GERTRUDIS MEDEIROS

Gertrudis Medeiros

Nació en Salta el 9 de abril de 1780, siendo sus padres el Dr. José de Medeiros, nacido en Colonia del Sacramento, que fue gobernador intendente de esa provincia en 1808, y Gerónima Martínez de Iriarte, viuda de Juan de Zubiar, que murió siendo Gobernador de la Provincia de Guanta (Venezuela). Gertrudis recibió una esmerada educación que realzó sus bellas cualidades morales y físicas. Se casó el 19 de junio de 1799, con el coronel Juan José Fernández Cornejo de la Corte, que prestó servicios al lado de su padre en las campañas al desierto chaqueño que se hicieron a fines del siglo XVIII, y en los ataques llevados contra los indios para defender las fronteras. Fue además hijo del fundador del Ingenio San Isidro (1). Se radicaron en la hacienda de Nuestra Señora de La Concepción o El Lapacho del Campo Santo (actual finca La Población), que el joven coronel heredó de su padre.

Juan José, alternaba sus campos, vecinos al ingenio San Isidro, con el Destacamento de Caballería de Milicias de La Viña (Betania). En 1805 nació la primera de sus hijas: Juana Josefa, y en 1808 Juana Manuela.

Al producirse los sucesos de Mayo de 1810, Cornejo se ofreció al nuevo gobierno revolucionario, y se puso a disposición de la Junta. Gertrudis lo apoyó con entusiasmo. En 1811, al producirse la muerte de su esposo a temprana edad (2), Gertrudis debió hacerse cargo del ingenio, a pesar de lo cual no dejó de ayudar a los ejércitos de la Patria, ofreciendo toda su fortuna.

Peleó contra los realistas, y refugiada en su quinta la tomaron prisionera, siendo encarcelada. Saquearon su hacienda, le talaron sus campos y hasta quemaron los árboles de su huerta. Su finca en la ciudad de Salta, sirvió de cuartel a los soldados españoles, y de los adobes de otra, demolida expresamente, se construyeron trincheras para detener el impulso irresistible de los patriotas. La victoria de Salta, del 20 de febrero de 1813, la libertó.

En la invasión realista de 1814, al frente de su servidumbre luchó contra ellos con las armas en la mano, cuando asaltaron su hacienda de Campo Santo. Vencida, allí permaneció atada durante varios días a un viejo algarrobo esquinero de la plaza del pueblo (3). Luego fue conducida prisionera hasta Jujuy a pie, recorriendo las 18 leguas que separan ambos puntos. Fue encarcelada, sufrió afrentas, vejaciones y hasta castigos corporales; con audaz coraje se erigió en espía de los patriotas dentro del mismo cuartel enemigo. Diariamente informaba a Güemes de las novedades que advertía, contribuyendo así con riesgo de su propia vida, a los éxitos militares del heroico general, y particularmente, a la ocupación de la ciudad de Jujuy.

Cuando iba a ser conducida al socavón de Potosí, la noche anterior logró escapar permaneciendo oculta debajo de un catre, antes que sus captores pudieran llevar a cabo tan oscuros designios. Tres veces fue saqueada su hacienda y casa en Salta. Reunida a los patriotas, contribuyó con cuantos auxilios se le pidieron para las tropas, consistentes en ganado, caballos y víveres. Su casa era tránsito obligado para los ejércitos de la Patria.

En la invasión realista al mando de De la Serna, en 1817, logró emigrar a Tucumán, estableciéndose en su estancia de “Zárate”, cerca de Trancas. Sola y completamente olvidada, vivió días de miseria con sus cinco pequeñas hijas, falleciendo allí. De estas, Juana Josefa contrajo matrimonio con el Brig. Gral. Alejandro Heredia y Juana Manuela con el Brig. Gral. Felipe Heredia, quienes llegaron a ser gobernadores de Tucumán y Salta; asimismo, Faustina y Juana con José Braulio Cornejo y San Millán, y el coronel Francisco Velarde, respectivamente.

Hasta el presente no hay registro de su deceso, aunque es apropiado pensar que fue sepultada en su hacienda, entre 1848 y 1852. Solo quedan los actos heroicos puestos de manifiesto en beneficio de la causa independentista en las luchas por la libertad en el siglo XIX en América Latina.

Su vida de inmolación constante, le asigna un puesto de honor en la historia. Muy pocas de las que figuraron en el vasto escenario de la Independencia americana le excedieron en méritos y la superaron en servicios, siendo en su Patria la primera.

Muchos de nuestros grandes héroes nacionales alabaron y resaltaron su continua y valiosa colaboración en bienes, servicios, sacrificios y padecimientos por la causa patriótica. Entre ellos, Juan Martín de Pueyrredón, Martín Miguel de Güemes, Cornelio Saavedra y Eustoquio Díaz Vélez. Pero fue sin dudas el general Manuel Belgrano el más acertado: “la Patria estaba para ella antes que todo, aún primero que los pedazos mismos de su corazón”.

Referencias

(1) El Ingenio San Isidro es la fábrica azucarera más antigua de la Argentina. Está ubicado en la ciudad de Campo Santo, a 59 Km de la ciudad de Salta y fue fundado en 1760 por el coronel Juan Adrián Fernández Cornejo, quien instaló su trapiche en la “Hacienda de la Viña de Sianca”, introduciendo la caña de azúcar desde Perú.
(2) Comenta el historiador Roberto Vitry que, al concluir una transacción de compra de caballos, encargada por Cornelio Saavedra, falleció en Jujuy. En abril del mismo año, don Juan José, integraba la Junta de Gobierno de Salta, pero al enterarse del avance realista, este hecho le produjo una fuerte impresión, que le causó la muerte instantánea.
(3) Hoy, en ese algarrobo hay un cartel con una leyenda que dice: “Algarrobo bajo cuya sombra, según la tradición, descansó el General Belgrano y en el cual fue amarrada Gertrudis Medeiros, esposa de Juan José Fernández Cornejo cuando fue tomada prisionera por los realistas por haber colaborado con los patriotas”.

Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1975).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
El Tribuno – La heroica Gertrudis Medeiros – Salta (2016).
Mena, Ricardo Federico – Heroína de la Patria – El Intransigente, Salta (2011)
Portal www.revisionistas.com.ar

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