LAS DIFICULTADES EN LA DIFUSIÓN DE LA POLEMOLOGÍA

CURSO DE INTRODUCCIÓN A LA POLEMOLOGÍA

AGO-SEP 2019

Grl. Heriberto Justo Auel

“El miedo a la guerra, es peor que la guerra misma”. Séneca -4 a C/65 d C-

“Las derrotas están inscriptas en el alma de los pueblos,

antes de que las guerras comiencen”. René Benjamín -1885/1948-

UD 3 (*): Las dificultades en la difusión de la Polemología

  1. Los obstáculos que la ciencia de la guerra ha encontrado.
  2. La evolución del Derecho Internacional (DI).
  3. La preocupación terapéutica inmediata y las vías del mínimo esfuerzo.
  4. Las teorías unilaterales.
  5. Las teorías sicológicas unilaterales.
  6. La partera de la Historia (1).
  7. El derecho de la guerra y el terrorismo (5).

(*). Gastón Bouthoul. “Tratado de Polemología”. Ed. Ejército. Madrid. España.

  1. Los obstáculos que la ciencia de la guerra ha encontrado.

Bouthoul enfocó a la guerra desde la Sociología. La guerra, considerada como fenómeno socio-político, está relacionada también con la Ciencia Política. Cuando en la Política Exterior -en las  relaciones internacionales- la diplomacia agota sus recursos de negociación a través del diálogo, el conflicto ingresa al espacio belígero. En las relaciones políticas internas ocurre lo mismo. Cuando el diálogo socio-político intersectorial o interpartidario no existe, el adversario interno pasa a la categoría de enemigo. Estamos en presencia de un “estado de guerra civil” o de “guerra civil”; la peor especie de las guerras, porque en ella están presentes el odio y los resentimientos, como instrumentos centrales.

Cuando en éste curso hablamos de guerra, no lo hacemos desde el punto de vista militar, como lo hacen los Estados Mayores o las Escuelas de Guerra en las que se estudian y aplican las técnicas procedimentales y aún el arte en la dirección de los combates, abarcados por la táctica y la estrategia, la organización y lo instrumental, todo ello en la categoría de medios con los que se conducirán los combates y las batallas.

La Polemología -conocimiento con el que nos iniciamos en éste curso-  estudia científicamente a la guerra como fenómeno social, constituyendo un nuevo capítulo de la Sociología y de la Ciencia Política, en un plano superior, abstracto, previo y abarcativo a toda acción operativa. Al hacerlo, encontramos obstáculos metodológicos.

Partimos del hecho que los fenómenos sociales exigen un camino de exploración apropiado a su naturaleza dinámica. Por todo ello, las metodologías también deben respetar esos condicionamientos. Vayamos a los principales obstáculos que en la práctica se ha encontrado:

