LOS HÉROES SIN ARMAS DE MALVINAS

dos ataques que revelan el sacrificio y la entrega de la Marina Mercante argentina en la guerra

Más de 700 hombres y un puñado de mujeres tripularon una treintena de buques mercantes y pesqueros, que sin armamento ni entrenamiento bélico protagonizaron incontables misiones tácticas y logísticas durante el conflicto de 1982. Cómo se produjeron los hundimientos del pesquero Narwal y el ARA Isla de los Estados

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Dos ataques contra embarcaciones argentinas que tuvieron lugar hace 37 años muestran una faceta poco difundida de la guerra de Malvinas. Allí, un grupo de héroes sin armas prestó su servicio con sacrificio y entrega: los más de 700 miembros de la Marina Mercante argentina que participaron de la acción bélica con enorme patriotismo.

“En Malvinas, la Marina Mercante argentina tuvo un rol concreto y específico, indicado por la autoridad, que era, dentro del rol general, el de prestar apoyo a todas las fuerzas que hubo en el área de conflicto. Fueron 51 buques mercantes y cerca de un millar de tripulantes, contando relevos, porque algunos buques tuvieron varias campañas. Hay que destacar que hubo una participación importante de mujeres, quizá fue la mayor cantidad de mujeres dentro de todas las organizaciones que se movilizaron”, nos contó  Horacio Vázquez Rivarola, director del Museo Marítimo Ingeniero Pedro Cerviño.

El primero de los ataques ocurrió hace 37 años, el sábado 9 de mayo de 1982. En el receptor del apostadero naval Puerto Argentino comenzó a sucederse la siguiente sucesión de mensajes.

09.05: Aquí Narwal. Somos atacados por aviones ingleses en la altitud 52º 45′ Sur y longitud 58º 02′ Oeste. Tenemos heridos graves.

09.12: Narwal, averiado y a la deriva, hace agua y peligro de hundirse por fuerte tormenta. Lanzamos botes y balsas al agua con heridos. Estamos tratando de contener la entrada de agua.

11.00: Falleció uno de los heridos. Otro avión inglés nos sobrevuela y ataca nuevamente.

11.05: Han sido destruidas todas las balsas, resta un bote para los que quedamos. Requerimos ayuda urgente.

11.25: Quedan seis hombres en un bote a la deriva. No quedan elementos de salvamento. Narwal a punto de hundirse. Nos arrojamos al agua. ¡¡¡Viva la Patria!!!

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El emisor de estos desesperados mensajes no era otro que el oficial de Comunicaciones Arturo Reinoso, del buque pesquero Narwal. El marino mercante cumplía la última orden impartida por su capitán, Néstor Fabiano, quien luego de llegar a la convicción de que su barco se hundía irremediablemente, daba la orden de abandono.

En el conflicto bélico de 1982, los 23 pescadores que tripulaban el Narwal más el capitán de corbeta Juan Carlos González Llanos fueron tomados prisioneros y llevados a bordo del Invencible británico para ser interrogados sobre las tareas de inteligencia naval que desarrollaban y en virtud de las cuales la Corona Británica había decidido neutralizarlos. Entre los tripulantes también fue conducido al navío inglés el cuerpo sin vida del contramaestre Omar Rupp. El hecho marcó la primera muerte de un marino civil en la operación militar de recuperación de las Islas Malvinas

El Narwal medía 70 metros de eslora (largo), 11 metros de manga (ancho) y contaba con una capacidad de carga de 1400 toneladas

VIDEO: https://youtu.be/Tiggwe_ROEI

Medía 70 metros de eslora (largo), 11 metros de manga (ancho) y contaba con una capacidad de carga de 1400 toneladas. Con el consentimiento de sus propietarios, la nave comenzó a enmascarar con su labor pesquera a partir del 23 de abril de 1982 importantes tareas de inteligencia naval. Otros pesqueros como el Constanza o el María Alejandra completaban un escenario de supuesta actividad pesquera “inocente”.

Si bien en un principio la labor del Narwal no despertó sospechas entre la flota británica, durante los primeros días de mayo, según relata el por entonces capitán de pesca de la nave, Asterio Dawata, fueron reiteradamente advertidos por los ingleses, que debían abandonar la zona en la que se encontraban operando.

