“UNA DEUDA DE HONOR”: CONDECORARON A 23 HÉRONES DE MALVINAS QUE REALIZARON MISIONES AÉREAS SECRETAS, A 37 AÑOS DE LA GUERRA

En el recinto de la Cámara de Senadores del Congreso, tres tripulaciones de los Hércules que combatieron en las islas recibieron la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”. El discurso de los senadores y la valoración de los veteranos

Los 23 diplomas y 23 medallas estaban ubicados sobre una mesa de madera, delante de un estrado nutrido por el senador Ernesto Félix Martínez, el presidente provisional del Senado Federico Pinedo y la diputada Nilda Garré. Esperaban, expectantes, saldar una deuda de honor, cubrir una asignatura pendiente de la Nación Argentina con 23 veteranos de la Guerra de Malvinas, hasta ahora anónimos. Ciudadanos argentinos y combatientes, integrantes de la Fuerza Aérea, que habían actuado en defensa de la patria en acciones secretas.

El recinto de sesiones de la Cámara de Senadores modificó su dinámica para rendir homenaje a los veteranos de la Guerra de Malvinas

En el recinto de sesiones de la Cámara de Senadores del Congreso, esperaban los diplomas, las medallas, los veteranos y las autoridades públicas en representación del pueblo argentino. La ceremonia de entrega de la condecoración medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”, otorgada por la Ley 27.465/18 en reconocimiento por sus relevantes méritos, valor y heroísmo, comenzó a las 11 de la mañana.

Tuvieron que esperar 37 años para recibir este condecoración, que las misiones secretas que protagonizaron durante la guerra fueran desclasificadas.

En las butacas, 20 veteranos de guerra, tres mujeres en representación de sus esposos muertos y los senadores encargados de hacer efectiva la entrega de las distinciones. En las galerías, familiares y ex combatientes se emocionaban por transferencia.

Los aplausos no perdieron vigor. Pinedo inauguró la entrega: “No puedo sino agradecerles y felicitarlos en nombre de la Cámara de Diputados y del Senado de la Nación”. Antes, había hablado de patriotismo: “Hay parte de nuestro territorio que aún no corresponde a la soberanía del pueblo argentino. Por eso son tierras irredentas para todos nosotros producto de un acto de colonialismo del siglo XIX que las naciones civilizadas se han comprometido a dejar atrás. Es muy difícil para los que no hemos tenido el honor de combatir por nuestra patria imaginarnos lo que ustedes hicieron”.

El patriotismo, dijo Pinedo, es un sentimiento potente que hace que los mejores hombres estén dispuestos a arriesgar su vida para transformar la de sus seres queridos.

Fue una mañana de reparación histórica. No hubo relatos emotivos ni liberaciones de sentimentalismos. Se concatenaron apretones de manos, susurros de agradecimientos y fotos de protocolo. El diploma y la medalla premiaban e identificaban a quienes durante décadas vivieron sin contarles a los argentinos lo que habían hecho por ellos.

El comodoro Jorge Alberto Valdecantos no se lo contó ni siquiera a los suyos. “Sabíamos lo que teníamos que hacer con la confidencialidad para resguardarnos también nosotros. Mi familia nunca supo nada de mis actividades durante la guerra. A lo largo de los años les he contado a cuentagotas mi historia. No se los dije porque hubiera sentido como si estuviese jactándome de lo que hice, y lo único que hice fue cumplir con la patria. La patria sabe lo que yo hice y no era necesario manifestárselo a nadie”.

El comodoro Valdecantos junto al suboficial principal Delfino Fretes

La familia del comodoro Jorge Alberto Valdecantos

Valdecantos se siente orgulloso por un reconocimiento que no esperaba, pero se apena también que haya llegado tarde, ya cuando la vejez y la muerte encontró a algunos de sus compañeros de vuelo.

