EL RATÓN PÉREZ O LOS REYES MAGOS

Casi todos alguna vez esperamos que pasada la noche, después del leve sufrimiento de la pérdida inexorable de un diente de leche, nos habríamos de despertar con el “regalo” de unos pesos provistos por el inefable Ratón Pérez. Una pequeña alegría

Casi todos, también, hemos puesto nuestros zapatos, un poco de agua, un poco de pasto, a la espera de los Reyes Magos con sus camellos.

No hubo casi nunca decepciones.

Lo de Pérez, casi siempre, fue más que la vez anterior, y los Reyes casi siempre llegaron con lo que pedimos.

Pero el paso de los años dejó a Pérez y a los Magos fuera de carrera. En ambos casos porque crecimos. Y en ambos casos porque los responsables de cumplir, que eran buenas personas razonables, prometían lo posible y cumplían, y no están más.

De aquí hasta fin de año estaremos en suspenso. Una larga noche esperando el amanecer y escuchando, ora las promesas de la llegada de los Reyes Magos, ora las promesas de la venida del Ratón Pérez, sabiendo, porque hemos crecido, que ni lo uno ni lo otro son parte del mundo real.

La política, seca de imaginación, abúlica de transformación, nos remite – en las dos ofertas hoy dominantes – al pasado.

Unos sosteniendo que las condiciones de vida en el pasado fueron mejores. Lo que es obvio cuando una sociedad está instalada en un plano

inclinado de forma negativa. Puede uno decir que para muchas generaciones de los que aquí vivimos muchos de los años pasados fueron mejores.

En contraposición, otros sostienen las virtudes de la continuidad sin sorpresas. Pero la continuidad también es la de un plano inclinado de forma negativa. Ninguno predica ni ofrece la manera de invertir la inclinación del plano. No lo saben. No lo quieren saber.

En estas condiciones todo proceso electoral es la constatación de la desesperanza. Lo que está en oferta es impedir que gane el otro. Los que votarán por la opción Macri, lo hacen para evitar el retorno de los K. Los que votan la opción K, lo hacen para evitar la continuidad de Macri.

¿Puede salir algo positivo de un voto negativo? ¿Hay algo más desesperanzador que una elección gobernada por el voto negativo?

La esperanza es la confianza en que ocurrirá algo que se desea. También es la virtud teologal por la cual se confía que Dios dé los bienes que ha prometido. La desesperanza es lo contrario: no ocurrirá lo que deseamos, no recibiremos lo prometido. Ahí estamos.

El bien colectivo de la esperanza se nos ha puesto esquivo. Ese malestar profundo, que acompaña la descomunal decadencia económica y social de estos años, necesita de una reparación urgente.

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