FRNACISCO SALAMONE

Ing. Arq. Francisco Salamone (1897-1959)

Nació en Leonforte, Sicilia (Italia), el 5 de junio de 1897. Siendo sus padres Salvatore Salamone y Antonia D’Anna. Tenía cuatro hermanos, tres varones y una mujer: Josefa, Ángel, José y Carlos. En 1903 su familia emigró a la Argentina. Siguiendo los pasos de su padre, ingresó en la Escuela Técnica Nº 1 Otto Krause de Buenos Aires, graduándose en 1917 como Maestro Mayor de Obras.

Con posterioridad se trasladó a la ciudad de Córdoba donde comenzó sus estudios en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba; egresando en 1920 con el título de ingeniero arquitecto, jurando como ingeniero civil en agosto de 1922.

Llevó a cabo sus primeras obras en Córdoba, comenzando con algunas viviendas particulares y construcciones menores, continuando luego con la remodelación de la Plaza Centenario de Villa María (1), inaugurada el 12 de octubre de 1925, a la cual en su diseño Salamone le imprimió un nuevo concepto urbanístico, con mayor énfasis en el lugar de paseo y menor en el aspecto ceremonial. En ella predominó su estilo art decó, tan particular y que lo caracterizará en sus futuras construcciones.

Incursionó en la política, postulándose como candidato a senador por la provincia de Córdoba por la Unión Cívica Radical, pero con poco éxito.

Francisco Salamone contrajo matrimonio en 1928 con Adolfna Croft, nacida en 1906, hija del cónsul de Inglaterra en Bahía Blanca José Croft, y de Adolfina Vlieghe. Tuvieron cuatro hijos: Ricardo, Roberto, Ana María y Stella Maris.

En 1835 regresa con su familia a Buenos Aires, donde instala un estudio propio, y da comienzo a su monumental obra. Su relación personal con el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el caudillo conservador Dr. Manuel Antonio Fresco del Partido Demócrata Nacional (2), le abrió el camino para la construcción de diversas e innumerables obras públicas en el extenso territorio bonaerense, como ser, palacios municipales, portales de cementerios, plazas, mataderos, pórticos, mobiliario urbano y de interior, luminarias, veredas, etc., manteniendo en todo ellos su estilo caracterizado por la monumentalidad, simetría y futurismo. Entre 1936 y 1940 construyo más de 120 edificios (entre grandes y medianas obras) en más de 25 municipios de la Provincia de Buenos Aires.

“El interés y singularidad de su obra, imposible de describirla estilísticamente, reside en la combinación de art decó, futurismo, funcionalismo con escala monumental materializado en hormigón armado, material innovador para la época que le permitió concretar sus formas y conquistar alturas con sus torres. Usaba revoques lisos y blancos, utilizaba granito de canteras de la zona para los pisos, aberturas metálicas, metales cromados y opalinas para las luminarias”. (3)

Caída en desgracia la administración de Fresco en 1940, también vino el ocaso del arquitecto siciliano Francisco Salamone: su nombre fue desdeñado, su obra jamás restaurada y su espacio en la historia reducido a la nada. Al cerrarse su producción oficial debió exiliarse en Uruguay para evitar una prisión preventiva por un juicio penal relacionado con una pavimentación en la ciudad de Tucumán. Después de haber ganado el juicio, volvió al país en 1945 y retomó a su antigua actividad. El 16 de setiembre de ese mismo año nació su última hija, Stella Maris.

Hasta el final de sus días habitó con su familia en un petit hotel de cuatro plantas situado en la calle Uruguay 1231. Ahí montó la oficina de Safrra (ya no se presentaría como Francisco Salamone Ingeniero Arquitecto), una sigla que unía algunas iniciales familiares, y se autofinanció para poder levantar algunos pocos edificios en la capital, completamente alejados de su estilo de años atrás.

La planta baja de la casa era el lugar de reunión de todas las noches. Los amigos, el póquer y las copas aparecían religiosamente cada tarde. Desde el segundo piso, donde estaban los dormitorios, la pequeña Stella Maris espiaba, asomada a un círculo enorme que le permitía ver el living en pleno. Durante esos días el único proyecto grandilocuente eran unos bocetos para una utópica Torre de las Provincias, de 64 pisos, con un faro en lo alto, y ubicada en pleno centro de Buenos Aires.

Después de padecer diabetes y sufrir varios infartos, Salamone falleció el 8 de agosto de 1959, casi olvidado, dejando una importante herencia arquitectónica moderna no reconocida en su momento. Sus restos se hallaban en el Cementerio de la Recoleta hasta 1992, año en que fueron trasladados al cementerio Jardín de Paz.

Se el primero en comentar en "FRNACISCO SALAMONE"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*