de una manera agradable o distraer a las personas de las cuestiones principales.

Lo primero, vaya a saber por qué, pasa por la política; y lo segundo, distraer, es un acto de perversidad. Esto último mucho frecuente de lo que suponemos.

La expresa construcción de la desinformación, distracción, es una de las tragedias de nuestro tiempo. Tragedias en todos los niveles.

Lo primero que nos viene a la mente es el daño ambiental. Esta aquí en la puerta y muchas de las cosas que nos alientan a consumir, a hacer, tienen costos enormes sobre el futuro del Planeta. Distracción y desinformación.

Y cosas no tan trascendentes. Pero cuyas consecuencias económicas y sociales de la vida cotidiana también son graves. Un ejemplo criollo. Las tarifas de la energía, en todas sus formas, están sufriendo incrementos descomunales.

Por muchos de esos bienes, quienes los extraen, reciben subsidios del Estado, es decir, los impuestos van a las empresas concesionarias de esos recursos que son propiedad del Estado. Las tarifas volverán a aumentar en los próximos meses.

Pero nadie dice cuál es el costo de extraer esos bienes, costo que constituye el mayor porcentaje componente del precio final. El ministro José L. Aranguren – que compartió a pleno la política impuesta por A. Kicillof del gobierno anterior – sostuvo en el Parlamento que él no conocía el costo del gas en boca de pozo y cuando se le insistió, dijo que él no lo iba a dar a conocer.

Vale decir en los medios de comunicación se habla de las tarifas, de los aumentos, pero no se obliga a esclarecer cuál es el costo y cuál el fundamento del precio de ese bien. Distracción y desinformación mediática. Los comunicadores no son especialistas, los especialistas casi sin excepción también son consultores de las empresas beneficiarias de los subsidios o de los precios cuyos costos se desconocen. Distracción y desinformación.

El Presidente ha repetido mil veces que la energía en el país es mas barata que en el resto del mundo. Un empresario usuario e interesado por la verdad, se tomó el trabajo de averiguar el costo de una Pyme, sin impuestos, de hasta 250Kw de potencia, aquí 202 U$S, en San Pablo, 138, en Alemania 90. ¿Y? Los lobby penetran por la fractura de la ignorancia basada en la distracción y la desinformación.

Esta claro que ese sueño, el de los debates profundos, tendrá que esperar porque no son muchos en la política, dominada por los asesores de marketing, los que quieren esclarecer. Primero porque para esclarecer hay que tenerlo claro. Mirar sin prejuicios, estudiar y haber estudiado.

Conocer es conocer la historia, la disciplina de que se trata, convicciones filosóficas fundadas y conocer las experiencias exitosas, no para copiarlas sino para inspirarse en ellas. Y sobre todo elegir rodearse de expertos que, además, compartan la filosofía del que tiene el deber de esclarecer. Eso es un político.

Un debate profundo y respetuoso de cada tema supone un cierre final de articulación de esas ideas, vigorosas de distintos campos de la acción,  por parte del “político” que es el articulador de lo técnico para convertirlo en una pedagogía del futuro. Es decir, de lo que deseamos, de como acceder a esa meta, de los costos, de la duración del camino, las estaciones y los beneficios.

Eso es lo que realmente necesitamos. Porque vamos mal. El discurso presidencial de inicio de las sesiones parlamentarias , su contenido y sus formas; la reacción de los parlamentarios de la oposición presentes, la suma de todo el inicio y el final, las interpretaciones, digamos todo, fue una confirmación “institucional” que la política magna sigue ausente en todos los lados de la grieta. Y justamente por eso la grieta y no la política, es lo que domina nuestra vida colectiva.

Por eso somos un país decadente producto de nosotros mismos. No hay poderes extraños que nos dominan. Es que no tener proyecto propio es tener proyecto ajeno.

