CHILE: EL  REVÉS  DE  LA TRAMA

  1. Imágenes

Desde mediados de octubre de este año 2019 la TV nos envía imágenes de la crisis chilena. Una primera manifestación de alrededor de un millón de personas (seguidas de otras, con muchos menos adherentes). La quema de una línea de trenes del “Metro” (subterráneo), otra de  grandes ómnibus, saqueos de supermercados, y grandes enfrentamientos callejeros entre “Carabineros” (la policía militarizada) y manifestantes encapuchados y combatientes. Las declaraciones contradictorias del Presidente Sebastián Piñera (primero, afirmando que estaban en guerra; después, pidiendo la renuncia de todo su gabinete, para efectuar reformas económicas). Y una sensación de caos imprevisto, en un país que se tenía por el más desarrollado de Sudamérica.

Tal  la trama que hay que analizar de frente y de revés.

  1. Cifras comparativas

Ante todo, pongamos esta tabla de cantidades comparadas entre Chile y la Argentina (tomadas de la CEPAL, del año 2017).

Tema                          Chile                                        Argentina

 

Superficie        756.700 km2                               2.780.400 km2

(sin Malvinas)

Población               18.729.100                              44.938.712

PBI  (u$s)              298.472.000                          475.429.000

PBI per capita         18.592   u$s                            11.652,6   u$s

 

Tasa de natalidad         13, 14                                   17

Tasa de mortalidad           6,16                                   7,58

Tasa de mortalidad

Infantil                                   6,9                                   9,7

Esperanza de vida             80 años                          76, 4 años

Gasto en salud              8, 5 % PBI                           6,8 % PBI

Desnutrición                       0,5                                         2,3

Tasa desempleo                              6,8 %                                  10,1 %

Tasa de interés                               1,75 %                               64,01 %

Índice de pobreza                            8, 8 %                                33,6 %

Índice erradicación                         18,7%                                 10,7 %

de la pobreza

Índice Gini                                       0,46                                   0,42

(de desigualdad

en el  ingreso)

Deuda Pbca. como

porcentaje del PBI                           26%                                   100%

Balanza de comercio

porcentaje del PBI                      más 1,50 %                     menos  1,32 %

Exportaciones

porcentaje del PBI                           24,9 %                           9,11 %

Tasa de inflación                              2,4 %                             53,5%

En un diario local se apunta que: “Chile tiene un 9% de pobreza, un 2,3 de indigencia. Desde la democracia el PBI se multiplicó por cinco. La inflación está por debajo del 5%. Existe empleo pleno. Existe acceso al crédito, con tasas hipotecarias que hoy rondan el 2%. Si bien existe un problema de distribución, sigue siendo un país rico y ordenado. La queja de las clases media baja y media-media relacionadas con su necesidad de endeudarse para acceder a bienes de consumo no justifica bajo ningún punto de vista el salir a incendiar y destruir un país que es modelo en la región” (diario El Día, La Plata, 11 de noviembre de 2019, p. 8).

Por último, hay que anotar que Chile es el primer país sudamericano en ingresar al OCDE (Organismo para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

O sea: el noventa por ciento de los indicadores socio-económicos favorecen a Chile sobre la Argentina. Esto, teniendo en cuenta que Chile es un país dos veces y media más pequeño que la Argentina.

O dicho de otra manera: que el argumento de la desigualdad económica y social esgrimido por los medios locales es absolutamente falso.

Y si  la real crisis trasandina no obedece al mito inequitativo: ¿ a qué factores corresponde?

  1. Estructura socio-económica

Con cierta razón suele vincularse la presente queja popular con antiguas prácticas discriminadoras chilenas. Hospitales públicos arancelados, colegios públicos pagos, las jubilaciones capitalizadas (AFP: Administradoras de Fondos de Personas) y hasta un dinero para entrar a los baños públicos. Los chilenos, desde hace años, están acostumbrados a esas gabelas, que no se ajustan a una óptica igualitaria argentina. Cuando ellos vienen a nuestro país, donde todo es gratuito, advierten el costo de su sistema, y se rebelan contra él.

