DE CONTRAMANO

No hace mucho tiempo corría por nuestra tierra la broma sobre un hombre tosco que -con la radio encendida – manejaba, a todo trapo, contramano por una calle ancha de veloz y numeroso tránsito.

El locutor, con voz nerviosa, informaba: “atención, atención, un automóvil, un conductor enloquecido, corre contramano por la Avenida del Libertador”.

Nuestro hombre al volante, que estaba solo, mascullaba para sí : “Uno no, son miles los que vienen contramano”.

Esa es la imagen que me volvió, pero sin sonrisa y con angustia, cuando escuche a nuestro Presidente contestarle a Mario Vargas Llosa: “Voy a tratar de ir en la misma dirección que estamos, lo mas rápido posible, ¿está bien?”.

¿Qué nos dice la dirección en la que estamos? ¿Qué nos dicen las últimas noticias económicas publicadas por el INDEC?

En el mes de febrero los precios aumentaron 3,8 por ciento y – trascendidos periodísticos – los precios de marzo crecerán más o menos lo mismo. De continuar a esa velocidad, mes tras mes, la inflación anual sería de 56 por ciento.

El INDEC nos informa que, en el cuatro trimestre de 2018 respecto del mismo período del año anterior, la caída del PBI fue de 6,2 por ciento. Un desplome de esa magnitud, proyectado a futuro, es simplemente inimaginable. Pero pone en evidencia el derrumbe del nivel de actividad con el que comienza 2019.

La suma de ambas mediciones nos ofrece el fundamento material del nivel de malestar que nos ha producido la reiteración de la medición de la pobreza.

En el segundo semestre de 2018 – según el INDEC – por debajo del nivel que establece los ingresos necesarios para no caer en la pobreza, vivían 14,3 millones de personas. Ese número representa al 32 por ciento de la población. Aclaremos, lo relevante es el número de personas en la pobreza. Veamos.

En 2017 ese porcentaje, en el mismo período, fue de 25,7 porciento de la población. Si ese porcentaje se hubiera mantenido, dado que la población aumentó, igualmente el número de personas viviendo bajo la línea de pobreza habría sido mayor.

Los porcentajes cuentan. Pero el dato relevante es el número de personas. Por ejemplo, de esos pobres, 3 millones son indigentes, es decir, no tienen ingresos para satisfacer las necesidades alimenticias. Un verdadero escándalo moral.

¿Dónde están los pobres? La mayor pobreza está en el Norte del país (NE 40,4 porciento; NO 34,5 porciento) y la menor en la Patagonia con 24,9 por ciento de personas pasando las peores condiciones de vida. Pero el Conurbano es el teatro dramático de la degradación que producen la pobreza y el hacinamiento y la dependencia de la vida suburbana.

Mientras tanto los ciudadanos de la CABA pueden observar a diario “las obras” que se realizan para “embellecer” la Paris de América del Sur. Por ejemplo nuevas veredas en la Avenida Santa Fe, se levantan las viejas y se ponen nuevas baldosas. Todas iguales. Caro amor a la simetría. O en las laterales como la calle Uriburu. O se hace en la Avenida Corrientes un paseo peatonal.

Es cierto. Damos trabajo en momentos en que falta. Es keynesiano romper veredas y ponerlas nuevas. Muy bien. Pero cuál sería el rendimiento social de ese mismo dinero aplicado a cualquier zona del NOA o el NEA, donde el ingreso por habitante es la décima parte del ingreso de la Ciudad de Buenos Aires. Los recursos son limitados.

Es cierto que hay asignaciones de recursos por jurisdicción y que la mayor parte de los recursos están en las jurisdicciones que menos urgencias tienen.

En esas condiciones ¿qué es el federalismo?¿qué es el Bien Común? Estamos cavando abismos territoriales.

Pregunta ¿seguimos en esta dirección pero más rápido? ¿Ni un minuto de reflexión antes de acelerar? Ejemplos de la vida cotidiana para entender los desafíos de gobernar. Así no.

¿Quiénes son los pobres? La mitad de los menores de 14 años viven en la pobreza. Y la pobreza de los adultos mayores es proporcionalmente hablando muchísimo más baja. El colectivo joven es básicamente pobre, y eso nos dice que el futuro empieza en el territorio de la pobreza.

