LAS BASES ECONÓMICAS PARA LA RECUPERACIÓN EN LA POSPANDEMIA

Han sido muchos años de retroceso productivo, fuga de capitales, creciente pobreza.
Estamos viviendo una gran caída en la actividad económica. CEPAL proyecta para Argentina una caída mayor a la de nuestros cinco países vecinos. La pobreza en América Latina ascenderá este año al 37% de la población, mientras nuestro país registrará una cantidad aun mayor, especialmente niños, que están cayendo en un estado de pobreza e indigencia.
La economía mundial experimenta su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90 % de los países, en un proceso sin precedentes. El levantamiento gradual de las restricciones sanitarias y la puesta en marcha de políticas expansivas están permitiendo una lenta recuperación, primero en China y posteriormente en los Estados Unidos y la zona del euro. La pandemia ha conducido al colapso del comercio mundial de mercancías, el volumen del comercio mundial de bienes disminuye y los precios internacionales de productos que exportamos disminuyen, lo que tendrá efectos negativos en los términos de intercambio.
Es previsible un escenario global en el cual haya quedado atrás esta pandemia que azota hoy a la humanidad. Esta etapa nueva abrirá una oportunidad para que todos en nuestro país, es decir no solo los oficialistas y opositores, sino también todos aquellos que procuran el bien común de nuestra sociedad, impulsen el ingreso de nuestro país a una nueva etapa de su vida como Nación, que se debe caracterizar por la equidad social en una economía próspera.
Desde los ‘80 transitamos años recesivos, ya que Argentina dejó de avanzar de una manera sostenida por el sendero del crecimiento económico, basamento de la integración social de la población. En 1980 nuestra participación en el PBI mundial era el doble que la actual, no abundan naciones que hayan tenido tan grave retroceso. Transitamos desde hace años un proceso de estancamiento, inflación, déficit fiscal, aumento del desempleo y la pobreza, Nuestro retroceso se manifiesta en la evolución del PBI por habitante, en el pasado teníamos el nivel de vida más alto en la región, pero la situación es hoy distinta. En 1980 el PBI por habitante era en Argentina casi el doble que el de Chile, ahora el chileno es mayor. El PBI por habitante fue siempre mayor al del Uruguay, ahora el de este país también ya es mayor. Desde 1980 todos los países de América del Sur crecieron mas que nosotros (salvo Venezuela).
Nuestros altos índices de pobreza reflejan el hecho que en las nuevas generaciones son cada vez mas quienes son laboral y socialmente excluidos, Nuestra acumulación de capital humano es insuficiente para sostener un crecimiento económico en un mundo crecientemente competitivo. No es alentador que sean cada vez mas los graduados universitarios que emigran buscando nuevas oportunidades laborales.
Un factor negativo en nuestro estancamiento sigue siendo el alto déficit fiscal, originado por el hecho que a pesar de que nuestra presión impositiva no es baja, los gastos públicos exceden estos altos ingresos tributarios, desde que se evaporaron los recordados superávits gemelos de hace 15 años. El endeudamiento de nuestro Estado es un indicador de este desequilibrio fiscal. CEPAL acaba de informar el aumento de la deuda pública en los países de América Latina entre los años 2011 y 2019, expresado como porcentaje del PBI de cada país. A fines del 2019 el endeudamiento del gobierno de Argentina era, en proporción al PBI, más del doble que el promedio de los países de la América del Sud.
Una parte significativa de nuestro endeudamiento público corresponde a compromisos asumidos en otras monedas, ya que nuestra deuda en pesos es apenas el 25% del total. También aquí es notable la diferencia con los otros países, ya que en Brasil esta magnitud se ubica en 97%, en Chile, Bolivia y Perú en más de 80, en Colombia 70 y en Uruguay 63%. Nuestra deuda financiera no solo es la más alta sino además, es el país donde más pesa el endeudamiento en divisas externas y no en moneda local. Esto refleja el hecho de nuestra poca credibilidad, consecuencia de muchas renegociaciones de las deudas en las últimas décadas.
La política fiscal tendrá gran importancia en los próximos años ya que es imperioso apuntar a un gasto público más eficaz y sin déficit; es decir, que no supere la recaudación impositiva, teniendo en cuenta que un mayor nivel de gastos tiene como contrapartida un aumento en el endeudamiento, la emisión monetaria o una excesiva carga tributaria que no alienta ni las inversiones, ni la producción ni la creación de nuevos empleos. Si se mantiene el déficit fiscal volveremos a endeudarnos excesivamente y poner en riesgo la actividad productiva.
El desafío que enfrentamos es cómo aumentar las inversiones, para hacer posible el crecimiento de la producción y las exportaciones, es decir construir un nuevo escenario económico que sea expansivo y que sea capaz de crear nuevos empleos bien remunerados.
Han sido muchos años de retroceso productivo, insolvencia del régimen previsional, fuga de capitales, creciente pobreza e indigencia y desaliento al ahorro en nuestra propia moneda; por esta razón ya nos queda poco tiempo para definir un nuevo sendero que sea responsable y que, además tenga la honestidad y la lucidez requerida para comenzar una nueva era de crecimiento.
No queda tiempo para perder en estériles escaramuzas electoraleras, es la hora de responsables acuerdos políticos, ya que todos estamos en el mismo barco. Esperemos que cuando superemos esta pandemia también entremos en una era de crecimiento y mayor equidad social. Esta es la hora de los estadistas, recordando a Ortega y Gasset quien nos dijo “Argentinos a las cosas”.

Por Alieto Guadagni.
Fuente: Clarin.com

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