INTRODUCCIÓN PARA UNA HISTORIOGRAFÍA HISPANOAMERICANA

“Por lo general, los hombres creen fácilmente lo que desean”

Julio César

“La historia es siempre una fantasía sin base científica, y cuando se pretende levantar un tinglado invulnerable y colocar sobre él una consecuencia, se corre el peligro de que un dato cambie y se venga abajo toda la armazón histórica”. Pío Baroja

Para nuestros pueblos hispanoamericanos la historia no ha sido más que una descripción de hechos pasados bifurcados y bifurcantes, que se acomodan ideológicamente al presente. Una herramienta política para civilizarnos.

Las primeras preguntas que nos debiéramos hacer al adquirir un libro de historia sería: desde dónde se ha escrito, qué es lo que escribe, y si es provechoso para alguien. Son las tres interrogantes socráticas: verdad, bondad, utilidad.

La historia, para nosotros, no es Ciencia y menos pretenderla objetiva.

Para entender la importancia de este tema, tomaremos dos ejemplos en paralelos: El Reino de España y el Gral. Juan D. Perón de Argentina.

Cada año se incrementan en los estantes de las librerías las biografías, los ensayos, como novelas e historias diversas, que dan lugar a interpretaciones disímiles, como antagónicas, en referencia al tema en cuestión.

La gran mayoría de estas publicaciones continúan la línea holando-inglesa de lo que se ha dado a llamar: LEYENDA NEGRA, aplicada al Reino de España y ahora trasladada a la figura de Perón. El objetivo, continuo y permanente, es la deshispanización de nuestra cultura, desnacionalizando nuestra identidad y descatolizando nuestra fe.

Por lo que existirán tantas interpretaciones de la colonización castellana en el novo continente como del gobierno del Gral. Perón, como historiadores, como escribientes, como mercaderes de la pluma exige el mercado. Algunos dan nuevas explicaciones sobre aquellos sucesos, pero concluyen diciendo lo que ya nos dijeron. Otros creen tener un nuevo “dato”, desconocido, inexplorado, olvidado, sobre su vidas, sus vínculos y relaciones privadas y públicas, que termina no siéndolo. Obviamente, no promueven un análisis crítico de los hechos e ideas sobre sus políticas americanistas que fueron sosteniendo, como lo referente a la soberanía de nuestras patrias. Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado.

Cuando miramos hacia atrás, hacia el pasado, vemos irremediablemente que ese pasado se nos bifurca en infinidad de direcciones: eventos, acontecimientos, sucesos, situaciones y circunstancias. Y es en el MÉTODO o modos en que relacionamos entre sí a todo ese conjunto de elementos, en como sistematizamos y lo ordenamos para su posterior divulgación en los medios de consumo masivo (libros, televisión, revistas, documentales, redes sociales), lo que nos permitirá diferenciar una lectura de otra. Un historiador de otro. Por supuesto que, cuando uno elige qué dar a conocer, deja de lado muchas otras cosas.

Esta elección no se da como resultado del libre albedrío de quien escribe. Sino que es consecuencia de la interacción de diversas influencias que condicionan al propio historiador. Cuando seguimos la trayectoria de un hecho histórico, aparecen situaciones en que éste se vuelve cada vez más inestable y finalmente se descompone en una multiplicidad de bifurcaciones nuevas. Cuál de esos caminos resultará elegido, es una cuestión ‘SUBJETIVA’, es una elección condicionada por la “visión de mundo” de la estructura mental de carácter colectivo que representa la clase o sector social a la que el historiador pertenece. Es decir, quien escribe lo hace comprometido con una posición social a la que representa, con un sistema económico y político al que adscribe, con una ideología a la que adhiere.

Dirá, en la Francia de las Luces, Jean-Jacques Rousseau “Además, dista mucho de que los hechos descriptos en la historia sean la pintura exacta de los hechos mismos tal como han ocurrido: éstos cambian de forma en la cabeza del historiador, se amoldan a sus intereses y adquieren el tinte de sus prejuicios”. Y afirmaba el malogrado historiador francés, Marc Bloch, que “…a todo estudio de la actividad humana amenaza el mismo error: confundir una filiación con una explicación”.