El colectivo de los jubilados es parte del de los adultos mayores; y éste último básicamente, porcentajes altos, no es, de acuerdo con las estadísticas, técnicamente pobre por ingresos.

Más allá de cuestiones, entre otras, como la de la supervivencia asociada a las condiciones de bienestar, lo que nos dice la estadística es que la pobreza no es dominante entre los adultos mayores. Tal vez por la capacidad de acumulación de los que tuvieron un mejor pasado activo y suman entre los sobrevivientes.

Otra vez ¿qué esta haciendo este equipo de managers y administradores experimentados? ¿No se les ocurre una, un tiro para el lado de la justicia?

No hablamos de “revoluciones” sino de sensata administración. Macri dice “es por acá”.

Tomemos pequeños casos para ver que, en todo caso y en estos casos, justamente no es por acá sino por otro lado.

Dicho esto, es inevitable recordar que, entre las barbaridades de demagogia barata del kirchnerismo, se destaca el haber jubilado sin aportes – y sin discriminar por patrimonio, ingresos familiares, condiciones de vida, etc. – a 3,7 millones de adultos mayores.

En muchos casos fue una decisión solidaria para con aquellos que, habiendo trabajado en negro gran parte de su vida, no hubieron podido tener un ingreso mínimo en su vida pasiva. Bien por ello Cris.

Pero al no haber discriminado por condiciones económicas, el kirchnerismo hizo posible la jubilación sin aportes de adultos mayores que nunca trabajaron en el país. Que nunca trabajaron por estar viviendo, en definitiva, de rentas o de los ingresos superiores de sus cónyuges, padres o hijos. O bien porque trabajaron fuera del país y – en ese caso – seguramente gozan de otros beneficios sociales. Hay casos.

Esta transferencia injustificable de ingresos significa, aproximadamente 120 mil pesos por beneficiario al año; y si suponemos, como muchos estiman, que esos beneficios injustificables alcanzan a 2 millones de jubilados sin aportes, entonces, estamos hablando de 240 mil millones de pesos que una sociedad, con el 32 por ciento de pobres, paga por un beneficio injustificable a aproximadamente 2 millones de personas que no los necesitan. Un verdadero escándalo.

¿Cómo revertirlo? Quien esto escribe le propuso, hace mucho tiempo, a un diputado de Cambiemos y a un Ministro del gobierno nacional, un método que permitiría ahorrar gran parte de esos recursos, sin violentar el derecho adquirido por los beneficiarios. Nadie que haya sido declarado jubilado puede dejar de serlo por una decisión administrativa.

Pero una decisión de la ANSES puede impedir que continúe la sangría ¿cómo? Simple. Hay que exigir una declaración jurada de patrimonio e ingresos propios de cada jubilado. También una descripción de las condiciones en que vive. Por ejemplo las expensas del edificio donde vive y la existencia o no de personal doméstico que lo asiste y los ingresos y patrimonio del cónyuge.

Es sencillo establecer, a conciencia, quiénes de los que están jubilados por esa norma generosa en extremo, están en condiciones de continuar recibiendo esos beneficios en función del patrimonio e ingresos propios y familiares directos.

No nos referimos a aquellos que, jubilados por esta norma, habiendo trabajado toda su vida, no lograron aportes de sus patrones. En este caso es poco probable que otros ingresos o patrimonio, sean de tal magnitud que la “conciencia moral” o un poquito de vergüenza, impidan presentar la Declaración Jurada que más adelante explicitamos. Quede claro que quienes se presentaron a gozar de ese beneficio acudieron a recibir un beneficio que se les otorgaba sin ninguna restricción. Era una invitación. No los juzgamos por ello. Pero lo que proponemos obliga a todos a una reflexión. Sigamos.

Después de una intensa campaña publicitaria, ejemplificando casos de la solidaridad a la que todos estamos obligados en esta situación; y casos en los que no se justifica recibir una transferencia, estaríamos en condiciones de exigir – por una Resolución de ANSES – una Declaración Jurada detallando la situación económica del beneficiario.

La sola presentación realizada personalmente – cualquiera sean ingresos o patrimonio – habilita a seguir cobrando regularmente. Pero la no presentación interrumpe los pagos.

