DE LA SOBERBIA AL MIEDO

Durante tres años y medio este gobierno sufrió la tentación de la soberbia. La soberbia de anunciar lo que nadie, fuera del encierro del Palacio, notaba o creía que habría de llegar.

Recordemos “los brotes verdes”, “la inflación está bajando”, “el segundo semestre”.

Frases y gerundios que se han repetido hasta el agotamiento de la tolerancia pública.

Ni la legión de comunicadores, articulistas, que pueblan la radio, la televisión y los principales medios de prensa del país, han podido convencer de lo saludable que es negar la evidencia. Los muros de contención se han derrumbado. El Rey está desnudo.

Es cierto, los legionarios de Macri han fracasado como endulzadores de la realidad publicitaria.

Pero – mucho más grave – no han cumplido con la misión de señalar, al gobierno que dicen apoyar, la dirección equivocada, la marcha contra sentido. ¿No es acaso la más noble función de los amigos señalar los errores cometidos, el camino equivocado?

Las consecuencias de ese daño de omisión moral, han sido dobles. Han contribuido a la continuidad del gobierno en el error; y han prorrogado el sufrimiento inútil de la sociedad, generado un paso más en el escepticismo con el que ninguna sociedad puede construir su futuro.

La opinión pública dejó hace rato de creer en el gobierno. Y ahora está en estado de escepticismo acerca del futuro. Es grave. Porque no nos esperan días mejores si nada hacemos para conquistarlos.

En estas condiciones la conferencia de prensa del miércoles pasado debería haber sido presidida por la imagen de la obra “El Grito” del expresionista radical Edward Munch. El grito en un puente, en el paso de un lugar a otro. Lo que la cara señala es el horror al por venir.

Imagino esa expresión, en las caras de Marcos Peña y Mauricio Macri, azorados ante los resultados de derrota electoral que les brindaba la encuesta de J. Duran Barba. Eso los conmovió. La pérdida del poder, el ingreso al pasado de una trayectoria lamentable.

Nada angustia más que la probabilidad de un desalojo. Esta estudiado por los especialistas en depresión.

Con esos datos el gobierno, a desgano, abandonó por un rato la soberbia y se dejó ganar por el miedo. Dos debilidades psicológicas asociadas al grito.

Se grita por soberbia o por miedo. En todo caso el grito denuncia un desequilibrio. La ausencia de palabra.

Cuando la inflación, durante un trimestre, superó largamente el 50 por ciento anual y el Consumo derrapó el 9 por ciento, no se dieron cuenta que conducían a su gobierno, y a todos nosotros, a un precipicio interminable…

La soberbia es un muro que nubla la razón.

Hizo falta que el gurú, el comerciante ecuatoriano en cuyo océano de estupideces estamos, les informara que la sociedad sí se había dado cuenta. Entonces apareció el espanto electoral. Una imagen de familia que la obra “El Grito” ejemplifica con luminosa claridad.

El resultado de las encuestas que avisa de riesgo de derrota y desalojo, hizo que abandonaran – parcialmente y sólo en lo que se ve – la irracional idea que “el mercado todo lo resolverá”.

Trasladaron sus manifiestas incapacidades de mercado, al territorio transitorio y desprolijo, del congelamiento “voluntario”, los créditos “blandos”, los subsidios tarifarios, y a la batería, desganada, de elementos de heterodoxia amateur y de control vergonzante. Hacen lo que no quieren, creen en el poder de aquello en lo que no creen. ¿Piensan?

A pesar de lo poco consistente de esta apariencia heterodoxa, la misma podría haber sido útil antes del contagio. Ellos están siempre tarde.

Pero ahora – después del hielo constipante – apenas tejieron una frazada para calentar en la noche helada.

Como dijo Mauricio en su “video espontáneo” son “Medidas para un alivio” … “hasta septiembre, diciembre”¿? Una frazada para el invierno pre electoral.

“Eso es lo que va a ocurrir”, dijo Nicolás Dujovne en la insólita conferencia de prensa, aclarando que es un “Acuerdo de Caballeros”. Mientras la mejor de todos, Carolina Stanley, recordaba a “Un presidente presente” … que no estaba.

