POLARIZACIÓN PARA NADA

Del voto Voto vergüenza a los candidatos vergonzantes

La situación es tan llamativa como preocupante: el domingo 11/08 ocurrirán comicios altamente polarizados pero carentes de propuestas… y para no elegir nada. Solo se confirmarán posicionamientos de cara a octubre. Los autores de la siguiente columna agregan algo más: en alta polarización, no existe el ‘voto vergüenza’, sólo el candidato vergozante.

Uno de los mitos más mencionados en la historia electoral Argentina, es el que dice que en 1995 Carlos Menem obtuvo su reelección gracias a un componente de “voto vergüenza”. Quienes sostienen esta postura, afirman que  ese segmento electoral estaría compuesto por votantes que preferían no decir que iban a votar por el riojano, en público o en encuestas, pero que lo terminaron eligiendo en la intimidad del cuarto oscuro.

Este análisis surge cada tanto en las discusiones y debates, y en las últimas semanas volvió a la escena pública para justificar la existencia de un fenómeno que por sus características sería muy complejo medir y detectar: la existencia de un voto vergüenza para Mauricio Macri.

En comunicación política, y especialmente en la estadística aplicada a la opinión pública, nos ocupamos de fenómenos que pueden ser cuantificados, medidos de alguna forma.

Según la hipótesis del ‘voto vergüenza‘, conocida en otros países como ‘teoría del voto oculto’, habría en las encuestas un enorme segmento de votantes de Juntos por el Cambio que se refugian en el “no sabe/no contesta” o, peor aún, en otros candidatos para ocultar su verdadera elección.

La famosa ‘teoría de la espiral del silencio’, aporta algunos argumentos para analizar esta posibilidad y, de hecho, existen numerosos casos de estudio que prueban que son posibles los escenarios en los que efectivamente las personas prefieren evitar decir públicamente (o incluso en la intimidad de una encuesta) a quién van a votar. En algunas comunidades herméticas en las que el Estado tiene una presencia determinante en la actividad económica, está comprobado que algunas personas pueden preferir no contestar la verdad por miedo a enojar a jefes políticos con mucho poder local.

Pero lo cierto es que la ‘teoría del voto oculto’ no tiene demasiados adeptos en la academia.

Los fallos en los estudios de opinión se explican casi siempre por errores metodológicos o en el procesamiento de datos, los casos en los que puedan explicarse a partir de la intención de los encuestados de mentir son demasiados escasos como para concluir que existen tendencias al respecto.

No han podido detectarse en el escenario electoral actual de Argentina, elementos ciertos que puedan sugerir que existe un voto oculto a favor de la alianza oficialista.

La inmensa polarización que se apoderó del debate público haría bastante inexplicable que ese segmento existiese. Tal como bien dice María Esperanza Casullo, asistimos a las elecciones más ideologizadas desde la vuelta de la democracia, y en ese contexto, la verdad es que no existen demasiados incentivos para ocultar la intención de voto, por el contrario, las dinámicas de los debates generan impulsos para hacer visible a quien se va a votar y participar del debate, especialmente en las redes sociales.

Quizás no exista el ‘voto vergüenza’, lo que sí existe son candidatos vergonzantes.

Llama la atención que en casi todos los espacios que se encuentran disputando la elección, existen candidatos que prefieren no mostrarse públicamente, por cuestiones estratégicas o personales.

Es así que el candidato a vicepresidente en Consenso 2030, Juan Manuel Urtubey, ha tenido muy pocas apariciones públicas, y en las últimas semanas ha sido el candidato a Presidente, quien ha recorrido en soledad las diferentes provincias. Algo parecido sucede en el Frente de Todos, donde la candidata a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner,  se ha concentrado sólo en las provincias en las que es fuerte, y prácticamente no ha salido de Buenos Aires.

Pero el caso más paradigmático y llamativo, sin dudas, está en Juntos por el Cambio, donde el candidato presidencial parece ser casi prescindible. En la mayor parte de los spots, afiches, otros materiales de campaña e incluso en los actos y eventos, la figura presidencial ha estado ausente, o relegada casi a un papel secundario.

Esta situación es tan particular, que incluso ha dado lugar a eventos que parecen sacados de alguna comedia con tintes políticos, como el auténtico origami que Juntos por el Cambio hace con sus votos en provincia de Buenos Aires para ocultar el tramo más importante de la boleta.

En el interior del país, los tramos más intensos de la campaña fueron monopolizados por Miguel A. Pichetto y, en el inmenso territorio bonaerense, por María Eugenia Vidal. Algún despistado podría terminar asumiendo que la fórmula presidencial es integrada por ellos dos.

En este contexto complejo, altamente ideologizado y en medio de una campaña electoral que ha aportado ejes discursivos abundantes de estrategia polarizante, pero carentes de propuestas, vamos a concurrir a las urnas el domingo 11/08, a no elegir nada. Solo se confirmarán posicionamientos de cara a octubre.

 

Por IGNACIO MURUAGA y GUSTAVO CÓRDOBA

Buenos Aires, 9 de Agosto de 2019

 

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