ALBERTO FERNÁNDEZ, COMO ALFARO: SIN MARGEN PARA ERRORES

Guiño clave de Alberto F. al mercado: “Quiero un ministro de Economía fuerte”

1989, 2003 y, probablemente, 2019. En las últimas dos ocasiones en las que el peronismo recuperó el poder la situación económica no era nada fácil y la actual, si se consolidan los resultados de las PASO, tampoco lo será.

Con sus más y sus menos, la situación será compleja y el paciente estará en el quirófano pronto a ser operado. Quizás la salvedad allí sea 2003 porque el paciente ya había devaluado y defaulteado, aunque la situación social (con pobreza arriba de 50% y desempleo de 20%) era aguda. Hoy, una parte del ajuste se hizo, pero queda reperfilar y financiar un déficit de 4% del PIB (un punto de rojo primario y 3 puntos de intereses) sin acceso a los mercados y con un pequeño remanente del FMI. Para después quedará la promesa de Alberto de “encender” la economía.

Pero, más allá de las similitudes y diferencias, Alberto (nuevamente, si gana) se moverá en un terreno minado. Su pericia de corto plazo determinará, en buena medida, los contornos económicos de su Gobierno. Cuanto menos, hasta las legislativas de 2021.

Si falla en el tándem reperfilamiento y financiamiento, la crisis actual se puede agudizar. Aun con cepo, es decir, un dólar que no se dispare y siga reprimido, una aceleración inflacionaria por una monetización del déficit o una ampliación de las brechas cambiarias se “comería” uno de los pocos activos de su herencia: el tipo de cambio real elevado, hoy similar a aquel del 2003. Asimismo, una salida “a la Argentina” de la deuda podría desplomar aún más la inversión y profundizar la autarquía financiera. Los riesgos son múltiples y el gatillo puede ser cualquiera.

Tampoco tendrá “ayudín” global, es decir, soja a US$ 600. De hecho, el 90% del mundo se está frenando, como dijo Kristalina Georgieva, la actual directora gerente del FMI, el martes y el comercio global está chato, es decir, no crece. “No veo una salida tipo 2003”, dice Ramiro Albrieu (Cedes) ante El Economista.

La situación política tampoco está abrochada, más allá de que el respaldo popular será alto (superior a 50%) y sin balotaje. Hay una resistencia social muy fuerte hacia el kirchnerismo y más aún contra el peronismo que no necesita activarse (porque ya lo conoce) que ronda 30-35% de la población. Además, como sostiene el analista político Ignacio Labaqui ante este diario, “Alberto no es el líder indiscutido del peronismo, sino alguien que llega a la Presidencia de la manos de votos kirchneristas y votos independientes, pero que es candidato a Presidente porque así lo dispuso su candidata a vicepresidente”. Es decir, una situación compleja, sobre todo en el contexto de una sociedad deseosa de resultados tras una larga estanflación. En otras palabras, Alberto deberá construir poder y afinar sus dotes conciliadores, pero no sólo con la política sino con la población, un terreno más inhóspito para él. No será una tarea fácil para el “fana del Bicho”. Los gobernadores serán clave en un inicio y acompañarán por conveniencia mutua, pero no hay nada escrito en piedra en el universo peronista.

Además, Labaqui agrega que la situación económica es de una complejidad, igual o mayor a la de Carlos Saúl Menem, pero con una desventaja adicional. “El contexto internacional no es favorable, como lo fue para Menem gracias al final de la Guerra Fría y como lo fue para Néstor y Cristina, al menos hasta 2012, gracias al boom de las commodities”, dice.

El director de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina, lo planteó en un lenguaje más amigable. “La situación económica que recibirá el próximo presidente es similar al desafío de Boca de cara a la revancha de la Libertadores. Tiene que revertir rápido el resultado (el paso del tiempo profundiza la crisis) sin margen para cometer errores (gol de visitante vale doble)”, dijo ayer, vía Twitter. Más allá de los dilemas macroeconómicos antes mencionados, la tarea de Gustavo Alfaro parece aún más compleja. Esperemos que, por el bien del deporte, ningún albertista tire gas pimienta.”

Hasta aquí la nota de Alejandro Radonjic para El Economista, pero como siempre ha sucedido cuando un gobierno civil o militar no peronista tuvo que abandonar el poder por adelantado o por incapacidad manifiesta, el peronismo (o por lo menos el Partido Justicialista) tuvo que poner a sus hombres y mujeres a enfrentar las difíciles y hasta casi imposibles situaciones ahora si “heredadas” y nunca lo utilizó como excusa para afrontar la recuperación nacional.

  • BUSCA VOTANTES DE LAVAGNA PARA ROMPER EL 54%

Guiño clave de Alberto F. al mercado: “Quiero un ministro de Economía fuerte”

El candidato a presidente Alberto Fernández (Frente de Todos) envió un mensaje claro y clave para el mercado en un eventual gobierno: “No tengo complejos de inferioridad. Quiero un ministro de Economía fuerte, que pueda resolver y pueda decidir. Y yo lo aprendí de Lavagna, justamente, cuando le propuse seguir en el gobierno cuando llegamos con Néstor (Kirchner). Una de las cosas que él me pidió fue unificar el Ministerio”. A su vez, dijo que la expresidente, senadora y candidata a vice, Cristina Fernández, no tendría injerencia en el armado del Gabinete Nacional.

El candidato a presidente Alberto Fernández (Frente de Todos) fue claro al ser consultado por el esquema de gobierno que tiene en mente para un eventual triunfo el próximo domingo 27 de octubre: “No tengo complejos de inferioridad. Quiero un ministro de Economía fuerte, que pueda resolver y pueda decidir. Y yo lo aprendí de Lavagna, justamente, cuando le propuse seguir en el gobierno cuando llegamos con Néstor (Kirchner). Una de las cosas que él me pidió fue unificar el ministerio”.

Ese mensaje al mercado también es leído como un guiño a ese 7% que votó al ex ministro de Economía en las PASO. Fernández intenta romper el 54% de los votos para comenzar su gestión con un apoyo contundente tanto para los de afuera como para los de adentro. Básicamente, neturalizar a La Cámpora es el objetivo central.

Aquí debemos hacer un alto, Alberto Fernández –por lo que lo conozco desde hace ya más de 20 años- es una personalidad fuerte que suele no tener reparos en enfrentar las situaciones que se le presentan sin rodeos. Cuando en 1998 tuvo que abandonar la Superintendencia de Seguros de la Nación por no coincidir con Domingo Cavallo primero y con Carlos Saúl Menem después no le tembló el pulso y presentó su renuncia.

Más tarde acompañó la gestión de Eduardo Alberto Duhalde desde el Banco Provincia y al ser derrotado aquél en su campaña electoral con De La Rúa, se presentó como Legislador Porteño y asumió como tal, hasta que en 2003 al asumir Néstor Carlos Kirchner la presidencia dejó la Legislatura porteña para ser su Jefe de Gabinete de Ministros cargo que detentó hasta que durante el Gobierno de Cristina Fernández y por no concurrir ideológicamente con lo que ella hacía le presentó la renuncia y durante varios años criticó aquel modelo que no era el de Néstor de quien nfue amigo y colaborador.

¡No creo sinceramente que hoy y mañana si le tocare dirigir el país, deje de lado sus convicciones para agradar a ningún sector interno, lo que sí hará será escuchar y llevar adelante políticas consensuadas… o por lo menos ese es mi deseo por el bien de la Nación y la República que yo también habito, vivo y a veces padezco!

 

Por Arq. José Marcelino García Rozado

Buenos Aires, 10 de octubre de 2019

 

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