La mañana del 9 de mayo la paciencia británica se agotó y dos Sea Harrier se lanzaron contra la pequeña y desarmada embarcación. El ataque fue feroz: incluso con el buque ya fuera de servicio y sus tripulantes en el agua, las aeronaves inglesas las destruyeron con fuego de metralla. La misma metralla que había arrancado de cuajo las piernas de Rupp, quien murió desangrado en la cubierta de su buque.

Hasta ser afectado por el entonces Comando en Jefe de la Armada, el Narwal era un buque pesquero perteneciente a la Compañía Sudamericana de Pesca y Exportación que realizaba su faena pesquera habitual en el Atlántico sur

Si bien muchas de las crónicas sobre este suceso hablan de un ataque injustificado por parte de las fuerzas británicas, es una verdad aceptada por las fuerzas armadas beligerantes que las flotas mercantes en operaciones constituyen objetivos lícitos, ya que hundir al petrolero que lleva combustible para los vehículos, naves y aviones de combate, o al carguero que transporta víveres y munición o al pesquero que realiza inteligencia, no es más que minar la capacidad de combate del oponente, lo que en definitiva constituye la premisa básica de la guerra.

La labor del Narwal y sus tripulantes mereció el más alto grado de reconocimiento por parte del alto mando naval inglés, ya que, a poco de iniciarse el interrogatorio, los oficiales de inteligencia ingleses descubrieron que a excepción de González Llanos, no estaban en presencia de tropas de elite entrenadas para el espionaje, sino de simples pescadores con una elevadísima dosis de patriotismo.

Omar Rupp recibió sepultura marina con honores militares, siendo su cuerpo arrojado al mar desde la cubierta de la nave enemiga a bordo de la cual se encontraba el príncipe Andrés, hijo de la Reina Isabel.

Las exequias de Omar Rupp

Las exequias de Omar Rupp

La mayor pérdida de vidas civiles en Malvinas

Al día siguiente del hundimiento del Narwal tendría lugar en el estrecho de San Carlos la más grande pérdida de vidas por parte de marinos civiles ocurrida durante la efímera recuperación de las Islas Malvinas: el hundimiento del ARA Isla de los Estados.

Aquel buque constituyó un caso muy particular ya que, si bien era propiedad de la Armada Argentina, sus servicios estaban afectados al tráfico comercial que realizaba la institución militar a través del Comando de Transportes Navales, una suerte de empresa naviera estatal que cumplía la tarea de llevar mercancías a regiones del país que no eran rentables para las navieras privadas.

  • CRIMEN BRITANICO EN ALTA MAR – ATAQUE AL PESQUERO NARWAL

En Abril de 1982, la Armada Argentina y sus armadores, convirtieron al Pesquero de Bandera Argentina “Narwal” de la Compañía Sudamericana de Pesca y Exportación” y otros pesqueros, en buques espía (“Spyship” para los ingleses), posicionándolos en proximidades de la Zona de Exclusión impuesta unilateralmente por los ingleses alrededor de nuestras Islas Malvinas.

Tenían la tarea de vigilar los movimientos de la Flota Invasora, detectando con el radar de navegación los movimientos Británicos y así poder ubicar a la mayor flota de guerra formada por los ingleses desde la segunda guerra mundial, pasando mensajes de radio en clave, mientras hacían que pescaban, pero en realidad dedicados a tareas de inteligencia, dirigidos desde a bordo por un oficial de la Armada Argentina.

El “Narwal”, sin armas y en tareas de inteligencia, estaba tripulado por veinticuatro pescadores, su Capitán Dn. Asterio Wagatta, y un observador militar a bordo, el entonces Teniente de Navío Dn. Juan Carlos González Llanos. El 09 de Mayo, mientras se encontraba navegando en Latitud 52º 45′ S y Longitud 58º 02′ O, fue atacado utilizando bombas y cañones por dos Aviones Sea Harrier Británicos, piloteados por los Ingleses Teniente de Navío Morgan y Capitán de Corbeta Batt.

Dos horas después del primer ataque, la tripulación no podía mantener al pesquero a flote e iniciado el abandono del barco ordenado por el Capitán Wagatta, los tripulantes se embarcaron en las balsas salvavidas autoinflables, donde fueron nuevamente ametrallados por los aviones Sea Harriers Ingleses, produciendo la destrucción de las balsas y nuevas heridas a los marineros argentinos.

