MURIÓ EL COMODORO (R ) MIGUEL VICENTE GUERRERO, PADRE DEL PROYECTO «CONDOR II»

El oficial de la Fuerza Aérea comandó el proyecto misilístico desactivado por Menem en 1990 por exigencia de EEUU y Gran Bretaña.

Miguel Vicente Guerrero

Miguel Vicente Guerrero (n. San Juan, Argentina, 1943).

Es un ingeniero electronico y aeronautico argentino, Master of Science M.I.T. 197, autor de numerosas publicaciones sobre ciencia y tecnologia, fue presidente de la C. N. I. E. (Comision Nacional de Investigaciones Espaciales).

Precursor del programa satelital argentino detelecomunicaciones. Diseñador y      ejecutor del programa de desarrollo tecnologico denominado Misil Condor, que originariamente tuviera como fin colocar satelites en orbita, mediante la utilizacion de vectores.

Miembro de lacomision permanente de expertos gubernamentales en desarme de las Naciones Unidas. Miembro de la academiainternacional de astronautica.

Ha recibido numerosos reconocimientos y premios nacionales e internacionales.

Decano de la facultad de ciencia y tecnologia de la Universidad del Salvador. Director del C. A. T.(Centro de aplicaciones tecnologicas).

Veterano del conflicto armado de las Islas Malvinas, revistiendo en ese momento elgrado de Mayor de la Fuerza Aerea Argentina.-

Dos avisos fúnebres aparecidos en La Nación esta semana dieron la noticia: había muerto el comodoro Miguel Guerrero. Uno de la Asociación de Pilotos de Caza de la Fuerza Aérea y otro del Rector de la Universidad del Salvador, recordándolo como ex-decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología.

Nacido en San Juan, antes y después de la derrota en la guerra de  Malvinas, Guerrero fue el cerebro del proyecto misilístico conocido como Cóndor II, que estaba bajo el mando de -el también hace unos meses fallecido- brigadier Roberto Petrich, ingeniero aeronáutico, a cargo de muchos de los proyectos de vanguardia de aquellos años de la Aeronáutica local.

Finalizada la Guerra de Malvinas, donde la fuerza tuvo su bautismo de fuego y se desempeñó con gran profesionalidad, además de destacado coraje, perdiendo muchos pilotos en misiones de combate frente a un enemigo poseedor de la mayor tecnología y capacidad armamentista de última generación, frente a los ya antiguos Skyhawk, Dagger, o Mirage. Pese a la abismal diferencia, el ingenio y el arrojo de los pilotos argentinos le produjo relevantes daños a la flota inglesa, alcanzando el reconocimiento mundial e, inclusive, de los propios británicos.

Como consecuencia de esto, a fines del gobierno de facto se tomó la decisión política de acelerar la producción de un arma que tuviera alcance suficiente para convertirse en una amenaza y achicar así la enorme brecha militar entre un país de la OTAN y la Argentina, obligando a Gran Bretaña a sentarse a negociar por el costo militar que le implicaría poseer en las Islas defensas antimisiles de largo alcance.

Bajo la dirección y responsabilidad del brigadier Ernesto Crespo se avanzó en el proyecto misilístico argentino, iniciado en 1979, con un centenar de oficiales, técnicos y científicos en el bunker construido en Falda del Carmen, en la serranía cordobesa.

Fue el secreto mejor guardado bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, donde se logró su desarrollo, hasta su desmantelamiento apenas comenzó la administración de Carlos Menem, donde tanto el canciller, Guido Di Tella, como el ministro de Economía, Domingo Cavallo, fueron los artífices de la cancelación del programa a instancias de Estados Unidos.

Vale rescatar al entonces ministro de Defensa, Erman González, que hizo todo lo posible por retrasar o paralizar esa “liquidación” de aquel producto de la inteligencia y la capacidad tecnológica nacional.

Quien quiera profundizar en el tema debería leer el magnífico libro sobre el nacimiento y muerte del proyecto tecnológico más relevante de estas últimas décadas, de los periodistas Eduardo Barcelona y Julio Villalonga: “Relaciones Carnales. La verdadera historia de la construcción y destrucción del Misil Cóndor II” (Planeta, 1992).

Recordar a Guerrero, a quien tuve el honor de conocer, es resaltar a este afable sanjuanino que en 1964, siendo alférez, viajó becado a Estados Unidos y regresó luego para graduarse en 1974 en tecnología misilística en la Instituto Tecnológico de Massachusetts, el reconocido MIT, obteniendo el segundo lugar de mérito en su promoción sólo por debajo de un militar chino.

Como bien queda manifestado en el libro “Alfonsín, mitos y verdades del padre de la democracia” (Aguilar 2013), de Oscar Muiño, el proyecto del “vector”, a principios de 1989, estaba en su etapa final, lo que produjo preocupación en los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Washington presionaba no para desarticular el proyecto sino para controlarlo. En 1990, durante la presidencia de Menem, la exigencia de ese control se agudizó a través del embajador Terence Todman.

La decisión política del gobierno argentino fue el desmantelamiento total del Proyecto Cóndor (como reclamaba Londres), sin negociar a nivel estratégico nada a cambio. “Los norteamericanos nos pedían un pan y les entregamos la panera” gratis, repetían Petrich y Guerrero.

Argentina sufrió a partir de 1982 el embargo internacional de armamento, haciendo que hoy tengamos las Fuerzas Armadas más escuálidas de la región.

Pero aún más indigno fue lo sucedido con el comodoro Guerrero, quien luego de prestar todo su conocimiento y saber para desarrollar el misil, cumpliendo órdenes del Estado argentino, fue pasado a retiro en una decisión similar a un castigo (como también fueron desarticulados los equipos de técnicos y científicos). La Argentina es el único país que sanciona y desperdicia a un oficial de alta capacidad por haber logrado el éxito en su misión.

Valga la paradoja, al poco tiempo de su retiro, el propio embajador Todman le ofreció un relevante puesto académico en una universidad norteamericana para poder aportar sus conocimientos. Guerrero rechazó la oferta y se incorporó a la Universidad del Salvador donde volcó su saber como docente y luego como Decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología.

En un país, por naturaleza ingrato, quisimos que el nombre y la labor del comodoro Guerrero no pasara inadvertido, cuando por el contrario debería haber sido resaltado desde lo más alto del poder político por su capacida d puesta al servicio de su país. Una nación que olvida a sus mejores hombres está destinada a un fracaso inevitable.

DOSSIER / ARTÍCULO

Blinder, Daniel (2015). “El origen del misil Cóndor II (1976-1983). Dictadura, guerra, y disuasión”, Saber y Tiempo, 1 (1), pp. 60-82.

RESUMEN

El presente trabajo tiene como objetivo estudiar los orígenes del misil Cóndor II, a partir de la reconstrucción de los hechos que hacen aque­llos que participaron en esta trama, que se remonta a la última dictadu­ra militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. El misil constituyó un proyecto de la Fuerza Aérea Argentina, que tuvo un destacado desempeño militar, y que, tras la derrota de los argentinos en la guerra de Malvinas en 1982, sufrió importantes bajas humanas y pérdidas de la flota aérea. A partir de dicha situación, el proyecto, sur­gido de capacidades tecnológicas propias y extranjeras, tomó forma con los objetivos concretos de desarrollar un arma con capacidad de disua­sión y de desarrollar tecnología espacial.

Palabras clave: Cóndor II, Fuerza Aérea Argentina, tecnología espacial.

ABSTRACT

The present paper has the purpose of studying the Condor II missile origins, regarding the reconstruction of the facts that were made by the main actors of the events, which was planned in the last military re­gime, self-named National Reorganization Process. The missile was an Argentinian Air Force project, a military branch that made outstanding military goals during the Malvinas War, and also, had a lot of human casualties and a great part of the aircrafts were destroyed or seriously damaged. Having this situation, the Condor Project, was one which have emerged from indigenous and foreign capabilities, with the main objectives of developing a dissuasive weapon and space technology.

Key words: Cóndor II, Air Force of Argentina, space technology.

Fecha de recepción: octubre de 2013

Fecha de aprobación: abril de 201461

  • El origen del misil Cóndor II (1976-1983)

Dictadura, guerra, y disuasió

por Daniel Blinder 1

Introducción

Este trabajo estudia los orígenes del misil Cóndor II a partir de las versio­nes y explicaciones que dan los protagonistas de lo sucedido; explicaciones que se remontan a la última dictadura militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. El misil fue un proyecto de la Fuerza Aérea Argentina que tuvo un destacado desempeño militar durante los com­bates contra el Reino Unido de Gran Bretaña en 1982, en la guerra de Malvinas, y que sufrió importantes bajas humanas y pérdidas de la flota aérea. A partir de dicha situación, el proyecto, surgido de capacidades tecnológicas propias y extranjeras, se orientó a desarrollar tanto un arma con capacidad de disuasión como competencias de tecnología espacial.

