REVOLUCIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852

General Manuel Guillermo Pinto (1783-1853)

Luego del rechazo del Acuerdo de San Nicolás, hacia el mes de junio de 1852 Urquiza ya estaba harto de sus aliados de tres meses antes.  Pese a toda la amargura y los sinsabores que le causaban los porteños, es preciso suponer que la realización de actos tan abiertamente impolíticos como los que lo llevaron a posesionarse del gobierno de Buenos Aires, tenían algún serio motivo.  El motivo existía, en efecto, y era la tentativa, por parte de Buenos Aires de recobrar la dirección de la política nacional perdida después de Caseros.

La Revolución comienza a gestarse en junio.  El coronel Faustino Velazco viaja a Montevideo para ofrecerle la dirección al general Paz.  Las drásticas medidas de Urquiza, en especial la prisión de los cabecillas la desbarató, y obligó a sus autores a esperar mejor oportunidad.  Esta se presentó con motivo del viaje de Urquiza a Santa Fe para inaugurar las sesiones del Congreso.  Rápidamente se logró la adhesión del general Juan Madariaga, que aportó la tropa correntina, y del general José María Pirán, Jefe del Parque.  Valentín Alsina y Estévez Seguí eran los jefes civiles.

El 9 de setiembre regresó Mitre de Montevideo, y para la madrugada del 11 la Revolución había triunfado.  Impotente, el Gobernador Delegado, general Galán, se retiró con sus tropas hacia San Nicolás, buscando a Urquiza.

Así, el 11 de setiembre de 1852, vivió la Plaza de Mayo uno de sus días eufóricos, con los porteños felicitándose por la restitución de sus instituciones, principal bandera del movimiento.  Se reunió la Legislatura disuelta por Urquiza el 23 de junio y nombró Gobernador Provisorio a su Presidente, el general Manuel Guillermo Pinto.  Esa misma noche se enviaron comunicados a los Jueces de Paz de los partidos de la campaña, instándolos a acatar el nuevo gobierno provincial.

No podemos dudar de que la Revolución tuvo calor popular, ya que halagaba el orgullo de los porteños menoscabado por el general entrerriano.  El entusiasmo era genuino, pero por si acaso la Sala votó una Ley de Premios que sin contar otras sumas otorgadas más adelante ni los premios por servicios distinguidos, autorizaba a entregar un año de sueldo a todos los militares adheridos antes de la Revolución o dentro de las 24 horas de producida, 8 meses a los que se adhirieron el día 12, 4 meses a los que se adhirieron el 13 y 3 meses a las tropas de la campaña…  ¡Curiosa manera de tasar la lealtad!.

La Legislatura fue tan generosa que por Ley del 4 de noviembre autorizó al Poder Ejecutivo a usar los fondos públicos de la Casa de la Moneda hasta la suma de 9 millones de pesos, cuando el Gobierno sólo había pedido 5 millones.  Ya el día 16 de setiembre, en solemne acto en Plaza de la Victoria, se había repartido a la tropa el producto de una suscripción popular.

En definitiva, la defensa de los intereses de la Provincia unió a rosistas y emigrados, lo que no pudo lograr Urquiza.  El símbolo de tal actitud fue el abrazo de Lorenzo Torres y Valentín Alsina, antes enemigos inconciliables, en el teatro Coliseo, el 18 de setiembre.  Todo parece olvidado; Angel Pacheco, hombre de confianza de Rosas, en decreto altamente elogioso, es nombrado Inspector y Comandante General de Armas, y Mármol, una de las plumas más virulentas contra el Restaurador, se excusa de publicar “Amalia” en forma de folletín por los ataques contra el Partido Federal…

Esta “fusión, infusión y confusión” (1) entre mazorqueros y emigrados se explica porque los hombres convergen partiendo de dos principios; el uno, del más viejo cuño federal: la defensa de la autonomía e instituciones de la Provincia.  El otro netamente unitario: la consagración de Buenos Aires como cabeza indiscutida del país.  En los primeros documentos la revolución del 11 de setiembre asumió su carácter localista, y hasta se hablaba de asistir al Congreso; hasta aquí están todos de acuerdo, pero enseguida, Carlos Tejedor en las columnas de “El Nacional”, y Mitre en el seno de la Legislatura, comienzan a hablar de “nacionalizar” la Revolución.  Mitre será el expositor teórico de esta posición en su “Manifiesto de la Sala de Representantes de la Provincia de Buenos Aires a los Gobiernos y ciudadanos de las Provincias Hermanas de la Confederación Argentina”, aprobado el 19 de setiembre.

Acto seguido la provincia desconoce al Congreso de Santa Fe y retira sus diputados, y luego rompe el último lazo con sus hermanas al retirarle a Urquiza el manejo de las Relaciones Exteriores.  En adelante Buenos Aires se dedicará a anular la obra de Urquiza, e iniciar, sobre nuevas bases, la organización del país.  Buenos Aires promete el “imperio de la ley, equidad y justicia”, claro que a condición de recobrar su hegemonía.

Referencia

(1) La expresión pertenece al Diputado por Santiago del Estero, Dr. Benjamín Lavaysse, en carta a su gobierno desde Santa Fe.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Lahourcade, Alicia N. – San Gregorio, una batalla olvidada.

Portal www.revisionistas.com.ar

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