SOMOS 600 MILLONES DE COMPATRIOTAS

Claves de la Hispanidad

Como todo lo bueno nos pertenece, tomo ese aforismo oriental que dice que, ante todo problema o crisis, aparece una oportunidad.

Hoy, cuando todos saltan enojados por las palabras del presidente de México, Antonio Manuel López Obrador o por el muro entre México y Estados Unidos, veo en esta crisis tanto política como de identidad, una enorme posibilidad de reacción de México que, unido a todos los pueblos hermanos de Hispanoamérica, nos permita ver la propia importancia de mirarnos a nosotros mismos como a seiscientos millones de compatriotas.

Cuando todo Occidente se debate ante el sentido de su propia existencia, tan lejano del grandioso destino imaginado por Carlomagno o los Papas romanos, cuando la necrosis social nos muestra una sociedad abatida y con sus valores morales en retirada, la Providencia parece lanzarnos este desafío. Las ideologías ya han demostrado su fracaso. Los políticos no pueden seguir lamentando nuestra dependencia. Deben dejar de llorar sobre la leche derramada, tomar sus bastones de mariscal y plantearles a los pueblos hispanoamericanos nuevos objetivos, con sentido de una verdadera epopeya y que alberguen nuevas alternativas.

Esto consiste de una vez por todas, en no echarle culpas a España sino agradecerle las enormes posibilidades que nos legó, con una civilización común y la lengua castellana que nos permite desarrollar una enorme capacidad creativa para tantos cientos de millones de hispanohablantes. Un solo idioma en casi toda América. Algo que no se ve en otros continentes.

Nuestros pueblos y gobiernos unidos, debemos tomar nuestros destinos en nuestras manos y mostrarle al mundo de lo que somos capaces. Cuando nos separamos de España, teníamos veinticinco universidades que producían ciencia y conocimiento casi a la par de Europa y cuando las trece colonias estadounidenses se independizaron, apenas tenían a Harvard en sus inicios.
Nuestra economía, entre los siglos XVI y XVIII era complementaria con Asia. ¿Qué nos pasó en estos dos siglos?

GRANDEZA COMUN

 

Retomemos el sentido de grandeza común, el que una vez tuvimos. Somos un mismo pueblo dividido artificialmente en veinte estados. Tenemos la lengua hablada en mayor cantidad de países, la segunda en las redes sociales a nivel mundial. Nuestras economías sumadas tienen un rango significativo. Imaginemos una moneda común como la que tuvimos una vez, un mercado compartido, una industria complementaria entre nosotros, una defensa continental. Hagamos causa común en nuestros reclamos soberanos en Belice, Guantánamo, Esequibo, Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Antártida. Incluso aliémonos a España para recuperar Gibraltar. Son ocho objetivos geográficos a recuperar. Ocho partes de la patria común ocupadas por el mismo invasor. ¡Hasta eso compartimos, el mismo enemigo!

¡Impulsemos el conocimiento y la difusión de nuestro idioma para que los habitantes de origen hispánico de Estados Unidos y Canadá, no lo pierdan! Sus hijos tenderán puentes de diálogo, concordia, cultura y comercio entre los Estados Unidos y España e Hispanoamérica aliadas.
Tomemos como carta fundacional el testamento de Isabel la Católica, primera reina de las Indias, como se llamaban estas tierras. Ese texto fue el cimiento de nuestro antiguo imperio compartido por los pueblos americanos. ¡Hagámonos fuertes y veremos cómo nos podremos entender con la tierra de Trump y con todo el mundo!

Los invito a recordar aquella frase de Julio César: Tu regere Imperio luctus Hispane memento (Acuérdate España que tú registe el Imperio de los mares)

Si ponemos empeño e inteligencia y confiamos nuestros corazones a la misericordia divina, es muy probable que nosotros podamos forjar una frase similar sobre nosotros, los pueblos hijos de España. Y en el futuro se diga que nosotros regimos la reconquista de Occidente.

 

Por Patricio Lons

Buenos Aires, 30 de marzo de 2019

 

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