“Éste es uno de los tipos más valientes que hay en la Fuerza”, interrumpió mientras lo abrazaba y lo cacheteaba en la cara al suboficial principal Delfino Fretes, quien al principio no quería ser entrevistado por Infobae. “Si hace años que lo estás esperando”, la convenció su esposa. Se siente orgulloso, pleno, gratificado. Era mecánico de vuelo. Hizo dos misiones, el 28 y el 29 de marzo. Consistían en vuelos de exploración y reconocimiento de los blancos. “Teníamos que salir a la mañana temprano, volar a quince metros del agua, subir estrepitosamente y hacer la operación (prender el radar para identificar las posiciones enemigas). Eso lo hacíamos durante cuatro o cinco horas. No sentíamos miedo. Estábamos preparados para esos momentos, teníamos profesionalismo y nos dedicábamos a cumplir la misión”, explicó.

La medalla del fallecido suboficial Jorge Luis Contigiani

Jorge Luis Contigiani -suboficial, mecánico de vuelo- sí sintió miedo. Lo reconoció su esposa Gladys, la encargada de recibir el diploma y la medalla en representación de su marido, fallecido hace un año y medio. “En casa se hablaba muy poco del tema. En la intimidad se hablaba poco, pero después ya no se hablaba más… mis hijos eran muy chiquitos. Él era muy cerrado, pero sí me contaba de estos vuelos peligrosos y del miedo que sentía. Era un secreto de familia y se respetaba”, reconoció emocionada.

Gladys y los hijos del suboficial Contigiani

“Cuando decidieron darlo a conocer, pensé que al fin se había hecho justicia -valoró Gladys-. Pero no por la medalla en sí, sino porque es un reconocimiento por el gran valor que tuvieron. Porque las nuevas generaciones no saben bien lo que significó. Nosotros lo vivimos. Durante todo el conflicto lo vi solo cuatro veces y cuando fue lo del misil (la caída de un Hércules) me dijo ‘creí que no los iba a ver más’. Fue algo muy fuerte lo que vivimos. Se merecían este reconocimiento”.

Gladys miró conmovida el diploma y la medalla cuando debió pensar dónde iba a guardar las nuevas condecoraciones: “Yo tengo un lugarcito en casa con los cuadros, las medallas y los otros reconocimientos. Supongo que quedará ahí hasta que yo parta con él y después del legado se encargarán mis hijos”. Lloró sin dejar de responder cuando se permitió lamentar la ausencia de su esposo en la mañana del 27 de marzo de 2018, a seis días de celebrarse un nuevo aniversario del Día del Veterano y de los caídos en la Guerra de Malvinas. “Él nunca supo que le iba a llegar este reconocimiento. Se fue sin saberlo. Así lo quiso Dios”. A 37 años del desembarco de las tropas argentinas en Malvinas, el debido reconocimiento a los héroes ocultos.

  • A 37 años de la guerra, en el Senado, los legisladores entregaron estas preseas a pilotos de aviones Hércules, que cumplieron funciones durante el conflicto bélico con Inglaterra por la soberanía de las islas. 

Fotos y videos de una histórica jornada.

Algunos de los 23 soldados que recibieron la medalla. (@FuerzaAerea_Arg)

Estas son las medallas y los diplomas de entregados a nuestros héroes.

En el Senado, los legisladores entregaron los medallas a los héroes de Malvinas.

La esposa del suboficial fallecido, Carlos Alberto Bill recibe por parte de la senadora María Cristina del Valle Fiore Viñuales, el merecido reconocimiento.

Nilda Garre y Esteban Bullrich posando con un héroe de Malvinas.

Julio Miguel Daverio y Roberto Guillermo Puig, dos de los suboficiales condecorados.

La familia del suboficial Contigiani, su mujer Gladys y sus hijos recibieron orgullosos la medalla.

El comodoro Jorge Alberto Valdecantos junto a su familia.

Esta es la medalla que le fue entregada a los héroes.