Las páginas de este artículo constituyen un adelanto de la investiga­ción doctoral del autor, que se inscribe en la comprensión de la influen­cia política de la tecnología espacial, en el escenario de las Relaciones Internacionales. Si bien dicha investigación no se centra en la última dictadura, tiene en ella un punto de inicio como consecuencia de la gue­rra de Malvinas, y del desarrollo de la tecnología misilística que se de­nominaría Proyecto Cóndor, cuya influencia alcanzó, ya en tiempos de democracia, a los gobiernos de Raúl Alfonsín (1983-1989) y de Carlos Menem (1989-1999).

En este artículo, analizamos los inicios del misil Cóndor II. Para la reconstrucción específica de la trama político-institucional, nos hemos basado en el análisis de los relatos de un conjunto de entrevistados, que estuvieron directamente relacionados con el proyecto de desarrollo del Cóndor II –políticos, diplomáticos, militares y técnicos–, y cuyas narra­ciones ocupan un lugar relevante dada la escasez de fuentes primarias disponibles al respecto.

1 Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini / CONICET.

Política tecnológica

Mi primer acercamiento a una entrevista abierta con alguien de la Fuerza Aérea vinculado con el misil Cóndor fue con un vicecomodoro el jueves 13 de mayo de 2010. Oficial retirado de la Fuerza Aérea, fuente que llamaremos Fuerza Aérea-A, es una persona muy cordial y serena de 65 años, canoso, peinado con una leve raya al costado, que viste un saco sobrio color gris, con un pin cuadrado de la bandera argentina, camisa blanca a rayas y corbata oscura con motivos también rayados. Al entrar en sus oficinas, en un edificio de pleno microcentro en la calle Perón, en la ciudad de Buenos Aires, me reciben algunas personas muy cordialmente y me invitan a pasar. Recuerdo haber visto varios motivos nacionalistas y religiosos que adornaban el lugar. Me recibe el viceco­modoro y me hace pasar a una habitación con mesa y sillas, donde nos sentamos. Le pido permiso para encender el grabador, a lo que accede sin problemas.

Me cuenta que están armando un nuevo partido político llamado nacionalista, que es también parte de la confluencia de otras organiza­ciones similares, que agrupa a militantes nacionalistas, cuyo programa partidario hace mención a la familia como núcleo de la sociedad, el re­forzamiento de la cultura nacional y las tradiciones, la defensa de los valores tradicionales de la Patria, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, así como también a las Tres Banderas del peronismo clásico –soberanía política, independencia económica, justicia social–, además de la militancia por la integración geopolítica del territorio continental argentino con los territorios del Atlántico Sur perdidos ante la corona británica, principalmente las Malvinas.

No vi en el entrevistado, citado como Fuente Fuerza Aérea-A, a aquel orador político que en la década de los noventa pronunciaba sus dis­cursos vestido con su uniforme militar, con un fondo tomado con una bandera argentina y en la mesa una estatuilla de una virgen, con un ca­rácter mucho más fuerte y la voz más alta, agitando las manos mientras enunciaba su proclama militante y la relacionaba con el concepto mili­tar, criticando la partidocracia como contubernio y criticando el modelo menemista en el cual cierran los hospitales por falta de médicos, en el cual la educación es un desastre, las fábricas cierran mientras la econo­mía se abre a la importación, y el subempleo y el desempleo alcanzan niveles antes nunca vistos, mientras se entregan las telecomunicaciones, Aerolíneas Argentinas, el Chocón, Gas del Estado, y todo el patrimonio nacional. En aquellos días, decía el entrevistado que lo único que faltaba era que entrásemos “al son de marchas extranjeras” como en otras épocas ha pasado en esta “nación bendecida por Dios”.

Empecé la entrevista comentándole que varias personas me habían recomendado hablar con él por el tema del misil Cóndor y que tenía algunas nociones sobre su trayectoria; entre ellas, su participación como piloto en la gesta de Malvinas, por la cual fue condecorado, y por su participación en la sublevación militar de 1987, haciendo referencia al “levantamiento Carapintada”, del cual había formado parte como líder. Me interrumpe y corrige: “En 1988, 18 de enero”.

Mi primera pregunta fue acerca de cuál había sido su relación con el misil Cóndor o qué conocía de él, pero el entrevistado comenzó su relato contándome que él pensaba que el desarrollo misilístico argentino había comenzado entre el período de 1945-1955, coincidiendo con el impulso a la Fábrica Militar de Aviones y la Escuela de Ingeniería Aeronáutica. A la par se desarrolló la cohetería, continúa, y “por ejemplo, muy pocos saben que por la Argentina pasó Werner Von Braun” (Fuente Fuerza Aérea-A) y también otros científicos de diversos países europeos, que iban a desarrollar la cohetería y la aviación en la Argentina. Pero, a partir de 1955, “toda esta obra de desarrollo tecnológico fue suspendida, que sistemáticamente se comenzó a destruir, en la cual la Argentina estaba en la avanzada, a la par de los Estados Unidos y Rusia” (Fuente Fuerza Aérea-A). Luego relata los avances en esta materia en nuestro país, co­mentando paralelamente lo que sucedía con la Carrera Espacial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Todo este relato deriva en el desarrollo del Cóndor I.

El Cóndor I se utilizó mucho en el área de meteorología y está em­parentado con los DIM (Dardo de Investigación Meteorológica que se utilizaban para bombardear las nubes y evitar el granizo) y con otros cohetes de uso militar como el Alacrán. Pero después de Malvinas se dio la directiva de potenciar el Cóndor I (de una sola etapa) y se comenzó a desarrollar el Cóndor II en la fábrica en Falda del Carmen, con com­bustible sólido, pero muy estable, con niveles de precisión muy impor­tantes, y un alcance teórico mediano de más de 1000 kilómetros, y que pudiera alcanzar las Malvinas desde el punto continental más cercano, Río Gallegos, que son 646 kilómetros en línea recta. El entrevistado me relata que ‘la fábrica’ estaba diseñada de manera tal “que era única en el mundo, hecha sobre la base de compartimentos, en la cual llegado un percance en uno de ellos, afectaba nada más que a esa parte” (Fuente Fuerza Aérea-A).

Una de las premisas, a priori, al entrevistar a este y otros expertos en el tema Cóndor es que pocas personas –incluso de la Fuerza Aérea– co­nocieron Falda del Carmen, por su carácter secreto. Mientras le hacía la entrevista a la Fuente Fuerza Aérea-A, lo creí un conocedor periférico del tema durante y después de la entrevista, mientras volcaba sus con­ceptos a mi grabador. Pero luego de escuchar lo relatado en el párrafo anterior comencé a pensar diferente, ya que me describió notoriamente una planta que, hasta hoy, no solo no es de acceso libre, sino que aún con permiso de visita hay lugares a los que no se puede acceder y los relatos sobre la estructura de las instalaciones suelen ser equívocos. Pero la Fuente Fuerza Aérea-A la llamó “del siglo XXII no del XXI por su adelanto tecnológico”. Y agregó:

Se había logrado también el control inercial y de guiado, ya que el misil sólo sale ‘loco’ como se dice, y gracias a dichos controles se lo puede controlar. Por eso, el sistema de guiado tiene que tomar esos ‘valores’ de la salida del vector, como el impulso y demás factores, y ordenarlos a través de un ordenador electrónico y transmitir las órdenes a la cabeza del misil (Fuente Fuerza Aérea-A).

Le pregunté cómo era la investigación del Cóndor II, y allí se explayó sobre su carácter secreto.

Se hacía con un exiguo presupuesto que tenía la Fuerza, y las vicisitudes inter­nacionales, ya que aquellos que detentan las tecnologías espaciales no quieren competidores. Los llaman elementos sensibles, lo mismo que el armamento nu­clear, prohíben que los tengan, pero los mayores productores y utilizadores de ese armamento, no tienen ellos contención [restricción legal] alguna en cuanto a la utilización de aquellas armas (Fuente Fuerza Aérea-A).

