NACIONES RICAS Y NACIONES POBRES: RECORDANDO A JOHN K. GALBRAITH

La dirigencia argentina, en todos sus estamentos -político, empresario, científico, sindical, académico y de la cultura, en definitiva los que hacen a la diferencia al progreso o estancamiento de la Nación, debería repensar como salir de esta situación política que solo nos conducirá a mayor pobreza.

Todos, desde cualquier sector y visión, debemos unirnos al reclamo: ¿estamos dispuestos a sentar las bases políticas y culturales de honestidad, eficacia y eficiencia, en la gestión pública? La alternativa es la decadencia sin horizonte. Dice John K. Galbraith en la parte central de su obra Naciones ricas, naciones pobres:

<< Se cree que el desarrollo económico -la elaboración del parque y equipamiento industrial agrícola- es el sine que non del progreso nacional. Es lo que viene primero; todo lo demás sigue. Del éxito. procederán los medios para otras cosas, menos esenciales, como un sistema político seguro y educación universal gratuita».

En todo desarrollo nacional existe una secuencia en que adquieren importancia sucesiva, con abundantes yuxtaposiciones, los factores políticos, culturales y económicos. El modelo económico apropiado para una etapa avanzada de desarrollo no puede transferirse sin daño y ruina a una etapa inicial. Y el plan y las prioridades adecuados a un país. no se pueden aplicar en una etapa anterior o posterior. No ver el desarrollo como un proceso ha sido la primera fuente de error.

Los defensores del modelo socialista no disienten. Creen que el capital debe ser de propiedad social, pero lo consideran tan importante para el progreso como los defensores del modelo capitalista. Sin embargo, no ha sido ésta la experiencia de los viejos países industriales, ni el camino que ellos mismos han seguido para alcanzar su actual eminencia económica.

En todos estos países se puso inicialmente el acento en el desarrollo político y más tarde en el desarrollo cultural, y no en la inversión de capitales. En los Estados

Unidos, Europa occidental, en Japón, se destacó la importancia de un contexto político seguro tanto en el pensamiento como en la acción. Eso fue lo que se consideró el primer requisito del progreso económico. Si el sistema político era estable y predecible; si era honesto y eficaz; si existían la sensación y la realidad de la participación de los ciudadanos, se pensaba que la consecuencia debía ser el progreso económico.

Nadie que consulte los tratados acerca del progreso económico del siglo XIX puede dudar de la importancia que se atribuía entonces a una estructura eficaz y digna de confianza. Y no se puede dudar de que consideraba esencial para el progreso un alto nivel de moralidad en los asuntos públicos ni de que se veía en la educación popular el principal instrumento para alcanzarlo.

La historiografía moderna de los viejos países industriales continúa destacando la secuencia política y cultural, que sin embargo se ignora en gran medida cuando se asesora a los nuevos países.

La literatura no habla mucho de la inversión de capitales. Se daba por sentado, y sin demasiado optimismo, que aparecería naturalmente en un contexto políticamente estable y entre una población bien educada. Sólo en el siglo XX se ha considerado que la inversión de capitales es el principal instrumento del progreso, pero sólo adquirió su importancia cuando se lograron estabilidad y honestidad políticas, participación política popular y amplia competencia educacional, y cuando todas estas cosas empezaron a considerarse relativamente normales.

Un sistema político estable otorga a las personas la seguridad, que es el primer requisito del éxito económico. Transmite la sensación de la participación política; y aunque esta no sea abrumadoramente real, no se ahora ningún esfuerzo de propaganda para poderla proclamar.

Pero el desarrollo político es indígena, y no algo que pueda prescribirse desde el exterior. La importancia de la estabilidad política en la secuencia del desarrollo nunca podrá exagerarse.

No existe hoy un país con un gobierno estable, honesto y con participación popular que no tenga, o haya tenido, una situación razonablemente satisfactoria de progreso económico. Y existen muy pocos de los que, sin un gobierno de este tipo, pueda decirse lo mismo.>>

Ingeniero químico, MBA IESE

Por: Néstor Farías Bouvier

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