En el Senado de la Nación, este miércoles (27/3), un grupo de 23 pilotos de aviones Hércules de la Fuerza Aérea y familiares de quienes desarrollaron operaciones en carácter de Secreto de Estado durante la Guerra de Malvinas fueron condecorados con la medalla “La Nación Argentina al Valor del Combate”, en reconocimiento al mérito y al heroísmo durante la guerra del Atlántico Sur.  El acto fue presidido por el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, quien, acompañado por el  ministro de Defensa, Oscar Aguad, brindó el justo reconocimiento a un grupo de ex combatientes, cuyos nombres y sus valiosas actividades pudieron conocerse tras la desclasificación de documentación referente a las misiones LOCO y TIGRE, desarrolladas en el archipiélago por el Escuadrón de Hércules C-130.

El senador Pinedo destacó el honor de los ex combatientes que defendieron la soberanía argentina en el conflicto del Atlántico sur y expresó: “Es muy difícil para los que no hemos tenido el honor de combatir por nuestra Patria imaginarnos lo que ustedes hicieron, el hecho de estar surcando los cielos en esos aviones enormemente pesados y blancos fáciles para cualquier enemigo”.

“Pero el patriotismo es un sentimiento muy potente y muy importante y hace que los mejores de nosotros estén dispuestos a entregar su vida y con su vida transformar la de muchos para siempre”, finalizó Pinedo.

Tras sus palabras, los senadores presentes entregaron las medallas a los veteranos destacados en la misión y a los familiares de aquellos ex combatientes fallecidos.

La familia del suboficial Jorge Luis Contigiani recibió esta medalla en su nombre.

Del acto participaron en representación del Ministerio de Defensa la secretaria de Gestión Presupuestaria y Control, Graciela Villata; el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, teniente general Bari del Valle Sosa; el jefe del Ejército, teniente general Claudio Pasqualini; el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Enrique Víctor Amrein, y el jefe de de la Armada, almirante José Luis Villán, entre otras autoridades e invitados especiales.

Por su parte, los pilotos que recibieron la distinción fueron los brigadieres mayores Alberto Vianna y Horacio Orefice; los comodoros Jorge Valdecantos; Ronaldo Ferri (recibió su hijoErnesto Ferri); Rubén Moro, Eduardo Senn, Roberto Cerruti, Walter Veliz, Cristóbal Villegas; los vicecomodoros Andrés Valle, Hugo Maldonado (fallecido, recibió su esposaMaría Isabel Meade Amadeo).

También fueron homenajeados los suboficiales Julio Daverio, Juan Carlos Luján, Nicolás Segovia, el fallecido Jorge Contigiani (recibió su esposa Novemia Gladys Frezza); Roberto Puig, Pedro Razzini, el fallecido Carlos Bill (recibido por su esposa Gladys González);Delfino Fretes, Sergio Tulián, Oscar Gatto, Carlos Nazzari y Carlos Ortiz.  Su tarea se traducía en un importante apoyo a operaciones aéreas ofensivas con aviones Hércules C-130 al cumplir riesgosas misiones poco conocidas de Exploración y Reconocimiento sobre el Atlántico Sur para poder ubicar a los blancos navales y ser atacados con precisión. Las misiones de exploración secretas fueron desclasificadas por la Fuerza Aérea Argentina diez años.

Este homenaje se llevó a cabo por iniciativa de las comisiones de Defensa Nacional de ambas Cámaras del Congreso, con el objetivo de reconocer el valor esgrimido en los vuelos de estrategia militar que la Fuerza Aérea Argentina desplegó a través de las operaciones de sus aviones Hércules en la Guerra de Malvinas.

 

Otra imagen del distintivo de honor entregado a los ex convatientes. (@FuerzaAerea_Arg)

Tareas de los Hérculos C-130

La primera tarea era identificar blancos en el mar. La segunda tarea respondía a una reconfiguración del Avión Hércules que le permitía el lanzamiento de bombas.

En la tarea de determinación de la posición de blancos enemigos la aeronave se acerba a un vuelo de perfil bajo a cercanías de éstos, volando por debajo del lóbulo radar para no ser detectado. Posteriormente, ascendía y con el radar propio determinaba la posición de los buques enemigos, cuestión que no duraba mucho tiempo porque era rápidamente detectado por los radares de éstos. De esta manera volvía rápidamente a ese perfil bajo para poder iniciar su escape, en un ambiente de misiles y patrullas de aeronaves enemigas.