Nadie pierde la condición de Jubilado. Pero comienza una suspensión de pagos por la no mera presentación de esa Declaración. La idea es que muchas conciencias optarán por no presentar la Declaración si previamente se ha hecho una campaña moralizante.

¿Qué propietario, qué inquilino, quién que pague expensas próximas al haber o con personal doméstico, podría someterse al escrutinio público para seguir cobrando esa “ayuda social”?

Con la debida promoción del deber de solidaridad, de la denuncia de la corrupción – que también pasa por percibir lo que si bien legal, moralmente no corresponde – serían muchos de esos estimados 2 millones que no presentarían una DDJJ.

¿A qué viene este detalle propositivo?

Es que el Informe sobre pobreza nos anoticia que hay 2 millones de argentinos que, con esta política, han caído debajo de esa línea de supervivencia mientras la “molicie”, la falta de imaginación y de trabajo, de esta administración luego de 3 años en la gestión, ha sido incapaz de reducir el Gasto Público cortando la sangría de las jubilaciones mal otorgadas por el kirchnerismo. Mauricio no es por acá. Las jubilaciones en 2018 son el 45 por ciento del Gasto Público de la Administración Nacional , más o menos el 12 por ciento del PBI. No es para demorar.

Como tampoco ha tenido la cordura elemental de obligar a todos los beneficiarios de jubilaciones por discapacidad desde, digamos, 2003 a presentarse en los Hospitales Públicos para que una comisión, de dos profesionales y un funcionario del Ministerio de Desarrollo Social, ratifique la condición de discapacitado de cada uno de esos beneficiarios.

Son cientos de miles que difícilmente sean discapacitados y que están recibiendo esos beneficios sin que exista una justificación, mientras que – según trascendidos – desde hace tiempo que no se otorgan esos beneficios a nuevos y verdaderos merecedores de los mismos. Entonces en esto como en tantas otras cosas, no se está “haciendo lo que hay que hacer” a pesar de que se los ha advertido y no despiertan.

Bajar el Gasto Público, en la Nación y en todas las provincias, implica suspender lo que no es prioritario, la línea de austeridad. Y también revisar los bolsones de pequeñas corrupciones como lo son esas jubilaciones y esos beneficios que no debieron haber otorgado, si existiera una lógica de la solidaridad y de la necesidad.

No es por aquí. Cortar el Gasto Público en lo injusto, jubilaciones y discapacidades injustificadas, y mantener el Gasto Público en las verdaderas prioridades en un orden lógico, que empieza por resolver la estructura de la pobreza allí donde se acumula desde hace años el letargo de la política.

Hay muchas formas de la demagogia y sin duda cambiar veredas en la “Gran Ciudad” es una de ellas, salvo que la paguen los frentistas, que no es el caso.

Pero hay más. Empezamos con la frase de Mauricio “por acá y más rápido”. Y constatamos una inflación que a marzo de 2019 continúa al ritmo del 56 por ciento anual. Un fracaso.

Sobre todo si hay un ejército de cazadores de precios que tiran con tasas de interés que, bien medidas, apuntan al 90 por ciento anual. Un escándalo porque lo que implican esas tasas de interés para “parar la inflación” es, como observamos, transferir utilidades extraordinarias a los Bancos que habitan suelo argentino pagadas por el BCRA: el sector que mas dinero ha ganado en estos años.

También es un escándalo porque en nuestro país, una verdadera extrañeza, los Bancos son las empresas que más ganan y que menos hacen lo que supuestamente deben hacer: prestar.

El sector privado recibe, en la Argentina, crédito por menos del 15 por ciento del PBI y en Brasil ese coeficiente es el 70 por ciento del PBI. Un escándalo.

El arma de la tasa de interés contra la inflación, hasta ahora, es inútil para la sociedad. Pero maravillosa para los Bancos y la especulación financiera.

Esta película ya la hemos visto y sabemos que termina mal. No es por acá Mauricio y mucho peor si es más rápido.

Pero para sorpresa de todos es el Gobierno el gran promotor de la inflación. Lo hace a través de las tarifas, los precios regulados, que el gobierno impone de manera “monopólica”.

