MI RECUERDO DEL PERÓN MILITAR


Lo recuerdo alto, elegante, de gran presencia física, como consecuencia de su afición a los deportes
Mi recuerdo de Perón –a quien vi varias veces personalmente en revista de tropas, desfiles, actos en el Colegio Militar y en el velatorio y sepelio de Evita– es el de un hombre alto, elegante, de gran presencia física como consecuencia de su afición a los deportes (box, esgrima, equitación, esquí y andinismo).
Nació el 8 de octubre de 1895, en Lobos (Buenos Aires). En 1911, a los dieciséis años ingresó –gracias a una beca– como cadete en el Colegio Militar de la Nación.
Egresó en 1913 como subteniente del arma de infantería, y obtuvo el orden de mérito 43 entre 121 de su promoción. Al respecto, expresó: “Nunca fui ni muy estudioso ni muy aplicado”; con lo que disiento. Entre otros, tuvo como compañero de estudios a Bernardo Weinstein, judío, que pertenecía también al arma de infantería. Weinstein fue un destacado profesional que años más tarde obtendría los títulos de Oficial de Estado Mayor y también el equivalente al actual título de Ingeniero Militar. En la segunda mitad de la década de los años treinta, Weinstein, con el grado de mayor, realizó estudios superiores en institutos del ejército alemán.


Perón ingresó al Colegio Militar a los 16 años

Los instructores de Perón, en el Colegio Militar, expresaron: “El cadete Perón posee una conducta intachable, muy buena voluntad, serio, empeñoso en el trabajo, con buen espíritu y carácter”. Durante los primeros años de su carrera, cumplió servicios en el Regimiento 12 de Infantería, sito entonces en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). Su jefe de Regimiento, consignó: en un concepto anual: “El subteniente Perón es robusto, de buena presencia y correcta actitud y aptitud. Animado y resuelto, transmite su fibra militar a la tropa que instruye. Siente intensamente su profesión y siempre está dispuesto a hacer algo más. Sobresaliente instructor, buen camarada y muy buen conductor de tropas”.


Perón y su ministro de Guerra, Franklin Lucero
Otro jefe lo conceptuó: “Este joven teniente me merece muy buen concepto. Es activo, inteligente y empeñoso. Ha desempeñado muy bien las funciones de su cargo. Tiene condiciones para el grado superior”.
Desde 1920 a 1925, estuvo destinado a la Escuela de Suboficiales de Campo de Mayo. Posteriormente ingresó, como alumno, en la Escuela Superior de Guerra, de donde egresó en 1928, con el título de Oficial de Estado Mayor y el grado de capitán. De ese período, recogemos de su legajo el siguiente concepto: “Estudioso, preparado, muy bien orientado e inteligente. Cuida con gran esmero la preparación, salud y alegría de su tropa, a la que en todo le da el ejemplo, por lo que tiene ante ella un visible ascendiente.”

“De elevada moral militar, muy disciplinado y respetuoso. Caballeresco y excelente camarada. Es correctísimo en el uniforme. Ha hecho un culto tal de su profesión que para él, ella está sobre intereses y pasiones”. Sus camaradas reconocieron que, como oficial subalterno, dentro y fuera del cuartel, era un cumplido caballero y muy celoso de su reputación militar y personal.
En 1930 fue destinado a la Escuela Superior de Guerra, y de allí al Estado Mayor del Ejército, y luego nuevamente al citado Instituto, donde permaneció durante seis años como profesor de Historia Militar, disciplina que lo apasionaba y sobre la cual escribió varios libros que aún hoy constituyen obras de consulta. Entre ellas, se destacan: El Frente Oriental de la Primera Guerra Mundial, Apuntes sobre la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, Las Operaciones de la Guerra Franco-Prusiana de 1870, Toponimia Patagónica de Etimología Araucana y, su más conocido, Apuntes de Historia Militar. Siendo cadete, escuché a su profesor y amigo, coronel retirado Enrique I. Rottjer, expresar comentarios elogiosos sobre Perón por su contracción y aporte a la Historia Militar; recordando también que el general le había entregado una bendición papal que, para él, pidió y obtuvo en una audiencia con Pío XII (Eugenio Pacelli).