Yo le pregunté si él había trabajado directamente sobre el Cóndor, y él me dijo que directamente no, pero que al haber trabajado en el DIM, y al haberse interesado –no todos en la Fuerza Aérea lo sabían–, y al haber conocido a los protagonistas, tomó contacto con el Cóndor II.

Desarrollo estratégico secreto

La Fuente Fuerza Aérea-E es un ingeniero que trabajó en el proyecto Cóndor, que en la actualidad se desempeña en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Este me dio una entrevista que tuvo lugar en Falda del Carmen, dentro del predio de la CONAE, a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba. El lugar es inmenso, se encuentra en un paisaje serrano, y la estructura general de las instalaciones datan de la época del proyecto Cóndor: construcciones embutidas en la tierra, alguna torre de vigilancia corroída por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento de la época en la cual Falda del Carmen era secreta. Aunque también se sumaron unas pocas construcciones nuevas, antenas, talleres recubiertos con jaulas de Faraday, mucho verde. Me recibe este ingeniero en su oficina, muy amable y muy seguro de sus afirmaciones, habla con una tonada propia del lugar, y viste sencillo, como todos los que trabajan en el predio. Cuando, luego de un rato de charla, se comen­zó a romper el hielo, me explicó con mucha precisión:

Yo comencé a trabajar en Falda del Carmen allá por el año 80, 81. Yo era in­geniero en construcciones de obra. Entonces yo estaba en el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales en Córdoba. Entonces veníamos con un grupo de ingenieros a ver dónde iba a ser la instalación de la planta [de pro­pulsantes], o sea, a ver el terreno (…). Yo hacía inspección de obra para Fuerza Aérea… (Fuente Fuerza Aérea-E).

Con respecto a la decisión política de origen, destacando yo analis­tas y protagonistas de la guerra de Malvinas como motor del proyecto Cóndor, el ingeniero me plantea que no era un tema muy nombrado en la planta. A principios de la década de 1980, ‘los egipcios’ no estaban en Falda del Carmen, asegura, sino que comenzaron a aparecer en el año 1986 o 1987. “En ese momento, era todo a nivel de Fuerza Aérea” (Fuente Fuerza Aérea-E). La construcción de la planta no se ralentizó luego de la guerra, sino que continuó. Todo está hecho de hormigón armado, bajo tierra, con el fin de prevenir riesgos en materia de explosiones.

Me refiere que en el año 81, 82 comienza la construcción de la planta [Falda del Carmen]. La construcción tomó dos años y medio hacerla. La licitación la gana una empresa internacional que se llamaba Bowas (…) y que era una consultora nomás, le con­fiere a Techint la construcción de la planta. El proyecto de la planta se basa en la construcción de 45 edificios, todos de estructura de hormigón armado, con ca­racterísticas muy especiales, por lo que se va a fabricar adentro de cada edificio. La superficie cubierta total de la plata era de 11.000 m2, dividido en 45 edificios. A su vez, la planta estaba dividida en tres sectores: sector A, B y C. Todo esto sigue existiendo, pero se agrandó con la era CONAE, se ampliaron unos cinco mil o seis mil metros cuadrados más para agregar edificios y tecnologías nuevas que hacen a la parte satelital. El sector C es la parte administrativa. El sector B era el sector de ensamble de material, banco de prueba y control de calidad. Y el sector A era la parte de fabricación del propulsante. ¿Qué es lo que Fuerza Aérea fabricaba? Fabricaba un combustible sólido para ponerlo dentro de un envase, que tenía un diámetro de un metro por cuatro metros de largo, por ende, cuatro toneladas de propulsante, tres mil ochocientas más o menos, que alinea­do con algunos otros elementos, formaban un misil (Fuente Fuerza Aérea-E).

“Don’t talk, don’t ask”

Otro alto oficial de Fuerza Aérea, un Brigadier retirado, que llamaré Fuente Fuerza Aérea-B, se prestó para contarme aquello sucedido du­rante la dictadura. Me recomendó hablar con él un empresario que hoy en día tiene un bajo perfil, a través del cual estuve intentando una en­trevista con Miguel Guerrero, ‘el padre del Cóndor II’, como le llaman muchos militares y la prensa. El resultado fue absolutamente negativo, tanto que el mail que recibí con palabras textuales de Guerrero fueron: “Con respecto a la solicitud del tesista, el principio aplicado en este caso es ‘Don´t talk, don´t ask’. END OF STORY”. Guerrero no habla del tema Cóndor, me dijo el empresario por teléfono, pero, sin embargo, me recomendó hablar con la Fuente Fuerza Aérea-B, dado que era uno de aquellos que más conocen la historia del Cóndor desde sus orígenes.

Llegué a su departamento el lunes 31 de mayo de 2010, en las cer­canías del Jardín Botánico de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires. El lugar no estaba intensamente decorado, había amplios espacios en el living, unos sillones y una mesa ratona en donde la entrevista tuvo lugar. El brigadier, vestido de pantalón de gabardina, camisa, y pullover, de pelo blanco y prolijo, se mostró como una persona muy amable y simpática, y sonreía al hablar.

Pocas referencias tenía yo de él; sabía que había sido condecorado por su actuación como piloto de guerra en Malvinas, que en los años mene­mistas había participado de un partido muy pequeño que reunía mili­tares nacionalistas, con reivindicaciones de la última dictadura militar, y que había sido designado como agregado aeronáutico a la Embajada de los Estados Unidos en la década de 1990.

Las conversaciones con el brigadier se interrumpían cada tanto, y se dedicaba a buscar y discurrir acerca de los porqués de los fracasos argen­tinos, pasando por los valores, la escuela, el respeto de las normas. Él lo relacionaba directamente con sus estudios pretéritos sobre la subversión. En sus palabras, cuando le tocó estudiar la política subversiva que traía el marxismo, asegura que es exactamente “esto que hoy en día se vive con la anomia” (Fuente Fuerza Aérea-B).

 

Le pregunté cuál es su relación con el tema Cóndor, y me respon­dió que como piloto de la Fuerza Aérea, y habiendo ocupado cargos directivos de máximo nivel en la Fuerza, tuvo un contacto directo de tipo político con el misil, como consecuencia de sus posiciones jerár­quicas dentro de aquella institución: jefe de Control y Gestión de la Fuerza Aérea, director de Planeamiento de la Jefatura del Estado Mayor General, secretario general de la Fuerza Aérea, y en Política y Estrategia del Estado Mayor Conjunto. Pero al explicarme la relación entre sus cargos y el nexo con el Cóndor fue claro:

… el Cóndor nunca ha existido. ¿En qué sentido? Como misil. El Cóndor II se inserta –no me acuerdo muy bien la fecha– en 1972, o 1973, dentro de las polí­ticas aeronáuticas para el país. La Fuerza tuvo la visión de construir un inyector satelital. Se hizo y se rehízo varias veces como proyecto el Cóndor: algunas veces como proyecto de inyector satelital, en otra oportunidad figuró como misil de mediano alcance, distintas formas adquirió hasta Malvinas (Fuente Fuerza Aérea-B).

Y agregó:

El misil Cóndor, el mal llamado, había sido desarrollado a nivel de motor. O sea que vinieron los alemanes al país, entregaron todo el know how, construyeron toda la planta de Falda del Carmen, y esto facilitaba construir motores-cohetes, con la tecnología de propulsante sólido, con un motor de 4,50 metros por 85, creo, de diámetro, o agrupar hasta cuatro puntos para construir un motor de cuatro. De modo que era una tecnología muy importante. Pero, por supuesto, si usted sabe de misiles, eso es la primer parte, falta el sistema de guiado y control, etc. (Fuente Fuerza Aérea-B).

En ese momento se detiene, respira y me dice: “Yo no sé si hago bien en decirle a usted, porque esto es medio reservado. La Fuerza Aérea después de Malvinas, de la cual yo fui jefe de un escuadrón de Mirage…” (Fuente Fuerza Aérea-B). “Por lo cual usted fue condecorado”, agrego yo. Y el asiente con un “si” desganado.

cargos y el nexo con el Cóndor fue claro:

… el Cóndor nunca ha existido. ¿En qué sentido? Como misil. El Cóndor II se inserta –no me acuerdo muy bien la fecha– en 1972, o 1973, dentro de las polí­ticas aeronáuticas para el país. La Fuerza tuvo la visión de construir un inyector satelital. Se hizo y se rehízo varias veces como proyecto el Cóndor: algunas veces como proyecto de inyector satelital, en otra oportunidad figuró como misil de mediano alcance, distintas formas adquirió hasta Malvinas (Fuente Fuerza Aérea-B).

