DÉFICIT CORPORATIVO Y SOBREENDEUDAMIENTO

Ni en la reinserción al mundo la pegó Macri

Mauricio Macri había prometido reinsertar al país en el mundo y nadie puede negar que lo haya intentado, con los resultados a la vista: crisis de balanza de pagos, escasísimo peso en el comercio internacional y en la atracción de inversiones extranjeras directas, intervención del Fondo Monetario Internacional y un riesgo latente de que el gobierno deba apelar a un Plan Bonex antes de las elecciones, como vaticina el economista del CEMA, Carlos Rodríguez. No contaba con la pobre participación de corporaciones de signo local en el concierto internacional, lo cual nos aleja de las redes de intercambio comercial e inversiones vinculadas. Cambiemos erró al diagnóstico: levantó el default de la deuda privada, reabrió con ello el crédito financiero, se sobreendeudó sin respaldo productivo y as í le explotó la bomba cortoplacista en la mano. Eliminado el cepo al entrar no más, las corporaciones dejaron de estar compelidas a reinvertir utilidades y, al revés, aprovecharon la facilidad para sacar capitales hacia las casas matrices. O sea que más que lluvia hubo fuga de divisas. Un especialista muy vinculado a la coalición gobernante, Marcelo Elizondo, lleva 4 años previniendo sobre la asfixia en pinzas que sufre la balanza de pagos, por el bajo nivel de inversión externa productiva y la repercusión negativa en el comercio exterior, altamente dependiente de los agrodólares.

Además de presidir el capítulo Argentino de ISPI (International Society for Performance Improvement), de ser investigador y profesor del Instituto tecnológico de Buenos Aires (ITBA), miembro consultor del CARI y director general de DNI Consultores, Marcelo Elizondo era un conspicuo aportante de ideas e información a la macrista Fundación Pensar, antes de la elección que terminó con el triunfo de Cambiemos en 2015.

Era casi el número puesto para la que se denominaría Agencia de Inversiones y Comercio Exterior que pendulaba entre la Cancillería (confiada a una funcionaria de organismos internacionales como Susana Malcorra) y la cartera comercial, avenida en ministerio y puesta a cargo del amigo del Presidente, Francisco Cabrera.

La decisión de que el manejo de las inversiones y los vínculos comerciales con el extranjero dependiera de Cabrera, en vez de funcionar en forma autárquica y profesional dentro de la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores, no sólo dejó afuera a Elizondo.

El tiempo se encargó de desnudar que partió de la insólita premisa simplificada de que, con sólo levantar el default de la deuda privada heredado de la anterior gestión, los cepos que trababan los movimientos de capitales hacia afuera y de eliminar la crispación diplomática, sobre todo con Estados Unidos, Argentina reingresaría en los mercados y le lloverían las inversiones genuinas, esquivas en lo que iba del milenio.

No es una lectura ex post. Lo anunció el propio mandatario Mauricio Macri, eufórico por las bienvenidas que recibía en la agenda que privilegió de encuentros con líderes políticos mundiales e inversionistas de todas las latitudes.

Nada de eso sucedió, porque desde que asumió el gobierno no tuvo en cuenta los verdaderos motores que determinan los flujos de los capitales de riesgo, se durmió en las martingalas financieras de corto plazo de las mesas globales de dinero y, endeudado hasta la coronilla, terminó apostando todo a una sola ficha: Vaca Muerta.

Lo peor es que un hombre del palo, como Elizondo, se lo ha venido previniendo en cada uno de los informes que lleva emitidos en estos casi 4 años en torno del comportamiento del intercambio comercial y las inversiones extranjeras directas, imbricados y hermanados en la balanza de pagos cuya crisis volvió a traer por estas latitudes al síndico de las quiebras nacionales, el Fondo Monetario Internacional.

El país presidió el G-20, su mandatario se lució como impecable anfitrión en los ágapes mundiales de cúpula que organizó o en los que participó, alternó en los máximos foros del capitalismo celebrados en el planeta, es uno de los escasos jefes de Estado con comunicación directa y personal con uno de los dos N°1 del poder, Donald Trump, y sin embargo viene exhibiendo una de las peores calificaciones de riesgo país, sólo superada por Venezuela. 