Este ataque a una tripulación desarmada, tratando de rescatar a sus muertos y heridos y de no ahogarse en un mar congelado, fue absolutamente injustificado, desproporcionado y despiadado, se había atacado al indefenso, se habían dejado de lado todas las tradiciones de los hombres de mar, se habían desoído las recomendaciones de las Naciones Unidas y la Cruz Roja Internacional para el cuidado de los Heridos y los Prisioneros de Guerra, el deshonor había invadido la contienda en nuestro Atlántico Sur, una vez más Inglaterra abusaba de la fuerza pisoteando acuerdos básicos del derecho internacional.

Tiempo después, estando parte de su tripulación a bordo y parte en las balsas salvavidas restantes, el Narwal fue abordado y capturado por un grupo de Comandos llegados en un helicóptero Sea King ingles, piloteado por Capitan de Corbeta Pollok del Escuadrón Aeronaval 846 del Portaviones HMS “ Hermes”.

El Narwal se hundió al día siguiente mientras era remolcado por los Ingleses como botín de guerra. Entre los prisioneros, veinticinco en total, uno falleció, y doce resultaron heridos.

Al ser atacado, el Narwal transmitió sus últimos mensajes de la guerra: 09.05: Aquí “Narwal”. Somos atacados por aviones ingleses en la altitud 52º 45’ Sur y longitud 58º 02’ Oeste. Tenemos heridos graves.

09.12: “Narwal” averiado y a la deriva, hace agua y peligro de hundirse por fuerte tormenta. Lanzamos botes y balsas al agua con heridos. Estamos tratando de contener la entrada de agua.

11.00: Falleció uno de los heridos. Otro avión inglés nos sobrevuela y ataca nuevamente. 11.05: Han sido destruidas todas las balsas, resta un bote para los que quedamos. Requerimos ayuda urgente. 11.25: Quedan seis hombres en un bote a la deriva. No quedan elementos de salvamento.

“Narwal” a punto de hundirse. Honor al “Narwal” y su tripulación: Del “Narwal” hoy solo quedan sus tripulantes, varios de ellos con las cicatrices de sus heridas físicas, los familiares del Contramaestre Rupp, muerto en acción, y un diploma de la Armada Argentina que reza así: “El Comandante en Jefe de la Armada resuelve otorgar al Buque Pesquero “Narwal” (Cía. Sudamericana de Pesca y Exportación) la condecoración de Honor al Valor en Combate”.

Al Contramaestre Omar Rupp se le otorgó post-morten, la condecoración “La Nación Argentina al Muerto en Combate”. Al 2do Maquinista Feliciano Miño, Marineros Gregorio Carballo, Luis Wenz, Julio C. Rodríguez, Luis Zaragoza y Justo García se les otorgó la condecoración “La Nación Argentina al herido en combate”. Al Capitán Dn. Asterio Wagata, al 2do Maquinista Feliciano Miño, al Oficial de Radio Arturo A. Reinoso y al Enfermero Juan C. Gómez, se les otorgó la condecoración “Al esfuerzo y abnegación”.

A todos los tripulantes, la Armada Argentina les entregó “Botón Solapa y Diploma de Honor por los servicios prestados a la Patria”, y el Congreso de la Nación (de acuerdo a lo dispuesto por la Ley Nº 23.118), el diploma y la medalla, “Malvinas Argentinas, 1990” y “El Congreso de la Nación a los Combatientes”. La pérdida del Helicóptero Puma AE-505: Al recibirse el pedido de auxilio del “Narwal”, pese a las pésimas condiciones meteorológicas reinantes y la existencia de buques y aviones ingleses en la zona, desde Malvinas se destacó para el rescate de la tripulación del pesquero al Helicóptero Puma AE-505, perteneciente al Batallón de Aviación de Combate 601 del Ejército Argentino, este se dirigía al lugar donde estaba hundiéndose el “Narwal” para rescatar a los sobrevivientes cuando fue abatido por un misil Sea Dart disparado desde el Destructor ingles HMS “Coventry”.

Los restos del helicóptero y la tripulación no fueron encontrados ya que cayeron al océano en proximidades de la Isla de los Leones Marinos. Al igual que los tripulantes del “Narwal”, los tripulantes del Helicóptero Puma del Ejercito Argentino fueron condecorados con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” (Post Mortem). Sus tripulantes eran, el Teniente 1º Roberto Mario Fiorito (Piloto), el Teniente 1º Juan Carlos Buschiazo (Copiloto) y el Sargento Raúl Dimotta (Mecánico).