Sin embargo, cada país tiene su historia propia y no es tarea fácil emparejarlos. La inmigración aluvional, la enorme movilidad social que generó una dilatada clase media (el 60% de la población total), la desaparición de los pueblos indígenas, una estructura sindical populista, y un prodigado asistencialismo social, han hecho que la Argentina carezca de las castas coloniales (blancos, mestizos, indios y negros). Situación que, a su turno, se correlaciona con la ausencia de jerarquías estamentales, de elite dirigente, de cultura política, y el afán del “fare l´ América”, con el desborde anexo  de la corrupción burocrática y sindical. De esa mezcolanza surge el panorama argentino, alejado del chileno y que provoca la incomprensión del fenómeno trasandino. Y, dada la natural arrogancia porteña, enseguida se expide sobre una Nación a la que no conoce ni por los mapas.

Anotemos acá algún factor de diferenciación. Con una superficie de alrededor de 1,3 veces menor que la Argentina, Chile no tiene pampa húmeda, ni ríos navegables. Su zona productiva se recorta por un Norte árido y un Sur entrecortado de islas. No ha tenido inmigración masiva: algo de croatas y serbios al Norte y alemanes al Sur. Los italianos apenas forman una escasa colectividad de “bachichas” (con su club “Audax Italiano”). De ahí que nos llamen “argentanos”. En su “loca geografía” (Subercaseaux), Chile ha sabido aprovechar al máximo las tecnologías productivas. Por ejemplo, el riego por goteo en el Norte Chico (tomado de la experiencia del Neguev), y el injerto de las araucarias sureñas con especies neozelandesas de rápido crecimiento. Así también la concesión de sus múltiples caletas cerradas con mallas metálicas para la cría del salmón.

Pero, sin la menor duda que el mayor acierto económico tiene nombre y apellido: Hernán Büchi. Él, que fuera el último ministro de Economía del Grl. Pinochet, introdujo un modelo que, dado su éxito, permanece hasta el presente. Es de librecambio exportador, con dólar alto,  regulado por las seis Corporaciones productoras: la de la Fruta, de la Uva de Mesa, la del Vino, la de los chips de madera, del cobre (con la estatal Codelco) y del salmón. Ellas absorben las reinversiones de las ganancias individuales y las aplican a una serie de actividades logísticas: maquinarias, caminos, camiones, puertos, buques, silos, y desembarcos en Escandinavia, California y  sudeste asiático. Todo ello libre de impuestos. Además, las Corporaciones poseen bancos, institutos profesionales, medios de comunicación, etc. Se les delega el poder de policía sanitaria. Han sido el canal de ascenso social desde las clases bajas a las medias. Son intocables y las generadoras del rápido crecimiento del PBI.

Aquel desarrollo ha sido acompañado por otros factores tales como las AFP, que bajo el sistema de capitalización, administran las jubilaciones y pensiones, colocando sus fondos de inversión en la construcción edilicia, que ha producido miles de departamentos para viviendas y rentas de alquiler. Barrios enteros de Santiago, como el lujoso Lo Barnechea, han crecido al calor de ese método de financiación.

Aparte, por otros carriles, corre el notable adelanto de la enseñanza, con las PAC, pruebas de actitud académica que regulan el número de profesionales futuros que requiere la sociedad. El fortalecimiento de numerosas universidades privadas e institutos profesionales (con becas y subsidios). Y, por supuesto, el gran coeficiente del PBI destinado a Defensa, promovido por el aporte del diez por ciento de las utilidades netas de Codelco destinado a la renovación de armamentos (aviones, buques, tanques), que asociado al servicio militar obligatorio, le otorga a Chile una superioridad armada manifiesta respecto de sus vecinos.

La Justicia mantiene un orden, estabilidad y jerarquía, propias de una organización totalmente ajena a la política partidaria. Los jueces son promovidos y destituidos endógenamente, sin intervención del PE ni el PL.  Existe, por otro lado un Tribunal Constitucional, que es el único con competencia en esa materia constitucional. Y una Contraloría General de la Nación que vigila la constitucionalidad y legalidad de los actos de gobierno.