Quizá deslumbrado por las repercusiones que su persona generó en tan altos niveles, Macri ignoró el abc que rige las relaciones económicas internacionales y Elizondo le estaba advirtiendo en los reportes: que las conveniencias económicas que se discuten en las mesas en las que hay capitales de riesgo en juego tienen que ver con:

  • el crecimiento productivo externo,
  • la mayor escala (mercado interno y regional),
  • el acceso a corrientes cualitativas mundiales, y
  • el comercio intrafirma, sea por los clústers que desarrollan o porque se insertan en procesos integrales.

Asimismo, más allá de esa presencia taxativa material, la relevancia de los países se apoya en diversas fuerzas; militar, poblacional, geográfica, cultural, reputacional, científica, según lista Elizondo en su reciente trabajo sobre la importancia de las grandes empresas en la inserción mundial.

Salvo la generosidad de la naturaleza y el acervo, Argentina no reúne ninguna de las otras condiciones para hacerse valer en una gran mesa internacional, aunque no descalifica la celebración de acuerdos bilaterales puntuales, sin por eso sacar los pies del marco aduanero del Mercosur.

Japón lleva firmados más de 70 convenios de país a país sin por ello vulnerar compromisos comerciales ni éticos.

Haber pretendido que el petróleo no convencional y la soja por sí solos serían suficientes imanes para atraer torrentes de divisas que garantizaran un nivel de vida como el sufragado por la población, ya acreditada la década ganada, pecó de desconocer, cuanto menos, los códigos del toma y daca que rigen en el concierto de las naciones.

Podrá echársele la culpa de las actuales penurias económicas del país al clima o a los vaivenes de los precios internacionales, o al retorno a origen de los dólares golondrinas que alimentaban una ficción cotidiana de opulencia, pero el denominador común visible ha sido administrar con slogans, sin visión de mediano y largo plazo, ni la adopción de previsiones que toda política debe conllevar.

Es cierto que el actual gobierno se encontró con un país que venía a contramano de un mundo en el que la economía, la ciencia y la tecnología, el comercio, las inversiones y la producción y el poder y la influencia, van de la mano, como lo demuestra la “guerra comercial” entre USA y China. Y que tampoco tiene empresas, aunque sean privadas y autónomas, que le dieran presencia relevante e influyente global, aplicable tanto para los clústers a los que pertenecen como para los países de los que provienen.

Al formar las cadenas globales de valor con la producción de bienes y servicios nutridos de avances e innovación de vanguardia, aplican el conocimiento científico y ejercen influencia sobre el poder político, aunque fuera con su propia existencia.

No es el caso argentino. Nada más que si se mira el ránking que cada año efectúa América Economía de las mayores empresas latinoamericanas, se ve que hay únicamente 4 entre las 100 primeras: Techint (16va), YPF (31va), Pampa Energía (89va) y Tenaris (92va).

Recién al abarcar las 300 mayores compañías latinoamericanas aparecen 26 argentinas: además de aquel cuarteto de las top 100, se suman Cresud (114va), Carrefour Argentina (124va), Telecom (152va), Shell Argentina (159va), Arcos Dorados (160va), Toyota Argentina 8163va), Aceitera General Deheza (183va), Telefónica (2017va), Claro Argentina (218va), Jumbo Argentina (220va), Arcor (226va), Axion (233va), ACA (234va), Telecom Personal (249va), Ford Argentina (259va), Panamerican Energy (273va), Cargill Argentina (277va), Wal-Mart Argentina (284va), Patagonia (285va), Volkswagen Argentina (287va), OSDE (292va) y COTO (300va).

Si se hila propiamente a las de capitales locales queda en el sedazo nada más que una docena.

  • Inversiones llaman comercio

La balanza comercial refleja la incidencia de las relaciones transnacionales de esas redes de intereses supremos en el comercio y, aun cuando se haya frenado el crecimiento de flujos de inversión anuales en los últimos años, se llegó a un grado de globalización económica nunca antes alcanzado.