Ellos operaban desde Comodoro Rivadavia pero a veces el regreso no se podía hacer en trayecto directo debido a las amenazas que debían evitar. La información que ellos obtenían servía al Comando de Operaciones Aéreas para enviar os aviones de ataque a las coordenadas informadas.

Reviví el emotivo acto homenaje

VIDEO: https://youtu.be/P9-8aqd0zjg

  • Las arriesgadas misiones secretas de los aviones Hércules en Malvinas, los archivos clasificados, y una condecoración para los héroes que tardó 37 años

Tres tripulaciones de Hércules que combatieron en Malvinas fueron condecoradas por acciones cuyos detalles se habían mantenido en secreto. “Éramos felices haciendo esas misiones arriesgadas”, dicen hoy los héroes que fueron como voluntarios a misiones imposibles

Para cualquiera, “Tigre” ,”Loco”, “Picho” o “Tiza” pueden tener disímiles significados. Pero para los pilotos de los aviones Hércules que combatieron en la guerra de Malvinas, su sola mención hace poner la piel de gallina.

Estos nombres en clave remiten a misiones muy arriesgadas, que fueron recientemente desclasificadas. A 37 años de la guerra, el coraje y el arrojo entonces demostrados motivaron que sus integrantes sean condecorados, el 27 de marzo a las 11 de la mañana en el Senado de la Nación, con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”.

Esta es la historia.

Durante la guerra de Malvinas, las misiones que llevaron adelante los Hércules C 130 fueron dos: detección de blancos navales y de interdicción aérea.

En las misiones de localización de buques enemigos, se volaba rasante sobre el mar, a una velocidad de 590 km por hora, y con su radar apagado, a fin de no ser detectados por el enemigo. Cuando se llegaba a un punto prefijado, se aceleraba a fondo, se elevaba la nariz del aparato 30 grados hasta llegar a los 10000 pies. En esos instantes en que el avión alcanzaba con su máxima potencia la mayor altura, se encendían sus radares para detectar la presencia de buques enemigos. En caso de identificar un blanco, se enviaban al Comando las coordenadas para dirigir un ataque. Cuando el avión comenzaba a caer, se apagaba el radar.

Claro que restaba lo más díficil, que era escapar. Y el camino más sencillo era el delanzarse en caída libre hacia el mar, para volver a evitar a los radares ingleses. Y efectuar un cambio de rumbo de 45 grados. Para volver a empezar. Porque cada una de estas maniobras se realizaban cada 20 o 30 minutos. En el argot de los aviadores la conocen como “diente de perro”, ya que las maniobras simulan a una “W”.

El único apoyo con que contaban los Hércules era el radar de vigilancia aérea en las Islas Malvinas, que les podía advertir de la presencia de aviones enemigos. Tengamos en cuenta que en los días que se desarrollaron dichas misiones, los ingleses ya se habían consolidado en San Carlos.

Estas misiones tuvieron lugar el 27 de mayo, con el nombre clave de “Picho”; el 28 y 29 de mayo fue “Loco”; el 30 de mayo, “Polo” y la última del 31 de mayo y 1 de junio, “Tiza”. A todas ellas los tripulantes las llamaban “el loco”. En la mayoría de los vuelos, se localizaron blancos ingleses.

  • El Derribo del TC 63

El 1 de junio, el Hércules TC 63 recibió la orden de realizar una de estas misiones, con el indicativo “Tiza”. Debía explorar y reconocer la zona marítima del norte de las Malvinas. A las 6:30 horas, despegó de Comodoro Rivadavia, aunque debió volver por problemas técnicos. Finalmente lo haría a las 8:53.

Estaba al mando el capitán Rubén Martel, secundado por el Capitán Víctor Krause; el navegador era el Vicecomodoro Hugo Meisner. Completaba la dotación los CP Miguel Cardone, Carlos Cantezano, Julio Lastra y Manuel Albelos. Como momentos antes otro Hércules, el TC 66 había aterrizado en Puerto Argentino, los ingleses se pusieron en alerta.