En el plano político se ha consolidado el método romano del “cursus honorum”. Nadie puede ser parlamentario sin que antes haya sido concejal. Ni senador, sin previo paso por la cámara de Diputados. Y solo los jefes de bloque partidarios en el Senado son lo que pueden aspirar a postularse como candidatos presidenciales. Por otra parte, la inmensa mayoría de los legisladores cuentan con estudios de posgrado, muchos en el extranjero.

Pues, todo lo antes descripto ha sido posible gracias a la Constitución Política del Estado, sancionada en 1980, netamente anti-demagógica, que es la que ahora los manifestantes reclaman su abolición. Esa Carta fue elaborada por un distinguido catedrático Jaime Guzmán Errázuriz, creador además de la UDI (Unión Demócrata Independiente), asesinado por los sicarios del rodriguismo cubano-comunista, el 1 de abril de 1991, a la salida de la Universidad Católica de Chile (uno de sus asesinos, Galvarino Apoblaza, vive en la Argentina, sin que jamás haya sido extraditado).

O sea, que la reforma constitucional invocada como un amuleto callejero, en vez de solucionar nada, es más que probable que empeorará todo.

  1. Situación política: la Izquierda

En cuanto ingresamos en el problema damos con un elemento básico: ¿qué tipo de gobierno tiene Chile?

¿Acaso es como la tiranía vitalicia y hereditaria castro-comunista de Cuba? ¿O será una prolongadísima dictadura como la del chavismo “bolivariano” de Venezuela? ¿O, tan siquiera, un régimen inconstitucional, ilegal y fraudulento como el de Bolivia?

Pues, no. Aunque los medios de comunicación no lo mencionen nunca, es bueno recordar que Chile es una  República Democrática, que cada cuatro años convoca a la renovación  presidencial, con independencia legislativa y judicial, y absoluta libertad de prensa. Primera sorpresa del televidente: Sebastián Piñera es el Presidente legal de Chile. Sí: el mismo Piñera que los manifestantes golpista reclaman su pronta salida.

Dejando de lado el asombro, nos internamos en el tema.

Conforme a la regularidad institucional chilena, en el 2017 se eligió Presidente a Sebastián Piñera con el 54,54 % de los votos contra el 45,4 % del candidato del  Frente Amplio, Alejandro Guillier; 9,1 % de ventaja. En términos numéricos: 3.796.579 votos de Piñera contra 3.159.902 de Guillier.

Una primera observación: ¿cuántos de los 3.159.902 del Frente Amplio se encolumnaron en las manifestaciones de La Alameda? Si un tercio de ellos lo hicieron,  esa multitud no tenía nada de insólita; simplemente, aprovechaban la bolada.

Tampoco nada de extraño sería que ese desfile estuviera auspiciado por el “Grupo de Puebla”, de los social-demócratas latino-americanos, dependiente de la IIa. Internacional Socialista como otros se vinculan al Foro de San Pablo, ente que colecta a los movimientos revolucionarios, tipo castrista o chavizta.

Una segunda aclaración: la Izquierda masiva no es ninguna novedad en Chile, y, menos, su manifestación callejera, y menos aún, la presencia de colectores causantes de disturbios.

Al respecto, hay que empezar por recordar que hasta hace medio siglo la economía trasandina era básicamente extractiva, primero del salitre y después del cobre. En el Norte desértico funcionaron esas minas, con bajas condiciones de vida para sus obreros. Tal explotación facilitó la implantación en los mineros de la ideología marxista leninista. Bajo la conducción de un líder muy avezado, Luis Emilio Recabarren, se organizaron sucesivamente el Partido Socialista (PSCh), el Partido Comunista (PCCh) y la central obrera (CUCH), todos marxistas.