Y agregó:

El misil Cóndor, el mal llamado, había sido desarrollado a nivel de motor. O sea que vinieron los alemanes al país, entregaron todo el know how, construyeron toda la planta de Falda del Carmen, y esto facilitaba construir motores-cohetes, con la tecnología de propulsante sólido, con un motor de 4,50 metros por 85, creo, de diámetro, o agrupar hasta cuatro puntos para construir un motor de cuatro. De modo que era una tecnología muy importante. Pero, por supuesto, si usted sabe de misiles, eso es la primer parte, falta el sistema de guiado y control, etc. (Fuente Fuerza Aérea-B).

En ese momento se detiene, respira y me dice: “Yo no sé si hago bien en decirle a usted, porque esto es medio reservado. La Fuerza Aérea después de Malvinas, de la cual yo fui jefe de un escuadrón de Mirage…” (Fuente Fuerza Aérea-B). “Por lo cual usted fue condecorado”, agrego yo. Y el asiente con un “si” desganado y continúa con su relato:

Decidimos después de Malvinas todos los que tuvimos allí presencia, causarle un daño a los ingleses, de tal forma de hacerle muy costosa la defensa de las islas, porque la guerra es una cuestión económica como cualquier otra. Y si yo lograba generar una amenaza para que los tipos tuvieran que defenderse con equis cosas que los tipos iban a tener que colocar, disparar y mantener, eso les iba a resultar muy costoso. ¡Y resultó! ¿Por qué? Porque ahí salió la historia del misil Cóndor. Nosotros dijimos que la Fuerza Aérea desarrollaba un misil de mediano alcance, que era cierto entre comillas, porque haciendo ese artefacto puede hacer un misil o un inyector satelital, puede usarlo para sacar fotografías, etc., y que podía alcanzar las Malvinas con 450 kilos de carga explosiva, y con eso no podíamos mentir. Entonces, la única forma de hacerlo amenazador diji­mos que iba a ser una carga nuclear (Fuente Fuerza Aérea-B).

El brigadier participó en el Grupo Fuerza Aérea 2000 y me contó cómo fue la conformación de ese grupo:

No es que nos juntamos, sino que en la Fuerza Aérea, usted va ascendiendo a cargos que quizás no están previstos. Hasta el grado de mayor, el aviador ocupa básicamente cargos de vuelo, jefe de Escuadrón, jefe de Escuadrilla, Piloto, etc. Ya de mayor para arriba, o sea una vez que pasó de jefe de Escuadrón, va al

Estado Mayor. A todo esto, ya hizo la Escuela de Guerra, o sea ya está capaci­tado. Entonces ya empieza a ocupar los cargos del Estado Mayor, que son los cargos de planificación. Y ahí estábamos nosotros. Este grupo de gente, está­bamos todos destinados ahí. Y yo ahí estuve mucho tiempo, de vicecomodoro a comodoro. Éramos todos oficiales del Estado Mayor. Y esto implicaba cosas como el Cóndor, pero mucho más complejas que la Fuerza Aérea, cosas como la organización y reconstrucción de la Fuerza. Entonces, nace como proyecto político de algunos oficiales de la Fuerza Aérea, algunos ex combatientes de Malvinas, conocedores de la necesidad de reponer aviones, pertrechos y pilotos. Crespo, el brigadier, dio impulso a Fuerza Aérea 2000 (Fuente Fuerza Aérea-B).

¿Tecnología para la paz?

Indagando en los orígenes del Cóndor, cómo éste fue pensado, planifi­cado y construido, consulté al brigadier respecto de su primera versión. Me explica que el proyecto Cóndor siempre tuvo su origen como inyec­tor satelital:

Tuvo varios nombres, no los recuerdo. Y muy posiblemente en los años 1970 se lo empezó a llamar Cóndor. ¡Pero no era un misil! Era un inyector satelital. ¿Cuál es la diferencia? La única diferencia es lo que usted le pone en la cabeza. ¿Y por qué inyector satelital? Porque si usted quiere tener un misil, y si quiere tener uno de alta precisión –bueno, usted no es técnico– el misil puede tener carga nuclear o convencional. Si tiene carga convencional un misil del tipo Cóndor, de 4,40 por 80 metros, y que sale cuatro millones y medio de dólares cada uno, precio de aquella época, y que tiene un alcance de más de mil kilómetros, ¿cómo era el vuelo? Salían de forma impulsada, y con el control del sistema de comando y control, lo ponían en un punto ya precalculado. ¿Quiero tirarlo en Malvinas? Tengo que ponerlo en las coordenadas 28 42 32 32. Y ahí va el misil [hace silbido gesticulando con la mano una trayectoria parabólica descendente]. Ahí se acabó el guiado. Cayó tipo bomba. Porque si no, tenés que hacer un guiado completo, cosa que es muchísimo más caro, que es lo que tienen ahora los misiles guiados Thomahawke por ejemplo. Entonces, para que esa carga te dé un resultado importante, tiene que ser nuclear sí o sí. Para que tengas una idea, un bombardero lleva 3500 kilos de explosivos, el Cóndor llevaba 450 kilos. Era malgastar 4 millones de dólares para hacer un hueco de ocho por dos, una boludez (Fuente Fuerza Aérea-B).

En ese momento, le pregunté si tenían algo que ver los planes argen­tinos de tener una bomba nuclear, a lo que me respondió que todo eso se hizo pensando en ello, pero que tampoco se sabía qué hacían nues­tros técnicos. Los datos acerca del origen exacto del proyecto Cóndor durante la dictadura militar me los proporcionó la entrevista con otro brigadier retirado, Fuente Fuerza Aérea-D en adelante, también oficial de la Fuerza Aérea. De ochenta años de edad, muy sereno, y amable, el brigadier es alto, rubio, ya canoso, y de pelo no abundante, pero peinado para atrás. Vestía camisa y pulóver. La entrevista tuvo lugar en un bar del barrio de la Avenida Las Heras, el miércoles 22 de junio de 2011, después de que lo pasara a buscar por la puerta de su casa. Cuando ba­jó, me pidió disculpas por no hacerme pasar al departamento a raíz de las cenizas volcánicas que provenían de la cordillera patagónica y que habían ensuciado bastante los muebles. Me sorprendió la lucidez y la memoria al recordar cada uno de los eventos sobre los que le pregunté, los detalles de fechas, lugares y nombres. Cuando habla, se le nota una frustración, no por los fracasos argentinos en sí mismos, sino por lo que considera la causa de aquellos fracasos, esto es, la falta de planificación.

 

Comienza hablándome de la influencia que tuvo la visita de Von Braun a la Argentina: “Von Braun a mí me abrió los ojos. En 1963, yo estaba en la Escuela de Aviación, era oficial de mantenimiento de aviones, y viene Von Braun a la Argentina, y da un discurso en Córdoba, en el IIAE (Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales). Da dos conferencias, una en el IIAE y la otra en la Universidad Nacional de Córdoba” (Fuente Fuerza Aérea-D). “¿Por qué le abrió los ojos?”, pre­gunté yo. “Von Braun da su descripción del programa Apolo, que debía ser lanzado en el año 1969. ¡Y estábamos en el año 1963! ¿Cómo viene este tipo con semejante grado de detalle a hablarme algo que va a pasar en el 69? Eso fue lo que me quedó dando vueltas en la cabeza” (Fuente Fuerza Aérea-D). La conferencia la dio en idioma inglés, según recuer­da. “En 1969, yo voy a los Estados Unidos a hacer una maestría en Engineering Management. En junio de 1969, se lanza el Apolo y ahí me convencí de una cosa, se puede planificar varios años adelante. Y la mal­dita costumbre nuestra de la improvisación. A veces somos asombrosos improvisando” (Fuente Fuerza Aérea-D).

