LA PRIMICIA DE LA RECUPERACIÓN DE LAS MALVINAS

Nicolás Kasanzew a bordo.

De todos los diarios argentinos que cubrieron la guerra de Malvinas, La Prensa fue el que ofreció la mirada más profunda, y por ende la más certera y enriquecedora. Y asimismo, fue el medio de prensa que dio la primicia sobre la inminente recuperación de las islas. Algo que en su momento pasó inadvertido y ahora nadie recuerda.

Avido lector del diario, en enero de 1982 de repente leo en su primera plana un artículo de Jesús Iglesias Rouco que me dejó estupefacto. El “Gallego” anunciaba allí que íbamos a “recuperar el archipiélago, para así insertarnos, desde una posición de fuerza, en el marco defensivo de la OTAN”. Honestamente, en ese momento pensé que el renombrado columnista estaba delirando.

Pero el 2 de abril, cuando a la mañana me despierta un eufórico llamado de mi amigo y colega Víctor Sueiro para darme la noticia de nuestro desembarco, recordé inmediatamente esa frase. Y tiempo después me di cuenta que en ella se aludía al famoso “guiño”, a través del Pentágono, que los integrantes de la Junta Militar interpretaron como luz verde para hacer un “toco y me voy” en Malvinas.
Jesús Iglesias Rouco solía dedicarse al relevamiento de los permanentes altercados que se daban entre las tres fuerzas armadas, y en el interior de cada una de ellas. Evidentemente, ese interés fue el que posibilitó que se enterara de la acción bélica en ciernes.

Pero el papel más importante durante la guerra lo jugó otro columnista, Manfred Shoenfeld, uno de los más talentosos periodistas locales, hoy injustamente olvidado, de quien el director Máximo Gainza Paz decía que era “el primer violín” del diario. De origen judío y nacido en Alemania, lugar del cual su familia se había fugado tras el advenimiento de Hitler, Schoenfeld se convirtió en un ferviente nacionalista argentino. Tanto así que en 1982, ya enfermo del corazón, rogaba que lo dejaran ir a Malvinas, “aunque sea a pelar papas para nuestros soldados”.

A lo largo de todo el conflicto, en la pluma de este gran intelectual, doctor en filosofía, La Prensa fue un fanal de luz sobre el hecho, brindando sus claves, esclareciéndolo como no lo hizo ningún otro periódico.

Es que en sus espectaculares columnas Schoenfeld cumplía con aquel requisito de Leopoldo Lugones: “tener ojos mejores para ver la Patria”. Con esos ojos, él no perdió de vista en ningún momento el aspecto más importante de la Guerra: su real dimensión histórica para la Argentina. Es decir aquello que fue desapercibido -y sigue siendo ignorado hasta hoy- por quienes, miopes, solo quisieron registrar una supuesta alocada aventura militar.

Schoenfeld discernió ya en ese momento que, con el paso de las décadas, la guerra del Atlántico Sur estaría a la par de la Gesta de los Andes y que las generaciones venideras podrán olvidar a los gobernantes de turno, pero siempre recordarán los nombres de los nuevos héroes que surgieron de la turba, los cielos y las aguas malvineras. La visión histórica con que Schoenfeld retrató la contienda hace que sus artículos de 1982 -a diferencia de los pertenecientes a todos los demás medios de prensa- sigan manteniendo una vigencia total. Algo fácil de comprobar: baste ojear la recopilación de los mismos en el libro “La Guerra Austral”.

Después del conflicto, cuando fui prohibido por los secretarios de Cultura de Alfonsín, Roberto Gorostiza y Marcos Aguinis por haber sido “la cara de la guerra de Malvinas”, Manfred Schoenfeld, quien no me conocía personalmente, tuvo la valentía y generosidad de salir en mi defensa… en contraste con el prudente silencio que guardaron quienes sí eran mis amigos personales en el ambiente periodístico.

Luego de la publicación de su artículo, en el cual Schoenfeld me había definido como “un desmalvinizado individual”, fui a la redacción de La Prensa para agradecerle. Y aproveché para preguntar: “Don Manfred, ¿cómo puede ser que entre todos los periodistas argentinos, los únicos que estemos defendiendo la Causa Malvinas en este momento seamos usted, un judío nacido en Alemania, y yo, un ruso nacido en Austria?”.

Con un dejo de pesadumbre, Schoenfeld me respondió: “Vea, nosotros provenimos de países que tienen muy desarrollada la conciencia histórica. Y a la Argentina, en ese respecto, aún le falta mucho”. Esta frase suya también, desafortunadamente, mantiene su actualidad al día de hoy.

Buenos Aires, 7 de octubre de 2019

Por Nicolás Kasanzew *

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