  1. La pseudo-evidencia de la guerra: existe una visión -muy arraigada- que a la guerra la conocemos naturalmente o intuitivamente, por lo que no exige reflexión ni investigación científica alguna. No hay niño que no haya jugado “a los soldaditos”. Hay cierto convencimiento de que ya la conocemos y ello está relativamente naturalizado. En la literatura, en el cine, en las novelas, nos iniciamos con las aventuras violentas, mucho más abundantes que cualquier otro tema. Los nombres las calles, de los monumentos, de las estatuas o de las plazas y la música militar, transmiten a la ciudadanía un sentido heroico de la vida y particularmente de la guerra. Y eso es bueno, desde el punto de vista de nuestra cultura, pero debemos superar el entendimiento de que las guerras nos han acostumbrado a su natural y obligada presencia en la civilización. Y para ello, nada mejor que recordar a Aristóteles: “La ciencia comienza por el asombro”.
  2. La guerra pareciera depender enteramente de nuestra voluntad. El segundo obstáculo psicológico que puede impedir estudiar a la guerra objetivamente, “como una cosa”, -según la fórmula durkheiminiana- es la ilusión de que la guerra es un fenómeno totalmente voluntario. Ciertamente, es un fenómeno consciente, pero NO es totalmente voluntario. Ya hemos dicho que “se la ve venir”. Todas comienzan y terminan en el plano de la Política y hoy se desencadenan sorpresivamente, como una catástrofe. Lo más importante -antes del desencadenamiento de una guerra- es estudiar los “impulsos belicosos del agresor” en una determinada circunstancia e inmediatamente plantearnos la cuestión de saber si esos impulsos se relacionan con modificaciones de “las estructuras sociales” de los actores considerados. Si el pensamiento de estos está influenciado por la economía o si la psicología social lo está por las estructuras. Toda institución responde a una mentalidad y a la inversa, toda mentalidad crea instituciones que le permiten proyectarse.
  3. El ilusionismo jurídico. Creer en el carácter voluntario y consciente de la guerra, es probablemente el principal obstáculo para su estudio. A menudo ha sido el Derecho Internacional el que se interpuso entre las guerras y quienes han tratado de comprenderlas. Nuestro antiguo profesor de RRII, el Dr. Ferraris, citaba a la “evasión por el derecho” de algunos diplomáticos, como una constante histórica de nuestra Cancillería. El Derecho Internacional pretende, a través de normas legales y coercitivas, prohibir un fenómeno cuyas características conducen a considerarlo patológico.
  4. La evolución del Derecho Internacional -DI-

En su origen, el DI fue “teológico”. Quienes declaraban la guerra, quienes la ejecutaban, las murallas, las armas o los símbolos, tenían carácter sagrado. Los sacerdotes y magistrados decidían -por sobre los estrategas- la conveniencia y las condiciones de la batalla. Aun subsisten rasgos teológicos en el DI y en la guerra. Asistamos a “Guerras Santas” y el Juicio de Dios sigue presente y vivo entre nosotros.

Más tarde, el DI mutó hacia lo “metafísico”. Los dioses fueron sustituidos por la apoteosis del Estado, su intangible y absoluta soberanía, el derecho de conquista, el del primer ocupante, el principio dinástico, aristocrático o popular, o bien la hipóstasis de la nacionalidad o de la raza. A partir de la Edad Media éstos fueron los principios pivotes  alrededor los que giró la guerra; principios que han progresado muy poco. Acerca de los criterios de los límites geográficos se ensayaron sucesivamente la teoría de las fronteras naturales, las religiosas -surgidas con el Tratado de Westfalia- o los principios de segregación lingüística. Sobre esta última teoría emergieron una serie de variantes,  relacionadas con “el alma de los pueblos”. Es así que, a lo largo del tiempo, se ha concebido al conflicto armado como el estado normal de las relaciones internacionales.

Más recientemente Bernhardi y Clausewitz lo consideraron “la continuación de la Política por otros medios” y  Hegel estableció que la guerra era “el punto culminante de la vida del Estado”. Nuestro autor cuestiona todo esto y se pregunta: ¿es posible legislar sobre algo que no se conoce? ¿Qué es la guerra, cuál es su naturaleza, cuáles son sus funciones y qué finalidades cumple?

Otro obstáculo en la elaboración de la Polemología ha sido de DI Antropomórfico. Se trata de la asimilación perpetua e instintiva de la guerra con las querellas particulares entre individuos. Ha sido sin duda el reflejo de los períodos monárquicos de la Historia, cuando la soberanía política era un bien patrimonial del monarca. En el tiempo, periódicamente renacen proyectos elaborados sobre cánones antropomórficos, en los que se pretende evitar la guerra con un reglamento policíaco o bien homologándolo con los reglamentos  deportivos o de los arbitrajes de las querellas caballerescas.

En el año 2008, en la cátedra de DI del Dr. Jorge Corrado, en la UCALP – San Martín, se desarrolló una Tesis relacionada al “Terrorismo y el DIP”, que entre sus Conclusiones expresa:

“El fenómeno terrorista se ha globalizado, teniendo algunas redes terroristas capacidad operativa a nivel mundial. La Comunidad Internacional, a través de Naciones Unidas y las distintas Organizaciones Internacionales de carácter regional, como el Consejo de Europa, la Organización de Estados Americanos, la Liga de Estados Árabes, la Organización para la Unidad Africana y la Unión Europea, han puesto en marcha planes de acción, estrategias y desarrollos jurídicos para la lucha contra el terrorismo desde el ámbito del Derecho Internacional Público.

