¿QUÉ REFORMAS ESTRUCTURALES?

Los discursos oficiales, opiniones de colegas y cataratas de comunicadores, repiten la necesidad de realizar lo que llaman “reformas estructurales” para poder terminar con nuestros males.

En el extremismo PRO esas reformas, las que ellos postulan y luego enunciaremos, son condición suficiente para poner al país en el sendero del crecimiento. Menuda tarea le esperan.

El país hace 8 años que no crece. La inflación anual supera el 50%. La fuga de capitales 16mil millones por año, La deuda social, la pobreza, el desempleo, la inequidad, no han dejado de crecer en estos 4 años. Y tampoco ha dejado de crecer la deuda externa, la fuga de capitales, y el riesgo de caer nuevamente en situación de default.

A pesar de estos resultados, la gente del PRO y sus aliados en Juntos por el Cambio, consideran que han llevado a cabo suficientes “transformaciones” para que – luego de las reformas que prometen – la economía finalmente retome el rumbo del crecimiento. Es el extraño caso de optimismo respecto del pasado.

En el “inventario” de esas transformaciones, por ejemplo, el Senador Federico Pinedo (La Nación +) ha mencionado “el tren”…

Federico acusa en este caso una imaginación extraordinaria aunque peligrosa.

Agrega “energía”; inversiones viales, etc. Es obvio que las “transformaciones” inventariadas por Pinedo son sólo algunas obras obvias para cualquier gestión de 4 años. Pero sin duda son obras más consistentes y sin sobreprecios, si las comparamos con las de la gestión anterior. Ese es más cumplir un deber que un mérito.

Pero sumado todo lo hecho, en el mejor de los casos, es poquísimo para 4 años. Y además con prioridades equivocadas (mucho cemento en la Capital Federal) y con baches gigantescos en, por ejemplo, el conurbano – si nos referimos a lo social – y la continuidad del sistema de transporte obsoleto – si nos referimos a la logística para el desarrollo.

El paso del PRO no ha dejado nada como plataforma para el futuro sino todo lo contrario. No se cumple aquella norma del General Perón “no se preocupe m´hijo que los que vengan nos harán buenos”. No fue así.

A pesar de la desastrosa gestión PRO, no se ha convertido por eso en buena la gestión K. De ninguna manera.

Pongámoslo claro, desde 1975 el PBI ph creció a la tasa de 0,58% y la pobreza creció a 7% anual acumulativo. Hasta 1975 la pobreza era del 4 % de la población; y el PBI ph creció, durante los anteriores 30 años, al mismo ritmo que EEUU.

Para encontrar un período tan largo de crecimiento y progreso social, hay que viajar 45 años atrás.

¿Qué deja Macri? Su amigo Carlos Melconian, en su libro “Cantar la Justa”, lo dice claramente. Veamos.

El promedio anual del déficit primario de todos estos años (-1,7%) fue menor que el recibido. Bien por ello. Pero lo fue gracias a una licuación del gasto derivada de la elevadísima inflación de estos 4 años.

Y el “ajuste externo” logrado fue la consecuencia de una caída de las importaciones derivada de la recesión, con exportaciones estancadas. Y además financió la fuga promedio anual.

El elogio de la gestión PRO sería “no se hizo nada en los pies porque cayó de cabeza”. En otras palabras “las notas positivas” de superficie acusan horrores de fondo.

Sin duda, para volver a crecer, hay que reformar las estructuras responsables de este fracaso que tiene fecha de comienzo en 1975.

¿Pero cuáles son las estructuras responsables? En el debate domina la confusión entre estructuras e instituciones “superestructurales”.

El PRO cree que las reformas previsional, tributaria y laboral, que no hizo, serían la base para terminar con el fracaso. La apelación a esas “reformas” goza de excelente reputación mediática.

Esas “reformas”, que son importantes, son superficiales y no apuntan de manera directa a las verdaderas estructuras de la economía: el corazón.

Llamar “estructurales” a reformas de normativas (previsionales, tributarias, laborales) que administran las estructuras es un grave error.

Ningún economista formado (libre de presiones mediáticas, de consultoría, etc.) llamaría a esas normas, “estructuras”.

Entonces ¿qué es lo estructural en la economía? Apelemos a la visita de un extra terrestre (no contaminado por ideologías o pasiones políticas) que quisiera conocer las estructuras, los fundamentos materiales, de una determinada economía y las relaciones sociales que de ellas se derivan.