  • La hazaña del teniente primero Juan Carlos Buschiazzo (*)

El teniente primero Juan Carlos Buschiazzo

Hace 37 años, el espesor de la neblina y la turba malvinense hacían que la visibilidad fuera muy reducida en el archipiélago. En medio de ese escenario, dos buques británicosaceleraban sus turbinas abandonando el grupo de batalla de portaaviones. Así se perdían en la noche del 9 de mayo con la intención de tomar posición al sur de Puerto Argentino. Se trataba de la fragata tipo 22 HMS “Broadsword” (F88) y el destructor tipo 42 HMS “Concentry” (D118). Su misión era derribar cualquier vuelo que quisiera posarse en el aeropuerto de las islas.

Los británicos consideraban indispensable destruir los helicópteros de nuestro Ejército para lograr inmovilizar la defensa argentina. Con este concepto, la fragata HMS “Alacrity” inició a la 1:30 un intenso fuego naval de dos horas sobre la zona de aterrizaje de helicópteros en Moody Brook, la cual recibió una lluvia de 90 proyectiles fragmentarios y tres iluminantes. Las consecuencias fueron fuertemente negativas para las Fuerzas argentinas: dos helicópteros del Ejército y uno de Prefectura quedaron fuera de combate, siendo esta última aeronave un Puma PA-12, utilizado para misiones de búsqueda y rescate en el mar.

Eran las 8 de la mañana cuando una Patrulla Aérea de Combate abrió un bombardeo sobre Puerto Argentino, aunque esta vez sin causar daños. Pero de regreso al portaaviones “Hermes”, detectaron un eco radar a unas 60 millas de su posición: era el pesquero argentino “Narwal”. Tras pedir autorización para atacar, siendo ya las 8:50, realizaron sucesivas corridas de tiro con sus cañones sobre la embarcación.

El buque pesquero Narwal

A las 9:05 se recibió un mensaje de emergencia en Puerto Argentino. Provenía desde el pesquero, desde donde alertaron: “Aquí ‘Narwal’. Somos atacados por aviones ingleses. Tenemos heridos graves”. La última comunicación se produjo a las 11:25, en la que indicaba que quedaban “seis hombres en un bote a la deriva. No quedan elementos de salvamento. ‘Narwal’ a punto de hundirse”. La última posición conocida era al sureste de los Leones Marinas, al sur de la Isla Soledad. Ante esta situación desesperante, el almirante Otero solicitó un helicóptero del Ejército para buscar y rescatar a los posibles sobrevivientes.

A raíz de los ataques de la noche anterior, los helicópteros del Ejército acababan de cambiar posición al Monte Kent. Estaban fuera del alcance de la artillería naval. Mientras aún aterrizaban las últimas aeronaves en la nueva base, le ordenaron por radio al teniente primero Juan Carlos Buschiazzo que regrese al punto inicial para cumplir con la pertinente misión de rescate en el mar.

Buschiazzo había ingresado a la Fuerza en 1976 como piloto comercial de avión habilitado a vuelo por instrumento y realizó un curso de seis meses en la Escuela General Lemos. Se formó como piloto de helicópteros y participó con la Armada en varias campañas antárticas. En 1982 se encontraba destinado en el comando de arsenales, fuera de la aviación de Ejército. Hacía pocos días había sido padre y podría haberse quedado cómodamente en su puesto de oficina a salvo de los peligros de la guerra. Sin embargo, se ofreció como voluntario para ir a Malvinas.

Retomando la historia, aquel día el helicóptero de Buschiazzo no funcionaba correctamente, ya que cuando reducía la potencia de sus turbinas un motor se detenía. Por esto, cambió al Puma AE-505, del teniente primero Roberto Fiorito y el sargento mecánico de aviación Horacio Di Motta. Vale recordar que durante la guerra de Malvinas los helicópteros volaban con un solo piloto y el puesto de copiloto era ocupado por un mecánico de aviación. Por la complejidad de la misión, el segundo jefe del batallón de aviación de combate 601 ordena que otro piloto acompañe a Fiorito. Ante esta directiva, varios jóvenes oficiales se ofrecieron como voluntarios pese a los riesgos que implicaba participar de la misión en cuestión. Sin embargo, no hubo lugar a mayor discusión cuando Buschiazzo afirmó: “La orden me la dieron a mí, así que el copiloto soy yo”. Esta conducta, coherente con los valores que sustenta la institución, demostró la integridad y el valor de los oficiales de la aviación de Ejército ante una situación de combate.