Pero esa concentración afectó también al movimiento de las inversiones efectuadas a través de las propias empresas, que en los últimos 15 años, sobre todo las provenientes de USA, cobraron un fuerte protagonismo en el stock mundial, que ya supera US$33 billones según la OCDE.

USA es el país con más cantidad de compañías presentes en el Fortune Global de 2018 (126 de las top 500). Luego, las empresas chinas ya son 120 (hay 22 entre las 100 más grandes) y las empresas japonesas son 52. Después, 32 son alemanas, 28 francesas, 21 británicas, 16 surcoreanas, 15 holandesas, 14 suizas y 12 canadienses.

También en el ránking Forbes Global 2000, USA figura como el país con mayor cantidad de empresas, 560, seguidos de China, que incluye 291 si se suman las empresas de Hong Kong. Luego entre los 5 países con más empresas están Japón, Reino Unido y Corea del Sur.

Hasta septiembre de 2018, el total de compañías chinas provenientes de la República Popular China y de Hong Kong (incluyendo las pequeñas y menos relevantes) es de 4.663, las que actúan de modo multinacional en el exterior de su país (286.000 puestos de trabajo creados en el exterior de China).

No sólo a Argentina le tocó poco y nada en el reparto como país tras la crisis del 2001 sino que tampoco ayudó la débil presencia empresarial en el ámbito corporativo global.

Apenas aparece en el puesto 50 del relevamiento, con US$143.000 millones y, según los estudios más calificados al respecto, posee US$40.942 millones emitidos al exterior, muy por debajo de México (150.057 millones), de Chile (124.280 millones), de Brasil (358.915 millones) y de Colombia (55.506 millones). 

No es un tema menor, teniendo en cuenta que la mayor participación crea canales de vínculo comercial y de stock de inversión directa, según OCDE.

UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) dio cuenta hace algún tiempo que, de todas las exportaciones mundiales, un tercio se produce intrafirma entre las grandes corporaciones que se transnacionalizan (transnational companies, TNC); y otro tercio se produce entre empresas que se vinculan en las cadenas de vinculación que esas TNC generan (TNC arm length).

Más inversión, más comercio, sería la conclusión que Argentina ve de lejos. Y por si fuera poco, una de las principales medidas promercado de la Administración Macri terminó siendo un boomerang: el sesgo que tomó la inversión extranjera directa, sobre todo desde las empresas de USA, se inclinó en todo el mundo hacia la reinversión de las utilidades generadas en el exterior antes que a la inyección de recursos frescos.

Al liberarse en el país el movimiento de divisas por la eliminación de los cepos que regían en el kirchnerismo, las multinacionales encontraron facilidad para remitirlas a sus casas matrices, lo cual tuvo como resultado neto el efecto exactamente contrario al triunfalista slogan oficialista de que llegaría una lluvia de inversiones.

En todo caso, precipitó el ingreso de dólares de corto plazo en el exiguo mercado de capitales local, provenientes de bancos y fondos comunes de inversión con el propósito de hacerse ganancias rápidas con la tasa de interés de las Lebacs, el famoso ‘carry trade’. 

La canilla libre activó la emigración de recursos afectados a la actividad productiva, que antes se concretaba a través de un subterfugio hecho con espejos bursátiles entre Buenos Aires y Nueva York.

En el blog del Banco Mundial se compararon países con empresas para cotejar relevancias económicas de las 100 principales entidades (fiscos o empresas) económicas del planeta, de las cuales 69 son corporaciones y 31 son países.

De las mayores 200 de esas entidades, nada menos que 153 son empresas.

En volumen de transacciones USA, China y Alemania encabezan la nómina, pero en seguida empiezan a aparecer los nombres de compañías como Walmart, Shale Grid, China National Petroleum, Sinopec Group, y luego de Volkswagen, Toyota y Apple.

Buenos Aires, 21 de abril de 2019

Dr. Guillermo Rodríguez y Rubén Chorny

Ex Funcionario Nacional – Analista político

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