IMPORTANTES LOGROS EN MATERIA ENERGÉTICA QUE NO SON VALORADOS

Es curioso que el Gobierno no difunda sus logros en el área energética. Tengo mi teoría. Esos logros son indiferentes a la intención de voto de los ciudadanos, no pagan políticamente en tiempos en los que prevalece lo agonal. Así, hechos que cambien estructuras, proyecten resultados más allá de la coyuntura, remuevan viejos paradigmas, alteren la modorra del statu quo corporativo no atraen políticamente en tiempos electorales en los que prevalece lo que la gente quiere por sobre lo que el país necesita para salir de la decadencia. La gestión energética de Macri revirtió la crisis en que sumió al sector el kirchnerismo y deja al próximo gobierno bases sólidas para empezar a pensar en un desarrollo acorde con la enorme potencialidad de nuestros recursos energéticos. Para corroborar estas afirmaciones, un breve racconto de lo que ocurrió en el sector en apenas tres años y medio y en un contexto socioeconómico poco propicio.

Aportó mejora sensible al déficit comercial argentino al reducir el de la balanza comercial energética de US$7000 millones a US$2000 millones y con vistas a tornarse positiva en dos años más; redujo la cantidad y duración de los cortes de luz a un 40%; logró atraer inversiones para el sector petrolero que terminaron con la crónica caída de la producción y reserva de gas y petróleo; introdujo una masiva incorporación de energías renovables pasando su participación en la generación de electricidad de 0 a 8%; mejoró los irresponsables compromisos en materia de generación nuclear e hidroelectricidad en el río Santa Cruz que el anterior gobierno asumió con el de China por motivos ajenos al sector, comprometiendo al país por cerca de US$20.000 millones.

También, reinició las exportaciones de gas a Chile después de 15 años de haberlas cancelado intempestivamente Néstor Kirchner, y de electricidad a Brasil. Al haber aumentado significativamente la producción de gas se pudo prescindir del buque regasificador anclado en BB desde 2008, cuyos servicios directos costaron US$1200 millones y a través del cual hubo que importar gas por US$9900 millones; terminó con la ficción del barril criollo liberando el precio del petróleo; completó la restauración de la central nuclear de Río III ampliándole la vida útil 20 años; normalizó los intervenidos entes reguladores de electricidad y gas.

Además, inició el proceso de eliminación de Enarsa, invento kirchnerista para actividades non sanctas; activó Vaca Muerta que ya produce 43 millones de m3 de gas y 70.000 barriles de petróleo por día; se lanzaron obras de infraestructura para evacuar la producción de VM hacia los mercados local y regional y en el mediano plazo al internacional vía gas natural licuado; introdujo en el mercado eléctrico la energía distribuida, incorporando la figura del prosumidor, es decir, del usuario que consume y produce energía, interactuando en redes inteligentes. Por último, la reciente convocatoria para explorar en el mar, offshore, donde participaron las principales empresas del rubro comprometiendo tareas de prospección por US$1000 millones en los próximos cuatro años.

Pero esta gestión encierra una paradoja política para los tiempos electorales que vivimos. No obstante sus significativos aportes a la solución de los problemas estructurales heredados y, por ende, a nuestra calidad de vida, la gente percibe un balance negativo. Tal dicotomía entre realidad y percepción obedece a dos factores: la falta de un adecuado marketing político del Gobierno y la irresponsable actitud de una oposición que se monta sobre el malestar de la gente ante el necesario ajuste en los precios energéticos, que, precisamente, permitieron superar la crisis heredada. Por eso, el esfuerzo que significó a la población el necesario aumento en las cuentas de luz, gas y en el precio de los combustibles no tuvo el correlato de la percepción de sus frutos, generando esa visión negativa de la gestión.

Lamentablemente para el Gobierno, los beneficios que logró en el área energética y su aporte a la economía del país tienen, por sus características, efectos retardados sobre el nivel de vida de la gente. Por eso hoy son asintomáticos para el ciudadano común, ergo, no suman votos. Las reformas estructurales realizadas y haber finalizado el saneamiento económico de las tarifas, salvo un 20% de ajuste que quedará pendiente principalmente en electricidad, dejan al próximo gobierno una situación muy buena para poner en valor los inmensos recursos energéticos. Además, se encontrará con un sector menos politizado por haber concluido el traumático ajuste y no tener que lidiar con la opinión pública. La energía en el próximo gobierno tendrá un rol tal vez indiferente para la gente, pero será la herramienta clave para el desarrollo postergado del país. Sería injusto no reconocer a la actual gestión el haber consolidado las bases para esos objetivos haciéndose cargo de la ingrata tarea de sincerar los parámetros económicos del área.

A partir del próximo período presidencial, el sector energético tendrá objetivos más trascendentes que la coyuntura y la reparación del desastre kirchnerista. Significará un importante aporte a la productividad del sector económico con energía de cantidad, calidad y precios competitivos y mejorará la calidad de vida de la sociedad y el medio ambiente. También deberá iniciar el proceso de apertura a los mercados mundiales, favoreciendo la transformación de nuestro anacrónico sistema de economía cerrada hacia una matriz productiva de exportación, proceso históricamente resistido por el capitalismo vernáculo y el populismo, incompatible con una economía abierta. El potencial energético del país excede ampliamente las necesidades de sus 44 millones de habitantes y de buena parte de la demanda de nuestros vecinos. Contamos con grandes recursos renovables como el eólico, el solar, el hidráulico, con experiencia nuclear y reservorios de gas y petróleo no convencionales de nivel mundial, sin contar las posibilidades que abren las nuevas exploraciones en nuestro offshore.

Al shale gas, por ahora de Vaca Muerta, le tocará jugar en el mediano y el largo plazo un rol protagónico por su magnitud; es el segundo volumen a nivel mundial, por su calidad y por la productividad que alcanzó la industria luego de haber transitado la curva de aprendizaje en los últimos ocho años. Internacionalmente el gas natural, hidrocarburo menos contaminante, será el combustible de la transición energética hacia la combustión cero de fósiles. Los hidrocarburos dejarán de usarse como combustible mucho antes de que se acaben, seguramente antes de que finalice este siglo, debido al rechazo creciente de la comunidad global que ha identificado su combustión como la causa principal del calentamiento planetario. Debemos apurarnos o quedará bajo tierra una gran riqueza desaprovechada. La única forma para evitar que eso ocurra es consensuar una política de Estado ad hoc para los próximos 40 años que nos permita tener cabida en el cada vez más competitivo mercado internacional del gas natural licuado. Puede sonar utópico en una sociedad enferma de cortoplacismo. Pero vale la pena intentarlo.

Ingeniero, exsecretario de Energía y director de YPF

Por: Emilio J. Apud

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