FALTAN DEFINICIONES EN CAMBIEMOS

Durán Barba luce viejo: El rival ya no es el kirchnerismo sino el peronismo

2019 no es 2015 (cuando Mauricio Macri era opositor y prometía eliminar el Impuesto a las Ganancias sobre los salarios) ni 2017 (cuando el endeudamiento público externo permitía una mayor actividad económica). En 2019, CFK aceptó sus limitaciones y elevó a Alberto Fernández para candidato presidencial y está intentando unificar al peronismo en su base, ya que todos saben que de los intendentes no se puede confiar (ya estafaron a Néstor Kirchner en 2009). Quien todavía no definió un plan innovador, algo que realmente sea un Cambiemos es el Presidente que dice necesitar otro mandato electoral pero no consigue explicar para qué. Muy interesante lo de Gregorio Reynoso y Claudio Chiaruttini.

CIUDAD DE BUENOS AIRES – Las decisiones electorales de Cristina Fernández de Kirchner siguen reordenando, reagrupando y realineando todo las fuerzas políticas. No sólo el peronismo no kirchnerista, los Gobernadores y los “Barones del Conurbano” bailan al ritmo de la ex Mandataria; también Roberto Lavagna, Sergio Massa y el propio Gobierno de Mauricio Macri, fueron sacudidos, a tal punto que, por primera vez, públicamente, Jaime Durán Barba reconoció que el macrismo tiene una difícil elección por delante.

Pero no sólo es un cambio de escenario el que propone CFK con sus decisiones, ella también modifica las reglas de juegos, las chances de elección y los actores que protagonizarán la futura batalla electoral. Así, todos tienen que reconfigurar sus adversarios elegidos, los mensajes para atacarlos o neutralizar sus ataques, las candidaturas que se ofrecen, el espacio político desde donde postularse y los límites de las demandas y ofertas que se pueden plantear en negociaciones; lo que implica que todas las opciones están abiertas, pero según cómo se acomoden, pueden ser triunfadoras o de inevitable derrota para algunos.

El Gobierno logró que la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical no finalizara con una quiebra formal. Saben que “Ricardito” Alfonsín y sus seguidores van a terminar con Roberto Lavagna, el socialismo santafesino y el GEN de Margarita Stolbizer en una alianza electoral que llevará a Lavagna como candidato a Presidente de la Nación, dado que el ex ministro de Economía terminó por “romper” con “Alternativa Federal” una vez que el Congreso Nacional del Frente Renovador liberó a Sergio Massa para que negocie una acuerdo electoral con el kirchnerismo.

Así, en el fondo, Lavagna va a terminar donde lo impulsó CFK con sus movimientos, no sumando a “Alternativa Federal” y al progresismo tonto bajo su postulación. Por lo cual, de tratar de construir una candidatura para dominar la “Gran Avenida del Centro” va a terminar, si no se baja de su postulación, con una “colectora” que espera recibir algo de votos del macrismo desencantado, del antikirchnerismo de izquierda y de algunos votantes progresistas desencantados con el kirchnerismo. Como se suele decir ahora: “Tres empanadas”.

La dupla Fernández – Fernández ha instrumentado una estrategia de esmerilamiento de Sergio Massa de notable eficiencia. No sólo “le bajó el precio”, pese a que los 5 a 7 puntos porcentuales de votos que pueda arrastrar si hace un acuerdo con el kirchnerismo son claves para que el kirchnerismo imagine que puede ganar en primera vuelta; sino también, a través de los medios, le dejó en claro que no podrá formar parte de la fórmula presidencial ni de Gobernador bonaerense, no hay intenciones de darle espacio para una PASO y, según los rumores, en las últimas horas le ofrecieron unos pocos espacios en las listas Legislativas nacionales y provinciales, sobre todo de la Provincia de Buenos Aires; nada de “cajas” (como había circulado) y algún cargo en el futuro Gabinete de un Gobierno de Alberto Fernández. Otra vez: “Tres empanadas”.

Quizás, si se cierra un acuerdo (en la noche de ayer, sábado 01/06, hubo fuerte rumores de una “cumbre” de Sergio Massa con Alberto Fernández, Máximo Kirchner y, quizás, CFK; en el petit-hotel donde vivía Florencia Kirchner), el tigrense reciba algo más, pero queda claro que poco o nada sobrevive de su plan para ser el ganador de una PASO dentro de “Alternativa Federal” y pelear el balotaje. Ahora, busca rescatar algunos espacios de poder para que no desaparezca su escuálida estructura política.