En este contexto, es preciso cuanto antes mancomunar los esfuerzos de todos los Estados para erradicar el terrorismo internacional, que es una amenaza para la paz y la seguridad. En primer lugar, se deben crear estructuras internacionales capaces de reaccionar rápidamente y a nivel profesional ante cualquier intento de preparar y efectuar un acto terrorista o prestar ayuda financiera para que éste sea efectuado. Es necesario modernizar sustancialmente las normas del Derecho Internacional, previendo elaborar medios legales eficientes para neutralización al terrorismo internacional, en cuanto nuevo desafío  a la comunidad mundial.” (Alumnos: Ciccaglione Silvia, Manzueto María Belén, Rodríguez Joaquín, Schaller Martín).

  1. La preocupación terapéutica inmediata y las vías del mínimo esfuerzo.

Es muy común encontrar que aquellos que encuentran imposible eludir a la guerra, son con frecuencia quienes luego quieren detenerla. Son los pacifistas tardíos que conducen a las vías del menor esfuerzo. Los hay de varias clases:

  1. La posición fatalista: son quienes proclaman que la guerra “es un mal incurable, inevitable”. En el siglo XVIII los filósofos trataron de desacralizarla, pero la gesta napoleónica inspiró a Hegel y a sus seguidores. Para ellos es la apoteosis del Estado. Por la mediación de la guerra se cumplen el “Destino y la Historia de los pueblos”, sostienen.
  2. La patología social: es la vía del menor esfuerzo de quienes creen que las guerras son malentendidos lamentables, accidentales, esporádicos y sorprendentes. Con el entendimiento se logra su solución. Es una enfermedad social fácilmente curable. Hay que distinguir entre lo natural y lo patológico de las sociedades. Sin embargo, reconozcamos que se da en todas las sociedades y en todos los tiempos.
  3. Las teorías unilaterales.

Sorokin -ruso- llama “teorías unilaterales” a lo que sociólogos occidentales llaman “teorías de los factores dominantes”. Consiste en seleccionar a uno de los numerosos motivos de las guerras y promoverlo a la categoría de causa universal, en función de la “economía de esfuerzo”. De ese modo numerosos planes de paz surgieron por ese camino. Pero lo que pudo ser causa, en un determinado momento, no hace que sea un comodín para otras situaciones. Cada guerra, a través del tiempo, reaparece con una etiqueta nueva. Toda guerra presenta -simultáneamente- varios aspectos: políticos, religiosos, demográficos y económicos.

La “mentalidad mágica” que ha sido eliminada de las ciencias duras, aun permanece en las ciencias sociales, como lo hizo la Teología, tratando de esclavizar a la Filosofía en la Edad Media.

  1. Las teorías sicológicas unilaterales.

Otra vía que sirve a la teoría del menor esfuerzo, es la de mostrar la crueldad de la guerra, recordar permanentemente el número de bajas o sus estragos, para que se renuncie por siempre a ella. Pero, las guerras obnubilan en algún grado nuestra facultad de razonar y ahoga a los instintos más fundamentales, como el de conservación. Desde el punto de vista de la psicología social la guerra produce un trastrueque de nuestros valores, incluidos los de la moral y los de la economía. La frontera de lo sagrado queda desplazada. En las posguerras siempre hay procesos de transculturación. La Argentina los está padeciendo, pero no hay conciencia de ello. La doble posguerra presente no está siendo vivenciada por nuestros conciudadanos.

  1. La partera de la Historia (1).

La violencia es inherente a la naturaleza humana. Los pensadores, en todos los tiempos, nos han dejado la impronta de la violencia en las diferentes etapas de la civilización, en su avance inexorable. A continuación veremos las correspondientes de algunas de ellas, para observar su derrotero:

HERÁCLITO: había sentenciado que “la guerra era el padre de todas las cosas”.

