TIEMPOS DIFÍCILES

Esta nota fue escrita el día sábado  -fin de agosto -. Todavía no habían anunciado el control de cambios.

“lo que yo quiero son realidades… En la vida sólo son necesarias las realidades… ¡Ateneos a las realidades, caballero!” Capítulo I, Charles Dickens

Un consenso ha llegado: “así como están las deudas no se pueden pagar”. Es la predica de toda la oposición. Lo que hasta ahora negaba Mauricio Macri.

El presidente lo descubrió gracias al despido de Nicolás Dujovne. ¿Un árbol que no dejaba ver al bosque?

¿O el que estaba detrás del árbol no atinaba a girar la cabeza para mirar más allá de sus narices?

Dujovne, y todos los que han rondado en lo económico de esta gestión, nunca vio lo que tenía delante de sus ojos; sólo vio aquello que su empecinamiento elemental le descubría como oásis en el desierto de la estanflación.

Oásis surgido de imaginación calenturienta y de la desesperación y la negación de la realidad. Nicolás afirmó que “puede ser que hoy no, pero mañana sí” y el Presidente prefirió esa monserga que lo aliviaba en lugar de escuchar a los que le advertían que la estantería era utilería.

Pocas veces un hombre en el gobierno ha tenido tanta incapacidad para mirar la realidad de sus días. No quiso hacer un prolijo inventario de las realidades heredadas, según sus lenguaraces, para “no deprimir” a los argentinos y al mundo: su principal idea de gobierno era insuflar confianza urbi et orbi. De ahí que la estrategia comunicacional, el alfa y omega de su gobierno, se centrara en la construcción de gerundios: la inflación está bajando, la economía se esta recuperando. Nunca realidades, siempre la próxima. Lo esencial fue gambetear la realidad porque, según ellos, era lo que ocultaba lo que estaba por venir.

Con esa misma metodología siguió negandosé a ver la estela de pobreza, destrucción productiva y acumulación de pasivos, que dejaban sus políticas económicas financiadas, con no menos negación necesaria, por los funcionarios del FMI que hoy deben estar orando por la conservación de su puesto de trabajo de torre de marfil de la que salen cada tanto visitando el Planeta en hoteles 5 estrellas, viaticando duro como todo burócrata internacional. Hoy somos de lejos el principal deudor del FMI y por lo tanto somos acreedores a un trato privilegiado. Hemos cumplido unas metas. Somos acreedores a nuevos desembolsos. Y sería lógico sobre los datos del pasado que nos los desembolsen. Pero no es fácil escapar a este dilema: si el FMI nos pone el dinero de la cuota que nos debe lo hará sabiendo que hemos dejado de cumplir; y si se niega a ponerlo sabe que nuestros incumplimientos se generalizarán y serán mayores con lo que su reticencia a entregar la cuota será, como mínimo, coresponsable de la falencia.

Todo lo que nos pasa ahora, nos pasa porque nada sólido se construyó en estos 4 años presuntuosos e irracionales; y lo construído fue tan endeble que no podría resistir el más leve empujón.

Tasas del 78 % que capitalizadas orillaban el 100% eran martillazos que hacían añico la estructura de terciada que pretendían montar.

La concepción de la política económica PRO fue una elegía infanutil a la resistencia y un error de diagnóstico: empujar a un cuerpo que no tenía resistencia para, sin desvencijarse, soportar la fuerza que se le aplicaba, implicaba que la misma fuerza que se aplicaba haría caer al que ejercía la fuerza. No fue nada ajeno la causa del derrumbe de estos días.

Se desplomó porque era inevitable. No era ni habilidad, ni astucia. Uno tras otro los miembros del “mejor equipo de los últimos cincuenta años” han contribuido a esta catástrofe. Aumento de deuda y pérdida de capital. Cualquiera sabe en lo que eso termina. Hay una enorme complicidad de todos los comunicadores, articulistas, simpatizantes del gobierno que no tuvieron la sensibilidad, el coraje, la lógica de advertir al gobierno aquello que el gobierno se negaba a reconocer.

Mientras Dujovne fungía, al igual que los que lo acompañaban y los que lo precedieron, como árbol que ocultaba el bosque, Macri no tuvo la disposición, la habilidad o la voluntad, de girar y tratar de mirar más allá. Los medios oficialistas no los acompañaron y los opositores nunca fueron escuchados siquiera para mirar si por ahí había hechos e interpretaciones que podrían traducirse en información productiva.