Me cuenta entonces cómo era el desarrollo de la cohetería, y que lo hacían a requerimiento de la CNIE (Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales). “¿Qué fueron los desarrollos de cohetería Orión, Rigel, Canopus, y Castor?”, pregunto. Me responde: “La última actividad que tuvimos de todo ese programa fue el lanzamiento en Perú, yo era el director de lanzamiento en conjunción con Max Planck de Alemania y con la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Eran cohe­tes para investigación de alta atmósfera, y particularmente este último llevaba partículas de bario que ionizadas, seguían el campo magnético terrestre” (Fuente Fuerza Aérea-D). Me aseguró, además, que ese progra­ma lo manejaban ellos y los argentinos del IIAE, que funciona dentro del Área de Materiales de Córdoba, que proveían los materiales, junto con la CNIE. Era un cohete que tenía un alcance de aproximadamente cuatrocientos kilómetros de altura y con cien kilogramos de carga útil, que no tenía relación directa con el Cóndor, como muchos de los otros

cohetes de nuestro país, pero que tienen que ver con la trayectoria en la materia. En Perú, un oficial de ese país le explicó que era la Argentina el único país que podía desarrollar este tipo de cohetes. Mi primera pregunta fue acerca de los orígenes del misil Cóndor. Me contó que “me llama el brigadier Martínez Castro, jefe del Área de Materiales de Córdoba, y me dice que “viene el brigadier Graffigna, que quiere hablar con usted”. Y agrega:

Yo le pregunté “sobre qué”; “sobre el tema cohetes”, me dijo. Yo estaba prác­ticamente afuera de la Fuerza. Yo fui primero secretario de Coordinación del Ministerio de Bienestar Social y luego ministro de Bienestar Social de la provin­cia de Córdoba entre 1977 y 1979. Yo estaba completamente ajeno a lo que era la Fuerza. ¿Qué fue lo que motivó a Graffigna a hacer esta reunión? Yo nunca lo pude descubrir. Pero creo que fue el tema de Chile. Era 1978, yo estaba fuera de la Fuerza en Bienestar Social. Habíamos hecho intentos, cohetes sonda, e incluso algunos cohetes de uso militar. Todo tiene también su historia en el acer­camiento con Gadafi, año 1974. Perón estaba como presidente y Gadafi era como el nuevo líder de una nación que estaba llena de dólares por el petróleo. Y se buscó un cliente por parte de Argentina, que pudiera pagar por un desarrollo, relacionado a la investigación del espacio, porque nuestra agencia espacial, que era la CNIE, tenía fundamentalmente convenios firmados con Alemania (Fuente Fuerza Aérea-D).

En relación con la participación de Libia, me cuenta que en “1974 hay un intento de apoyar los programas de fabricación de cohetes por parte de Libia, tenemos varias visitas de libios, hicimos varios lanza­mientos de cohetes en el Chamical, de un cohete que nosotros llamába­mos SS-50, superficie-superficie 50 kilómetros, capaz de llevar una ojiva de 250 kilos” (Fuente Fuerza Aérea-D). “Al final, esto no funcionó –me explica–. Con los libios no se firmó nada, y prácticamente fue el últi­mo intento y ya entramos en decadencia en cuanto a Libia, pero quedó como remanente esto que hicimos en Perú” (Fuente Fuerza Aérea-D).

Continúa explicándome que en 1979 tiene una reunión con Graffigna, con quien visita la planta piloto que habían construido para instalar los cohetes dentro de un predio del Área Materiales Córdoba, que se usaba para fábrica cosas como paracaídas y armamentos, alejado por precau­ción por posibles explosiones: Fuimos a la planta piloto con Grafigna y también vino acompañado por el bri­gadier Sánchez Peña, que era el presidente de CNIE. Yo a Sánchez Peña lo conocía muy bien porque trabajé con él, y lo que me llamó la atención es que él no me hubiera llamado antes para decirme que iba con Graffigna. Él fue, no abrió la boca, y concretamente lo que surge de esa reunión es la orden que me da el brigadier Graffigna de que ‘la semana que viene usted nos va a dar una exposición sobre lo que hay que hacer para reencausar y tomar la iniciativa en

 

 

 

esta temática de la cohetería’. Nos quedaba muy fresco todavía el tema Chile [los episodios que pusieron a Chile y Argentina al borde de la guerra en 1978], todavía no teníamos nada desarrollado, y quizás ese fue el motivo de aquel interés para reactivar la cohetería, que había quedado hasta el momento, aban­donada (Fuente Fuerza Aérea-D).

El interés era claramente militar. El entrevistado continúa su relato linealmente diciendo: “… entonces yo fui la semana siguiente y dije que entendía que quieren un cohete de uso militar y que lo quieren en el menor tiempo posible. Con las capacidades del sistema, con los recursos humanos, y los medios físicos que disponemos, no podemos hacer nada en el tiempo que es pretendido” (Fuente Fuerza Aérea-D). Ahí prosigue criticando la falta de política espacial y de Estado en la Argentina, con­versamos acerca de los orígenes de la CNIE, que nace como Secretaría dentro de la Fuerza Aérea, que debería haber sido Ministerio, si se pre­tendía una política espacial como quería Teófilo Tabanera, el primer presidente de la CNIE. En cambio, esto no fue así, y fue administrado por un representante de cada una de las Fuerzas Armadas, cosa que lo dice con tono irónico. No tenía carácter secreto, quizás es desconocida por la poca importancia que tenía a nivel institucional. Había interés en la actividad espacial en Universidades, pero no una organicidad políti­ca, que la CNIE no fomentó. La idea original era la de ser un órgano de gestión y tercerizar lo necesario para llevar a cabo las políticas. La CNIE, entonces, nada tuvo que ver con aquello que se llamó Cóndor I.

El brigadier ostentaba el rango de capitán cuando todo esto sucedió. Antes había tenido poco contacto con la cohetería. ¿Cómo es que se contactó con la cohetería y llegó a ser llamado por la Fuerza Aérea para crear el Cóndor? Él me cuenta con cierta emoción lo siguiente:

… 1966, ese es mi primer contacto con la cohetería. Sánchez Peña era enton­ces vicecomodoro y era el jefe de Desarrollos Espaciales del IIAE. Yo paso a tra­bajar con él para hacerme cargo del programa Orión que tenía que satisfacer la demanda de la CNIE. Nosotros todavía no teníamos entonces radares capaces de hacer el seguimiento al cohete y verificar que alcanzaran cien kilómetros de altura. A fines del año 1966, fuimos con cuatro cohetes Orión a Estados Unidos, a la NASA, a la estación que tiene Wallops cerca de Washington, y ahí hicimos los lanzamientos y anduvieron muy bien, estuvieron todos por encima de lo es­perado. Había cooperación con los Estados Unidos a nivel Fuerza Aérea, había mucho interés (Fuente Fuerza Aérea-D).

En 1979, el dio aquella exposición ante los miembros de la Fuerza Aérea Argentina, con el propósito de iniciar el proyecto Cóndor:

Se hace la reunión, yo doy mi exposición de un programa de desarrollo, si­gue estando la hipótesis de conflicto con Chile, y yo digo, lo que estos tipos

quieren es algún medio no tripulado. Yo les dije que con los medios que tenemos ahora no podemos hacer nada. Si lo queremos hacer, hay que hablar de diez años adelante. Adquirir el personal necesario, entrenarlo, y formarlo, y tenemos que comprar tecnología porque no la tenemos, con el know how incluido. Va al Estado Mayor, se discute y con algunos ajustes ellos me aprueban el plan, y ahora, entonces, ¿con quién? Entonces yo digo que con Estados Unidos no (Fuente Fuerza Aérea-D).

 

Entonces viaja en 1980 a Francia, Alemania, Italia, Israel para plan­tear el problema por resolver, tecnológico y presupuestario. “Estos son los lugares que yo visité, donde el problema fue planteado, en qué con­diciones” (Fuente Fuerza Aérea-D). El brigadier marcaba la necesidad de tener claro el presupuesto y cómo iban a ser los gastos.

Me pareció importante preguntarle si había viajado de forma oficial, como representante del Estado nacional, a lo que me respondió inme­diatamente que sí. Sin embargo, pregunté yo si por Cancillería, a lo que me respondió que no, sino que representando a la Fuerza Aérea, pero con pasaporte de civil. Es decir, que resultaba equívoco el carácter oficial de las visitas. Viajó acompañado por oficiales del Estado Mayor para el as­pecto contractual, más que técnico. A partir de este momento, comenzó a describirme el sistema francés de propulsante, que era a base de poliure­tano, cosa que era tecnología obsoleta, me explicaba, y que buscaban otra cosa. Israel, en cambio, sí podía hacerlo, ya que estaba en el desarrollo de la materia, aunque todavía no disponía de esa capacidad. Además, po­día conseguirlo porque en palabras del brigadier “tenían gente en todos lados”. Además, “el problema con Israel era el presupuesto, que no era completo y lo querían por etapas” (Fuente Fuerza Aérea-D). Con Italia y con Alemania, por el contrario, se pudo acordar. Y me explica:

El propulsante es un cilindro que se enchufa dentro del tubo motor, y luego se rellenaba todo esto con una silicona que hace la aislación entre la chapa y el tubo motor. Con tubos más grandes se hace mucho más difícil, que quede todo bien rellenado y sellado, de modo que hay una nueva técnica que al tubo motor se lo reviste del aislante, y luego directamente de la amasadora sale la pasta, y se lo rellena. Es mucho más delicado, pero el rendimiento es mucho mayor. Con los italianos y alemanes, conseguimos lo que queríamos: la instalación de la planta en Falda del Carmen. (Fuente Fuerza Aérea-D).

