NO NOS HAN VENCIDO

Eramos algo así como 250 personas en Plaza de Mayo. Era una mínima expresión que no quería que cayera el gobierno constitucional peronista. De ese grupo escaso, hace hoy 43 años, varios pertenecían al Partido Comunista Revolucionario del recientemente desaparecido Otto Vargas.

Los diarios de ese día, a la mañana, anunciaban virtualmente el golpe.

Las elecciones debían realizarse el 12 de diciembre de ese año 1976. Pero ya todo estaba decidido. Eran los albores del último golpe de Estado.

El 25 de febrero Lorenzo Miguel había vuelto de sus vacaciones. Como titular de las 62 Organizaciones Peronistas sacó un comunicado donde aclaraba que no cuestionaban la autoridad presidencial y convocó a una reunión de gremialistas en Mar del Plata.

Pero existían dentro del mismo gobierno quienes conspiraban contra su propia continuidad.

Tiempo antes se había nombrado Jefe de la Policía Federal Albano Harguindeguy, y éste había comenzado a transferir información privada de la policía al SIE Servicio de Inteligencia del Ejército, la SIA Servicio de Inteligencia de aeronáutica y al SIM Servicio de Inteligencia de la Marina.

Nosotros habíamos sido protagonistas de la última vez que Vicente López fue gobernado por el peronismo.

Durante aquellos años el poder pasaba por este distrito.

La presidenta de la Cámara de Diputados de la Provincia era Blanca D’Acosta, la primera mujer que presidió la cámara baja provincial, el gobernador, Victorio Calabró, un dirigente metalúrgico que se había quedado con el poder de la provincia después de la toma del cuartel Viejo Bueno que arrastró la renuncia de Oscar Bidegain.

Pero además Perón había regresado el 17 de noviembre de 1972 a vivir en la casa de Gaspar Campos en Vicente López.

Se nos ocurrió aquella vez como director de prensa, acuñar la frase “VICENTE LOPEZ CAPITAL DEL PERONISMO”.

Cuando nosotros ya no estábamos aquel 23 de marzo no lo podíamos creer. Calabró conspiraba contra Isabel. Y mientras Carlos Alberto López, el intendente municipal, jugaba ese partido, nosotros estábamos con un puñado en la Plaza de Mayo tratando de evitar lo inevitable.

El 16 de febrero la Asociación de Empresarios había llamado a un paro y los militares habían dado ya varios ultimatums.

El 23 de febrero Isabel recibe al Consejo Superior del Partido, por iniciativa de Genaro Baez, dirigente del Seguro y vicepresidente del PJ.

Mucho tiempo después, Genaro Baez, en época de Menem, fue el titular del Renar y le pude preguntar por qué no lo dejaron entrar a la reunión y tampoco a la Casa Rosada. Baez me confesó que no le gustó a la presidenta que le pidieran esa reunión, y que consideraban que él pertenecía a los no verticalistas.

La situación era cada día más tensa.

El que fuera esposo de Marta Lonardi, la hija del primer presidente de facto en el 55, el Dr. José Alberto Deheza, cuenta que recibió una invitación del Dr. Julio Gonzalez, secretario Legal y Técnico, para que lo visitara en su casa. Eran aproximadamente las 7 de la tarde y Gonzalez le contó que Isabel había recibido un virtual ultimátum de las Fuerzas Armadas. Era el 6 de enero y era un pesado regalo de Reyes el nombrarlo asesor en el Ministerio de Defensa a cargo del Dr. Eduardo Guardo al yerno de Lonardi. Luego, en los últimos días, asumiría él como ministro de Defensa.

El día 3 de febrero se habían aceptado las renuncias de Antonio Cafiero como Ministro de Economía y de Carlos Ruckauf como Ministro de Trabajo. Miguel Unamunu se hizo cargo de la cartera de Trabajo y Emilio Mondelli de la de Economia.

Los cambios no podían apagar lo que ya tenían planificado los golpistas que en la platea de River Plate, mientras veían un partido de futbol, conspiraban y le ponían fecha al golpe.