En el extremo derecho, de pie está Buschiazzo. Del mismo lado, posa agachado Fiorito

Pese a que por segunda vez Buschiazzo podría haberse quedado callado ante el peligro, el inicio de la operación de rescate era inminente ante su insistente ofrecimiento para ser parte de la misión. Misión peligrosísima y desconocida en la experiencia de los integrantes del Ejército, ya que se trataba de tareas de rescate para las cuales se preparan los aviadores navales o de Prefectura.

El despegue en Puerto Argentino fue a las 16 y automáticamente el helicóptero desapareció entre la niebla. Sólo el ruido de sus turbinas atestiguaba su existencia en zona.

Mientras el helicóptero volaba con rumbo sudoeste, en cercanías de Puerto Enriqueta, fue detectado por el radar de vigilancia de la fragata “Broadsword”. Los datos fueron rápidamente enviados al destructor “Coventry”. El paso siguiente era previsible. Los tripulantes argentinos continuaron su vuelo bordeando la costa, sin saber que habían sido detectados y sólo imaginando encontrar a los náufragos en medio de la neblina malvinense.

Aún estaban fuera del alcance de las armas del “Coventry”, por lo tanto desde la nave británica decidieron esperar que el helicóptero argentino se acerque a su posición. Cuando estuvieron a una distancia de 13 millas náuticas de distancia, el capitán del “Coventry” ordenó lanzar un misil Sea Dar sobre el Puma AE-505 de nuestra bandera.

La suerte no estaba de nuestro lado ese día, ya que el misil alcanzó en el aire a nuestros héroes sellando para siempre la vida y entrega de la tripulación del Puma AE-505. Según el parte oficial emitido por el “Coventry”, el derribo se produjo a las 16:07.

Este miércoles (8/5) bautizaron el helipuerto de la Casa Rosada con el nombre de Mario Roberto Fiorito

Durante el conflicto, precisamente el 25 de mayo, la Fuerza Aérea Argentina saldó nuestra deuda con la tripulación de rescate y envió a pique la fragata “Coventry”. El helicóptero y su tripulación nunca fueron encontrados.

Buschiazzo, Fiorito y Di Motta permanecen ahí como centinelas permanentes de nuestra soberanía irrenunciable. Son ellos ejemplo de iniciativa, vocación de servicio, integridad, honor y valores morales que acompañan desde siempre al soldado argentino.

(*)Por Luis Ángel Bennardi

El autor es jefe de personal de Aviación de Ejército

Relato del Maquinista del “Narwal”, Dn. Feliciano Miño:

En Mar del Plata embarcó un oficial de la Armada Argentina, creo que de inteligencia, nosotros no lo supimos hasta que comenzó el ataque; allí recién se identificó. Íbamos en apoyo de algún eventual salvamento, o simplemente, estimo, para observar los desplazamientos bélicos en la zona.

Éramos un total de veinticuatro hombres plenamente consustanciados en la tarea de hacer algo por nuestra tierra, queríamos que nuestros hijos estuvieran al margen del yugo impuesto por los piratas ingleses. Todos sabíamos que nos jugábamos la vida en la empresa, lamentablemente se perdió una vida y hubo muchos heridos.

A nadie escapa que durante la guerra cayeron muchos de nuestros soldados, pero también hubo bajas entre la población civil, que de una manera u otra hacía lo suyo contra el enemigo ingles. De los nuestros cayó Omar Alberto Rupp, el Contramaestre que murió sin conocer a su hijo, ya que su mujer tuvo familia cuando navegábamos.

Llevaba un triciclo a bordo como regalo para el pequeño, y, al momento de morir, nos pidió que cuidáramos de su familia. Murió en la cubierta con la pierna izquierda destrozada por la metralla de los aviones ingleses. El oficial de la marina se identificó como el Teniente de Navío Juan Carlos González Llanos y gracias a él pudimos salvar la vida.

