EN LA SEMANA DE LAS PASO

Campaña prolija la de Macri… su problema es la realidad

En 2019, la campaña electoral del macrismo (desde que se le negó a María Eugenia Vidal la posibilidad de desdoblar el comicio bonaerense quedó en evidencia que no existe ni el PRO ni Juntos por el Cambio sino el macrismo, opuesto del kirchnerismo), respeta sus tradiciones: marketing prolijo, orden en las apariciones públicas, abundantes recursos. Pero falla, tal como no había ocurrido en el pasado, su relación con la realidad. Su gestión de la economía ha sido/es un desastre. El resultado es patético, indefendible e inexplicable. Sin embargo, el macrismo tiene a María Eugenia Vidal de su lado, que sigue resultado muy importante en cualquier medición. Vidal le permite a Macri competir por la reelección planificada en base a ubicar como antagonista a quien Macri eligió: CFK, quien pudo correrse sólo parcialmente de escena vía Alberto Fernández. Con el apoyo de Grupo Clarín y sus satélites, que incluye al minimultimedios La Nación, el macrismo intenta que se hable lo menos posible de la economía y mucho de supuestos logros 2015/2019, y tiene alguna posibilidad de ganar pero para ello debe sobrevivir a las PASO del domingo 11/08. Su rival luce bastante improvisada y desprolijo, con contradicciones domésticas, aunque lo impulsa el fracaso de la economía macrista.

La virtual paridad que muestran las encuestas entre kirchnerismo y macrismo, con escasa diferencia de uno sobre el otro, obligaba a darle un giro a las campañas del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio, para tratar de aumentar o acotar distancias. Y se produjo el giro en ambas campañas:

  • Alberto Fernández comenzó a hablar de economía,
  • Cristina Fernández de Kirchner buscó polarizar contra María Eugenia Vidal,
  • el macrismo volvió a las calles el sábado 03/08, ahora sin timbrazos; y
  • Mauricio Macri comenzó a enfrentar las declaraciones extemporáneas de la oposición, olvidando la repetición de frases hechas e inauguraciones de obras (prohibidas por las reglas electorales a esta altura del proceso de votación).

Que Alberto Fernández comenzara a hablar de economía entusiasmó a la militancia kirchnerista, dado que él reivindicó parte de las medidas tomadas durante la gestión de CFK, que antes había criticado; y apuntó hacia los públicos con potencial para sumar votos: jubilados, científicos, pymes, desocupados y jóvenes.

Sin embargo, las propuestas lanzadas y ciertos datos que citó permitieron a funcionarios del Gobierno nacional y bonaerense, economistas y militantes macristas salir a responder con números contundentes. Así, no entró en juicio la pésima gestión económica de Macri, sino el ideario económico kirchnerista que expuso Alberto F. y, en menor medida, Axel Kicillof. El macrismo aprovechó la oportunidad para volver a la campaña de “miedo”, que tuvo gran repercusión en medios y RRSS (redes sociales).

Tal desorden generó el intento de explicar sobre las argumentaciones macristas que el comando de campaña de Alberto F. tuvo que sacar una “guía” de 17 puntos sobre las medidas que se tomarán si el kirchnerismo vuelve al poder. Allí, se conjugan viejos reclamos peronistas con los pedidos de los diferentes colectivos kirchneristas, todo mezclado con la promesa de creación de media docena de ministerios, al tiempo que se propone bajar retenciones de las economías regionales y medidas fiscales para incentivar las exportaciones y la producción, pero con el agregado de que prometen, también, equilibrio de las cuentas públicas.

¿Cómo se conjuga un tipo de cambio competitivo con la acumulación de reservas y el desendeudamiento sin cepo, pero con control de ingreso de capitales? ¿Se oculta la idea de ‘default’ bajo la frase “negociaremos con firmeza con el Fondo Monetario Internacional”? ¿Se puede incentivar la inversión, producción y el empleo si se rompen todos los contratos para desdolarizar las tarifas públicas? Hasta proponen hacer un INdEC “serio”.