Un viejo chiste dice que “es negocio comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale”. Lo inverso le pasó a Sergio Massa en sus decisiones política: Siempre se trató de vender con lo que creía que valía y terminó siendo comprado por lo que en realidad vale. Quizás, al final de esta carrera electoral, su única ganancia sea lograr la derrota de Mauricio Macri, una persona que lo usó y despreció en forma reiterado, en vez de sumarlo como aliado, para potenciar su propio poder.  

Y, quizás, el Presidente de la Nación, hoy debe estar arrepintiéndose de haberlo despreciado de tantas formas; pero, quizás, no entienda su error.

Sergio Massa dice estar enojado con Juan Schiaretti, que en momentos de definiciones políticas y electorales, se fue de vacaciones. Más allá de que durante estos días se hizo una intervención quirúrgica, el gobernador de Córdoba resiste tomar el lugar que le piden las circunstancias políticas, dado que si encabezara una lista presidencial en “Alternativa Federal” o si fuera en una fórmula con “Cambiemos”, como podría ser vicepresidente de la Nación, podría sacarle al kirchnerismo los votos necesarios peronistas para no llegar a la Casa Rosada, tal como hizo José Manuel De la Sota en 2015, facilitando la elección de Macri.

Pero el enojo de Massa con Schiaretti es injustificado: Aunque el Gobernador de Córdoba se pusiera a la cabeza de “Alternativa Federal” e hiciera un llamado a los Gobernadores peronistas que aún no se definieron por la fórmula Fernández – Fernández, pocas chaces tendría Sergio Massa de capitalizar esos votos. El ex Jefe de Gabinete no entiende que, tal como ocurrió con Francisco de Narváez, fueron sus malas decisiones, malas estrategias y malos posicionamientos los que lo llevaron a tener que negociar “algo” para que el massismo no se diluya en el panperonismo.

Juan Manuel Urtubey sostiene una candidatura que, para estas horas, no tiene sentido. Nunca será el equivalente a Florencio Randazzo en la Provincia de Buenos Aires en 2017, carece del volumen político y de votos como para generar daños importantes a la dupla Fernández – Fernández. Los estudios serios dicen que, en el mejor de los casos, puede llegar a tener entre 3/5% de los votos, salvo que tenga un fuerte impulso de Schiaretti, con lo cual, tampoco pasaría de 6/7% de sufragio. En pocas palabras, una postulación del salteño apenas podría neutralizar los votos que Sergio Massa le sumaría al kirchnerismo. 

Dentro del panperonismo, poco pudieron hacer los “Barones del Conurbano” para evitar que Axel Kicillof fuera nominado candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. CFK y Máximo Kirchner lo “mandaron a caminar” el distrito en 2017. Ya había encabezado muchas “Plazas de la Resistencia” en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires y su capacidad para sumar jóvenes y mujeres lo fue convirtiendo en un candidato ideal para el kirchnerismo, dado que son sectores en donde los intendentes bonaerenses no lograban hacer pie.

Durante los últimos dos años, Axel Kicillof hizo su campaña por fuera de la estructura del peronismo bonaerense. Incluso, ahora, le pidió a Mario Ishii que arme en su nombre. No le debe nada a ninguno de los “Barones del Conurbano”, tiene el apoyo de CFK, de Máximo Kirchner y de Alberto Fernández. Por eso, se sentó al lado de Verónica Magario para comenzar a armar las listas Legislativas. Esa “cadena” de apoyos asegura que no tenga armado desfavorable, blindando su posible Gobernación.

El primer resultado es que se ofreció a los intendentes lo mismo que en 2015: Control total en sus municipios, algunas figuras “notables” en puestos salibles en la Legislatura bonaerense y casi nada en el Congreso Nacional. Mucho menos de lo que podría obtener si negocian con Sergio Massa o por María Eugenia Vidal, por separado. Por eso, no habría que sorprenderse que los alcaldes más poderosos terminen poniendo “un huevo en cada canasta”. No es la primera vez que lo vayan a hacer.

Es interesante, Axel Kicillof le encargó a Mario Ishii hacer casi lo mismo que Marcos Peña le pidió a Jorge Macri: Que organice a los “sin tierra” del peronismo, los que perdieron territorios en mano del macrismo en 2015, que fueron olímpicamente olvidados por los “Barones del Conurbano”. Incluso, en algunos casos, podrían ir a internas con aquellos Intendentes que ganaron en 2015, la llamada “Nueva Generación”, con el fin de obtener mayor cantidad de votos Legislativos y para la presidencial; con lo cual, la “promesa” de no meterse en los municipios, en el fondo, puede llegar a ser, nada más, que una expresión de buena voluntad.