Un toque de realismo mágico en esta obra de arte que representa la defensa de lo indefendible.

Dujovne llegó a decir, en la conferencia, sin sonrojarse que antes de la hecatombe estábamos creciendo!!!! Y que la inflación estaba bajando!!!, que veníamos bien y que nos chocaron de afuera y que la pista estaba barrosa a causa de la sequía y bla bla bla.

Recordémosle que los cuatro años de esta gestión son de crecimiento cero. Y si por no lo sabe, cuando dice pobreza 30 por ciento en 2015 y 30 por ciento en 2018, el porcentaje es el mismo, pero los pobres son más porque la población crece. Y si el PBI es el mismo, el por PBI habitante es menor. Lo que realmente importa es el número de pobres y los recursos disponibles por habitante.

Dujovne, joven economista, no es lo mismo crecer que desarrollarse. No es lo mismo no crecer. Y sin crecimiento se aleja por muchos años el desarrollo. Gracias por esto.

¿Por qué les pasa esto? En política económica hay “sectas” que prescinden del tiempo y espacio. Abandonan la ideología cuando se acaba el tiempo y se achica el espacio. Cuando los ahorca la realidad. Hasta ese momento insisten, urbi et orbi, en la misma receta.

Este es el caso de nuestro “mejor equipo de los últimos 50 años”: ¡por sus frutos los conoceréis!

Los economistas, anote que nos formamos para ser trabajadores del Bien Común, tenemos un conocimiento que debe validarse a partir del pensamiento situado en el momento histórico, con una visión de destino y el trazado cuidadoso del camino que lleva, del punto de partida, a la proximidad del destino.

Si no cumplimos esas condiciones no estamos trabajando para el Bien Común. Podemos estar siendo útiles para otra cosa. Pero no para lo que hemos sido formados.

¿Qué le pasa a este equipo?

¿Tiene sentido una definición no compartida del destino? La soberbia no comparte, el miedo huye.

Pero en todo viaje debe haber certidumbre de la dirección. La certidumbre nace y se alimenta, del consenso del pasaje.

¿Van a insistir, en soberbia o en miedo, en decidir en soledad?

¿Y el camino? Caminos diferentes pueden llevar al mismo destino. Pero deben garantizar la llegada de todos. Unos conducen los demás acompañan, pero debe regir el compromiso de llegada y de las condiciones de viaje. ¿Recuerdan? “Este es el rumbo, es por acá”.

Una lección, poco escuchada, es la de los peregrinos de San Cayetano, los movimientos sociales, los “franciscos”, el movimiento obrero, muchos intelectuales y muchos empresarios, que sintetizan: “Paz, pan y trabajo”.

La Paz, en libertad, despeja el horizonte; el Pan, las condiciones dignas de vida; y el Trabajo, la participación de todos en la construcción de la historia. No hay una cosa sin la otra.

Nada que altere la paz, que niegue el pan y el protagonismo del trabajo, es un camino. No lleva a ningún destino.

¿Esta revisión transitoria de los “precios, créditos y subsidios, que es impuesta, nos acerca a la paz, crea trabajo?

La Semana Santa, en la que hay tiempo vacante más allá de las creencias, habrá sido sanadora mediante la reflexión acerca de la paz, el pan, y el trabajo de los otros.

¿La política se comprometerá en esa búsqueda por los otros? ¿O seguirá enroscada en la meta de mantener el poder, procurar el desalojo del otro, aspirar a apropiarlo? ¿Será tan grande la pequeñez y el egoísmo que seguirán, unos en el camino que deja hechos girones a los que quedan en la marcha y otros recitando generalidades y sin animarse a decir el qué y el cómo por miedo a perder votos?

¿Cómo podríamos encaminarnos sabiendo, paralizados, que aquí y ahora, la mitad de los menores de 14 años viven en la pobreza?

Hoy – en estas carencias notables de paz, de pan y de trabajo – se está construyendo nuestro futuro.