La inversión privada e internacional

Las empresas privadas que hicieron la inversión a partir de lo anterior fueron las empresas MBB y SNIA, según me relata. Yo le pregun­té entonces sobre el control que tenían los diversos Estados sobre

dichos elementos sensibles con los que comerciaban dichas empresas, pero él me explicó que presentó un proyecto de uso pacífico y “ellos no saben después qué le ponés al cohete y para qué lo vas a usar” (Fuente Fuerza Aérea-D). También le pregunté por la detección de dichas maniobras por los servicios de inteligencia, y me respondió: “Yo supervisé el tema con reserva absoluta y tipo que abría la boca, volaba”. Y me explica:

El programa terminó muy bien con el lanzamiento de un cohete, el Cóndor I, que era un cohete de experimentación. No tenía ni una finalidad militar, ni de cohete sonda. El programa cerraba, tal como lo teníamos pensado, y a nosotros nos quedaba como bancos de ensayo. Eso termina en el año 1981. Elegimos terre­no, hicimos Falda del Carmen, y teníamos el Cóndor I, en 1984. Ahí terminó lo que se contrató con la MBB y la SNIA (Fuente Fuerza Aérea-D).

Otro oficial de la Fuerza Aérea a quien pude entrevistar es brigadier retirado, persona mayor, de contextura grande, y formal, que viste un traje oscuro cruzado con corbata, al que llamaré Fuente Fuerza Aérea-C. La entrevista tuvo lugar en las oficinas de la CONAE en Buenos Aires, el miércoles 30 de junio de 2010. Persona amable pero muy seria, habla con pausa midiendo sus palabras, explicando cada cuestión, y con au­toridad y carácter muy castrense. A pesar de todo ello, siempre la con­versación se mantuvo en una estricta cordialidad y respeto. Él arrancó con una frase: “Hay un decreto del levantamiento del secreto sobre el proyecto Cóndor” (Fuente Fuerza Aérea-C), con lo que dio a entender que podía hablarme del tema. Y continuó:

Yo me asesoré con un estudio jurídico en el cual me dijeron que sí, que corres­ponde el levantamiento de secreto sobre el Cóndor, y que yo no le puedo negar ninguno de los datos solicitados sobre el proyecto si me lo pide la Justicia o mis superiores, en este caso el Ministerio de Defensa. Al resto no tengo ninguna obli­gación de darle la información. O sea, yo a usted le voy a dar solamente datos técnicos. (Fuente Fuerza Aérea-C).

A partir de esa sentencia, me comenzó a indagar sobre qué literatura había yo leído y qué sabía sobre el Cóndor, a lo que le fui respondiendo y mostrando cierto grado de conocimiento sobre los hechos, además de mis intenciones sobre la información que él podría aportar como entre­vistado. Los datos técnicos, como investigador de un proceso político, eran para mí anecdóticos. Me aseguró que la mitad de lo publicado so­bre el Cóndor II era cierto, pero la otra mitad era fantasiosa y falsa, tanto por las fuentes utilizadas como por la mutua citación de fuentes que, a su vez, citaban fuentes originales que no eran verdaderas. En ese mo­mento, me muestra un compilado que me entrega, y que tiene diversos

señalamientos escritos con birome de color, mostrando las falsedades e imprecisiones de lo escrito por periodistas y académicos.

Intentando yo encausar la conversación hacia los temas que me in­teresaban, le comenté que varias personas me habían recomendado es­pecíficamente conversar con él, porque era uno de los que más saben sobre lo acaecido con el misil. Seguidamente, me cuenta que hizo una maestría en tecnología espacial en los años 1968 y 1969, pero que no se dedicó en nada a ello hasta fines de la década de 1980. Siempre estuvo dedicado al desarrollo aeronáutico, hasta que en 1987 lo destinaron a la CNIE. Me cuenta que fue vicepresidente y luego presidente de esa institución, después fue a la dirección General de Sistemas de la Fuerza Aérea (que era la que llevaba todos los proyectos, me cuenta), y luego como jefe de Logística del Estado Mayor Conjunto, y estando ahí me cuenta que sale el Decreto 995, y agrega: “La CNIE nunca nada tuvo que ver con el proyecto Cóndor (…) la única intervención que tiene la CNIE en este proyecto es que le solicita a la Fuerza Aérea un vector para poner el satélite SAC-1 en órbita [año 1979 o 1980, no lo recuerda]” (Fuente Fuerza Aérea-C).

Después de los datos aportados hasta ahora, le pregunté por la moti­vación estratégica del proyecto Cóndor II. Me explicó lo siguiente:

… después de Malvinas, la Fuerza Aérea había perdido la flor y nata de sus pilotos y más de cien aviones, y necesitaba un marco de disuasión regional. Entonces ahí se crea el mito del misil Cóndor, que como toda mentira se la ter­minó creyendo quien la creó, cuando sólo estaba el desarrollo del motor y alguna transferencia tecnológica. La idea era crear un mito de forma tal de ser disuasivo y que nos respetaran como país (Fuente Fuerza Aérea-C).

Le pregunté si se pensaba en una cabeza nuclear, y me respondió:

… si usted analiza los sistemas de guiado de los que disponíamos, que usaban los aviones comerciales, a mil kilómetros de distancia, no daba un error circular probable decente, por lo cual se pensaba que sí tenía que tener una cabeza nuclear. ¿La Comisión [Nacional] de Energía Atómica se iba a prestar para hacer una cabeza nuclear? Yo creo que no. Se habrá pensado, e indudablemente fue parte del mito (Fuente Fuerza Aérea-C).

Por otra parte, una entrevista de suma importancia fue aquella reali­zada a una persona, quien si bien no ejercía ningún cargo oficial, puedo calificar como gestor paradiplomático. Esta Fuente X es una persona cordial, simpática y muy prolija, de unos sesenta años de edad. Alto, ves­tido con camisa, corbata y saco cruzado, y con un pelo blanco peinado para atrás, explica de forma muy didáctica y es bastante autorreferencial cuando cuenta las anécdotas. Su celular, cuando hace la señal de que

tiene un llamado, hace el mismo sonido que los celulares de los agentes de la CTU (Counter Terrorism Unit) de la serie de televisión norteame­ricana 24. Le hago mención a dicho detalle y me aclara que la serie es muy buena, porque muestra el funcionamiento real de los operativos es­tatales contraterroristas y de inteligencia, aunque hay cosas que le critica porque no son tan así, dice.

La entrevista se realizó el lunes 3 de mayo de 2010 en un bar céntrico de la Avenida Santa Fe, en la ciudad de Buenos Aires. Le pregunté si podía grabar, y me dijo que sí, porque él no tenía nada que esconder e hizo públicas todas sus acciones pasadas para poder caminar tranquilo por la calle. Había mucho ruido ambiente, ya que el local estaba lleno de gente y a medida que pasaban las horas de la entrevista –que duró más de tres horas– se llenaba más y el ruido a veces dificultaba escuchar. Me pidió disculpas por aquello, y me sugirió que en el caso que yo necesitara repetir algunas preguntas, que no habría ningún problema y que me citaba en este lugar público por seguridad. Todo aquello que me dice, asegura, está documentado y lo puede probar, mientras que cuando se trata de información que conoce, que escuchó, pero no puede documen­tarla, lo aclara.

Esta fuente cuenta que la relación con Irak viene desde 1976. Ese año viajó a Libia por primera vez, en el marco de un seminario de diá­logo islámico-cristiano. Integraba la delegación argentina junto con el ex vicepresidente de Cámpora, Solano Lima, un senador y el sacerdote jesuita Ismael Quiles. Solano Lima había sido rector de la UBA, y el entrevistado fue director del área de prensa de aquella universidad, ase­sor de la Intervención en el Área de Planeamiento, secretario de Prensa y Difusión de la Facultad de Filosofía y Letras y director de Prensa y Difusión de la Universidad de Buenos Aires en los años de Isabel Perón, previos al golpe de Estado. La Fuente X explica que Khadafi le entregó una carta ofreciéndole ayuda a nuestro país en 1976:

La carta firmada por Khadafi fue entregada a Vicente Solano Lima en mi presen­cia (no a mí) durante una reunión en el cuartel general de Bab Al-Azizia (Trípoli) y él a su vez se la hizo llegar a Isabel Perón, según pude confirmarlo por boca de ella misma durante una entrevista que tuvimos en Buenos Aires (…). La fe­cha exacta de la entrevista con Khadafi fue en febrero de 1976 y poco tiempo antes de que Isabel Perón fuera derrocada, y el motivo del ofrecimiento fue la crisis desatada por la misión a las Malvinas encabezadas por Lord Edward Shackleton (Fuente X).