El profesor de esgrima Angel Arias y el teniente Juan Perón, año 1921

Criticó el golpe cívico-militar de 1930, y lo calificó “de simple política criolla, sin fundamento ni contenido”.
En 1937 y 1938, fue Agregado Militar en nuestra Embajada en la República de Chile. Al término de su misión fue reemplazado por el general Eduardo Lonardi (promoción 1916 – arma artillería). A su regreso, en 1939, fue destinado a la Escuela Militar de Montaña del Ejército de Italia, en Aosta, y también prestó servicios en unidades operativas de montaña del citado ejército. Su comandante italiano de la Segunda División Alpini, “Tridentina”, expresó sobre él: “Es un estudioso, profundo conocedor del arte militar, con largo y constante trabajo cotidiano, aplicó su atención sobre todo lo que concierne al empleo de una gran unidad alpina y al funcionamiento del comando de la misma. El teniente coronel Perón, ha dejado la impresión de ser un oficial brillante, culto, excelente camarada, junto a esas expresiones, el deseo de volver a tenerlo entre nosotros para que pueda completar y ahondar el estudio emprendido”. Su permanencia en Italia le permitió recorrer España, Francia, Alemania y Portugal; y ser testigo directo del inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939).

Perón era amante de los deportes de montaña. Fotografía tomada en Puente del Inca, Mendoza
A su regreso a nuestro país, prestó servicios en el Centro de Instrucción de Montaña y en la Inspección de Tropas de Montaña, organismos ubicados en Mendoza y Buenos Aires respectivamente, desde donde realizó un aporte significativo, doctrinario y práctico, a la organización de las tropas de la especialidad de montaña. Años después, otros destinos lo alejaron de la montaña, pero su corazón permaneció en ella, muy cercano a los andinistas civiles y militares.
En noviembre de 1943, se desempeñó como secretario del ministro de Guerra. Su superior inmediato, el general Edelmiro J. Farrell, consignó en el legajo personal de Perón lo siguiente: “Sobresaliente coronel, me merece el más alto concepto por sus condiciones intelectuales, morales, sus conocimientos militares y generales, su cultura y caballerosidad. Trabajador eficientísimo y abnegado, colaborador, de gran mérito”.

El general Juan Domingo Perón nació el 8 de octubre de 1895
Fue un entusiasta de la aviación civil y precursor de la moderna aviación militar. Se preocupó por el equipamiento de las Fuerzas. Un concepto suyo, que leí siendo cadete, me impactó tanto entonces como en toda mi vida militar: “Las Fuerzas Armadas son la síntesis del pueblo. No pertenecen a un determinado partido o sector, ni pueden servir de instrumento a la ambición de nadie. Pertenecen a la Patria, que es el lugar común, y a ella se deben por entero”.

“Las Fuerzas Armadas son la síntesis del pueblo. Pertenecen a la Patria, que es el lugar común, y a ella se deben por entero” (Perón)
Ascendió a general de brigada el 31 de diciembre de 1945, a general de división el 31 de diciembre de 1949 y a teniente general el 6 de octubre de 1950. Perón, un hombre del Ejército Argentino, fue electo tres veces presidente constitucional.
El 8 de octubre de 1995, el Pueblo y el Ejército –cumpliendo una Resolución del Congreso Nacional, impulsada por el diputado justicialista Lorenzo Pepe– impusieron a la Escuela Militar de Montaña, en Bariloche, su nombre. Justo tributo –veinte años después de su muerte– a quien, sin duda alguna, fue un sobresaliente profesional y montañés.

La Escuela Militar de Montaña lleva el nombre de Juan Perón desde 1995

Por Martín Balza
8 de octubre de 2016
El autor es veterano de la Guerra de Malvinas.
Fue jefe del Ejército de 1991 a 1999.

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