HEGEL: ve a la Historia como un matadero -la guerra- “en el que se sacrifica la felicidad de los pueblos, la sabiduría de los Estados y la virtud de las personas”.

MARX: afirma que “la guerra es la partera de las clases sociales”.

Convivimos con la violencia, como con los volcanes. Estamos expuestos a comportamientos  individuales o colectivos de inesperada y alta violencia. Cuando ésta es organizada, estamos en presencia de la guerra. Los citados comportamientos adoptan las más diversas formas. El punto común de todos ellos, es la violencia. La sicología, la siquiatría, la sociología indagan en estas variadas formas de violencia, pero no acuerdan en las causas. Unos la refieren a rasgos de la personalidad –Samenow- (2) sin prestar atención a factores externos, otros -Knoll- (3),  a una forma de suicidio colectivo dentro de la teoría del “pseudocomando”, mientras otros autores le dan mayor importancia a los factores culturales -Venanzi- (4).

Los estallidos destructores se deben a causas naturales o a causas antrópicas. Entre estas últimas las armas de destrucción masiva -QBN- han tenido una importancia central en nuestros tiempos. Constituyen, desde los lanzamientos nucleares en Japón, un hito histórico que da lugar a la Estrategia Contemporánea. La cultura abomina a la guerra y trata de eliminarla, pero de modo parcial e insuficiente. La convicción de que son inevitables, hace que se intente regularlas y así aparecen el Derecho de Guerra, la Convención de Ginebra y sus Protocolos Adicionales, todos ellos considerados un adelanto para controlar a la violencia, pero la práctica indica que llegada la guerra su cumplimiento es relativo, pues su estricto cumplimiento puede llevar a la derrota.

Pareciera excesivo pensar que la violencia anida en el hombre, en la naturaleza humana. Sin embargo debemos rendirnos ante la evidencia. Hasta en las religiones, donde el hombre busca elevarse metafísicamente, nos encontramos con la violencia. En las tres religiones “del Libro”, el mosaísmo, el cristianismo y el islamismo, la violencia encuentra un lugar singular.

El Antiguo Testamento es prácticamente una historia militar. En las tres religiones se habla de “guerra santa”, concepto del cual surge para los cristianos el de “guerra justa” por vía de Aristóteles, que racionaliza el concepto original. Ambas concepciones buscan legitimar el recurso de la violencia y han derivado en amplias polémicas.

Desde un punto de vista legal y legítimo, el recurso de la violencia es solo justificable, según la Carta de la ONU, cuando media la legítima defensa. En su aplicación existen un sinnúmero de interpretaciones. Hoy el Derecho Internacional Humanitario obliga a guerras de “intervención” con fines humanitarios, pero otra lectura del mismo señala que la aparición del terrorismo en el escenario de la violencia, obliga a un replanteo total de las doctrinas de sostén jurídico de la guerra, si bien no en el sentido del “jus ad bellum”, sino totalmente en el de “jus in bello”. Más abajo volveremos al tema “terrorismo”, que tanto nos afecta a los argentinos.

La “intervención humanitaria” se encuentra en el espinoso terreno de la interpretación de intencionalidades políticas y morales, que incluye al extremo de si se debe extender o no el derecho de guerra al terrorismo.

Otra variante de la violencia es el “cautiverio”, que nos lleva a otras dos: la “violencia estructural” y la “violencia cultural” estudiadas por J. Galtung, que sin tener una manifestación objetiva y material, constituyen el entramado de la vida ordinaria que todos aceptan y no se cuestiona.

Las grandes religiones o filosofías orientales -el hinduismo, el budismo y el taoísmo- tienen complejas relaciones con la violencia. Todas la rechazan, pues con ella no se alcanza la “perfección”. Para todas ellas la violencia está en el mundo. No tratan de alcanzar un mundo sin violencia, sino que se apartan de él. Como vemos la violencia goza del repudio universal y al mismo tiempo es omnipresente.