El ataque Ingles:

Esa mañana estábamos navegando y si se podía, pescábamos algo, estábamos cerca de la flota inglesa, escuchábamos los cañonazos. Ese domingo 9 de mayo, eran aproximadamente las 09:00 hs, estaba lluvioso y frío, con mar seis o siete, medio agitado y descansábamos mientras navegábamos pero siempre alertas. De pronto, se sintió un impacto en la popa, que atravesó varios compartimentos y en el camino hirió gravemente a Omar que se hallaba en el taller de electricidad.

El Narwal era un buque de 1350 toneladas, de sesenta metros de eslora y diecisiete de manga; un barco chico. Yo estaba en la cucheta cuando nos impactaron, creo que fue un misil, enseguida, y después de un instante de zozobra comenzó el griterío. Lo vimos a Rupp gritando, con una pierna menos.

El enfermero Gómez hizo las primeras curaciones, pero era imposible hacerle un torniquete para parar la hemorragia, dado que la pierna había sido arrancada casi desde la ingle. Le dieron morfina para atenuar el sufrimiento y alguna bebida, pero debía de ser insoportable. Estuvo unos cuarenta minutos en cubierta, a pesar de que los aviones ingleses continuaban pasando y ametrallando.

Nosotros no teníamos ningún arma para defendernos, era tanto nuestro miedo, que algunos nos metimos en la cocina y cubrimos nuestras cabezas con las ollas. Una cosa es contarla, y otra es vivirla. Yo me quedé sin aceite para la máquina pero seguíamos igual, quedé a cargo de la máquina y paré el generador cuando comenzó a entrar el agua, estaba con Wens y era lo único que podía hacer.

Tratábamos de tapar los orificios más grandes con lo que podíamos, era imposible achicar normalmente, las balas seguían atravesando el barco, pero flotábamos. De mis compañeros del Narwal, recuerdo a Bussed, Carballo, Domínguez, Esquivel, Fabiano, López, Lucaiolo, Ferrero, Fulgenzi, García, Solca, Gómez (Juan y Norberto), Merino, Reinoso, Rodríguez, Zaragoza, Zelasco, los uruguayos Chandot y Jesús Morales, y el paraguayo Wagatta. Crimen Ingles en el Atlántico Sur:

El Capitán Wagatta ya había dado la orden de abandonar el barco. Estábamos a la deriva, sin máquinas, sin timón, éramos un blanco fijo y los aviones no cesaban en su afán de destrozarnos, aún a sabiendas que no teníamos con qué responderles; me acuerdo que me lancé a una balsa con unos compañeros y allí apareció ese maldito avión, nos ametralló impiadosamente, de milagro no nos mató a todos, pero la balsa de caucho, se hundió en segundos.

Algunos trataban de desarmar las puertas de madera para usarlas como flotantes, había peligro de tiburones ya que es una zona donde habitualmente se pueden encontrar. Éramos una docena de heridos, sufrí el impacto de las esquirlas de la metralla en el ojo y la mano izquierda. A Zaragoza lo hirieron en la columna, y aún tiene la esquirla. Minutos más tarde aparecieron aviones y helicópteros Sea King. Pero ya no nos atacaron, en cambio, los primeros aviones, luego del ataque inicial nos ordenaron por radio variar el rumbo, pero no les hicimos caso, estábamos en aguas argentinas y nadie nos podía hacer cambiar el curso, después de varios ataques quedamos al garete, ya no podíamos hacer nada más.

Estábamos sin timón, sin radio y con peligro de hundirnos en cualquier momento ante un nuevo ataque. Ametrallaron un generador auxiliar que pusimos en cubierta para tener luz y atender a los heridos. Ya no había nada que hacer. Los ingleses nos rescataron luego de estar unos veinte minutos tratando de mantenernos a flote en medio del agua que estaba muy fría, con una lluvia que nos calaba hasta los huesos. Fui el segundo al que rescataron los helicópteros, ví que en un costado decía USA pero tenía muy poca visión por las heridas; nos llevaron a un barco y, posteriormente, al Portaviones HMS “Invencible”.

Nos atendieron muy bien, la enfermera era de primera, allí estuve con tres compañeros. Parecía otro mundo; nos dieron cigarrillos, buena comida y excelente atención médica, inclusive vimos algo de televisión. Los ingleses se asombraron cuando pedimos elementos para higienizarnos, cepillos de dientes y maquinitas de afeitar, igual pasó con el tema de los cubiertos, pensaban que éramos indios, después nos trataron con mayor deferencia.