Debemos tener presente que el pasado es una construcción y una reinterpretación constante, en que la historia “recoge sistemáticamente, clasificando y reagrupando los hechos pasados, en función de sus necesidades presentes. Sólo en función de la vida interroga a la muerte (…) Organizar el pasado en función del presente: así podría definirse la función social de la historia”, subraya otro de los historiadores de la escuela de Annales, Lucien Febvre.

No hay historia objetiva, detrás de ella hay una ideología, donde se encuentran grupos sociales con intereses enfrentados. Ergo, no hay un relato imparcial, sino interpretaciones que responden a distintas tendencias.

Es el historiador quien piensa la historia. Es el producto directo de su actividad intelectual. “La historia, la realidad, está en relación con las necesidades actuales y la situación presente en que vibran aquellos hechos”, escribe el filósofo italiano Benedetto Croce. Desde esta perspectiva, toda historia es contemporánea, en tanto que está motivada por las necesidades que el presente plantea al historiador. Tampoco debemos caer en un relativismo histórico disolvente, como afirma el historiador inglés E.P. Thompson, el hecho histórico ocurrió: “los procesos acabados del cambio histórico, con sus intrincadas relaciones causales, ocurrieron de verdad, y la historiografía puede falsearlos o entenderlos mal, pero no puede en lo más mínimo modificar el estatuto ontológico del pasado. El objetivo de la disciplina histórica es alcanzar esta verdad en la historia”.

Consideramos que, la historia no debe ser dominio exclusivo del historiador. Ya no debe ser el historiador, de manera casi aislada, el que nos visibilice el pasado. Es tiempo de pedir colaboración y cooperación a las otras disciplinas o ciencias, para que vengan en su auxilio, logrando una suerte de INTERDISCIPLINARIEDAD CIENTÍFICA, proceso por el que se establecen vínculos entre los distintos campos del conocimiento en función de un problema compartido, llevando a una mejor comprensión del pasado, a un enriquecimiento de la investigación y a un mayor acercamiento a nuestros problemas. Pero no basta tan solo con eso.

Ya es hora de comenzar a pensar en una CORRIENTE HISTORIOGRÁFICA INDO-HISPANOAMERICANA.

Mientras esperamos con ansiedad y esperanza estos debates, daremos a conocer algunas reglas que se deberá tener en cuenta a la hora de moldear esta nueva corriente historiográfica:

  1. La única verdad es la realidad.
  2. La historia es creación de hombres y pueblos.
  3. El pasado de nuestro continente es la lucha del hombre por su libertad.
  4. La lucha de nuestros pueblos es por su liberación.
  5. La revolución es un complemento de la evolución de nuestros hombres, que nunca es estática.
  6. Son los pueblos los que elijen y escriben su propia historia.
  7. En esta tierra lo mejor que tenemos es a nuestro pueblo.
  8. Las ideas dejan de ser la causa de un hombre para ser la causa de un pueblo, y por ella sí vale la pena darlo todo, incluso la vida.
  9. Nuestras tierras son riquísimas en todo y que hasta ahora ha sido saqueado por propios y extraños.
  10. Para conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo.
  11. Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento.
  12. Todas las patrias, al crear un símbolo, lo han hecho para mantener su unidad espiritual y nacional.

En definitiva, nuestro pasado y nuestro presente son demasiado importantes como para dejarlos en manos de teóricos y científicos sociales europeos, y de sus émulos locales.

Ella es la única herramienta válida para conocer nuestros valores culturales que deban ser preservados y continuados, con el propósito de tener menos posibilidades de repetir los viejos errores y tradicionales vicios.

Tengamos siempre presente la imagen de Eneas, aquel héroe que huye ante la caída de Troya de la mano de un hombre viejo -la memoria- y de la otra un niño -el futuro por venir-. Conocer el pasado porque eso puede cambiar el presente y permitirnos ir hacia el futuro que elijamos. Del linaje de Eneas surgió Roma.

 

Por Luis  E. Gotte

 

La pequeña trinchera

Se el primero en comentar en "INTRODUCCIÓN PARA UNA HISTORIOGRAFÍA HISPANOAMERICANA"

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*