Lo primero que preguntaría es por la estructura productiva, es decir, ¿qué se produce? ¿quién?¿cómo lo hace?

En segundo lugar preguntaría ¿cómo se distribuye el producto social?

Las estructuras de acumulación y distribución definen una sociedad.

Sabemos que la “estructura de la acumulación” da lugar a lo que producimos. La “estructura de la distribución” produce la trama social.

El extraterrestre podría haber aterrizado, por ejemplo, en un país en el que rige una distribución primaria equitativa: sin pobreza significativa, digamos 3 % de la población; y con un Coeficiente de Gini de 0,25.

O bien en un país inequitativo, por ejemplo, con una distribución primaria que genera un Coeficiente de Gini de 0,45 y más del 33% de pobreza por ingresos.

En el primer ejemplo, el Estado – salvo por el régimen previsional – casi no realiza pagos de transferencia compensatorios porque la distribución primaria (la que surge de la producción) es equitativa.

En el segundo ejemplo, porque la distribución primaria es inequitativa, los pagos de transferencia del sector público son voluminosos para “poder compensar la inequidad social”.

La distribución primaria, siempre, es la que resulta del pago de salarios y remuneraciones al trabajo o a la contribución a la generación de valor, que es lo que surge de la estructura productiva.

La distribución secundaria es la que realiza el Estado cuando los resultados de la distribución primaria (pobreza, inequidad) afectan la cohesión social.

El extraterrestre habrá observado que, en general y salvo excepciones, las economías con una estructura productiva con “mucho capital” por unidad de trabajo, son aquellas en las que la distribución primaria permite un Coeficiente de Gini bajo y una baja proporción de personas bajo la línea de pobreza.

Es que hay una alta correlación entre calidad distributiva y capital por unidad de trabajo. El capital incluye el equipamiento físico y lo invertido en conocimiento, ciencia y tecnología.

En la inmensa mayoría de las economías “capitalizadas” es fuerte la presencia industrial. En la industria, la productividad del trabajo se potencia por la densidad de capital por persona ocupada.

El extraterrestre conoció una economía industrial (mucho capital, equipamiento) que genera un producto que se distribuye equitativamente. El verificó que en esa economía el crédito – amplio y barato – estaba disponible, porque “el capitalismo es un sistema de propiedad privada de los medios de producción en el que la innovación se financia con crédito”( JA Schumpeter).

En esa economía, además, el Estado tiene sólidas finanzas y califica para crédito internacional a una tasa de interés inferior a la tasa de crecimiento del PBI año a año.

El crecimiento, en ese país, reduce el peso de la deuda de las inversiones públicas a largo plazo. Nuestro visitante aterrizó en un país desarrollado. Claramente no en llegó a la Argentina actual.

Podría haber aterrizado en un país con fuerte inequidad. Ahí el Estado deberá realizar fuertes pagos salariales (muchos de ellos innecesarios porque son formas ocultas de subsidio al desempleo) y además transferencias para morigerar la inequidad que el sistema productivo genera. Crea empleo que no agrega valor, pero genera salarios. Demasiados empleos públicos son subsidios al desempleo encubierto.

Fuerte inequidad y pesados pagos de transferencia del Estado, son la consecuencia que esa economía no dispone de una masa de capital por persona ocupada que le proporcione una dinámica productiva. Ese es su problema estructural. Esa “estructura material profunda” es la que hay que reformar.

La dinámica del crecimiento, de esa economía sin capital, no está gobernada por la inversión. Seguramente la gobiernan impulsos ocasionales del auge de los mercados de determinados recursos naturales.

Es que se trata de una economía primaria cuyo principal recurso es la naturaleza; no dispone de una estructura financiera sólida y la que existe sólo pude financiar a tasas de interés muy superiores a las tasas de crecimiento de la economía. Las deudas serán proporcionalmente mayores con el tiempo.

En su estructura esta el endeudamiento y la incapacidad de solventarlo. Una economía para la deuda. Como la Argentina.

Si bien es una economía de propiedad privada de los medios de producción, no es una economía capitalista porque su dinámica es regresiva. No es en ella la inversión la que imprime la dinámica. Y sin inversión no hay dinámica de crecimiento capitalista.

Nuestro extraterrestre se enfrentó a dos estructura económicas diferentes.

La economía desarrollada tiene una estructura previsional sólida, excepto que los problemas demográficos de envejecimiento acelerado y bajas tasas de natalidad la liquiden: pero no es una consecuencia de la estructura económica sino de la demográfica.