La guerra puede ser fruto de un frío cálculo planificado o puede ser un irrefrenable impulso de odio. En ambos casos, por la razón o por la sinrazón, se llega siempre a una situación de ausencia de los principios civilizados.  

  1. El derecho de la guerra y el terrorismo (5).

Johan Huizinga calificó a las guerras como fenómenos “lúdicos y agonales”. Se refería a las guerras anteriores a la GM II. Después de 1945, año en que el historiador holandés fallece, las guerras ampliaron su espectro desde una eventual hecatombe QBN, en un extremo, hasta las más perversas y primitivas formas del terrorismo, en el otro, en los tiempos que corren

Aquellos calificativos del historiador se mantienen, pero modificados. La violencia es naturalmente caótica e injusta. Las leyes que la regulan, lo prueban. La historia de la guerra demuestra que el avance de la civilización había logrado, de la mano de “la guerra justa”, un gran avance humanitario. El DI, a través de la Convención de Ginebra y sus Protocolos, la había “encerrado” en los teatros de operaciones militares. Pero, con la aparición de las armas de destrucción masiva se ha posado -nuevamente- sobre las sociedades. Hoy mueren en la guerra más inocentes civiles que hombres de uniforme, en contiendas en  acelerada evolución (5), pues cabalgan el ritmo de la “civilización del conocimiento”. Lo veremos con detalle en la próxima UD.

Los Juicios de Nüremberg sentaron un precedente judicial, en orden a tratar de frenar los impulsos belígeros de la humanidad, pero no constituyeron un modelo de Justicia en la Guerra. Por los mismos motivos con que fueron juzgados los derrotados en la GM II, debieron de ser juzgados los vencedores. Fueron Juicios Políticos, como lo son los de “lesa humanidad” en la Argentina de hoy, luego del “trastocamiento” logrado por el famoso Decreto 158/83. Aquí, en nuestro caso, se juzga a los vencedores de la guerra contrarrevolucionaria. Así lo impusieron, en colusión, quienes fueron los enemigos de la Argentina en las dos guerras que la Nación enfrentó en la segunda mitad del siglo XX (6): el RU y el comunismo internacional

En nuestro caso, la finalidad judicial nada tiene que ver con el control de la violencia. El objetivo perseguido y que aún persiguen nuestros enemigos, está logrado: la destrucción de las FFAA y del Sistema Judicial Penal Federal, por conveniencias políticas de quienes lograron “trastocar” la derrota táctica en victoria política-estratégica .

Esta refinada operación de posguerra fue y es desarrollada a través de una estrategia de aproximación indirecta, desconocida por nuestros dirigentes. En consecuencia, el avance hacia el latente “Estado fallido argentino” -que más bien puede considerarse como un suicidio colectivo- sigue siendo hoy -2019- una alternativa probable, a pocos meses de las elecciones presidenciales de Oct.

El colapso del Proceso Cívico-Militar -en 1983- dio lugar -“vía trastocamiento”- a la explotación del consecuente éxito político-estratégico de nuestros enemigos, -que aun continúa-. Explotación fundada en una debilidad increíble, la ausencia del soporte ético-jurídico en la apertura de la guerra y de su directa consecuencia, la ausencia de las “reglas de empeñamiento” en las operaciones tácticas, en una guerra interna.

Aquella grave debilidad -en la apertura de la guerra contrarrevolucionaria- fue la vulnerabilidad de la victoria táctica argentina en combate y de su “trastocamiento” en derrota estratégica y política, cuya explotación es conducida a través de los propios organismos de DDHH, por políticos hipócritas e ignorantes en estos temas y ejecutada por la SCJN y los prevaricadores Tribunales Orales Federales.

Más de cuarenta años después de aquellas agresiones terroristas-revolucionarias en nuestra región, las grandes potencias enfrentan -desde la posguerra fría -1991- a nuestras ya conocidas “guerras asimétricas”, en las que “no respetan el derecho de guerra”. El terrorismo plantea a los Estados Nacionales condiciones situacionales inéditas a la jurisprudencia de la guerra.