Hasta acá, Alberto F. actuó más como un “armador” de la alianza panperonista agrupada en el Frente de Todos y/o como vocero de la propia campaña que como candidato presidencial. Las promesas de gestión son contradictorias, no sólo con el pasado kirchnerista, sino con lo que se puede o no hacer una vez que se llega al poder. Es cierto que, tal como dice un viejo apotegma político, “las promesas de campaña se hacen para no cumplirlas”; pero, por lo menos, deberían tener cierta coherencia.

Y CFK sigue teniendo la centralidad; con sus declaraciones, tuits o posteos en Facebook ella no sólo se encargó de defender la identidad kirchnerista, pese a su alianza con el peronismo; sino que se animó a enfrentar a María Eugenia Vidal. Así, la “nave insignia” del voto panperonista busca polarizar con la “nave insignia” del voto macrista, haciéndole flaco favor a Axel Kicillof, que quedó relegado a un segundo plano, un lugar que le fue propio desde que se oficializó su candidatura por su escaso nivel de conocimiento a nivel bonaerense y por carecer del apoyo real de los “Barones del Conurbano”.

Las encuestas muestren una diferencia a favor del kirchnerismo a nivel nacional y en la Provincia de Buenos Aires, pero la campaña kirchnerista ha estado fragmentada desde el inicio. 

No sólo es consecuencia de la ausencia de homogeneidad entre los discursos, formas y estilos peronistas y kirchneristas, sino también, ante la presencia de una fórmula electoral bicéfala, con un candidato formal y una figura con liderazgo natural, algo que era de esperar que generara mucho ruido, pero que una vez puesto en funcionamiento, no hace más que amplificar la diferencia entre ambos.

La moderación que buscó Alberto Fernández se contraponía con la actitud crispante de CFK. La idea fue correrse al centro de la demanda electoral. Pero sobre el final de este tramo de la campaña, el candidato presidencial ha buscado meter la economía en el debate público con propuestas crispantes, mientras que la ex Mandataria se mantiene en su rol “herbívoro” durante sus actos disfrazados de presentaciones del libro “Sinceramente”. Incluso, se saca la esperada foto con Sergio Massa, para evitar que Axel Kicillof quede muy atrás de la fórmula presidencial del Frente de Todos el domingo 11/08.

CFK necesitaba de Alberto Fernández para tentar al voto moderado. Ahora, CFK eapuntala la candidatura de Axel Kicillof. ¿Quién saldrá a sostener la candidatura de Alberto Fernández? Deberían ser los Gobernadores y los “Barones del Conurbano”, pero habrá que esperar hasta el cierre de campaña en Rosario (Santa Fe) para ver al ex Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner con los Gobernadores a su lado, más allá de una o varias fotos en oficinas y hoteles.

Por su parte, la campaña de “Juntos por el Cambio” está bien dividida.

Mauricio Macri concurre a lugares específicos, en busca de fortalecer el voto propio y seducir a quienes pudieran estar con Roberto Lavagna, José Luis Espert o Juan José Gómez Centurión. Por eso estos candidatos sufren una erosión de su intención de voto semana a semana, mientras que crece la del Presidente de la Nación. Sin embargo, eso tiene un límite.

María Eugenia Vidal, por el contrario, salió a buscar el votante bonaerense que la acompañó en 2015 y 2017, pero que ahora no la quiere votar. La polarización bonaerense es aún más extrema que la nacional, dado que no hay terceras opciones con más de 5% de intención de voto.

Tal como es de esperar, Axel Kicillof encabeza las encuestas, sin embargo, todos los consultores coinciden en un argumento que venimos sosteniendo en este espacio desde hace semanas: Nadie sabe cómo votará el Conurbano profundo, ese que le dio la espalda a Aníbal Fernández en 2015, pero no tanto a CFK en 2017. Es un voto peronista duro, pero no necesariamente kirchnerista. Y ya pasó  la época que se lo compraba con unas chapas, un colchón o una bolsa de comida.