De acuerdo con la táctica del “Frente Popular” aconsejada por el VII Congreso de la Komintern, en Chile se suscitaron diversas coaliciones izquierdistas (a las que se unió el centrista Partido Radical, de fama masónica). De esa suerte, conquistaron la Presidencia con Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio  Ríos. Se escindió durante la de Gabriel González Videla (que ilegalizó al PCCh), y se restableció como Unidad Popular con Salvador Allende. Su catastrófico gobierno, dependiente de la URSS, se estrelló contra la realidad económica en 1973, y favoreció el asentamiento de un Gobierno Militar, hasta 1989. Luego de la salida del Grl. Augusto Pinochet, se restablecieron las coaliciones izquierdistas (no revolucionarias), con la  nueva sociedad con el centrista Partido Demócrata Cristiano, conformando la gobernante “Concertación” durante las presidencias de Aylwin, Frei Ruiz Tagle, Lagos y Bachelet. Un centro-izquierda bastante bien avenido con USA, y ya distante de la aventura cubana de Allende.

Si bien la Izquierda universal pretende ser la representante del “Pueblo” y, por lo tanto, no se allana a alternarse con movimientos no-izquierdistas (en principio, y genéricamente tenidos por “fascistas”), de hecho, en Chile ha tolerado los gobiernos de Sebastián Piñera y la Derecha, en una aparente amable alternancia.

Eso, hasta ahora, en que un gran sector de la antigua “Concertación” ha salido a manifestarse revolucionariamente contra el gobierno centro-derechista de Piñera.

En ese nuevo espectro partidario se destaca la presencia de un personaje singular, ahora afincado en Buenos Aires: Marco Enríquez-Ominami.

Luego, conviene que abramos un paréntesis para explicar quién es MEO,  apodo con el que es conocido Marco Enríquez-Ominami. Su padre fue Miguel Enríquez, fundador del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario), grupo guerrillero  marxista-leninista, entrenado y dirigido desde Cuba y que cayó abatido en un enfrentamiento armado con la policía chilena. MEO fue llevado por su madre a Francia, donde adoptó la ciudadanía gala y cambió de apellido, pues su madre se casó con el chileno emigrado Carlos Ominami, quien se convirtió en el padre adoptivo de MEO. Hizo sus estudios en el Lycée Victor Hugo, primero y luego en el Saint George College. Tras andar por diversas partes se radicó en Chile en 1996. Allí comenzó su exitosa carrera de cineasta y productor de TV, al tiempo que se inscribía en el Partido Socialista, por el que fue electo diputado, y al que luego renunció. Sus actividades mediáticas le produjeron buen dinero, que él empleó en SQM (Sociedad Química y Minera de Chile). Empero, ahí empezaron sus dolores de cabeza, porque su socio Cristian Wagner colocó 405 mil dólares en las Islas Vírgenes, “affaire” que fue denunciado y está bajo investigación judicial. MEO fundó el Partido Progresista (PRO), que cuenta con el  apoyo del Movimiento Socialista Allendista. Fue  abogado de Diversidad Sexual. Planteó como tema central la Reforma de la Constitución de 1980. Francochileno (reconoce que esa dualidad le crea una tensión), fue fundador del “Grupo Puebla”, que orquesta la social-democracia de la II Internacional Socialista. El PRO, en las elecciones presidenciales de 2017- que ganó Sebastián Piñera- obtuvo el séptimo lugar, con el 5,70 %. Colocación que lo llevó a declarar que se retiraba de la política. Retiro relativo, porque al presente activa con el Grupo Puebla en Buenos Aires, y provoca el encanto de los medios de prensa de la Argentina. No resulta asombroso tal arrobamiento, dado que no es la primera vez que dicha prensa ha festejado a políticos comunistas, millonarios y corruptos.

Nos hemos detenidos en el caso de Enríquez-Ominami por ser paradigmático de los izquierdistas que participan del movimiento anti-Piñera que sacude a Chile.

Sin embargo, con la descripción de la Izquierda no concluye el análisis político. Corresponde también pasar revista a los factores de la Derecha que están involucrados en el asunto.