Los iberoamericanos enfrentamos -en los ´70- a estas “guerras asimétricas”, cuando aun no estaban conceptualizadas y carecían de doctrina. Sorprendieron a nuestros países en crisis, con FFAA politizadas y atrasadas en su organización y adiestramiento. Las organizaciones del Norte, defensoras de los derechos humanos, en particular las europeas, elípticamente apoyaron a nuestro “terrorismo doméstico” (6).

El “terrorismo global” que desembarcó en el Norte desarrollado cuando finalizó la guerra fría -2001-,  conmocionó al mundo. Han pasado décadas de aquellos hechos y aun está en discusión qué tratamiento jurídico se le dará al terrorista. Europa, sumida en sus contradicciones culturales, aun no ha resuelto qué hacer para recuperar su seguridad, mientras que en los EEUU -por Ej-   surgió la expresión “técnicas endurecidas de interrogatorio”, para encubrir a la tortura (7)

Aun está en discusión la legitimidad de los Juicios de Nüremberg, que sesionó once meses y  sentenció a un puñado de alemanes. En la Argentina los juicios montados en una falsa definición de “lesa humanidad”, están cumpliendo más de treinta años. Semana tras semana se continúa llamando a militares y civiles a los estrados judiciales federales, que ya suman más de dos mil quinientas personas encausadas. La gran mayoría de ellos permanecen ilegalmente en prisión preventiva.

Uno de los co-autores del Decreto 158/83 -que impulsó a estos juicios falaces- el Dr. Jaime Malamud Goti, recientemente -08 May 17- declaró a Infobae: “Al centrar la culpa en un limitado sector de la población, los juicios de derechos humanos reinventan la Historia. El significado de la “verdad” resultante, frecuentemente percibida como facciosa, es objeto de disputas inzanjables”.

Sin duda que el “relato” impulsado desde el Estado a través de los medios y de las escuelas, ha creado en el país una enorme “grieta”. El mismo Dr. Malamud agrega en la entrevista: “Yo no creía ni creo demasiado en Nüremberg. Pero acá las víctimas tenían razón, habían sido humilladas, habían visto vulnerada su dignidad, pero yo no creía en juzgar a más de 50 personas, a lo sumo, de modo que quedaran condenadas unas 20 o 30”.

He aquí la intención de quienes impulsaron los juicios. Hoy la percepción generalizada es que hay “una venganza” de los terroristas revolucionarios y de sus partidarios, encaminada a través de la Justicia Penal Federal que, de no reconocerse en tiempo, nos llevará a la disgregación nacional (8).

No existen dudas acerca de la importantísima interrelación de la guerra -como fenómeno sociopolítico- con el Derecho Nacional o Internacional, pero siempre hemos de considerar que los hechos políticos deben tener sanción política y que la guerra es un hecho político.

Es muy diferente judicializar a la guerra, que hacerlo con los delitos cometidos en la guerra. Si bien hemos visto llevar al vencido a los estrados judiciales internacionales, aun no hemos visto que una gran potencia haya sido convocada por dichos jueces. La juridificación de la guerra es ciertamente muy relativa. Barak Obama decía: “…en los días inmediatamente posteriores al 11 Sep 01 hicimos cosas condenables. Hicimos muchas cosas que estaban bien pero torturamos a algunas personas. Hicimos cosas contrarias a nuestros valores”.

El terrorismo ha obligado a los Estados a repensar al Derecho de Guerra. Hay que decidir entre la protección a nuestra población y los derechos del terrorista y esta es una decisión que debe tomar la Política.

Lo que no debe repetirse es lo que hicimos en los ´70, cuando movilizamos a las FFAA, a las FF de Seguridad y a las Policías, enviándolas al combate sin “reglas de empeñamiento”, para luego llevarlas a los Tribunales Penales y preguntarles ¿por qué empleó tal o cual procedimiento?.