El bosque esta ahí desde hace mucho tiempo y en él esta esperando la furia de la crisis desde el principio. No es que vino ahora, no es que la llamó nadie, estaba ahí y la estrategia comunicacional del oficialismo la ocultó a base de promesas.

Esta gestión – al igual que la anterior – basó parte de su “apariencia” en ocultar realidades. Todos los síntomas de la cima del Poder que ensordina las voces de alerta se hicieron, en esta gestión particularmente, con un profesionalismo extraordinario. Después de las mentiras de la inflación y de eliminar el registro de la pobreza porque no se puede hacer o porque estigmatiza, o luego de afirmar que teníamos menos pobres que Alemania, la operación de falsificación más estrepitosa fue la que sufrió Macri. Fue la basada en los datos de Marcos Peña y J Durán Barba que le aseguraban que ganaría en la segunda vuelta.

Ese fue el engaño más existoso de la siniestra dupla. La noticia electoral del diario los desplomó, los desencuadró; y a partir de ahí pedir perdón, expulsar al administrativo que le acomodaba los datos del futuro, el inefable Nicolas Dujovne, y acometer decisiones que suponían correspondían al inventario de “barbarides económicas” de los heterodoxos y esos personajes prehistoricos que pueblan la política, fue el paso decisivo de una identidad que nunca existió.

En “tiempos difíciles” como estos los son, lo que corresponde, siguiendo a Dickens, es decir ¡Ateneos a las realidades, caballero!” No es posible forjar una identidad política, cualquiera sea esta, si se parte de la necesidad de negar la realidad.

La llegada de Hernán Lacunza permitió que el bosque quedará visible a los ojos de Mauricio. Y minutos después, cuando la realidad se hizo presente por primera vez en la Casa Rosada, Macri vio la realidad financiera. Pagar como dictaba el compromiso implicaría quedar desnudo. El viernes cerró en suspenso, con un dólar que cotiza a diciembre a mas de 80 pesos y con llamadas de todos lados, de los economistas menos pensados, reclamando instalar el control de cambios y terminar con las amenazas de taparle la cara a los especuladores y a los modestos ahorristas a cachetazos de dólares. Una verdadera estupidez y una bravuconada. No hay dólares y rifarlos “para disuadir” es el uso más irracional de dólares que debemos. ¿Será posible?

Lacunza y todo su equipo, y todos con corbata -¡vaya señal!- anunciaron la realidad porque la vieron: en el calendario pactado las deudas no se pueden pagar. Consecuentemente de lo que se trata es de cambiar el calendario de pagos so pena de desaparecer del calendario mismo.

Los muchachos genéticamente PRO, que no se permiten ni por un instante estar fuera de la moda del rechazo a la corbata, tampoco se han permitido ni por un instante mirar la realidad tal cuál es y así nos han dejado. Los que han quedado no han perdido aún los reflejos suicidas de la soberbia.

La decisión de Lacunza es parte importante de lo que han sostenido publicamente los principales partidos opositores: la deuda hay que reprogramarla.

La de ley argentina, por imperio de la decisión soberana y apoyo parlamentario; y la de ley extranjera se propone negociar por Claúsusla de Acción Colectiva.

En ambos casos – según el gobierno post Dujovne – sin quita de capital ni de interéses: simplemente alargamiento de los plazos. Es una condición necesaria, claramente insuficiente, pero es una condición de “consenso”. No está bien que aquello que, al menos,parcialmente se comparte sea criticado. Siempre se puede contribuir con propuestas adicionales.

El default de la deuda con el sector privado, Adolfo Rodriguez Saa, lo anunció al Parlamento. No pidió su aprobación. Recibió una ovación. Macri pedirá la aprobación por ley de la renegociación de deuda sin quita de capital ni de interéses. Sería positivo que el debate parlamentario transite en la misma dirección: renegociar sin quitas.

Una renegociación acordada y un cambio de fecha razonable, no es estrictamente un default aunque lo digan las calificadoras. Si la economía argentina gozara de “confianza de los inversores” la reprogramación sería la secuencia más o menos lógica del proceso financiero. Las deudas se pagan con otras deudas. Siempre es así. Se cobran los intereses, se refinancia el capital.

Si el mercado está líquido y el deudor goza de confianza, se renuevan con plazos más largos y tasas más bajas. Si el mercado tiene desconfiza exige cobrar y punto.