Ahora se plantea si Axel Kicillof cumple con los requisitos para ser candidato a Gobernador bonaerense. Las primeras respuestas del kirchnerismo indican que van a pelear ese argumento judicialmente y se van a victimizar para sumar votos, dado que sostendrán que los quieren bajar de la postulación “porque saben que le gana a María Eugenia Vidal”. Pero en el massismo esperan que este problema abra la puerta para que Sergio Massa ocupe ese lugar, algo que parece difícil, dado que el kirchnerismo no estaría dispuesto a ceder tanta caja y tanto poder a una figura que CFK sigue sin querer tener relaciones, tan lejana al kirchnerismo.

Por fin, hasta Jaime Durán Barba tuvo que reconocer que Mauricio Macri podría bajarse de su candidatura “si los números no le dan”, relanzando el “Plan V” con toda potencia. ¿Fue casual esta declaración del ecuatoriano al diario brasileño “O Globo”? No, para nada. Se lanzó para medir el impacto en las RRSS (redes sociales) y en la opinión pública, dado que esta semana comenzó un nuevo ciclo de focus group para analizar el impacto de las decisiones de Cristina Fernández.

Sin embargo, el viernes 31/05, en la Quinta de Olivos, se realizó el primer encuentro formal de los equipos de campaña de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, en donde se dieron a conocer los lineamientos de la campaña electoral, cómo se organizará y cómo se articularán los discursos en las próximas declaraciones o discursos que se realicen. No hay giro, no hay sorpresa, no hay imaginación: Se va a seguir con el mismo relato y tratando de que sea una elección entre menos malos.

En sus declaraciones periodísticas, Jaime Durán Barba reiteró algo que Marcos Peña repite a cada interlocutor: “Cristina Fernández cometió un error grave que favorece a Mauricio Macri”.

No logra entender el impacto que tiene en el electorado panperonista los giros que introdujo la ex Mandataria con sus decisiones, está demasiado obsesionado por la antipolítica, el voto por valores o las raíces psicológicas del sufragio; no logra ver lo que ocurre en el terreno, en la calle, en el Gran Buenos Aires: Crece la sensación de triunfo, de fin de ciclo macrista, de salida de María Eugenia Vidal de la Gobernación.

Un triunfalismo que no había hace tiempo en las huestes panperonistas, un triunfalismo que contrasta con la sensación de derrota que hay entre independientes, radicales y algunos macristas.

También repite que la economía no será un factor importante, “pero no único” a la hora de decidir el voto. En cierto sentido, alcanza con que 45% del electorado vote pensando en el bolsillo para perder la elección, dado que el otro 55% estará dividido entre otra media docena de opciones y argumentaciones diferentes.

En el fondo, pensar que los ciudadanos van a votar a Mauricio Macri pese a que decepcionó y que no van a votar a CFK por que asusta, es creer que seguimos en 2015 o 2017.

Incluso, se equivoca Durán Barba cuando dice que un año de la elección presidencial pasada Mauricio Macri tenía 13% de intención de voto.

Por un lado, faltan 90 días para las PASO, no un año.

Por otro, Mauricio Macri no es oposición hoy, es oficialismo y un oficialismo que desilusionó a sus votantes.

Además, ya no tiene a CFK por delante y el peronismo está uniéndose, ya no está dividido, con un tercero en discordia. Si todas sus decisiones parten de esta confusión del escenario político – electoral y social, no hay que esperar demasiados aciertos.

Con sus decisiones, CFK creó un escenario que la opinión pública (y gran parte de la clase política) nunca esperó, por lo cual, predecir comportamientos es arriesgado.

Una encuesta conocida esta semana indica que más del 70% del electorado dice que no sabía que la ex Mandataria había cedido su lugar en la fórmula presidencial a Alberto Fernández, por lo cual, predecir comportamientos es temprano y arriesgado; recién para mediados o finales de Julio se tenga un panorama seguro, es decir, a tres semana de las PASO, demasiado cerca como para cambiar algo.

Las decisiones tomadas por CFK confirman que ella reconoció sus propias limitaciones, algo que Mauricio Macri todavía no hizo.

Al final, la que cambió fue la ex Mandataria. Ahora si “Cambiemos” quiere tener chances de seguir en el poder, deberá ser Mauricio Macri quién tenga que cambiar y entender que no estamos en 2015 ni en 2017.

La campaña electoral que diseñó el macrismo estaba configurada para enfrentar al kirchnerismo, pero ahora tiene que hacer frente al peronismo y al nestorismo, dos modos, dos formas, dos estilos que no permiten polarizar. Si quiere sobrevivir, el macrismo deberá barajar y dar de nuevo.

 

Por Dr. Gregorio Reynoso y Claudio Chiaruttini

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