Un “acuerdo de caballeros” por seis meses, es una renuncia explícita a encaminarnos, a no ir al fondo de la cuestión, a disimular los síntomas por unos meses.

Es cierto que el destino del Bien Común nunca se alcanza. Toda Utopía es un horizonte que se desplaza; y que debe hacer del economista un crítico permanente del presente que nunca es el lugar de destino.

Justamente uno de nuestros grandes déficits, en esta situación más que grave, es la ausencia de pensamiento crítico de los propios, que no es la diatriba del contrario. Tanto en los que están, en los que fueron y en los que quieren ser.

El silencio de los propios nunca no es inocente.

La ausencia de la crítica es reemplazada por la justificación, el cierre de los ojos, a pesar de la evidencia. Una lamentable coincidencia cultural del kirchnerismo y el macrismo.

Aquellos – menos sutiles – con la barbarie de 6,7,8. Estos, una pléyade de “articulistas” y consultores, han obscurecido, durante tres año y medio, lo ridículo del destino impuesto y lo intransitable del camino obligado. Ridículo e intransitable.

Ambos gobiernos disfrazaron y disfrazan, esta decadencia porque está ocurriendo en cámara lenta.

Sin la crítica se pierde el más baqueano. Los “amigos” del silencio crítico son responsables de ambos extravíos que podrían haberse evitado.

El kirchnerismo, desde el primer día, dilapidó una oportunidad de largo plazo. Única en un Siglo. Apostó a agotar stocks para comprar tiempo en el poder. Ni por asomo un diseño de destino, ni un paso por el Bien Común: 30 por ciento de pobreza. ¿Por qué permanecieron en silencio los amigos?

De ese tiempo escandalizan las súbitas fortunas de la política y de los “concesionarios” que los acompañaron. ¿Por qué callaron los honestos?

Esta Justicia – que no es la de la Constitución sino la de los bastardos de la política, del futbol y de los espías – seguramente terminará, en los hechos, por indultar a todos en nombre de “la lucha contra la corrupción”.

Un ejemplo. La decisión judicial “ejemplar” de estos días, en el caso Oderbrecht, castiga a los sobornados y exculpa a los sobornadores¿? Difícil de entender.

Otro. Las declaraciones de Laura Alonso, responsable de la Oficina Anticorrupción, justificando su silencio sobre los pecados del gobierno.

Todo se emparenta ¿Cómo califica la actitud de economistas simpatizantes o no, del oficialismo que hicieron silencio, o crítica liviana, sabiendo que este tren monetarista y fiscalista, inexperto e inescrupuloso, iba a descarrilar – como ocurrió –, que además no iba y no va, a ninguna parte; y que ahora corre el riesgo de aniquilar el pasaje porque quemó los frenos?

¿Alcanza un acuerdo de caballeros por seis meses y unos créditos blandos, para frenar con frenos quemados?

Hicieron demasiado silencio. Y ahora, inspirados por las desesperanzadoras encuestas electorales de J. Duran Barba, alaban la “chapa y pintura” para una economía sin motor.

Este es el problema de larga data. Data, para ser precisos, de los años en el que el paradigma de la economía del malestar se instaló con pretensiones de ciencia universal: creen en la marcha sin motor.

Estos desaguisados no se remontan ni a 100 ni a 80 ni a 70 años como repite, tratando de patear las culpas, el precario, desinformado e inútil discurso de Mauricio Macri.

La Argentina – dice el oficialista Federico Sturzenegger – comienza su derrumbe en 1975; justamente cuando las ideas hoy dominantes se hacen del poder.

Hasta entonces y desde principios del SXX, nuestro PBI por habitante era el 75 por ciento del de Australia. Hasta 1975 la economía crecía al mismo ritmo de la admirada Australia.

Desde 1975 hasta hoy, el declive es sistemático y es producto de la ausencia de motor que “el modelo económico dominante” ha sustituido por la “magia del mercado”.

¿Cómo es la historia de los países que alcanzaron el desarrollo?