La Argentina no dispone de confianza; y además ahora no tiene la plata aunque, razonablemente, es esperable que la podrá tener más adelante si formaliza un programa para lograrlo. No dispone de confianza la economía argentina, entre otras razones, porque a los males heredados de la gestión anterior se le sumaron los enormes males, la mala praxis, el despilfarro de dólares para satisfacer la codicia de especuladores atraídos por tasas salvajes y quien eso hace sólo gana confianza para el tiempo de la especulación. No la tenia con el gobierno anterior y no la construyó y desapareció con este.

En consecuencia, la Argentina requiere hoy de una negociación que “aporte” confianza; y una norma de negociación, sancionada por el Parlamento, puede ser un incentivo de confianza para los mercados (el mismo capital las mismas tasas). Una norma parlamentaria equivale a una negociación avalada, en sus condiciones, por la mayoría presente y futura de la Nación. Ese trámite sería una demostración de cordura en la adversidad que, por cierto, tiene culpables pero que necesita, más que identificar culpables de todos conocidos, señalar los puntos de consenso para que este tropezón no signifique un ACV de política y economía que nos paralice. Si eso ocurriera estaríamos acercandonos peligrosamente a una crispación social cuyas consecuencias no vale la pena imaginarlas.

Todos han dicho con sus más y sus menos que la reprogramación de todas las deudas, incluso las del FMI, son condición necesaria para poder mantener el funcionamiento de las finanzas públicas. Que sea un consenso.

Sin esa condición la crisis financiera se agravaría de manera notable; y aunque este anuncio haya concretamente agravado – por el momento – las condiciones operativas, sin esas decisiones y esos anuncios, las cosas se habrían seguramente agravado más con el paso de los días. Al terminar la semana ya son demasiados graves como para que no hagamos lo imposible para descomprimirla. Claramente los hombres y mujeres fuertes del PRO están dominados por la frustración y están predicando con la finalidad de trasladar la culpa y de la misma manera en el campo de los que serán seguramente vencedores de Octubre se agigantan las voces de los que quieren castigo. “Alguien tiene que ceder” y se trata de una cesión retórica porque la única salida pasa por la convergencia enfilada. Es un desfiladero finito: pared y precipicio. Un empujón y se caen los dos. Se trata de pasarlo sin caer y sin quedarse quietos. No es fácil. Es inevitable.

Muchos colegas, aún ortodoxos, venían señalando, con la mesura propia de lo delicado del tema, que reprogramar toda la deuda era una condición necesaria para el funcionamiento de la economía sin que aumente dramáticamente la incertidumbre.

Algunos señalaban la necesidad y posibilidad de hacerlo de manera compulsiva para la deuda sometida a la ley argentina y hacerlo de manera conversada con la deuda regulada por ley extranjera; y a la vez reprogramar los vencimientos con el FMI garantizándose los desembolsos comprometidos en el actual programa. Esto pareciera en camino. La oposición lo ha sugerido. El gobierno lo está aproximando. Es insuficiente y necesario.

Otros señalaron la conveniencia de usar parte de las reservas de libre disponibilidad para cancelar a precios de mercado (infinitamente menores al valor facial) parte de la deuda externa de vencimiento inmediato, realizando una ganancia extraordinaria. Con un poco de calma y sin rifar las reservas es un estrategia saludable: una de las pocas que puede hacer bajar el riesgo país de los valores exóticos que ha alcanzado.

A todo ese menú financiero – compartido por gran cantidad de economistas profesionales de todas las corrientes de opinión – se le sumó la idea de formular un nuevo régimen cambiario, un control de movimientos de capitales que hoy es completamente irrestricto. De esto no cabe duda. Nadie en su sano juicio puede seguir apostando a la racionalidad y a la viabilidad del régimen actual. El futuro, repito, lo esta recibiendo al proximo gobierno con un dólar a 80.

Antes del Cepo se podían atesorar 2 millones de dólares por persona y por mes. Antes del Cepo CFK presenció en su gobierno la fuga de casi 80 mil millones de dólares. No lo podemos repetir. Lo tenemos que detener.

Por otra parte, el actual balance comercial positivo sigue siendo, del lado de las importaciones, un elemento corrosivo de algunos sectores productivos a pesar de la caída de comercio que implica la brutal recesión. Podemos comprar agua importada francesa. ¿Viajan a vela? ¿El agua mendocina viene en camión? ¿Vela mata camión? Cuesta creer que lo sigamos haciendo en esta situación. No tenemos ni generamos dólares genuinos.