Por ejemplo el trabajo chino nada nos quita sin nuestro consentimiento. Cristina y “el marxista revolucionario, progresista, pro trabajador”, Axel Kicillof, promovieron el Acuerdo Estratégico con China, hasta durmientes, cedieron territorio y soberanía por 50 años, importaron ferrocarriles completos en un país que exportaba locomotoras cuando ellos todavía no habían superado la dieta de arroz, aceptaron la Justicia británica – del invasor – para dirimir litigios contractuales y comprometieron la realización de una represa que no era prioritaria, cuyas energía será increíblemente cara y cuyos riesgos ambientales aún no están plenamente evaluados. Un proyecto ajeno de una envergadura enorme con más riesgo estructural que los desastres de la corrupción del gobierno que lo puso en marcha. Y lo que es peor la más dura oposición al kirchnerismo, los amarillos PRO, ratificaron y ampliaron el proyecto ajeno. Aceptar el gobierno del proyecto ajeno es naturalizar la decadencia. No importa saber desde cuando nos gobierna.

Pero si saber por qué ahora seguimos apostando a no tener un proyecto propio para invertir el proceso.

El botón de muestra energético planteado es elocuente. No sabemos cuál es el costo del gas en boca de pozo. Y sin embargo fijamos una tarifa que es superior, al menos para las empresas pyme, en el país vecino – Brasil – y en la economía modelo – Alemania.

Como, en definitiva, lo que cuenta – en política – es lo que dicen y hacen los que están, estuvieron o pueden estar en el poder, el primer dato a la vista es que el

50/60 por ciento de la población no votaría por amor a ninguno de los principales candidatos. Los demás suenan a “Hoy un juramento, mañana una traición” (Carlos Gardel). No hay proyecto propio a la vista.

En esta desgraciada opción ganará el que menos odios concite. Por lo que veremos luego, eso es muy grave.

Triste gobernar gracias al despecho.

¿Hablan de anhelos los candidatos? No. Silencio sobre el futuro que debería ocuparlos.

Para la oposición el silencio del futuro deja que la realidad continúe su camino y hunda al contrincante. Para el oficialismo el silencio del futuro expone prontuarios, a la espera que la condena judicial incremente el rechazo a los sometidos a juicio.

No aportan luz al sombrío panorama que se nos avecina.

El oficialismo propone la lenta agonía del fracaso que conduce. Cada tanto delira en alta voz que algo bueno está pasando: “la inflación, el déficit fiscal, el comercial, están bajando” o “en un remoto trimestre la actividad se estará recuperando”. Autoengaño adolescente en una realidad exasperante a la que alimentan con la ausencia de remedios. Nada que se parezca a política económica, atraviesa el adolescente rito de promesas que no se cumplen o milagros que no ocurren.

La oposición blanda o dura, por su parte, repite un inventario superficial de las cuentas que no cierran. Ni un atisbo de diagnóstico profundo de la realidad que nos haga alentar expectativa de un programa. Dedo en alto sostienen el “hay que”; y ni por asomo un “cómo”. La propuesta rutinaria del caballo detrás del carro, es “hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente” o que “hay que recuperar el consumo”. ¿Quién diría que no? Pregunta ¿el diagnóstico acaso es que “no hay consumo” porque “no hay consumo”? Esa circularidad opositora es la que impone la ausencia de pensar. Lo que realmente nos pasa. No pensamos. Escapamos a un honesto cavilar porque llevaría no sólo a condenar la inutilidad de los actuales actores, sino a la inevitable autocrítica de los anteriores difícil de digerir.

En la oposición se suman hombres y mujeres menemistas (también en el oficialismo), que fortalecieron la “oligarquía de los concesionarios”; y del kirchnerismo que, cuando amainó el viento de cola se estancó con la economía, manteniendo en lo esencial el modelo previo. No se puso ni un ladrillo en la obra de transformación de la estructura productiva.

Todos los años en que gobernaron los hoy opositores, también gobernaron los “concesionarios”. La novedad K fueron nuevos miembros del mismo modelo estructural. Lo que hoy, en esencia, continua.

Estamos detenidos en una realidad económica y social que acrecienta el castigo del presente de millones de connacionales; y un trámite judicial cuya verdadera trama se escabulle.

