LA IMPORTANCIA SOCIAL DE LA ESCUELA SECUNDARIA EN EL SIGLO XXI

Cuando la pobreza es coyuntural, se pueden encontrar soluciones de corto plazo con planes sociales. Pero cuando es estructural, como la que padecemos, son necesarias otras líneas de acción que apunten directamente a la raíz del flagelo de la pobreza con exclusión social. Las propuestas superadoras se concentran en la educación, ya que de la pobreza no se sale únicamente con subsidios, que son útiles pero no alcanzan.
El requisito mínimo es la escolarización completa de los adolescentes.
En este siglo, la graduación secundaria es imprescindible para acceder a buenos empleos. La escuela secundaria es esencial para que los jóvenes adquieran las competencias que les ofrezcan posibilidades de insertarse en el nuevo mundo laboral, caracterizado por acelerados avances tecnológicos. Pero hoy nuestra escuela secundaria no es inclusiva ni de calidad, como lo puso en evidencia la última Prueba Pisa (2018). Nuestros adultos que hoy son pobres y excluidos no terminaron ayer la secundaria. Sin embargo, debemos lograr que mañana sus hijos se gradúen en escuelas secundarias de buen nivel educativo. Así podremos quebrar este círculo nefasto de la reproducción intergeneracional de la pobreza. La igualdad de oportunidades es esencial en una sociedad en la que la justicia social no sea simple retórica. Sin inclusión educativa, no podremos abatir una pobreza que hoy es laboralmente excluyente. Según el Barómetro Social de la UCA, en 2019, la pobreza afectaba al 40 por ciento de las familias.
Pero esta proporción descendía a 23% entre quienes habían completado la escuela secundaria, mientras trepaba al 57% entre quienes no la habían terminado. La pobreza afecta principalmente a quienes no pudieron avanzar más allá de la escuela primaria.
Un buen sistema escolar asegura altos niveles de conocimientos a sus alumnos, pero no se puede agotar en esto, sino que además debe apuntar a eliminar aquellas desigualdades en materia de conocimientos de los alumnos que dependen esencialmente del nivel ocioeconómico de sus familias. La tarea no es fácil, ya que todos sabemos que la pobreza y la indigencia se concentran en quienes tienen una escasa escolarización. Nuestros pobres hoy son más que pobres transitorios, ya que en muchos casos son familias enteras que, por más de una generación, han estado excluidas del nuevo y difícil mundo del trabajo de este siglo. Si queremos que los jóvenes humildes tengan las mismas oportunidades que tienen los jóvenes de familias de niveles socioeconómicos más altos, para acceder a buenos empleos futuros, la escuela secundaria debe ser no sólo inclusiva sino también de una calidad educativa que no dependa del nivel socioeconómico. El bajo nivel educativo es hoy un pasaporte directo al desempleo y la pobreza. En 2006 se dictó la Ley 26.206 que, en su artículo 16, establece la obligatoriedad escolar entre los cinco años y el fin del ciclo secundario, llevando así a 13 años el período de obligatoriedad escolar. En tanto, la Ley 27.045, de diciembre de 2014, estableció también la obligatoriedad de la sala de 4 años de nivel inicial, por lo que el período escolar obligatorio es, desde entonces, de 14 años. Recordemos que la antigua Ley 1.420, dictada en 1884, había establecido la obligatoriedad únicamente para la enseñanza primaria.
Esta nueva disposición legal marcó un significativo avance, ya que la extensión de la escolaridad obligatoria es claramente un paso positivo hacia el fortalecimiento del proceso educativo y la promoción de la igualdadde oportunidades, sin distinción de niveles socioeconómicos familiares. Es hora de cumplir la ley, ya que hizo obligatoria la escuela secundaria en 2006, mandato que estamos lejos de cumplir, como lo señala el licenciado Francisco Boero en su nota de este Boletín, en la que además pone en evidencia que estamos en presencia de un sistema escolar con dos niveles distintos y separados, determinados por las condiciones socio-económicas de las familias. El principio básico de la justicia social es la vigencia de la igualdad de oportunidades para todos, más allá de las diferencias de origen económico, étnico, social o de género.
Doctor Alieto Aldo Guadagni

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