  1. Situación política: la Derecha

En Chile suele llamarse a las cosas por su nombre, para evitar equívocos. Al pan, pan. Allí la Derecha se llama Derecha, desde que la constituyen las fuerzas políticas no revolucionarias. En la Argentina se emplean mil eufemismos para tornar innombrable la Derecha. El problema viene de antiguo, porque los Conservadores no conservaban más que el Liberalismo, y cuando ellos desaparecieron, su sitio cívico quedó vacío y lo reemplazaron los militares. A su turno, al fin del último gobierno militar, los partidos políticos acreditados, socialistas en diverso grado, estigmatizaron el “golpe de Estado Militar” como la más funesta de las especies políticas, incorporando ese dogma en las escuelas y medios de comunicación. De ahí que acá nadie quiera ser tenido por “derechista”, cual lacra leprosa. No obstante, el arribo de anti-izquierdistas como Donald Trump en USA y Vladimir Putin en Rusia,  ha modificado el panorama partidario, hasta el punto que un personaje como el brasileño Jair Bolsonaro, no vacila en autocalificarse como derechista. Al parecer, se ha clausurado el tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde ser defensor del orden social se tenía por equivalente a “fascista”. En realidad, todo indica que la Derecha se pondrá de moda. Como el partido “Cabildo Abierto”, del Grl. Guido Manini Ríos en el Uruguay o como la “Acción Republicana” de José Antonio Kast, en Chile, que se identifican con la proclamación identitaria de Bolsonaro (al modo de Marion Le Pen en Francia, Orban en Hungría, Salvini en Italia, Vox en España, o la Alternativa en Alemania). Mal que les pese a sus censores de Izquierda.

Pues bien, en Chile hace rato que la Derecha es Derecha. Y en dos oportunidades ha conquistado la Presidencia, con Sebastián Piñera. Dato de nuevo asombro en la Argentina.

La Derecha chilena es una alianza básicamente constituida por dos partidos: Renovación Nacional y UDI (Unión Demócrata Independiente). El primero, heredero del viejo partido Conservador de Arturo Alessandri, con dos líderes Andrés Allamand y Sebastián Piñera, es de centro-derecha, elitista, liberal en lo económico. El segundo fue creado como ente pinochetista duro. Derechista directo,  pero con mixtura social-cristiana, puesto que se declara de inspiración cristiana. Jaime Guzmán le enseñó una mística sustentada en la incorruptibilidad. Ambos partidos decididos defensores de las FF.AA. y de Seguridad. Siendo mayoritaria, la UDI le ha dejado la primera candidatura a RN, porque Piñera es uno de los más grandes empresarios chilenos (Latam), que goza de buen nombre en sus negocios (que separa con un fideicomiso de la política).

La Alianza marchó bien durante buen lapso. Pero ocurrieron dos hechos que han cambiado las cosas. Primero, la situación de los militares pinochetistas encausados por delitos de Lesa Humanidad. Como en la Argentina, como en el resto de Iberoamérica, el embate guerrillero comandado por Manuel “Barbarroja” Piñero Losada, desde el Departamento América del Comité Central del Partido Comunista Cubano, tuvo su momento de gloria, hasta que los ejércitos americanos los combatieron y aniquilaron. Represión que no se hizo con buenos modales y con bastante clandestinidad. Restauradas las instituciones civiles, se pasó a una loca represión de los represores. “Nos comimos a los caníbales”, dijo Jorge Luis Borges. Los militares que enfrentaron a los guerrilleros pasaron a la cárcel, con reclusión perpetua. Y acá se dio una diferencia con la Argentina. Los militares trasandinos en actividad no se desentendieron de la suerte -mala suerte- de sus camaradas de armas, como si aconteció en la Argentina, donde, encima, fueron reducidos a su más mínima expresión. Los chilenos exigieron amnistía general para aquellos eventuales delitos. Y, ¿quiénes debían tramitar esa extinción de acciones penales? Los derechistas, naturalmente. Estos, corridos desde adentro y desde afuera por las Organizaciones de Derechos Humanos, mañerearon y fueron postergando la petición. El tema hizo crisis cuando la UDI postuló a Pablo Longueira para la Presidencia, y este sostuvo el cumplimiento de la promesa de amnistía antes tomada. De inmediato se lo reemplazó a Longueira, con el argumento de que padecía depresión, y, en su lugar fue Evelyn Matthei. Dado que ella era hija de un jefe de la aviación, los derechistas creyeron que habían aplacado a los peticionantes militares. No fue así. Las elecciones presidenciales de 2013 las ganó Michelle Bachelet. Mejor dicho, las perdió  Matthei y la UDI. En efecto: en Chile, a diferencia de la Argentina, el voto es voluntario, y para emitirlo hay que inscribirse en el padrón. Teniendo presente ese régimen, para la UDI se dieron estos resultados comparativos:

Año 2005———1.028.925 votos——- 21,56 % del total

Año 2013————662.447 votos——-14,69% del total

Es decir: 366.478 votos menos en cuatro años.

¿Qué había sucedido?  Simple y llanamente: el voto castigo. La verdadera ganadora fue la abstención: 52,5 % del total. Pero, advierta el lector que no  se trató de mera indiferencia o dejadez cívica. No. Esa gente fue y se inscribió y después no votó. Abstención activa. Para que los destinatarios del mensaje lo comprendieran fácilmente. Los no-votantes le hacían pagar a la UDI su incumplimiento de la promesa de amnistía. Era el Partido Pro-Militar, la Familia Militar, que pasaba la cuenta.

De ahí en adelante, el derrumbe de la UDI fue incontenible. En el 2017 sacaron solo 201.119, con el 11, 05 %. Porque a lo anterior se sumaron ciertos escándalos de corrupción (Gabino Noboa,  Ernesto Silva) que deterioraron su antigua imagen. Del partido ahora conducido por Jacqueline van Rysselberghe, se separaron los “republicanos” dirigidos por José Antonio Kast, que proclaman sin temor su derechismo, y que en la elección de 2017 obtuvieron el 8% de los votos.

En este estado de la cuestión, en medio de esta crisis, reaparece el problema militar. Ante el  caos violento desatado, el Presidente Piñera manifiesta que se está ante una guerra, y que, de consiguiente, va a establecer el estado de excepción, y el Ejército va a patrullar las calles, con toque de queda. Así sucedió un día. Luego el Jefe de la Defensa Nacional y encargado de la Seguridad en la Región Metropolitana de Santiago, Grl. Div. Javier Iturriaga del Campo,  manifestó que él no estaba en guerra con nadie, y la fuerza armada desapareció de la escena. ¿Por qué? Según serios trascendidos, las FF.AA. habrían planteado condiciones para encabezar la represión. Primero, la libertad de todos los hombres de armas que se hallan presos en el penal de Punta Peuco. Segundo, libre maniobra para proceder. Tercero, que no se repitiera lo acontecido al final del Gobierno Militar de los años 70 / 90.

De esa situación se deriva el giro de ciento ochenta grados de Piñera, despidiendo a su gabinete, incorporando centristas o centro-izquierdistas que fueran accediendo a los reclamos callejeros, y por fin, la convocatoria a una Asamblea  Constituyente que proceda a la reforma de la Carta de 1980. No lo ha hecho por bueno, por conciliador o tolerante. Lo ha hecho por débil, porque carece de fuerza que lo respalde, y porque  Carabineros en cualquier momento podría bajar la guardia, dado que once de ellos ya han sido encausados por magistrados pacifistas acusados de violación de derechos humanos. De los buenos chicos que los atacan, por ahora, nada.

Pero nosotros no podremos dispensarnos del estudio de los incendiarios. Allá vamos.

  1. El malón

Ahora, mediados de noviembre de 2019, ya no hay más secreto. Ayer fue incendiada la catedral de Puerto  Montt y derribada la estatua de Pedro de Valdivia en Concepción. Faltaba solo la rúbrica: Movimiento AnarcoMapuche, Guerra de Arauco.