La corrupción está detrás de estos episodios. Sí. Pero el vacío abismal de la política – que hoy no produce mas que desesperanza – comparten el mismo origen con la corrupción que nos derrumba. Veamos.

Los cuadernos (a pesar de algunos grandes pecadores inexplicablemente protegidos) son un desfile de empresarios, básicamente vinculados a los bienes y servicios que concesiona el Estado. La obra pública, los servicios públicos, los bancos y el juego, las explotaciones energéticas y mineras. Todos esas son fortunas súbitas, con alguna excepción, menores de 40 años. Personas del común devenidas mega millonarios por concesión pública.

Esa nueva oligarquía, que es un proyecto de poder, no lo es de productores del campo ni de la industria. Es una oligarquía cuyo oxigeno proviene de la caja pública.

De las 25 empresas de mayor patrimonio, publicación de la prestigiosa “Prensa Económica” que dirige Jorge Amorin, 19 son “concesionarias”; y si excluimos al Banco Nación y a YPF, los diecisiete mayores patrimonios del país son producto de concesiones o privatizaciones de bienes y servicios del Estado. ¿Se entiende?

El modelo económico que orienta esa oligarquía, de enorme capacidad de lobby como cuentan los Cuadernos, concluye, entre otros ocios, en la acumulación financiera (de las 25 empresas que más ganaron en 2017, el 50 por ciento de esas utilidades corresponde a los bancos en un país en el que el crédito no supera el 14 por ciento del PBI ¿ocio?, misma fuente). No promueven un modelo de desarrollo productivo

El retroceso de las actividades productivas urbanas y la sojización dependiente del agro y la primarización de nuestras exportaciones, son consecuencia de ese modelo: no es un accidente ni un hecho de la naturaleza.

Todas las concesiones tienen una protección natural, proveen “no transables” y – por lo tanto – daños estructurales profundos, como lo son el atraso cambiario dominante o el ancla cambiaria anti inflacionaria, lejos de afectarlos, los beneficia: exportan utilidades que crecen con la disminución del dólar.

Hay un abismo cambiario, entre otros, entre el modelo que sostiene el poderoso lobby de los concesionarios y el necesario diseño de la política macro, compatible con el desarrollo de las fuerzas de la producción. Es así hace muchos años.

La gestión PRO profundizó ese modelo que reparte malestar. Su convicción es que gobernar es colocar cemento … naturalmente ahí donde se ve. Tan viejo como la Patria Contratista, fortunas súbitas amasadas por aventureros convertidos en empresarios mediante la expoliación del Patrimonio Público. Una larga historia.

Esas condiciones dominantes pesan contra de la posibilidad de encontrar soluciones nacionales que necesariamente son políticas.

No hay posibilidad alguna de rectificar ese rumbo si no fortalecemos el canal de la política, sana, comprometida, moral, programática.

Una reconstrucción que comienza con la capacidad de pensar el futuro y proponer un rumbo tan posible como necesario. Pensar, hablar, debatir acerca de ideas para contribuir desde el Estado a la construcción de la Nación de todos. Nación hogar.

Estamos lejos de eso ¿Un proyecto común de Nación? Los que dominan los espacios de ambos candidatos, la cima del poder, invierten tiempo y dinero básicamente en incentivar el odio que es lo contrario de un proyecto común.

En ese entrevero vivimos sainetes como el de Marcelo D´Alessio, cuya explotación mediática amenaza con paralizar la cuestión judicial más trascendente para el oficialismo. Pero también es la cuestión judicial que podría ventilar los hedores que anidan en los subterráneos de la política y los tribunales.

La cuestión D´Alessio querida o simplemente aprovechada por la oposición, tiene la posibilidad de debilitar la “causa de la corrupción”. Causa que no necesita mucho más que una foto del patrimonio de los funcionarios antes de asumir cargo público y otra de lo que hoy disponen ellos, familiares y amigos y que la Justicia trate de identificar esos bienes en todo el Planeta. Complejo, pero no imposible. Las cuentas son obvias. Devuelvan.

Acusaciones y descalificaciones de las acusaciones. A eso se han reducido los escarceos preelectorales.