De la misma manera, dadas las tasas de inversión y el peso de la distribución primaria, las finanzas públicas están en orden.

Y de la misma manera la densidad de capital y su dinámica plantean relaciones laborales productivas.

Todo lo contrario ocurre en la otra economía: la previsión social está estructuralmente desfinanciada como consecuencia de la debilidad de la distribución primaria (los pagos de transferencia son una parte sustancial de la distribución); la ausencia de inversiones a su vez desequilibra el Presupuesto; y las relaciones laborales están afectadas por el escaso dinamismo de la inversión.

Una paradoja: el objetivo de las organizaciones laborales, en estas economías, es “aumentar o mantener el empleo”, porque no “aumenta el capital”. La tendencia es a la baja de la productividad o al desempleo (que socialmente es lo mismo) como consecuencia de la dinámica regresiva de la inversión.

“La redistribución a través de impuestos y transferencias fiscales acepta la estructura productiva tal como es, y simplemente mejora los resultados mediante dádivas”.(D.Rodrik) Buena descripción para buenos entendedores.

No cabe duda que la estructura productiva es determinante de todos los resultados, incluyendo aquellos que procuran quienes privilegian las reformas normativas.

Las reformas normativas, sólo luego de infinitas iteraciones en el tiempo (décadas), podrían inducir la reforma de la estructura económica de acumulación y distribución. Cuando es tarde, el tren ya partió.

El debate está mal planteado. Particularmente quienes se han alineado (economistas, comunicadores) a las simplificaciones PRO, han priorizado un debate secundario en una economía cuyos resultados de largo plazo ya hemos mencionado. Esta es una economía que no dispone de una masa de inversiones que pueda garantizar otra cosa que un colosal estancamiento. No de ahora sino de hace 45 años.

Necesitamos imperiosamente reformas estructurales que apunten esencialmente a la estructura de acumulación.

Las reformas normativas cuentan pero no son las que deben preceder a la de la estructura productiva.

Lo prioritario es reformar la estructura de la acumulación reproductiva. Llevar la tasa de inversión bruta fija al 30% anual, es el mínimo indispensable para aspirar a una tasa de crecimiento razonable.

Necesitamos orientar una parte sustantiva de esa inversión a la creación de trabajo de alta productividad (económica y social) en las áreas urbanas. Necesitamos una fuerte promoción de la inversión industrial, sobre todo orientada a la exportación y a la sustitución de importaciones. Con esta estructura productiva todo crecimiento termina en crisis de balanza de pagos.

La opción es no crecer o transformar la estructura productiva para tener “otro” crecimiento que nos aleje de la crisis del balance de pagos.

Un clima inversor (que así se logra) inducirá también a la aplicación de recursos en aquellos sectores (naturaleza) donde tenemos fuertes ventajas comparadas.

Una política pro inversión contribuye al empleo, a la mejora fiscal y a la distribución primaria.

De ese modo se provee a la reducción de la distribución secundaria que genera presión de endeudamiento fiscal.

Acumulación, empleo, distribución primaria, recursos fiscales, desendeudamiento. Un círculo virtuoso. ¿Cómo?

Los argentinos poseen ahorros o atesoramiento, por 300 mil millones de dólares. Blancos tal vez 200 mil. Para que no se sigan yendo, o para que algo retorne, es necesario (y para todos los potenciales inversores sin discriminación) generar zanahorias futuras. Lamentablemente el mundo desarrollado compite (ademas de las condiciones del desarrollo) con zanahorias presentes (aportes sin cargo del 30% de la inversión).

Hemos perdido 45 años por haber comprado la idea que “el mercado lo resolverá” . Podríamos decir que nuestra desgracia “es la ausencia de promoción estúpido”.

Nos quedan las zanahorias futuras: si invertís, si financias las inversiones, te liberó de toda carga tributaria … siempre y cuando no compitas con la inversión instalada (es decir, que sustituyas importaciones o exportes algo que no exportamos).

En este momento de recambio se impone una reforma de la estructura productiva, que llevará a la de distribución.

Una reforma que nos permita crecer como mínimo a 5% por habitante y reducir la pobreza a mucha mas velocidad de la que ella creció. Duplicaríamos el PBI ph en 2033 y con suerte, en ese año, habremos reducido la pobreza al 5%.

Suena optimista. Invita a la acción.

Pero le advierto, prefiero no estimar los conflictos del futuro si no lo intentamos.

 

Carlos Leyba

Se el primero en comentar en "¿QUÉ REFORMAS ESTRUCTURALES?"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*