¿LA CRISIS ARGENTINA ES UN EPIFENÓMENO DE LA CRISIS GENERAL DEL CAPITALISMO EN EL MUNDO?

LA CULTURA POLÍTICA

Cualquiera puede coincidir en que el sistema político argentino está en decadencia. Se le achaca a la ambición de los políticos y vagamente a los sectores corporativos, y siempre esperamos la voluntad del líder superador que nos ordene, militar antes y ahora civil. El problema es que nos sobrevaloramos y al mismo tiempo nos denostamos: somos lo mejor y peor del mundo, en nuestra opinión.

Desde 1810 la república fue centrada en el estado -así nos educó la monarquía española que es nuestro antecedente histórico-. En el siglo XIX estuvimos al margen de la evolución del capitalismo y del socialismo, que fue su adversario popular en la Europa del mismo siglo y buena parte del siglo XX. El capitalismo entre nosotros se adaptó a la idiosincrasia local, y fue muy dependiente de los gobiernos.

A lo largo de la historia, todos los sistemas socioeconómicos y de poder generan adhesión y repulsa en los contemporáneos. Pero hay una mayoría que respalda. Pero los cambios en el conocimiento y las ideas desplazan las viejas por nuevas concepciones.

Hay una diferencia conocida entre los pueblos nórdicos, sajones, chinos, japonés, y los pueblos latinos: una cierta disciplina colectiva que en el mundo latino ocurre más débilmente. Las religiones tuvieron mucha influencia sobre ese disciplinamiento de la sociedad.

Argentinos, “niños mimados de la historia” según algunos, “fracasados históricamente”, según otros. Y cabe una pregunta: ¿la crisis argentina es un epifenómeno de la crisis general del capitalismo en el mundo? La respuesta afirmativa es tranquilizante intelectualmente, pero choca con el hecho de que hay poca evidencia de un sistema alternativo, y de que el sistema vigente tiene mucho margen de adaptabilidad a su cuestionamiento, redistribuyendo bienes e ingresos, porque de no ser así se queda sin demanda (otros hablan de justicia social). Despiadadamente, los hechos se imponen a las convicciones en el largo plazo.

Si no es así, ¿cómo explicar la evolución argentina? El ayuntamiento de la cultura latina con la cultura indígena y la africana, que ya preocupaba a Sarmiento en el siglo XIX, hacen difícil adaptarse al capitalismo mundial. Esta dificultad no es moral, es empírica.

Esta variedad de capitalismo acentúa la pobreza y eleva la desigualdad, porque es lo que le conviene como sistema en esta etapa; incrementando el ingreso de las clases medias se asegura un volumen de demanda satisfactoria, por ahora.

Adicionalmente, los pueblos latinos transplantados a América, y mezclados racial y culturalmente, tienen mayoritariamente un temperamento político autoritario, y poco propenso a la democracia; y el lío final es que la acelerada globalización intenta fusionar las culturas, no siempre con resultados inocuos. Las clases medias de países periféricos pretenden todos los derechos sin pagar el costo del esfuerzo, lo cual es estimulado por la economía para vender sus productos o servicios.

En realidad, hay dos corrientes políticas predominantes en Argentina desde el siglo XIX: la conservadora liberal (muchos próceres nuestros pertenecían a esta corriente) y el populismo (los caudillos en el siglo XIX se encolumnaban en él), que a su vez se divide en dos en el siglo XX, producto de la ampliación de masas: el democrático (representado principalmente por el radicalismo) y el autoritario (representada principalmente por el peronismo).

La corriente conservadora, disuelta en el siglo pasado, se ingenió para infiltrar ideas en las otras dos y mantuvo su poder en la sociedad. La educación universal del siglo XX tuvo influencia en la heterogeneidad clasista de las corrientes. Y todo evolucionó así hasta los años noventa, en que la diferencia entre clases se acentúa paulatinamente.

Hablamos de la cultura en el sentido antropológico. Las instituciones son un producto de la sociedad: si el gremialismo, el empresariado, la medicina, la política son malas hay que rastrear las causas en la misma sociedad. Somos los argentinos populistas en algún grado. Vale la ironía de Perón al decir que los argentinos somos todos peronistas por encima de a qué partido pertenezcamos, y eso es porque el peronismo es la expresión de la cultura del populismo local. Vale también la reflexión de Alejandro Katz: que los proyectos que se dirimen hoy no son de centro izquierda vs centroderecha, sino que son el conservador liberal vs conservadurismo popular.

Superar esto es un largo camino cultural colectivo, que puede no recorrerse con las consecuencias previsibles. Motivo suficiente para emprenderlo.

 

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