Como no recordar los “ríos de sangre” de Luis D Elia y obviamente por la “sutileza y la profundidad” de sus palabras al ecuatoriano J. Durán Barba, a quien Elisa Carrió llamó “teñido impresentable”. Comerciante exótico, unido a Marcos Peña, conforman “el acceso al poder” en este gobierno. La cima, los que deciden quién y qué pasa o no pasa, no sólo a los salones del poder, sino a la cabeza del Presidente. Inmenso poder.

El Presidente dijo, el 13 de diciembre de 2016 en el CCK, que Peña, M.Quintana y G. Lopetegui eran “sus ojos, sus oídos y su inteligencia”. Durán que es – a su vez – los ojos, oídos e inteligencia de Peña, escribió en el diario Perfil,  “Si Cristina gana … arma a los barras bravas, a … presos comunes, a los motochorros y a grupos de narcotraficantes para que maten a sus opositores”

La bajeza de esta afirmación proviene de quién sin duda es la persona más importante para Macri. Durán y Peña están dispuestos a cualquier cosa para ganar.

Llegados a este punto correspondería invitar a todos a ver “La Favorita”, un film de Yorgos Lanthimos, que describe el peligroso y enorme peso de la cima del poder, insensible y perversa, que somete la “cabeza” del poder a sus deseos. Las debilidades de la Reina Ana y la relación con la cima del poder no son una curiosidad.

Carl Schmitt, nos recuerda que en “Don Carlos” de F.v. Schiller se trata la cuestión de “Quien tiene acceso directo al rey Felipe II participa de su poder”. En un principio tienen acceso directo al rey de España su Confesor, el Gran Inquisidor, Domingo y el Duque de Alba. El rey decide que “el marqués de Posa podrá ingresar sin ser anunciado”. Ese pase libre le costó la vida. El anverso de de “La Favorita”. Dice Schmitt “no sabríamos que habría hecho él” con sus enemigos.

Conclusión, lo que está en la cabeza de los que tienen el derecho de ingreso sin ser anunciados, está o estará en la cabeza del poder. En estos tres años hemos visto el costo social del blindaje del acceso a la cima.

La brutal afirmación de Durán, ingresa sin ser anunciado, estará en la cabeza de Macri y será el leitmotiv de la campaña oficialista envenenando el debate por el terror.

Las mesas chicas de este gobierno y la de los Kirchner estan dominadas por personas de “confianza”. No de conocimientos. La cima controla el poder. Los sistemas cerrados no intercambian con el exterior.

Pero la democracia sólo funciona eficazmente con partidos vivos cuyos miembros, elegidos afuera, no necesitan permiso para ingresar al diálogo y que viven en el exterior del poder, en la realidad.

La mesa chica potencia el pensamiento de grupo que no puede valorar alternativas. Ahí estuvimos: contar pobres es estigmatizarlos. Ahí estamos: más inflación, menos empleo, este es el rumbo.

Cristina y Mauricio, está en su naturaleza, no quieren partidos, organizaciones vivas, quieren “favoritos” en la cima y sucumben al pensamiento de grupo de un sistema cerrado incapaz de la alternativa.

Y en ambos casos los que los rodean, la mesa chica, son cultores de la estrategia del odio, lo son Duran y Peña y lo son Diana Conti y Luis D Elía que son los que hablan por ella. Y lo es ella cuando contesta los requerimientos judiciales sin condenar siquiera los millones de sus funcionarios y secretarios personales, sin explicar “el blanco” de su fortuna amasada, en una pequeña ciudad de, en aquel entonces, 30 mil habitantes, cuya principal fuente de ingresos es el empleo pTYúblico,con el trabajo de abogada recién recibida en un suspiro de años antes de ser funcionaria pública.

La renuncia de ambos a ser candidatos tendría la virtud de fortalecer a los partidos y a la política y de romper los sistemas cerrados de las mesas chicas de la cima del poder. Puede ser un sueño que nos merecemos vivir para no seguir padeciendo está realidad. Y en ese caso la opción obligada puede convertirse en una oportunidad. El sueño, si eso ocurre, es no volver a perderla.

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