En verdad,  los anuncios no escaseaban. En la pared de una de las asoladas estaciones del Metro se hallaba escrito: “Wall mapu” (o sea “tierra circundante”). ¿A quién, sino a ellos, se le iba a ocurrir quemar el Santuario de María Auxiliadora en Talca o la iglesia de los Carmelitas en Viña del Mar, la de San Francisco en Valdivia, la de la Vera Cruz y la de la Asunción en Santiago? Los economicistas, que centran toda la causa de la crisis chilena en la  desigualdad en el ingreso, ¿podían explicar la destrucción de otros 12 templos, católicos o evangélicos, o el incendio de la Universidad privada Pedro de Valdivia en Santiago?   Ese tipo de gentes se preguntaba: ¿quiénes son estos vándalos que destruyen medios de transporte urbanos?, ¿qué ganan con semejante barbaridad?  Aplicaban al caso la lógica griega, de una acción que procura un resultado adecuado. No. No y no. Acá no se busca ningún efecto parcial. Se quema el tren como se podían  incendiar todos los automóviles de la ciudad: por pertenecer a la civilización occidental. De igual modo que se arrasan los templos por ser símbolos de la cultura cristiana. Contra la civilización occidental y cristiana se movilizan ellos. Esa misma civilización occidental y cristiana que los buenos burgueses liberales toman un tanto en sorna. Pues, para los mapuches belicosos sí que existe, o subsiste, y, como siempre, ansían destruirla, empezando por demoler las instituciones y estatuas de aquel gran conquistador español, don Pedro de Valdivia, que los batió y que ellos mataron empalándolo.

Ahora resuenan ciertos nombres: Coordinadora Arauco- Malleco (CAM); RAM, Resistencia Ancestral Mapuche. Se investiga un poco más,  y aparece The Mapuche Nation. Entidad con sede – muy sugestiva- en Lodge Street número 6, Bristol, Gales, Reino Unido de Gran Bretaña.

Lo que provoca la búsqueda de ciertos datos. En Chile, dice el diccionario y el censo de 2017, hay 1.745.147 mapuches, o sea el 9, 93 % del total de la población. Gente que vive principalmente en las zonas de los ríos, Bío Bío y Araucanía. La ciudad de Temuco es su centro geográfico. Algunos mansos, otros belicosos.

No obstante, una duda subsiste. Esos sujetos que se han batido en las calles de Santiago con Carabineros, enmascarados, con filtros antigases, con gomeras, con bidones  de combustibles, con mochilas donde portan piedras y bombas molotov, muchos de ellos rubios ¿son solo pobres mapuches exaltados?

Ahí es donde aparece otra pintada en las paredes del  Metro. Es una letra A, envuelta en un círculo. Claro: símbolo internacional del Anarquismo. De esa buena gente que hace pocos años atrás incendió media ciudad de Hamburgo, en Alemania. Especialistas en quemar autos y ómnibus. Ellos se trasladan con rapidez a cualquier parte del mundo adonde ven signos  de desorden. En esta oportunidad, a Santiago de Chile. Hace rato que tienen buenas relaciones con los mapuches, cuyas formaciones desfilan con las banderas negras del anarquismo. En cualquier caso, el periódico “El Surco”, del anarquismo chileno destaca que la “Guerra de Arauco lleva tres siglos”.

Excelente sociedad para generar caos. Para planificar ataques simultáneos que desorienten a la policía. Que van muy bien preparados para enfrentar a las fuerzas anti-motines, con su vehículos “guanacos” y sus motos todo terreno. Lucha pareja, que en el país trasandino lleva semanas de transcurrir.

7 . Epílogo

Todavía, si se ahonda el análisis daremos con otros elementos explicativos de la crisis trasandina.

