SUBOFICIAL RETIRADO

Les dejo esto que quizás a todos nos pasó y les pasará:

Treinta y cinco años pasaron; ha llegado el gran momento del ansiado y esperado retiro; y tal como está escrito en el Reglamento, es hora de colgar el uniforme, guardar la espada, mirar por última vez el lugar de trabajo y “aguantar” las despedidas de los camaradas, y compañeros de trabajo en el último día y del último destino de la carrera…

Las despedidas son así; emocionantes y hasta un poco cansadoras. Y creo que en cualquier destino de la Armada pasan estas cosas o algo parecido.

Todo comienza cuando llega un despacho (GFH) o radiograma que, primero lo recibe el Jefe, Director o Comandante del destino donde te “sorprenden” los treinta y cinco años de servicios en la Armada. Luego viene tu Jefe directo y con voz casi de hermano, de amigo, te dice lo que ya esperabas oír porque el Retiro nunca es sorpresa (salvo que pierdas la noción del tiempo), no; aunque al principio del último año de Actividad caigas en la cuenta de que es el Último año y entren esas ganas de seguir “aunque sea un rato más…”, no; hay que acatar lo que está escrito.

Luego de algunas palabras de tu jefe, leés que te “invitan a retirarte por haber cumplido 35 años simples de servicios…” y no te queda otra que firmar tu “conformidad” y… bueno; salir de ese momento que te sacude la modorra es un poco estresante, no sabés cómo reaccionar y ensayás una sonrisa socarrona, forzada y hasta ridícula. Encima, tus compañeros, los que todavía siguen navegando, te llenan de preguntas, te dan opciones… hasta te dicen qué hacer. Y vos, aún shockeado por la noticia, le decís “si” a todo lo que escuchás.

A retirada te vas a tu casa, y vas hablando solo, sonriendo y preguntándote como decirle a tu mujer que ya dentro de poco vas a ser un retirado más que va a caminar por el chanchódromo (los que nos quedamos en Punta Alta)… El regreso al hogar es un camino que parece más largo que el de costumbre… Hasta el paisaje parece distinto…

14:30 horas… llegás al hogar; no sabés qué decir hasta que viene la pregunta de rigor rutinario: “¿todo bien en el trabajo?” Cric…cric… cric… “Eeeehhh…” y parecés Maradona en una entrevista. Al final te sale un “sí, todo bien… todo tranqui…” Pero la patrona intuye algo y repregunta: “¿Qué pasó…?” Sexto sentido le dicen…

Y ahí es cuando te descargás con solo seis palabras: “me llegó la nota de retiro…” y tu compañera te dice: “Y bueno… vamos a estar más tiempo juntitos…” y te lo dice con tono maternal y vos te quedás mudo… y seguramente ella empieza a hacer planes a futuro…

Lo vas masticando suavecito y el día pasa sin darte cuenta. Al otro día ya recuperado del impacto, volvés a tu puesto de trabajo como si nada; es el momento nada más. Siempre supiste que el notición llegaría y como todo naval que se precie de tal, lo asumís con hidalguía.

Vas contando los días y ellos pasan, diría que muy rápidos, hasta que llega la primera despedida: un asado de la división. Después viene la despedida organizada por el destino, luego la despedida oficial con entrega de diploma y medalla. También se hace una despedida de la promoción que corre por cuenta de los camadas en algún lugar lindo.

Último viernes de trabajo: y llegó el último día de trabajo; ya se hizo el traspaso del cargo sin novedades, una última picada para despedirte, despedida oficial del Jefe del destino, del 2° jefe y oficiales que ya te llaman por tu nombre de pila y los demás suboficiales y cabos que te despiden con un “buenos vientos…” Y tu grupo de trabajo, tu departamento, tu gente, te desean lo mejor en la nueva etapa. Te llevás algunos presentes como recuerdo de tu paso por el último destino y de tu paso por la Armada.

Tu jefe directo es en última instancia quien te da la mano firme y te abraza como despidiendo a un hermano, a un amigo, a un compañero… y ese abrazo significa BZ, es decir, que has cumplido la misión desde que aquel adolescente bisoño, bípedo, ingresara en las filas de la Armada un enero caluroso de  hace 35 años atrás…

Salís de tu último destino y ya afuera, das una última mirada y ves que los que hasta hace un minuto atrás eran tus compañeros, superiores y subalternos miran hacia la calle… y te vas con ese sabor agridulce, con una lágrima que rueda y la disimulás acomodándote el gorrito que también por última vez lo usás… y te vas…

¡¡¡A disfrutar el Retiro!!!

 

Por Gerónimo López Vázquez

 

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