“HAS PROSTITUIDO A LA PACHAMAMA” LA OTRA CAMPANA

Camacho triunfó porque el pacto que sostuvo a Evo ya estaba roto

El pacto que había permitido a Morales gobernar el país todo este tiempo venía ya resquebrajándose. Al seno del movimiento indigenista y las organizaciones sociales que lo apoyaban, existían diferencias que sin duda tuvieron incidencia en el desenlace, y abrieron la puerta al avance del “macho” Camacho, con Biblia en mano, y la autoproclamada Jeannine Áñez. Para la revista Anfibia, parte del éxito de la empresa de derrocar a Evo tuvo que ver con que la oposición “se movilizó con más firmeza que las bases ‘evistas'”. El apoyo al mandatario estaba agotado en amplios sectores indígenas y sociales, por lo que “nadie salió de inmediato a la calle” cuando “el ejército le sugirió que renunciara”, explicó Raúl Zibachi de la revista Brecha, desconociendo lo que aún hoy ocurre en el Alto, Cochabamba, La Paz, Oruro y tantos otros lugares.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, quien renunció el pasado 10/11 presionado por las Fuerzas Armadas, denunció haber sido derrocado por un “golpe de Estado de la derecha” que se opuso a la voluntad del pueblo. La oposición dice, en cambio, que su caída fue producto de una revuelta popular. Si retrocedemos unos años en la historia de Bolivia, veremos que el pacto que había permitido a Morales gobernar el país todo este tiempo venía ya resquebrajándose. Al seno del movimiento indigenista y las organizaciones sociales que lo apoyaban, existían grietas que sin dudas que este hecho tuvieron incidencia en el desenlace.

Los líderes que acorralaron a Morales para que renunciara antes de que las Fuerzas Armadas se pronunciaran en esa dirección fueron 3, sin embargo el líder del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho -se hace llamar “el macho”-, fue quien tomó la delantera tras la renuncia de Morales.

Los otros 2 eran el político opositor Carlos Mesa (el candidato del Frente Revolucionario de Izquierda), quien había salido segundo en la elección del 20/10, cuestionada por la Organización de Estados Americanos como fraudulenta, y Marco Pumari, presidente del Comité Cívico Potosinista, hijo de un trabajador minero, de origen rural y exdirigente de la Central Obrera Departamental de Potosí. Quziás Pumari no llamara tanto la atención como Camacho, con su Biblia y sus frases estridentes pero también estuvo con él en el avión que los llevó a La Paz para entregar la carta de renuncia que pretendían firmara Morales. La oposición a Morales no provenía solamente de l as elites de la llamada “Medialuna” secesionista (Santa Cruz, Pando y Beni) sino que existía al seno del movimiento indigenista y las organizaciones sociales desde mucho antes.

“Señor presidente, desde el fondo de nuestro corazón y con gran pesar te decimos: ¿dónde te perdiste? Porque no vives dentro de los preceptos ancestrales que dicen que debemos respetar el muyu (círculo): sólo una vez debemos gobernar. ¿Por qué has prostituido a nuestra Pachamama? ¿Por qué mandaste a quemar la Chiquitanía? ¿Por qué maltrataste a nuestros hermanos indígenas en Chaparina y en Tariquía?”, dice el manifiesto de la Nación Qhara Qhara, con el que un sector del movimiento indígena se incorporaba el pasado 7/11 a las protestas contra el fraude electoral, destaca un artículo de Brecha, publicación de la izquierda uruguaya.

El artículo, titulado “Evo perdió a Evo”, de Raúl Zibechi, explica que el manifiesto es una de las piezas más duras contra Morales, porque “proviene de las propias entrañas de la fuerza que lo llevó al poder.” Para cuando llegó la renuncia de Morales, el 10/11, la Central Obrera Boliviana (COB), la federación minera y organizaciones indígenas, se habían manifestado en favor de la renuncia del presidente. Solo así fue posible que “la derecha más extremista” pudiese “entrar a la casa de gobierno sin problemas” y “nadie salió de inmediato a la calle” cuando “el ejército le sugirió que renunciara (?)”. 