Se ofrecieron dos escuadrillas de aviones Mirage con pilotos para pelear contra los ingleses. Fue durante ese viaje que se produjo el inci­dente diplomático con Gran Bretaña en el cual intervino el embajador argentino designado en ese país, Manuel Anchorena (designado por Perón, conservador, rosista, católico y miembro del Partido Justicialista). También, la Fuente X estuvo en Jordania y sondeó a gente del gobierno de dicho país, consultando cuál sería la reacción del reino en el caso de que existiera una guerra con Inglaterra por las Malvinas.

 

Quien trajo la carta al país fue Solano Lima, que tenía mayor je­rarquía. Pasaron los años y durante la Guerra de Malvinas en 1982, la Fuente X recuerda el episodio en el que Gadafi hizo la oferta de los aviones, y tomó contacto con la Armada Argentina, para la transferencia de armamento libio. Se le encargó a la Fuente X que sondeara la posibili­dad de apoyo ante una eventual guerra con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte): los iraquíes dijeron que podían colaborar con misiles, pero no con mucho más, dada su situación político militar con los vecinos, y Libia dijo que sí, que colaboraría con armas, todo a través de la Marina, que era parte de la Junta Militar que gobernaba de facto la Argentina. Todo esto se hizo, de acuerdo con la fuente, bajo la conducción del sacerdote católico Anibal Fosbery, que pertenecía a un ala conservadora de la Iglesia, de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino, y también con la conducción del entrevistado, que intervino en una operación de contra-inteligencia de los libios para en­gañar a los ingleses (Fuente X).

La Fuente X viajó cuando Saddam Hussein era vicepresidente de Irak (en 1979 llega a primer mandatario), y el ministro de Cultura era Karim Shim Taf, ex embajador en la Argentina. De allí que tiene una relación con actores políticos de dicho país. En 1985, viajó a Irak porque este país quería comprar 38 aviones Pucará argentinos y no entendía por qué Argentina no se los quería vender. Por otro lado, Irán quería comprarle a nuestro país la fragata Hércules y la Santísima Trinidad, cuyo sistema de radar era excelente, y que se estaban deteriorando progresivamente, ya que todo lo que era de origen inglés, y después de Malvinas, había problemas de mantenimiento por falta de repuestos. Entonces, en 1985, gente de Chile vinculada con los iraquíes le dice al entorno político de Saddam que hay un argentino (él) que podía explicar las razones de los impedimentos para la venta de los Pucará (Fuente X).

Justo en ese momento, Arturo Frondizi le encomendó dos gestiones secretas, la primera ante Saddam Hussein (para ver qué podía hacerse con Irán para terminar la guerra que llevaban a cabo estos países), y una segunda vinculada con Gadafi por la devolución de la Catedral de Trípoli al Vaticano. Pero, el entrevistado aclara que la intención con Irak no era mediar, sino explicar lo de los aviones Pucará, que no se trataba de la animosidad de la Argentina hacia ellos; la venta no tenía viabilidad desde el punto de vista financiero ni político: Argentina no podía subsi­diar una determinada cantidad de aviones mientras el otro país estaba en

guerra. Además, el entrevistado me explica que, durante el gobierno de Alfonsín, había un lobby proiraní muy fuerte encabezado por el canci­ller Dante Caputo y su hermano, que tenía vínculos con la Fuerza Aérea y con un empresario apellidado Catena, de la provincia de Mendoza. El canciller tenía sus diferencias con el ministro de Defensa, aunque la Fuente X aclara que Jaunarena no respondía a algún lobby en especial. Leopoldo Suarez, jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado sí “veía con buenos ojos lo que yo estaba haciendo”, pero aclara que “había una clara desproporción del poder político entre lo que era el lobby iraquí y el lobby iraní. Porque el lobby iraní tenía a favor al canciller [Caputo], y al comandante en jefe de la Fuerza Aérea [brigadier Crespo], a través de un operador iraní muy conocido llamado John Pashai” (Fuente X).

La Fuente X describe que en ese viaje le explicó a los miembros del entorno (lo llama tribu) de Saddam los porqués, y un brigadier, cuyo nombre no recuerda, dice que sí, contradiciéndolo, que los aviones pue­den venderse. Entonces comenzaron las especulaciones de los iraquíes, que no dejaron salir al entrevistado del país hasta que el asunto fuera aclarado con la Argentina. Cuenta, además, que no podía llamar fácil­mente por teléfono debido a la guerra con la República Islámica, pero consiguió un teléfono y llamó a la Casa Rosada para que se aclararan las instrucciones que debía seguir. Unos días después, se movilizaron los canales diplomáticos para certificar la postura acerca de la posibilidad o no de la transacción, la cual terminó en una desautorización extraoficial al brigadier en cuestión (Fuente X).

La entrevista con Conrado Varotto, Director de la CONAE, tuvo lu­gar el 27 de mayo de 2010 en la oficina del entrevistado en la CONAE. Edificio entrado en años, la sede de la CONAE se encuentra en la calle Paseo Colón. Tuve que entregar mi documento a cambio de una tarjeta y pasar por una máquina detectora como la de los aeropuertos para en­trar al edificio. Subí hacia un piso superior, y esperé en el pasillo, lleno de pósters y fotos con imágenes satelitales. La oficina de Varotto es un espacio amplio, lleno de papeles, e imágenes. Me senté al lado de la mesa, prendí el grabador, y comencé a charlar sobre el tema de mi tesis y mi formación, tema por el cual me preguntó y luego me sugirió lecturas. De unos setenta años, Varotto es una persona muy cordial, pero tajante, responde todo de manera expresiva y contundente. Cuando explica es pausado y claro, tratando de ser didáctico en la imágenes que utiliza para esbozar una respuesta a lo que se le pregunta. Sin embargo, muchas preguntas no quiso responderlas, aduciendo que eso no podía respon­derlo, dado que él estuvo a cargo de la parte técnica más que política en relación al misil Cóndor, y que aquellos que saben más son los agentes de la Cancillería.

Mi primera pregunta se refirió a su relación con el misil Cóndor II. Me dijo que “cuando Argentina decide lanzar el desarrollo del proyec­to, yo fundé INVAP y la dirigía en esa época”. Y cuenta además sobre dicha empresa:

Los primeros tubos-cohetes que se hicieron en el país fueron hechos por INVAP, en Pilcaniyeu, en lo que llamábamos Pilca 3, que era una zona diferente, aparte. O sea que empezamos la construcción del Cóndor mucho antes de que empe­zara la construcción de las facilidades en Córdoba. Después eso se trasladó a Córdoba y lo siguieron (…). Pero los hicimos nosotros, hicimos unos cuantos. INVAP hizo los tubos (Fuente Varotto).

Y agrega que “cuando los americanos estaban averiguando sobre el Cóndor, no tenían idea de que los tubos se hacían en Bariloche. Encontraron que había dos calidades de tubos, y dijeron: ‘Acá hay dos proveedores, quién es el otro’”.

Yo le conté que leí mucho sobre el tema que motivaba la entrevista, pero que sin embargo no había leído nada concreto acerca de la partici­pación de INVAP en el misil Cóndor. Me dijo:

El tema es así: nosotros empezamos a hacerlos en Pilcaniyeu, y en un momen­to la Fuerza Aérea decidió que esas capacidades las quería tener todas juntas. Se las llevaron, y dónde las instalaron no sé (…). Lo que no sé es si la fábrica de los tubos quedó en Falda del Carmen, me parece que no. El INVAP, luego de eso, se abre completamente. Eso lo entregué yo, yo fui el responsable de eso (Fuente Varotto).

También indagué acerca de si el Cóndor era un proyecto para uti­lización civil además de su potencial uso militar: “Desde su inicio fue un proyecto de defensa. Y como tal tenía todos los méritos de un pro­ducto de defensa y tenía que ser defendido como un puesto de defensa” (Fuente Varotto).