El Hércules TC63 estaba al mando del capitán Rubén Martel

Para las 10:25 el Hércules, luego de haber cumplido la primera parte de su recorrido, se acercó al Estrecho de San Carlos. Fue entonces cuando el radar del buque inglés Minerva lo detectó y dieron aviso a los Sea Harrier. Dos de ellos, piloteados por los tenientes Niguel Ward y Steve Thomas se dirigieron al blanco. Detectaron al Hércules a 10 km volando en dirección oeste al ras de las olas. Ward descendió mientras que Thomas quedó sobre el espeso manto de nubes, por si el Hércules decidía ascender.

Del Hércules se captó: “IFF encendido, estamos en emergencia”.

Fue la última comunicación.

Un dibujo con el derribo del Hércules TC63, perseguido por dos Sea Harrier ingleses

El primer misil que lanzó Ward quedó fuera de alcance y cayó al agua, pero el segundo impactó entre los dos motores de la derecha, lo que provocó un incendio en la nave. Aún así, los ingleses vieron cómo el Hércules se mantenía, y entonces Ward lo ametralló con sus cañones de 30 mm.

Los 245 proyectiles que les disparó provocaron que el avión se precipitara y se desintegrara al tocar el agua.

  • Voluntarios sobran

El primer Hércules que aterrizó en Malvinas fue el TC 68. Pero tiene otro récord que lo hace único en la historia bélica aérea. Así como las misiones descriptas más arriba tenían como objetivo el localizar blancos navales, al TC 68 se le dio la tarea de interdicción aérea que, en lenguaje llano, significa molestar e interferir líneas de abastecimiento de la flota inglesa.

Fueron 6 los voluntarios seleccionados para tal misión, que la encabezó el hoy comodoro retirado Roberto Cerruti.

a tripulación del TC68, previo a hacer el primer vuelo de prueba para el lanzamiento de bombas, el 24 de mayo de 1982

Al Hércules -que llevaba el apelativo de “Tigre”- se le duplicó la autonomía de vuelo y se le adaptaron 12 bombas de 250 kilos, dispuestas debajo de cada plano.

Cerruti le explicó a Infobae que “más allá que cada misión tenía su nombre específico, nosotros la conocíamos como ‘el loco’ porque era una locura volar sin superioridad aérea; ni paracaídas llevábamos porque volábamos muy bajo. No existía nada parecido en el mundo. Nuestra única defensa era escapar”.

Lo que hacía fácilmente identificable a su tripulación eran las bufandas rojas que lucían, que la esposa del comandante había tejido expresamente.

Cerruti niega que llevaran adelante misiones suicidas. Recordó que “cuando la guerra terminó, en una de las charlas que brindó nuestro comandante, afirmó que ‘éramos felices haciendo misiones arriesgadas'”.

Se le asignaba un área de búsqueda, a la que se tardaba en llegar entre cinco y seis horas. Si bien en el primer día no hallaron ningún blanco, al segundo averiaron a un petrolero inglés. Era el 29 de mayo. Fue ese ataque que determinó que el alto mando inglés dispusiera que la flota se corriese más hacia el Este.

Foto de la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”

Dos días después encontraron otro buque, pero al no poder determinar bien su procedencia y por qué navegaba en esas aguas, no lo atacaron. Más tarde debieron escapar cuando cayeron en la cuenta que lo que habían identificado había sido una fragata inglesa.

  • ¿Por qué la información estaba clasificada?

El último ataque del TC 68 fue a superpetrolero, de 250 metros de largo que, paradójicamente, se llamaba “Hércules”.

El buque atinó a poner rumbo hacia la flota inglesa a toda velocidad, pero fue alcanzado por dos bombas, una arrojada del TC 68 y otra de un Canberra, pero que no explotaron.