“Respeta nuestras culturas, ya no siembres más odio entre los hermanos del campo y de la ciudad, deja de dividir a los pueblos, ya vulneraste su libre determinación. Deja de enviar indígenas como carne de cañón para el respaldo de tus intereses y de los que te rodean, que ya no son los nuestros; deja de enviar matones a maltratar a nuestra gente; deja que vivamos en nuestra ley; deja de hablar en nombre de los indígenas, que ya perdiste tu identidad.” (Fides, 7‑XI‑19).

Morales había gobernado muchos años gracias a un pacto formado entre las principales organizaciones indígenas y campesinas de Bolivia, pero este pacto comenzó a resqubrajarse en 2011, cuando la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia (Cidob) y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), lo abandonaron al considerar que “el Poder Ejecutivo ha parcializado la participación de las organizaciones indígenas, valorando más que todo a las organizaciones afines al Mas”. Un año después, la Cidob denunció un intento del gobierno de dividir y manipular a las representaciones indígenas.

Zibachi explica que el verdadero golpe llegó 3 días después de la renuncia de Morales, cuando el 13/11 se autoproclamó presidenta de Bolivia Jeannine Áñez, “aliada incondicional de las elites racistas del departamento de Santa Cruz”. De los líderes opositores que habían acorralado a Morales, dio un paso al frente Camacho, con un discurso “radical y ultracatólico, de claro contenido racista y colonial”. 

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 19 de noviembre de 2019

Raúl Zibachi en la revista Brecha

“Empecemos por el final (o por el final provisorio de esta historia): el domingo en las últimas horas de la noche, el líder cruceño Luis Fernando Camacho desfiló arriba de un carro policial por las calles de La Paz, escoltado por policías amotinados y vivado por sectores de la población opositores a Evo Morales. Se escenificaba así una contrarrevolución cívica-policial que sacó del poder al presidente boliviano”, escribieron Pablo Stefanoni y Fernando Molina en la revista Anfibia.

Para los autores, el éxito del golpe se debe a que la oposición “se movilizó con más firmeza que las bases ‘evistas’, que tras casi 14 años en el poder fueron perdiendo potencia movilizadora mientras el Estado iba reemplazando a las organizaciones sociales como fuente de poder y burocratizando el apoyo al ‘proceso de cambio’.”

“La de Morales fue una revolución política antielitista. Por esto chocó contra las élites políticas anteriores y las sustituyó por otras, más plebeyas e indígenas”, argumentan.

“Los motines policiales expresan enconos de viejo cuño de sectores bajos con los mandos más altos, por temas de desigualdad económica y abusos de poder entre las “clases”: sucedió en 2003, en el motín de 2012 y en el del fin de semana pasado. Potosí, enfrentado con Evo desde hace años por sentir que desde la Colonia sus riquezas –ahora el litio– se esfuman y ellos siguen siendo siempre pobres, también se sumó a la rebelión. Y lo mismo pasó con sectores disidentes de todas las organizaciones sociales (cocaleros Yungas, ponchos rojos, mineros, transportistas).”

Aún en este contexto, para terminar de comprender los hechos en Bolivia, es necesario recurrir a la figura de Camacho. “Camacho selló pactos con ‘ponchos rojos’ aymaras disidentes, se fotografió con cholas y cocaleros anti-Evo y juró no ser racista y diferenciarse de la imagen de una Santa Cruz blanca y separatista (‘Los cruceños somos blancos y hablamos inglés’, había dicho alguna vez una Miss).” Por último, destaca el artículo, fue clave la alianza de Camacho con Marco Pumari.

Vale la pena recordar las palabras que escribió la socióloga Raquel Gutiérrez Aguilar en El Salto tras conocerse la renuncia de Morales: “Implosionó un régimen político que se nutrió hace años de una heterogénea y plural fuerza colectiva; energía creativa que después, el propio MAS desconoció y disciplinó subordinándola como clientela. Eso colapsó hoy. Los gobiernos se van, los pueblos quedan. Conviene no olvidarlo.” Gutiérrez Aguilar también ha dicho que ese fue el error de Evo Morales.

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