Diez días más tarde, luego que me operaran la mano izquierda, nos trasladaron al buque hospital ingles HMS “Uganda”, y de allí al Puerto de Montevideo, en el barco hospital ingles HMS “Hecla”, de allí a Buenos Aires en el Buque de Instrucción de la Escuela Nacional de Náutica Argentina ARA “Piloto Alsina”, el 3 de junio.

  • El USURBIL

Los ex tripulantes del “Usurbil”, hoy veteranos de guerra, conocieron, poco después de haber zarpado del puerto de Mar del Plata, en 1982, que su misión no era la captura de especies marítimas en altura sino identificar la conformación de una de las flotas británicas que llegaban al Atlántico sur. El objetivo fue alcanzado con éxito y la información fue enviada a las autoridades de las Fuerzas Armadas.

Una tarde de abril de 1982 el “Usurbil”, zarpó para pescar pero el destino quiso que su propósito fuese otro. El lugar de faena estaba en la zona de conflicto entre Argentina e inglaterra por las Islas Malvinas. La guerra había comenzado y el buque fue militarizado para utilizarlo como barco espía camuflándose bajo su apariencia de pesquero, junto al “Narwall” y al “María Luisa”. Ya nada sería igual.

En Marzo de 1993 mientras se hallaba en el puerto de Ingeniero White, un incendio lo destruyó. Al no ser más apto para la navegación, fue encallado por el Consorcio de Gestión del Puerto en uno de los canales internos del estuario local.

Algunos años después fue considerado monumento histórico y hoy continúa varado en el mismo lugar, dando testimonio de su gran historia para todos aquellos que deseen conocerla en esta imperdible excursión.

  • El ARA Isla de los Estados

Es por ello que habitualmente los buques de la empresa estaban tripulados por personal superior y subalterno de la Marina Mercante. Vale destacar también que todo el personal superior de la marina civil ostenta un grado militar como oficial de reserva de la Armada, con lo cual va de suyo que en caso de necesidad el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas los puede convocar al servicio activo. Esta obligación no aplica al personal subalterno.

“Pero Malvinas hizo que eso no fuera necesario. De los más de 700 hombres y mujeres en el Teatro de Operaciones ninguno tuvo que ser movilizado, aceptamos el llamado de la patria en forma voluntaria”, recuerda para Infobae un veterano civil.

El Isla de los Estados fue el primer buque mercante en arribar a Puerto Argentino, al margen de su dotación náutica. Llevaba personal militar de las tres Fuerzas Armadas. En el momento de su hundimiento a los 15 marinos mercantes se agregaron un coordinador de la Armada, tres hombres de la misma fuerza, dos del Ejército, uno de la Fuerza Aérea y uno de la Prefectura Naval. Además, entre los marinos mercantes se encontraban los ciudadanos españoles Manuel Olveira, Alfonso López y Héctor Sandoval. Sólo López y el coordinador miliar Alois Payarola sobrevivieron.

  • El plano del Isla de los Estados

Los hechos

Entre el 2 de abril y el 10 de mayo de 1982 el Isla de los Estados protagonizó diversas misiones logísticas. Su particular diseño lo transformaba en uno de los únicos buques que podían atracar en el muelle de Puerto Argentino. Esto hacía que otros navíos de gran porte fondearan en las proximidades del apostadero naval y aguardaran que el Isla se acercara a recibir su carga.

Una de las primeras y más importantes misiones de esta nave fue la que protagonizó junto al mercante Río Cincel, segundo buque en arribar a las islas portando nada menos que parte de la pista de aterrizaje de aluminio  que serviría para el despegue y aterrizaje de los aviones de la Fuerza Aérea Argentina.

El Cincel protagonizó por aquellos días un heroico salvataje de miembros de la Infantería de marina que habían quedado a merced del mar embravecido a bordo de una diminuta lancha de desembarco de tropas que había perdido su hélice. La nave también quedó en la historia por llevar a bordo a las dos primeras mujeres de Malvinas, las cadetas de la Escuela Nacional de Náutica Olga Cáceres y Marcia Marchesotti.

