LA LIBERTAD DEL BERRINCHE

Javier Milei es un tipo carismático, sin duda. Con su aspecto estrafalario, sus ataques de furia y sus excentricidades dialécticas ha logrado ganarse adeptos por todos sitios, en especial entre muchachos jóvenes que no entienden ni una palabra de su discurso.

Adoran la imagen, el simbolismo, la trivialidad.

Tal como otra gilada afirmaba sandeces como que Macri sería un gobernante honesto por que es rico y eficaz por ser empresario.

En estos días, entre puteadas y dicterios hacia la política, el Estado y el Banco Central y conceptos monetaristas de Milton Friedman, Milei anda repitiendo cierto cliché que entusiasma a las masas crédulas.

Nos dice que el hombre tiene la libertad natural de hacer lo que quiera con su capital, con sus ganancias, con el fruto de su esfuerzo.

Y eso incluye comprar dólares porque no quiere pesos.

¿Quién se pondría en contra de eso?

Una tontería mayúscula.

En principio porque nadie tiene libertad absoluta -la única libertad- ni la quiere.

Vivimos en un sociedad en la cual todos dependemos de todos, por tanto acordamos respetar ciertas reglas de conducta para pertenecer a ella y gozar de sus beneficios.

La otra opción es irse a vivir solo en algún desierto fiscal que quede por la cordillera, o la puna.

Rodeado de fieras, buscando el propio alimento, purificando el agua y cubriéndose con lo que uno consiga.

¿Usted gusta?

Pues, si la respuesta es no, entonces usted no quiere libertad.

Quiere la protección de su sociedad. Quiere agua saliendo por la canilla, calles por la cual transitar, un Juez que diga que su casa es suya y un policía que evite que se meta uno con una escopeta y lo eche.

Desea pagar el precio de cumplir las normas, el contrato social, para tener todo eso.

Y la ley es la negación de la libertad.

Entonces, nadie puede hacer lo que quiera con sus ganancias. Sólo lo que la ley permite.

En segundo porque Milei -o cualquiera otro de estos liberales- no explica cómo ganó «su capital», «sus ganancias» y con cuál esfuerzo los obtuvo.

Yo dudo mucho de que usted o él hayan hecho el «esfuerzo» de extraer el petróleo con el cual viajan y comen sus alimentos venidos desde lejos, o de purificar el agua del río.

Ese detalle lo hace a usted y a Milei depender drásticamente de todos los demás en la sociedad en una larga cadena.

Entonces, «sus ganancias» no son tan «sus».

Basta con que un par de eslabones de la gran cadena se quiebren para que «sus» ganancias desaparezcan instantáneamente y «su» capital valga tan sólo como papel para fuego.

Ahora, lo más importante.

Milei invoca su libertad de comprar dólares, su derecho, algo que nadie podría quitarle.

Pues, los dólares son papeles impresos por la FED -una asociación de bancos privados- en EEUU.

Entonces, lo que tiene Milei y usted en realidad, es la libertad de ir a EEUU y convencer a esos bancos de que le den sus dólares deseados.

Cómo lo logre es asunto suyo que no me incumbe.

Pero si Milei quiere que el BCRA le dé dólares que no imprimió, uno debe preguntarse de dónde los sacó el BCRA, cuántos otros ciudadanos argentinos están involucrados en ese trato por el cual los obtuvo y porqué esos ciudadanos involucrados estarían obligados a dárselos a él o a usted.

Detalles que no parecen ser relevantes para el libertario.

Esta es la libertad del niño caprichoso.

La que se tiene cuando se vive en un ámbito protegido, se tiene un padre proveedor, y no se conoce el barro.

La libertad del berrinche.

 

 

Por Prof. Alejandro Javier Liébanez

Posadas, 23 de setiembre de 2019

 

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