Cuando la guerra finalizó, el buque atracó en Río de Janeiro y, como se determinó que no se podían desarmar las bombas, fue hundido en medio del Atlántico. La empresa dueña del buque le inició acciones legales a la Argentina ante un tribunal de Nueva York, pero estas no prosperaron. Cuando el juicio comenzó, el gobierno argentino decretó el secreto, por tal motivo esos documentos fueron recientemente desclasificados y podemos conocer más acerca de esta historia. Por este motivo, también, los héroes recién ahora recibirán la condecoración por su coraje y entrega en defensa de la Patria. Tuvieron que esperar 37 años y que las misiones dejaran de ser secretas, para recibir este merecido reconocimiento.

El TC 68 estuvo a punto de ser desguazado, otra víctima más de las políticas de desinversión de las fuerzas armadas. Está en la base aérea de El Palomar y todo indica que será convenientemente preparado para ser exhibido en un museo. Porque al fin de cuentas, es otro héroe de Malvinas.

  • “El fragor de la guerra nos llevó a realizar misiones casi imposibles”: los arriesgados vuelos de los Hércules en Malvinas contados por dos de sus protagonistas

Cristóbal Villegas y Roberto Cerruti fueron tripulantes de los aviones de la Fuerza Aérea que realizaron las operaciones secretas, recientemente desclasificadas, por las que hoy serán condecorados en el Congreso. El vuelo a ras del mar, las caídas en picada para no ser detectados por los radares enemigos, las bombas sobre la flota y el recuerdo para sus compañeros caídos

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Adaptaron un Hércules para que pudiera arrojar bombas, navegaban en soledad para interferir en las líneas de abastecimiento de la flota inglesa, realizaban arriesgadas maniobras para localizar blancos enemigos y hasta planearon bombardear al Queen Elizabeth y al averiado portaaviones Invencible.

Así lo cuentan.

“A mí me tocó volar la noche del 7 de junio, en que se producía un desembarco inglés y, sin querer, caímos en pleno desembarco. Nos evadimos y cuando llegamos al continente dimos la posición. Y al otro día fue uno de los desastres más grandes que tuvo la flota inglesa”, recuerda el comodoro retirado Cristóbal Villegas.

El aviador participó como copiloto en las misiones que le habían asignado al Escuadrón Hércules en Malvinas: la detección de blancos navales.

Villegas relata como un hecho normal que “volábamos al ras del agua y, en puntos determinados, se subía abruptamente y cuando la nave alcanzaba su máxima altura se encendía el radar para tratar de ubicar a la flota o a un blanco esporádico. Hecho eso, se pasaba la información, se apagaba el radar y caíamos casi en picada para repetir el procedimiento en otro punto asignado. Nuestra única defensa era volar bajo”, explica.

Gracias a su gran autonomía de vuelo, la maniobra de subir y bajar simulando una “w” –que los pilotos la llamaban “diente de perro”- la repetían durante tres o cuatro horas, porque en cada uno de los ascensos y descensos se hacían maniobras de evasión para evitar ser detectados.

El piloto aclara que “en el argot de los aviadores, a estas misiones todos le decíamos ‘Loco’, que fue lo que plasmó a todas las otras misiones que se hicieron, porque el nombre impactó”.

Volaban con el riesgo al límite. “Recuerdo haber volado en un día en la desembocadura del estrecho de San Carlos y vimos hasta siete aviones caza enemigos, pero que no nos detectaron. El factor suerte también juega en estos casos”, afirma Villegas.

  • Interdicción aérea

Cuando el alto mando dispuso interferir el apoyo logístico de la flota inglesa, concluyó que el Hércules era la aeronave adecuada para esta operación. Y apareció el ingenio argentino.

El comodoro Roberto Cerruti, navegador de esos vuelos, así explica cómo modificaron al Hércules TC 68: “Se sacaron los tanques de combustibles que posee debajo de los planos, reemplazándolos por dos portabombas, que llevaba cada uno seis bombas de 250 kilos. En el mismo sentido, esos tanques de combustibles más otros adicionales, se incorporaron a la bodega del avión, con lo que se duplicaba la autonomía de la aeronave. Y en la cabina se colocó el sistema y la mira de tiro”.

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“Jerarquía, experiencia y responsabilidad”, enumera Cerruti los atributos de la tripulación de los vuelos de interdicción aérea. Además, todos fueron voluntarios.