La llamada Revolución Argentina había dejado una deuda externa de 11.000 millones de dólares, y los gobiernos de Cámpora, Perón e Isabel la habían bajado a 8000.

Igual que en 1955, cuando Argentina era un país acreedor, el golpe de la fusiladora lo transformó en deudor, haciéndolo socio del Fondo Monetario Internacional. Ahora había que voltear a este gobierno no por las cosas malas que tuvo, no por los errores que cometió, sino por sus aciertos.

Isabel había nacionalizado las bocas de combustibles, quitándole a las petroleras extranjeras la caja y siendo solamente de YPF, la empresa totalmente estatal, la encargada de la venta de combustible. La Shell y la Esso no aguantaron que se les quitara la caja.

La expulsión del embajador inglés fue otro golpe que Londres no estaba dispuesto a aguantar.

Tampoco la Ley de Contratos de Trabajo  donde el trabajador alcanzó el salario más alto de la historia.

Los vuelos transpolares de Aerolíneas que estaban programados para evitar tocar Los Angeles eran otro golpe para las petroleras yanquis que no lo permitieron.

La estatización de los canales de televisión había sido una parte de su gobierno que no soportaron los de la prensa canalla.

La baja de la desocupación también fue otro dato de aquel gobierno.

Los golpes de mercado, la inflación, los tironeos adentro del Movimiento Peronista, hacían que el clima fuera de muchísima tensión.

También los que entornaron a la Presidenta y no dejaban acercarse a los peronistas históricos.

Todo había empezado aquel 1º de julio de 1974 cuando el más grande de la historia política contemporánea se hacía inmortal.

El tres veces presidente argentino del siglo XX elegido por el voto popular, único caso en la historia del siglo pasado, la capacidad del Lider y conductor, era muy difícil de sostener para la primer mujer presidenta en el mundo.

Era casi una crónica anunciada en donde participaban intereses extraños que respondían a los ingleses, a los yanquis, a los rusos de la entonces Unión Soviética, y las injerencias internas de la inteligencia cubana, francesa, israelí, y de otros países detrás de los Urales.

No fue nada fácil. Lograron poner al país de rodillas.

Al bombardeo y los fusilamientos del 55, a los allanamientos de los comandos civiles, le agregaron en el 76 la figura del desaparecido.

Como en el el golpe cívico militar del 55, los civiles de aquel golpe y los del 76, nunca pagaron.

Eugenio Blanco, Prebisch, Alsogaray, Aleman, Martinez de Hoz, Cavallo, o Dujove, son el elenco estable y permanente del liberalismo endeudador.

Cuarenta y tres años después, sin tirar un solo tiro, lograron con el voto regresar el país al pre peronismo.

Macri no es Videla, pero la política de Martinez de Hoz y de Dujovne no tiene diferencias.

Macri no es Aramburu, pero el recurrir al Fondo Monetario igual que el otro dictador, lo transforma a uno en el que nos hizo socio, y al otro, en el que pidió la mayor deuda en la historia argentina al FMI.

Macri no es Rivadavia, porque aquel fue el primer presidente y éste es el último, pero los dos nos endeudaron por cien años.

Macri no es ninguna dictadura, y eso es lo grave, porque ahora lo hace en democracia.

No en vano faltan dos generaciones de argentinos.

Aquel grupito inadvertido de 250 personas nos permite tener la ilusión, porque éramos pocos pero estábamos, porque sabíamos lo que iba a pasar.

La mayoría no nos creía o estaba en otra cosa.

Pese a los bombardeos, a los fusilamientos, a los compañeros presos, a los desaparecidos, que Macri sepa: NO NOS HAN VENCIDO.

23 de marzo de 1976, último día de un gobierno peronista

23 de marzo de 2019, nosotros sí vamos a esperar hasta diciembre para volver al gobierno y al poder.7

 

Por Miguel Angel de Lorenzis

 

Se el primero en comentar en "NO NOS HAN VENCIDO"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*