“EL MUNDO ESTÁ ATENTO A LA ARGENTINA Y AL FMI”

La historia de la relación entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) es tan extensa, y a la vez accidentada, que ha merecido ríos de tinta de legos y expertos, pero probablemente nunca en esas seis décadas la suerte de las dos partes se haya visto tan estrechamente atada como ahora.

Argentina representa el 42,8% del total de la cartera de préstamos del Fondo (es el máximo acreedor, lejos del segundo, Egipto, con 11,5%). Ese dato puro y duro describe con elocuencia la situación, pero la explica solo en parte.

También influye, claro, la magnitud de la crisis que deja el gobierno de Mauricio Macri, quien pidió asistencia financiera al FMI por primera vez desde que el presidente Néstor Kirchner saldó todas las cuentas con el Fondo en 2006, otro hito en la relación bilateral, hoy impensable.

Pero el punto saliente aquí es que la Argentina asume ese riesgoso predominio en la cartera de préstamos del Fondo justo cuando la gestión y el prestigio del organismo multilateral de crédito se ven crecientemente cuestionados, y ya no solo desde los países que han padecido su mala praxis.

Colisiones. El tenor de las recientes declaraciones de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, sobre las perspectivas de la relación de Argentina con el FMI denota que forman parte central de la actual agenda global.

“Argentina tiene un compromiso con el FMI. Nuestra expectativa es que este gobierno cumpla con ese compromiso y si solicita cambios, como cualquier otro país, el FMI considerará su solicitud como parte de su plan económico. Queremos que el pueblo de Argentina y la economía tengan éxito”, dijo.

En estos días, el fracaso del salvataje récord del FMI sirve de argumento en los renovados planteos de revisión y reforma del organismo, fundado en 1945 como parte de los Acuerdos de Bretton Woods que sentaron las bases del “orden liberal” de posguerra que también hoy tambalea entre proteccionismos y guerras comerciales que desafían el futuro de la globalización.

En lo que define como los “cuatro cursos de colisión para la economía global”, el economista Nouriel Roubini incluye la renegociación de la deuda entre la Argentina y el Fondo Monetario en una lista que completan la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el conflicto entre Washington e Irán y el laberinto en que ha metido el Brexit al Reino Unido y que arrastra a la Unión Europea.

Para lo que nos interesa, los sesgos y problemas en el esquema de intervención del FMI, los resultados alcanzados a lo largo de su historia y el rol protagónico de Estados Unidos en el proceso decisorio son algunos de los aspectos comunes que atraviesan las críticas que recibe el Fondo a nivel global.

Otro reconocido analista, Kenneth Rogoff, se pregunta cómo reorientar el mandato del Fondo frente a las crisis de deuda de los mercados emergentes y cómo hacerlo cuando a esos países se le cierra el crédito privado. Descartada la “austeridad”, dice, la única respuesta es aumentar sustancialmente los flujos de ayuda de parte de los organismos de asistencia internacional.

Las críticas de los analistas conviven con las presiones que ejercen desde hace tiempo un grupo de países en desarrollo encabezados por la que ya es hoy la segunda economía del mundo, China, que buscan incrementar su poder de voto en el directorio de FMI y, por lo tanto, de decisión.

Estados Unidos, como primer accionista (16,5%) detenta aún poder de veto en el FMI. En la reciente reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional del organismo postergó nuevamente la discusión sobre un posible incremento de los fondos disponibles y la participación de los países en las cuotas.

La última revisión de las cuotas del FMI se precipitó tras la crisis de 2008, cuando los países desarrollados necesitaron a los emergentes, que apoyaron una respuesta global y ganaron algo de influencia.

A pesar de los cambios, Estados Unidos conservó su participación (China saltó al 6% pero quedó como tercera accionista, apenas detrás de Japón) y sigue siendo necesaria una mayoría del 85% para rediscutir el esquema de cuotas.

Las críticas y debates en torno al rol del FMI se enmarcan, además, en un proceso más amplio que afecta al conjunto de los organismos multilaterales. En particular, sobresalen las dificultades que enfrenta la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el contexto de la nueva política comercial de los Estados Unidos y su guerra comercial con China.

  • Prueba de fondo.

La reevancia que asume actualmente el caso de Argentina y el FMI arraiga no solo en la traumática experiencia del 2001, sino también en la importancia que adquiere nuestro país en la cartera total de créditos del organismo.

El programa stand by aprobado en 2018 es el más importante de la historia del Fondo y lo deja muy expuesto a lo que ocurra en el país, una realidad de la que está muy consciente la nueva directora del FMI, Kristalina Georgieva, la primera jefa del organismo que procede de un país no desarrollado.

Argentina es por lejos el mayor deudor del organismo e iguala en importancia a la suma de los ocho siguientes deudores.

Para la Argentina, la deuda con organismos internacionales es uno de los aspectos de la futura renegociación de la deuda (las obligaciones con el sector privado –bajo legislación local y extranjera– e intra sector público son las otras). Los organismos internacionales representan un 21% de la deuda pública bruta, de los cuales la mayoría (65%) corresponde al FMI.

Los vencimientos de capital e intereses del acuerdo de 2018 plantean un volumen de intereses y vencimientos que se incrementa exponencialmente a partir de 2021. Es un cronograma desproporcionado si se lo compara con los actuales resultados de las cuentas externas y la capacidad de repago del país.

La posibilidad de establecer un sendero que permita a la Argentina normalizar su situación financiera se jugará, en parte, en las negociaciones con el FMI, en un camino que ya hemos recorrido muchas otras veces desde 1958.

Solo que esta vez, significativamente, el “caso argentino” también pondrá a prueba el prestigio, y tal vez el futuro mismo, del propio FMI.

Publicado por Jorge Argüello, el 10/11/2019

Para Boletín ICIMISS

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