La Argentina, en sus posguerras ha decidido no tener FFAA (9), con lo que se ha logrado una percepción de riesgo y amenazas permanentes. Si a esto se suma que se retiene el “garantismo jurídico” ante el delito común, hemos alcanzado una situación de ausencia total de disuasión,  frente al enemigo agresor estratégico o al delito, que se presentan actualmente incardinados. Nuestro  Estado-Nación se ha desarticulado y sus instituciones centrales se han licuado. Mientras tanto en el mundo y particularmente en la región, impera el realismo político que conlleva a que la seguridad solo se alcanza previendo a las amenazas, a los riesgos y a la guerra. Hoy, además -como lo expresa Bouthoul- hay que “conocerlos”. Es la razón de ser de la próxima UD.

Norberto Bobbio -1909/2004- socialista-liberal italiano, ensayista, profesor, teórico del pensamiento político, sostiene que existen cuatro modos de relacionamiento entre el Derecho y la Guerra, que nos sirven para resolverlos en tiempos de evolución situacional cualitativa y  acelerada:

  1. “La Guerra como antítesis del Derecho (espacio de anomia y supervivencia).
  2. La Guerra como medio para realizar el Derecho (el jus ad bellum) Las razones para ir a la Guerra.
  3. La Guerra como objeto del Derecho (el jus in bello) El modo en que se debe hacer la guerra y
  4. La guerra como fuente del Derecho. La violencia fundadora y la legitimidad de la victoria”.

Ninguno de estos cuatro aspectos fue tenido en cuenta por el nivel político cuando, sin la mínima idoneidad ordenó en 1974, por decreto, la iniciación de operaciones militares en el marco interno.

Esa debilidad inicial, convertida en vulnerabilidad, dio lugar a la explotación de la derrota estratégica argentina, lograda por el famoso Decreto 158/83. Los Comandantes de Áreas Estratégicas debieron llenar ese vacío fundamental. Lo hicieron con el erróneo asesoramiento de auditores militares legos, que jamás pensaron que iban a ser imprescindibles en esta guerra civil.

Todos los Comandantes de Áreas asumieron sus responsabilidades frente a los falaces tribunales federales y ante la sociedad, como acaba de hacerlo -reiteradamente- el Grl Div D  Santiago Omar Riveros (10).

Los iberoamericanos fuimos los pioneros en enfrentar al terrorismo doméstico en los ´60/´70, en situaciones políticas de grave desorden endémico. A partir del 2001 las potencias Norte, agredidas -cuarenta años después que los Iberoamericanos- por el terrorismo global, han desarrollado rápidamente un cuerpo doctrinario importante para enfrentar a estas guerras civiles asimétricas y han conceptualizado al terrorismo contemporáneo -global-. Esa es la clave en el presente reordenamiento mundial de la Seguridad Internacional y Nacional y para el sostén “agonal” del empleo de fuerza dentro de los Estados Nacionales, cuestión totalmente pendiente en nuestra querida Patria Argentina (8) a pesar de la dura experiencia vivida.

La gravedad de la supina ignorancia dirigencial en la Argentina en lo que hace a la Seguridad Nacional, nos ha llevado -como reacción política frente a nuestros citados errores y carencias- a derogar al Código de Justicia Militar y reemplazarlo por el Código Penal, a eliminar a los Tribunales de Honor, en tiempos de transculturación social y a desconocer a los nuevos riesgos y amenazas estratégicas para impedir el planeamiento estratégico militar y con ello permanecer en grave inseguridad nacional (11).

1 Comment on "LAS DIFICULTADES EN LA DIFUSIÓN DE LA POLEMOLOGÍA"

  1. Armando D. Garcia Lillo | 9 octubre, 2019 at 18:56 | Responder

    Escelente tratamiento de la guerra y su particular expresion en la guerra revolucionaria.-Es de indubitable necesidad que en la politica argentina del futuro tenga una especial atencion la seguridad nacional, interna e internacional y sus instrumentos facticos: Las Fuerzas Armadas y de Seguridad en sus aspectos legales e instrumentales.-

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