LOS DOCE SOLDADOS  SALTEÑOS DE MANCHALA

“Caminante, ve a Esparta

y diles a los espartanos

que por obedecer sus leyes

aquí yacemos”.

Simónides de Ceos,poeta griego.

La estructura escultórica que se levantó para destacar a los conscriptos  salteños en mayo de 1975 durante el gobierno de Isabel que se enfrentaron el ERP

Eran doce Soldados Salteños mandados por dos Suboficiales. Estaban ese día, 29 de mayo, en Manchalá. Ni siquiera tenían la pretensión de ser Militares. Sólo cumplían las Leyes de la República Argentina, en especial esa que imponía a los ciudadanos a cumplir con el Servicio Militar y habían ido allí por orden de un Gobierno Constitucional.

La mañana del 29 de mayo de 1975 los sorprendió pintando la escuela de Manchalá. Un poco más tarde la historia los puso en un brete del que todo hombre recela pues siempre tiene la duda de cómo responderá. Sin embargo, no dudaron, ¿Cómo iban a dudar si habían crecido escuchando en cuentos y consejas las historias de los Infernales que con Don Martín le guardaron, a pura lanza, la frontera norte a San Martín?, ¿Cómo iban a rehuir el combate si eran de la estirpe que le puso el pecho a cuanto bandido quiso asolar su provincia?.

No preguntaron, ellos, los doce Soldados Salteños de Manchalá y sus Jefes, cuántos eran los otros. Solo sabían que eran muchos más que ellos pero respondieron al plomo con el plomo y en esas horas en que jugaron con la muerte se ganaron para siempre el mote de “Los bravos de Manchalá”.

Un pueblo agradecido y un Ejército- era otro Ejército-, orgulloso levantaron en el cuartel donde se formaron un túmulo para recordar su coraje.

Hoy, si se han cumplido con presteza las órdenes de un obsecuente ministro y unos generales más preocupados en cobrar sus sueldos el 29 de cada mes que en formar Soldados, el monumento ha sido demolido.

Los enanos de la revancha trabajan rápido y sin pausa, e inclusive han obligado a empleados uniformados- amenazándolos, seguramente, con hacerles perder su pitanza ganada a fuerza de agachar la cabeza- para que aprieten a Soldados que se han animado a expresar lo que su honor les imponía.

Quizás, la demolición del monumento sea lo mejor. La frase de Simónides que alguna vez fue tallada en una piedra en las Termópilas quizás duró más tiempo que el Monumento a los Bravos de Manchalá -las inclemencias del tiempo son más generosas que la bajeza de los hombres- pero sirvió, aún después de desaparecer hace más de dos mil años, para hacernos saber que el coraje y el amor a la Patria prevalecen, no podrán demoler el monumento en el corazón de los argentinos.

 

Por Fernando Javier Liebanez

Buenos Aires, 12 de marzo de 2019

 

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