El relato de Cerruti es casi una película. “El primer día, 28 de mayo, detectamos tres buques cargueros. Al día siguiente, detectamos otros dos y cuando estábamos por regresar, al norte de las islas Georgias del Sur, vimos un buque que, llamativamente, estaba detenido. Lo identificamos como el British Way, uno de los que abastecían a la flota. Luego de un pasaje de reconocimiento, en un segundo pasaje le arrojamos las bombas. Un par de ellas lo averiaron, y emprendimos el regreso”.

En ese momento no lo supieron, pero estaban haciendo historia: un Hércules había bombardeado, por primera vez, a un buque.

  • Una amistad que nació de un ataque

Fue a partir de ese ataque es que los ingleses dispusieron ubicar a sus naves logísticas más hacia el este con el fin de salir del radio de acción de los aviones argentinos.

“En el vuelo del 1 de junio –continua el relato Cerruti-detectamos uno, avanzamos rasante porque una intensa niebla marina nos impedía la visión, a tal punto que estando a una milla no lo veíamos y realizamos un viraje brusco a la derecha para no impactar contra el buque”.

En el momento del viraje, el que no salió de su asombro fue el teniente de navío John Osmond, de guardia en la popa del buque, que vio pasar al Hércules a escasos quince o veinte metros para luego alejarse debido a la niebla. Osmond grabó en su memoria la matrícula del avión.

Pasados 20 años, el inglés comenzó a indagar sobre quiénes integraban la tripulación y así contactó a Cerruti. Cuando vino a Buenos Aires a visitarlo, lo primero que le dijo fue “Yo cumplía con mi deber”, a lo que el argentino respondió “Yo también cumplía con mi deber”.

En 1982 aún hubo tiempo para planear algo mucho más arriesgado. Se pensó atacar al Queen Elizabeth, que venía de Gran Bretaña con tropas y abastecimiento para las islas. Y también incursionar en el puerto de la isla de Grytviken, donde se estaría reparando al portaaviones Invencible. Pero ambos proyectos quedaron sólo en el papel.

  • El recuerdo de Martel

El único Hércules derribado durante el conflicto fue el TC 63, piloteado por el capitán Rubén Martel, en inmediaciones de la isla Borbón, el 1 de junio, mientras cumplía una de las misiones de detección de blancos navales.

Cerruti cuenta que “Martel era amigo mío; un año más antiguo que yo. Unos días antes me llamó para preguntarme si me había presentado para estas misiones. “Tené cuidado”, recuerdo que me dijo. Su copiloto era el capitán Krause, compañero de promoción, el navegador era el vicecomodoro Meisner, que había sido mi instructor; uno de los suboficiales era mi ayudante en mi unidad y con los otros suboficiales habíamos volado antes de la guerra unos cuantos años. Si me preguntan qué es lo que sentí, fue una gran tristeza pero al mismo tiempo una gran determinación de continuar operando”.

En el mismo sentido se expresa Villegas: “En un conflicto se comparte el almuerzo o cena y al otro día, en la misma mesa, está faltando el que no volvió. Porque los de Hércules estábamos con las tripulaciones de los A4C, Mirage, Lear Jet. Como a veces estábamos en Río Grande, Comodoro Rivadavia o Río Gallegos, nos enterábamos que no había vuelto un compañero, un amigo, un conocido. Esto no influía –como alguien pudiera pensar- para que uno pensara que no salía más a volar. Sabíamos cuándo partíamos; no sabíamos cuándo volvíamos”.

 

En 1983 un grupo de isleños localizaron, en la isla Borbón, restos del tren de aterrizaje del TC 63. Ezequiel, el hijo del capitán Martel, tuvo la posibilidad de visitar el lugar donde permanecen los restos de la máquina.

“El fragor de la lucha nos ha llevado a realizar misiones que son casi imposibles de llevar a cabo. Creo que todos los integrantes del Escuadrón Hércules cumplimos de la mejor manera posible”, destacaron Villegas y Cerruti.

Agradecimientos a quien corresponda.

PRENSA HCSN – Infobae – Crónica

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