Desde 1975 los que gobernaron han destruido las bases del aparato productivo y distributivo, y lo siguen haciendo.

Todos desde 1975 renunciaron a la estrategia de inversión reproductiva como método de expansión; y a la estrategia exportadora de creciente valor agregado, como método de transformación del patrón productivo.

Unos agotando stocks para alentar el consumo. Otros alentando el consumo a base de endeudamiento externo.

Unos tratando de adelgazar con anfetaminas que destruyen el cerebro y construyen una “estabilidad aparente”; destruyen la industria con las importaciones financiadas con deuda externa: apertura con atraso cambiario. Dos default en 40 años. ¿Qué es lo que no entienden?

¿Nadie le advierte al Presidente lo mentiroso, e inútil, de sus cifras del pasado para exculparse del fracaso presente?

Sería injusto cargar la romana, en esta materia, solamente con el PRO.

¿Nadie le va a recordar al Presidente el método mentira parecido al de Cristina (FAO), o las de Aníbal Fernández, o las de Axel Kicillof, todas referidas a la descomunal pobreza que negaban?

¿Cuál es la diferencia moral entre mentir sobre el presente, como hacían los K, o sobre el pasado, como hacen los M?

Cuando gobiernan sectas ideológicas que fracasan en el presente, no los queda otra alternativa que inventar el pasado como culpable.

Cuando los responsables de la administración económica brindan un buen diagnóstico, es porque tienen formación “clínica”, es decir, una visión general. No es el caso del presente. No por nada no hay “ministro de economía” sino consultores financieros. “Especialistas” que, en el arte de curar, miran una parcialidad.

Lamentablemente los “clínicos” no forman parte del “mejor equipo de los últimos cincuenta años”.

Los economistas clínicos administran vacunas para evitar caer en estanflación. Una enfermedad macro de compleja curación. La vacuna es la concertación para coordinar expectativas institucionalmente, desindexar la economía, crecer a cambio de ello.

La actual administración del corto plazo es pésima y el rumbo de largo plazo va en la dirección equivocada, repite desinversión productiva, especialización, trabajo improductivo, etc.

Sólo pueden cosechar fracasos porque han sembrado errores.

¿Pueden estas medidas transitorias y parciales modificar lo esencial de esta gestión?

Cuando asumió el PRO la inflación y la recesión dominaban el panorama. Para no entrar en estanflación, con esa herencia, era necesario aplicar la vacuna de la concertación o la coordinación institucional de las expectativas. No lo hicieron y con estas medidas siguen sin hacerlo.

La inflación permanece y creció en marzo al 4,7 por ciento y se repetirá en abril, los brotes verdes se marchitaron, y – lo que es peor – la recaudación tributaria declina al compas de la reducción provocada de la actividad.

Los objetivos de minimización de la inflación se alejan al mismo tiempo que se alejan los objetivos de reducción del déficit fiscal porque crece de manera vertiginosa el déficit financiero (sin contar el cuasi fiscal del BCRA) a pura deuda.

Un esfuerzo hasta ahora inutil: la consecuencia es la continuidad de la recesión o del estancamiento y crecimiento del desempleo, que se ha venido matizando gracias al empleo público y los subsidios de supervivencia.

Mientras aumentan la proporción de ingresos en sectores de baja o nula productividad, no hay manera de salir del circulo del estancamiento y se desvanece toda imagen de confianza en la economía.

En las últimas horas asistimos al despertar de los socios ante el escenario de la derrota electoral y de las culpas propias, por el silencio previo, del fracaso económico.

El resultado es este chapuceo, anunciado medidas destinadas a calmar los índices de inflación, provocar un saltito temporario del consumo, tirando salvavidas para los náufragos que siguen en el agua.

El gobierno no comprende que este que conduce no es el rumbo, que este no es el camino, y se resiste a la realidad que le informa que los brotes verdes no se desarrollan arando en el asfalto.

Y el disimulo de estas medidas no es más que lo surge de este descenso de la soberbia al miedo. Dos maneras del grito que es el ruido que niega la civilización de la palabra.

 

Carlos Leyba

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