Uno, por ejemplo, es el de la “Revolución de las Expectativas”. Es un punto vinculado a la presencia de las clases medias. En la Argentina las clases medias predominantes desde antiguo caminan hacia abajo. Las medias altas se deslizan por ese tobogán a las medias-medias, y estas, a su turno, retroceden a medias-bajas. Fenómeno silencioso, con gente cicatera, pudorosa, que trata que no se les note el empobrecimiento progresivo. En Chile la situación es inversa. Las flamantes clases medias suben en el escalafón social, al calor del crecimiento del PBI per capita y exige una mayor cuota en la distribución del Ingreso. Así se genera las Revolución de las Expectativas insatisfechas. Aspiraciones amplias, difusas, que se dilatan con el transcurrir de los días, que nadie sabe dónde se terminarán.

Al lado de ese fenómeno sociológico cabalga otro de carácter psicológico, de psicología social. Es el la “Psicología de las  Multitudes”, que tan bien estudiara Gustave Le Bon. Ahí vemos a  los mismos individuos con conductas opuestas, fuera o dentro de las manifestaciones multitudinarias.

El apacible vecino que suele  sacar a pasear su perro, ahora lo vemos en medio de la muchedumbre saltando y gritando como un energúmeno. Él, a quien se le  importaba un rábano el orbe jurídico, al presente gesticula reclamando una inmediata reforma constitucional. Los franceses consideran que la “manif” contagia como un sarampión. Es que hay un contagio verbal notorio. Desde ocultas usinas se redactan consignas, para darle letra a la multitud. Los líderes manipuladores sugestionan o hipnotizan a las masas.  Persuasión precaria, dado que así como la chispa incendiaria salta cuando menos se piensa, por un motivo baladí -en Chile un leve aumento del boleto del Metro-  y crece como una bola de nieve, otro buen día amengua y se extingue. Cual la ola marina contra el acantilado rocoso, pronto se pierde en bramido y  espuma. En Chile,  las deserciones han sido cuantiosas e impresionantes. De algo más de un millón de manifestantes se  descendió a menos de cincuenta mil. Siempre por la avenida Alameda, desde Plaza Italia al centro. Bajón que el periodismo progresista se ha negado a registrar. No ha querido ver que el buen vecino ha vuelto a pasear su perro.

¿Será esto duradero? Habría que ser pitoniso para contestar esa pregunta. En realidad, nadie lo sabe. Por supuesto, que los manipuladores organizadores de esas marchas insistirán en su proyecto caótico. Pero se ignora si las  muchedumbres responderán o no a los cantos demagógicos de las sirenas.

Pronóstico reservado, pues. Marchas intimidantes de la oposición. Incontestadas porque las formaciones oficialistas están muy disminuidas. El Ejército que se resguarda en sus cuarteles. El Presidente que arroja todo el lastre que puede, que de centro-derecha se pasó a la centro-izquierda, sin por eso levantar vuelo. Y los anarco-mapuches que siguen quemando lo que se les ponga a tiro.  En suma: nadie sabe cómo termina esta  película. Lo único seguro es que los mapuches no cejarán en su empeño. Bien lo decía Martín Fierro:

“El indio es indio y no quiere  apiar de su condición;  ha nacido indio ladrón y como indio ladrón muere” (2ª.  IV, 493).

Esa, claro está, es una mirada “occidental y cristiana”. Muchos en Chile -y en la Argentina-  no quieren saber nada con esa visión. Así les irá. Ya veremos.

Enrique Díaz Araujo

Agrega Pedro Fox:

FALTA DECIR QUE TIENE FUERZAS ARMADAS Y MARINA MERCANTE DE ULTRAMAR (CONTENEDORES)

Y MANEJA FEEDERS SOLO PARA EL COMERCIO EXTERIOR DE TERCEROS PAISES!!! CASO ARGENTINA.

AMAN A SU PACIFICO,AL SABER MAS!!…EN PARTICULAR SOBRE EL SHIPPING…

DE NUESTRAS FUERZAS ARMADAS…LA PALABRA LA TIENEN SEÑORES EXPERTOS COMO

ARMANDO VALIENTE,HERIBERO AUEL, ENTRE OTROS…

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