Reflexiones finales

Se han presentado aquí los orígenes del misil Cóndor II, en la última dictadura militar en Argentina, tal cual la relatan algunos actores prin­cipales que han vivido la presente historia, y por lo tanto, en cada uno de estos relatos, aparece no solo una carga de subjetividad inherente a todo discurso, sino también una carga de interpretación política acerca de cómo lo vivenciaron los actores de la trama. Como proyecto de la Fuerza Aérea Argentina, fue uno secreto, que requirió de la inversión privada y extranjera. Luego, fue continuado en los gobiernos posteriores y ha sido

resistido hasta su destrucción final como proyecto. No obstante, podemos afirmar que sus objetivos básicos eran dos. El primero, tener capacidad di­suasiva y un arma capaz de dañar a Inglaterra, potencia vencedora y ocu­pante de las Islas Malvinas. El segundo, poder desarrollar una tecnología propia, con la posibilidad de que lo dual de dicha tecnología permitiera la aplicación en otros campos, especialmente como inyector satelital.

La historia mostró un camino diferente. Resistido por las princi­pales potencias, especialmente por Gran Bretaña y la nueva potencia global, los Estados Unidos, ésta última hizo prevalecer la tesis política de que el objetivo principal de un desarrollo tecnológico de este tipo, para un país pobre, periférico y con cierta capacidad industrial –con el aliciente de haber perdido una guerra contra un país de la OTAN– no podría ser otro que el de la proliferación armamentista. Las presiones se sucedieron, primero sobre el gobierno Alfonsín, luego sobre el de Menem, quien finalmente cedió ante dichas presiones internacionales, y clausuró el proyecto.

El ex ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín, Horacio Jaunarena, sostuvo posteriormente que su gobierno sabía que el Proyecto Cóndor era de uso dual y que era un elemento más de la estrategia exte­rior de la Argentina. La tecnología espacial era un elemento diferencial a la hora de pensar cómo el desarrollo tecnológico podía posicionar a la Argentina en el mundo (Barcelona y Villalonga, 1992: 34).

Después de que altos mandos egipcios estuvieran involucrados en un caso de espionaje vinculado a la tecnología de misil en EE. UU., y que este caso estuviera –supuestamente– relacionado con la financiación y fabricación del Cóndor II (New York Times, 1988), se buscó desarticu­lar las conexiones con las empresas de Italia y Alemania, cuyo know how había facilitado la construcción de las diferentes partes del misil, de las cuales los motores fueron trasladados a Egipto. Los prototipos de prueba se denominaron Alacrán, con una carga útil de hasta cien kilogramos, sin guiado y con un alcance de hasta doscientos kilómetros, que quedaron incorporados a la artillería del ejército. Dadas las diversas presiones diplomáticas y mediáticas denunciando las intenciones bélicas de los argentinos, se hacía muy dificultosa la obtención de las diferentes piezas para terminar de armar el Cóndor. Sin embargo, las partes que no se pudieron completar con insumos extranjeros, se hicieron con capital y know how nacional, por lo que se pudo terminar el proyecto. Argentina dominaba la fabricación del combustible sólido, de los caños sin costura, del motor, de las colas basculantes, y del guiado y control; luego, domi­naba el ciclo completo de la construcción de un misil balístico interme­dio con alcance teórico de hasta mil doscientos kilómetros (Barcelona y Villalonga, 1992: 123-124, 126, 139-140).

Durante la gestión de Menem, el proceso de desactivación del pro­yecto Cóndor atravesó tres etapas diferenciadas, en las que se registró un progresivo incremento de las presiones de Washington. La primera, caracterizada por la demora en la decisión de desmantelar el misil, entre julio de 1989 y abril de 1990; la segunda, de conflictos interministeria­les respecto a la suerte del proyecto y la resistencia de la Fuerza Aérea Argentina a las presiones norteamericanas, cuando se anunció públi­camente sobre la paralización del proyecto por parte del ministro de Defensa Humberto Romero en abril de 1990 y culminó con el decreto presidencial 995 del 28 de mayo de 1991, que decidió el fin del proyecto de misil; y la tercera, de implementación de la decisión adoptada por el decreto 995, que se extendió desde mayo de 1991 hasta septiembre de 1993, fecha en la que los últimos restos del Cóndor II arribaron a España (Corigliano, 2003). Humberto Romero, titular de la cartera de Defensa de Carlos Menem, anunció el congelamiento del proyecto co­mo consecuencia de las diferentes presiones (Barcelona y Villalonga, 1992: 67), y Domingo Cavallo, ministro de Relaciones Exteriores, se constituyó como el principal lobbista a favor de su completa destruc­ción, dado que el proyecto no era una aventura aislada de la Argentina, sino, según argumentaba, un complejo entramado internacional secreto, que tenía como activos actores tanto a empresas alemanas, italianas y francesas de altísimo nivel, como al gobierno de Egipto. A esto se su­maba la sospecha sobre la participación de Irak.

En una coyuntura caracterizada por un sistema internacional en don­de los espacios de poder también se constituyen en las luchas políticas al interior de los países –que en definitiva definirán las relaciones de fuerza, el bloque en el poder y, por tanto, la política exterior–, los deba­tes intestinos en la Argentina fueron encontrados. La teoría Realista de las Relaciones Internacionales asegura que ningún Estado que pueda acceder al poder dejará de hacerlo. A menos, claro, que la teoría marco sea el Realismo Periférico. Erman González, ex ministro de Economía y de Defensa de la gestión Menem, estaba a favor del reciclado del pro­yecto y su orientación a los satélites, dado el congelamiento de este. Domingo Cavallo, sin embargo, quería la destrucción total como gesto hacia EE. UU., sabiendo que las intenciones norteamericanas eran ne­tamente políticas (Santoro, 1992: 52). Cavallo increpaba al brigadier Ernesto Crespo, ex jefe de la Fuerza, por el financiamiento iraquí de la fabricación de los misiles, respondiéndole éste que Irak no había puesto dinero, y que todo lo exportado a Medio Oriente habían sido motores, no misiles (Barcelona; Villalonga, 1992: 194-197).

Asumiendo una posición afín con la perspectiva del Realismo Periférico, se iniciaron gestiones entre la República Argentina y la

agencia espacial estadounidense NASA para que en 1994 se colocara un satélite argentino, el SAC–B. Según Corigliano:

Durante la visita de Menem a Estados Unidos, que tuvo lugar a fines del mes de junio, el tema Cóndor figuró entre los temas de agenda tratados con Bill Clinton. Pero los puntos de fricción entre el gobierno argentino y el norteamericano en este tema parecieron definitivamente cerrados, a juzgar por las expresiones del jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, General Colin Powell, quien sos­tuvo, durante su encuentro con Menem, que la desactivación del misil Cóndor respondió a una decisión “sabia y prudente del gobierno argentino” que consti­tuía “un ejemplo para el mundo” (Corigliano, 2003).

Ante los Estados Unidos, comenzábamos a ser confiables y responsables.

Referencias bibliográficas

Barcelona, E. y Villalonga, J. (1992). Relaciones Carnales. La verdadera historia de la construcción y destrucción del misil Cóndor II. Buenos Aires, Planeta.

Corigliano, F. (2003). “La Dimensión Bilateral de las Relaciones entre Argentina y Estados Unidos durante la década de 1990: El ingre­so al paradigma de las ‘Relaciones Especiales’”, en Escudé, C. (ed.): Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina, Parte IV, Tomo XV. Buenos Aires, GEL. Versión electrónica disponi­ble en: http://www.argentina-rree.com.

Santoro, D. (1992). Operación Cóndor II. La historia secreta del misil que desmanteló Menem. Buenos Aires, Letra Buena.

Entrevistas

Fuente Fuerza Aérea-A. Vice Comodoro retirado. Buenos Aires, 13 de mayo de 2010.

Fuente Fuerza Aérea-B. Brigadier retirado. Buenos Aires, 31 de mayo de 2010.

Fuente Fuerza Aérea-C. Brigadier retirado. Buenos Aires, 30 de junio de 2010.

Fuente Fuerza Aérea-D. Brigadier Retirado -Miembro del equipo inicial Cóndor II. Buenos Aires, 22 de junio de 2011.

Fuente Fuerza Aérea-E. Ingeniero – Falda del Carmen Proyecto Cóndor. Falda del Carmen, 6 de agosto de 2010.

Fuente X. Gestor para-diplomático, analista. Buenos Aires, 3 de mayo de 2010.

Fuente Varotto, Conrado. Director de la CONAE, 27 de mayo de 2010.

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