El último de estos traspasos de carga (alijes) lo realizó al también mercante Río Carcarañá. Al finalizar las maniobras logísticas entrada la noche, los capitanes de ambas naves compartieron una cena a bordo del Carcarañá. En esa oportunidad el comandante anfitrión, Capitán de Ultramar Edgardo Dell’Elicine, aconsejó a su invitado no zarpar sino hasta el día siguiente. Pero su colega naval, Tulio Panigadi, desoyó el consejo y consideró más seguro remontar el estrecho San Carlos, protegido por la oscuridad, ya que ningún buque de la Armada brindó escolta a los numerosos mercantes en operaciones.

En forma paralela, el alto mando naval inglés ordenaba a Christopher Craig, comandante de la fragata Alacrity , que durante la noche del 10 de mayo se dirigiera a la entrada norte del Estrecho San Carlos a efectuar un relevamiento a fin de detectar la posible existencia de minas colocadas por la Marina argentina.

El alto mando naval inglés ordenó a Christopher Craig, comandante de la fragata Alacrity , que durante la noche del 10 de mayo se dirigiera a la entrada norte del Estrecho San Carlos a efectuar un relevamiento a fin de detectar la posible existencia de minas colocadas por la Marina argentina

En estas circunstancias aproximadamente a las 22, el radar del navío inglés detectó un eco que resultó corresponder al Isla de los Estados. Craig ordenó en primer lugar el lanzamiento de una bengala la que en forma indubitable expuso ante los ojos del comandante inglés la silueta del buque argentino. Su silueta delataba perfectamente que no se trataba de un buque militar y que, por lo tanto, no estaba artillado.

Sin embargo, Craig, fiel a la consigna de neutralizar a los buques mercantes en operaciones, abrió fuego con munición de 4,5 pulgadas. Al tomar contacto con los tambores de JP1 (nafta de aviación) y la munición estibada en cubierta, dieron inicio al dantesco final de la nave, una sucesión de explosiones fue arrancando de raíz distintas partes de la nave. Hasta su propio puente de mando desapareció súbitamente.

“Díganle a los de las Islas de enfrente que no tiren”

La frase corresponde al coordinador militar Alois Payarola (por estos días el único sobreviviente de la tragedia). En pleno ataque la pronunció mientras operaba la radio del buque argentino convencido de que el ataque provenía de la artillería del Ejército Argentino ubicada en la costa vecina.

Pero poco después no quedarían dudas de que el ataque letal provenía del enemigo: los certeros impactos se sucedían sin solución de continuidad e impactaban en la obra muerta del buque (es decir, parte del casco que queda por encima de la superficie del agua). Las explosiones comenzaron a sucederse no solo en cubierta sino dentro de las bodegas, por lo que en pocos minutos la tripulación se vio obligada a abandonar la nave.

El Rio Cincel protagonizó por aquellos días un heroico salvataje de miembros de la Infantería de marina

De todo el personal civil, policial y militar que integraba la dotación, sólo sobrevivieron el hoy Capitán de Navío retirado Alois Payarola y el marinero español Alfonso López. Ambos llegaron nadando a la costa a pesar del frio extremo de las aguas. El comandante civil de la nave, Capitán de Ultramar Tulio Panigadi, fue arrastrado por la corriente y murió en el intento de tomar la costa, al igual que el Primer Oficial de a bordo, Jorge Bottaro.

Contrariando un ancestral precepto marino, Craig no prestó ayuda a ninguno de los tripulantes se arrojaron al mar. Por el contrario, imprimió la máxima velocidad a los motores de su buque para alejarse del lugar.

Durante 36 años se aceptó como un hecho innegable que los restos de todos los tripulantes del ARA Isla de los Estados descansaban en el fondo de las aguas del Estrecho San Carlos. Pero en 2018, durante las tareas de reconocimiento de ex combatientes sepultados en el cementerio militar de Darwin, fue reconocido por las pruebas de ADN el cuerpo del Jefe de Máquinas del buque, el maquinista naval Miguel Aguirre, un ex militar que ya como marino mercante y encontrándose en uso de licencia cuando su buque fue afectado a las operaciones militares se presentó como voluntario a pesar de los ruegos familiares para que no lo hiciera.

El Isla de los Estados representa al decir de muchos estudiosos de la guerra de Malvinas el más acabado ejemplo de integralidad operativa. Marinos Mercantes, Marinos de Guerra, Personal de Prefectura Naval, del Ejército y de la Fuerza Aérea cumplían funciones a bordo. Otro ejemplo de valentía y patriotismo.

Buenos Aires, 13 de mayo de 2019

Autores Varios – JMGR

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