Salvo Córdoba, Mauricio Macri concentra su esfuerzo en el Gran Buenos Aires, con o sin María Eugenia Vidal. 

En esos dos lugares se definirá la elección. Pero también inundaron las RRSS con una ultramicro segmentación como pocas veces se ha visto en el mundo. No es casual que luego de visitar el bunker del PRO en San Telmo apenas fue elegido candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto dijera que “es la NASA”.

Sin embargo, por ahora, eso no alcanza para alcanzar las reelecciones.

Más allá de que se busca el triunfo de María Eugenia Vidal, el objetivo central del macrismo es llegar al balotaje, dado que en las Generales, se duda que se pueda superar al kirchnerismo.

Pero esa son especulaciones de “tablero”. El sábado 03/08 más allá de la presencia de Mauricio Macri en la Exposición Rural con una tribuna militante, pero muchos “gauchos” que no aplaudieron las palabras del Presidente de la Nación, el macrismo bonaerense volvió a salir a las calles.

No con los timbrazos, sino a enfrentar a la gente, repartiendo boletas o haciendo recorridas. No hubo informe de incidentes, pero tampoco fue un recibimiento caluroso o afectuoso. Sí demostró que en el camino a Octubre, se volverá a la calle a militar.

Los medios publicaron que esta parte de la campaña fue titulada por el equipo que conduce Marcos Peña como “Puteame, pero votame”.

Bueno, justamente es lo que ocurrió el sábado 03/08. Quizás, el kirchnerismo, que hace de los escraches acciones de micromilitancia, no estuvo atento a estas salidas, pero es de esperar que camino a las elecciones generales, estas volanteadas o caminatas no volverán a pasar inadvertidas.

Hoy, ni las palabras de Alberto Fernández, ni las de CFK, ni las de Axel Kicillof, ni las de Roberto Lavagna atraviesan el “cuero” de la campaña macrista. El principal punto débil de “Juntos por el Cambio” es la economía.

Los datos macroeconómicos no pueden ocultar lo que ocurre en la calle y, en la calle, pocas veces se ve lo que dicen las estadísticas. Y si se ve en la calles, quizás no se vean en los bolsillos de las familias. Por eso Alberto Fernández trató de impactar sobre el precio del dólar, o sobre las Leliq o sobre el Fondo Monetario Internacional.

¿Fueron las palabras del candidato presidencial del Frente de Todos las responsables del aumento del riesgo-país y el precio de dólar, pese a que el Banco Central volvió a colocar la tasa de las Leliq en 60% anual y se movió fuerte en el mercado a futuros de la divisa estadounidense?

En realidad, se sumaron a otros dos detonantes del cambio en los precios: las encuestas que dan ganador al kirchnerismo y la cercanía de las elecciones.

Tal como ocurre en cada elección, un tiempo antes de producen dos fenómenos paralelos:

  • los que dolarizan sus carteras (venden acciones y bonos y se quedan con billete físico liquido o lo sacan de la Argentina) y
  • los que invierten apostando a un resultado electoral.

En 2015, predominó la apuesta a que finalizaba el kirchnerismo y si venía el sciolismo, el massismo o el macrismo, la economía iba a estar mejor. Seis meses antes, se reactivó la economía y comenzaron a llegar capitales externos.

Ahora comenzó un proceso inverso. Declaraciones confusas y temerarias de Alberto Fernández, encuestas negativas para el macrismo y la cercanía de las PASO adelantó el abandono del peso para correrse al dólar. Fueron tres fenómenos juntos, no uno en particular.

Guste o no, Alberto Fernández ya dio todo lo que podía dar. Lo mismo Miguel Ángel Pichetto. De ellos no se puede pedir nada más, no pueden sumar más votos.

Artículo escrito antes de las PASO del pasado 11/8 y que se publica exprofeso luego de estas por pedido de quien recibió el articulo el Arq. José M. García Rozado.

 

Por Claudio Chiaruttini

Buenos Aires, 5 de Agosto de 2019

 

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