Los dólares contantes y sonantes son nuestro nervio central. En julio, antes de las PASO y cuando las encuestas daban los números necesarios para que Macri gane en segunda vuelta, se fugaron 2000 millones de dólares; y en agosto – cuando las urnas señalaron que Macri puede no llegar a la segunda vuelta – se fugaron otros 2000 millones de dólares. La fuga primero es posible y segundo es permanente sea quien sea el que gobierna. Y es un cáncer que no lo podemos tratar con el mismo trato que los dólares para pagar las drogas en la lucha contar el cáncer ¿O no?

Hay una constante: la desconfianza de los mercados que venden los bonos y sube el riesgo país; la desconfianza de los tenedores de pesos – aunque suba la tasa de interés – que hace subir el dólar y lo más importante hace bajar las reservas.

Para mantener las reservas en un nivel razonable hay que endeudarse y parte de lo que nos endeudamos garantiza “el sagrado derecho a tomar agua francesa” aunque el que tiene los pesos no genere dólares. A esta altura ese discurso es sencillamente insensato.

La realidad es que dólares, lo que se dice dólares tipo “billetera mata galán” no hay. Y que hay que ordenar la cola de los pagos, ganar tiempo para juntar los verdes, y armar un calendario cumplible. ¿Qué parezca un consenso?

Y todas las cosas que está haciendo Lacunza y las que debería hacer el Parlamento hay que hacerlas. Reprogramar con el FMI y lograr sus desembolsos hay que hacerlo. Cancelar anticipadamente la deuda corta y barata, hay que hacerlo. Y – dentro de las normas básicas del FMI – hay que ordenar el mercado cambiario ante la escacez. Obligar a la liquidación, todo lo inmediato que sea posible, de las exportaciones. Y regular el mercado cambiario y plantear restricciones importadoras ante las extraordinarias condiciones negativas de la producción local. Hay que hacerlo.

Lacunza, que tiene – no sólo los símbolos – sino las concepciones y las maneras que – tal vez por su proximidad a Maria Eugenia – lo alejan drasticamente de la troupe PRO y de las huestes de trols de M. Peña y de J. Duran Barba, es un funcionario que puede tejer un puente de políticas de corto plazo que permitan llegar razonablemente al cambio de gobierno y dejarle a la política y a la disputa electoral, la gran tarea de anunciar el programa y las medidas por las cuales la Argentina saldrá del pantano de estos 45 años.

Con un corto plazo administrado gracias al Consenso mínimo de la oposición en el Parlamento, apoyando las regulaciones imprescindibles aquí sugeridas, será posible que la campaña sea un debate sobre el futuro y no una catilinaria inaguantable sobre el pasado.

Pero para eso hace falta que la oposición aproveche los pasos insuficientes, pero necesarios, que ha dado Lacunza y profundice las cosas en esa dirección: no vamos a un default porque todos podemos habilitar una renegociación que nos permita respirar.

Y de una vez por todas seamos conscientes que no hay peor populismo, nefasto e inútil, que el del endeudamiento externo. Y para liberanos del populismo de la deuda hay que producir y vender más de lo que consumimos.

Me viene a la memoria un cuento de JL Borges – que lo ha dicho casi todo – compilados en la obra Historia Universal de la Infamia. Nuestra decadencia es parte de la Infamia de la historia universal, la infamia como pérdida de los derechos de ser ciudadano. Estamos perdiendo esa dignidad de ciudadanos arrastrando a tanta gente a la pobreza y a la miseria. En esa compilación hay un cuento que se llama “Del Rigor de la Ciencia”. Hemos estado sufriendo las decisiones de algunos profesionales de la disciplina económica que con el escudo de la ciencia han acometido una sucesión de verdaderas barbaridades. Si bien la historia transcurre por otro lado termina diciendo “En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos”.

De eso se trata nuestro Mapa, nuestro lugar en la Historia, que es donde debemos cumplir la misión de hacernos plenamente ciudadanos y eso no puede ocurrir si nos estamos convirtiendo en una fábrica de mendigos. La economía para la deuda nos está transformando hace décadas en mendigos.

La madre de nuestro endeudamiento es haber destruido la industria. “Sin industria no hay Nación” Carlos Pellegrini, hace más de un siglo, tiempos difíciles.

La realidad: hay que pedirle a nuestros gobernantes que hagan las cuentas del desequilibrio comercial de la industria. “Gris es toda teoría y verde el árbol de oro de la vida” Gohete.

 

Por Carlos Leyba

Se el primero en comentar en "TIEMPOS DIFÍCILES"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*