CREAR LOS TRABAJOS DEL FUTURO, HOY

La llegada del tren a la estación de Ciotat duraba menos de un minuto. Fue suficiente para que esa locomotora avanzando en la pantalla asustara a los asistentes a una de las primeras proyecciones cinematográficas en un café de Paris. La nueva tecnología de los hermanos Lumière rompía con todo lo conocido y provocaba, antes que asombro, miedo.

Luego el cine tuvo (y tiene) sus propias crisis tecnológicas: el sonido, la televisión, el VHS y ahora el streaming. Cada cambio provocó temores. Y cada transformación hizo crecer más al cine: hoy mueve más de 40 mil millones de dólares al año solo de taquilla y se diversifica en múltiples fuentes de recursos.

La nueva industria que está transformando el mundo, y genera inquietud, se llama economía del conocimiento. Incluye software; biotecnología; desarrollos audiovisuales; servicios de electrónica y comunicaciones; geología; nanociencia; satélites; inteligencia artificial; robótica y servicios profesionales. Son un conjunto de actividades muy diversas con dos elementos en común: uso intensivo de la tecnología y capital humano altamente calificado.

¿Ciencia ficción para la Argentina? No: la economía del conocimiento ya es una realidad y representa una extraordinaria oportunidad para crecer, generar empleo y multiplicar las exportaciones.

El primer paso es el consenso. El presidente Macri presentó ayer el Proyecto de Ley de Economía del Conocimiento, fruto del trabajo conjunto de empresarios, técnicos, economistas y dirigentes de todos los sectores políticos.

Un antecedente nos anima a ir por más. En 2004 el Congreso sancionó la Ley de Promoción de la Industria del Software. En estos años, el empleo en esa industria aumentó 50% y las exportaciones 35%. Tenemos más de 100.000 trabajadores en 5.000 empresas, en su mayoría PyMEs. La propuesta ahora es una Ley más ambiciosa que impulse no solo al software sino a toda la economía del conocimiento y potencie las posibilidades argentinas de ser protagonista de esa conversación global.

El proyecto establece beneficios impositivos para crear empleo, facilidades para la formación de nuevas empresas, incentivos a la exportación y un marco de estabilidad para que sigan creciendo en todo el país los polos productivos que unen innovación, servicios y desarrollo tecnológico.

Los objetivos son crear 215.000 nuevos puestos de trabajo y generar 8.500 millones de dólares adicionales de exportación anual en la próxima década. Son empleos con alta calificación, integrados al mundo y donde es posible reducir la brecha de género de manera más rápida.

El beneficio no es solo para algunos. La industria del conocimiento aumenta la productividad de toda la economía. El campo es ejemplo: a las ventajas naturales incorporamos biotecnología; maquinaria agrícola; sensores capaces de reunir datos sobre humedad y nutrientes; drones y satélites que mejoran la eficiencia de cada hectárea.

Así, la economía del conocimiento incrementa la competitividad sistémica: construcción, textil, manufacturas, alimentos, automotriz, comercio. Con calidad, tecnología e innovación producimos más y mejor.

La tecnología, además, nos permite impulsar el desarrollo federal. Córdoba, Tandil, Bariloche y Tucumán son algunos de los centros donde nuevas PyMEs están diseñando el futuro y creando los empleos del presente. Vaca Muerta no sería posible sin la innovación tecnológica y hoy cientos de PyMEs integran un clúster productivo donde ciencia y producción avanzan juntas.

El mundo aprendió la lección y, sin temores, muchos países están lanzados en una carrera para impulsar esta industria. Es uno de los sectores más dinámicos con generación de empleo calificado y perspectivas de crecimiento sostenido.

La Argentina tiene ventajas en esa carrera global: acceso a las tecnologías de la información; difusión del idioma inglés y huso horario compatible con Europa y Estados Unidos. Y lo más importante: creatividad y talento del capital humano, con espíritu emprendedor.

Durante la Cumbre del G20 reunimos a nuevas empresas que están cambiando a la Argentina. Emiliano Kargieman de Satellogic produce satélites, tiene 216 empleados y 6 oficinas en el mundo. Sebastián Stranieri fundó VU Security, una compañía de ciberseguridad con 150 millones de usuarios. Leandro Sabignoso es el creador de Auravant, una plataforma para la agricultura de precisión con más de 2.200 usuarios y oficinas en España. Pamela Scheuer lidera Nubimetrics, que utiliza big data para mejorar el e-commerce y opera en 17 países.

Si la Ley de Software ayudó al crecimiento de los cuatro unicornios argentinos (empresas de base tecnológica con valuaciones superiores a los u$1.000 millones), la Ley de Economía del Conocimiento va a permitir la multiplicación de emprendimientos de base tecnológica en todos los sectores productivos y en todo el país.

El consenso logrado en este proyecto de Ley es un paso fundamental. Confiamos en que el Congreso dejará de lado las diferencias de coyuntura y apoyará el desarrollo de estas actividades vitales para nuestro presente y nuestro futuro.

A partir de allí, necesitamos profundizar la agenda de formación en conocimientos y habilidades en todas las etapas del aprendizaje. Es necesario también aumentar la colaboración público-privada para garantizar infraestructura e incorporación de tecnología. A la vez, tenemos oportunidades en la colaboración entre academia y empresas, con marcos regulatorios que favorezcan el intercambio.

Ver a un joven apasionado frente a la consola de juego en una batalla por conquistar el mundo nos puede generar el mismo temor que a los parisinos aquella locomotora en la pantalla. Lejos de la incertidumbre, sabemos que para desarrollar un videojuego intervienen guionistas, ilustradores, diseñadores, ingenieros en sistemas y sonidos, programadores y video game testers.

La economía del conocimiento está cambiando el mundo y los argentinos vamos a ser parte de esa nueva revolución industrial.

Dante Sica es ministro de Producción y Trabajo de la Nación.

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