El transporte, publico o privado, tiene el precio que el gobierno establece. Viaje y pague. La opción es a pie, bicicleta o colectora. Monopolio. Pague y siga participando. La luz tiene el precio que el gobierno establece. Monopolio, alternativa vela. Gas, tarifa pública, alternativa, digamos, leña.

Cuando el gobierno impone tarifas, y dada la cuasi imposibilidad de alternativa racional, se trata de una suerte de “impuesto”. En buen romance es una imposición para mantener las condiciones de vida.

Y además todas las tarifas de los servicios públicos corren por la matriz de insumo producto de la realidad económica. Es como el aleteo de la mariposa en Tokio que se convierte en una tormenta en Ulan-Bator.

La decisión inicial se agiganta en sus repercusiones. Las tarifas, necesarias o no, son un impulsor inflacionario directo (lo que impacta en la canasta familiar) e indirecto (lo que impacta en la producción e todos los bienes y servicios). Primero inferior.

Si Ud. – cualquiera sea la razón – aumenta las tarifas presiona la inflación porque ningún precio de ningún otro bien compensará, con una baja, ese aumento.

Como todos los ajustes impositivos, los de bienes o servicios regulados, impactan en la inflación y este es un mal que hoy, aquí y ahora, nos carcome, es imprescindible saber si son realmente necesarios.

En buen romance, es obligación de las autoridades – para eso están – establecer el costo de producir esos bienes y en particular lo relacionado directamente con la energía.

El gobierno “no lo sabe” (no quiere saber) y no audita (no quiere auditar) los costos de las empresas concesionarias que extraen las fuentes principales, el gas y el petróleo. Saber los costos es la prioridad. El gobierno, este y el kirchnerismo, no los auditan.

El Ministro JJ Aranguren, en un sincericidio escandaloso, llegó a declarar que no sabía cuál era el costo del gas en boca de pozo. Y cuando fue acorralado dijo: “no lo voy a decir”. Eso fue en el Congreso de la Nación.

Y en Bariloche, en los días previos al G20, cuando todos decían que el costo del gas en boca de pozo en Vaca Muerta era de 3 dólares el MMBTU, dijo que los 7,50 dólares el MMBTU con los que, siguiendo a Axel Kicillof, él había iniciado el sendero de precios, “no era un subsidio” sino un “estímulo”. Digamos casi una inyección de droga que el país paga carísima para que unas pocas empresas hagan un negocio redondo.

Como las jubilaciones o los discapacitados, en materia energética, no ha sido el PRO el originante de lo escandaloso sino el kirchnerismo. Pero Mauricio lo ha continuado, entonces, no es por aquí. Es para el otro lado.

Macri maneja a contramano, pero con nosotros arriba. Y nos va a estrellar y cuanto más rápido vaya en la dirección de contramano, el golpe será peor.

Y eso lo grafica la caída del 6,2 por ciento trimestral con la que terminó el año. Los consultores, periodistas, articulistas alineados con el PRO apuestan a la recuperación de la actividad incipiente en los primeros meses del año que suponen producto de la recuperación del salario como consecuencia que los aumentos paritarios le ganen por un rato a la inflación. Puede que ocurra. Pero las componentes de la Demanda Global son el Consumo Público (debería bajar), el Consumo Privado (tal vez estanco), la Inversión Pública (debería bajar), la Inversión Privada (no hay razón alguna para que suba) y las Exportaciones que pueden crecer por el sector primario (o la industria del sector) difícilmente muevan el amperímetro en el resto de las exportaciones industriales. Es decir nada indica que haya segmentos de la demanda global que traccionen la recuperación de los niveles de actividad. Pero además el rebote está sometido a la gran filtración de la fuga de dólares (27 mil millones de dólares 2018) que corren a guarecerse no de la lluvia de inversiones – que no llegó – sino de la tormenta de la desconfianza que puede estar por llegar. Y como si fuera poco la reducción nominal de la cantidad de dinero como estandarte de la política macro agrava el efecto de una inflación inercial que la estrategia del gobierno no sólo no desarma sino que la multiplica.

No es por acá Mauricio. Estas de contramano y si acelerás, chocás más pronto.

Carlos Leyba

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